lunes, 6 de julio de 2009

Enhorabuena, a los recién casados




Hoy hemos estado de celebración. Se ha casado una muy querida hermana
de comunidad, con la que llevamos conviviendo once años.
Cuando entró en el Camino era apenas una cría de diecitantos años,
ahora es toda una mujer cristiana, con un gran futuro por delante.

María, que así se llama la susodicha, se ha casado hoy, y en sus alforjas
lleva su amor a Javier -amor humano, y por lo tanto imperfecto-,
y amor a Cristo -que no es poco-.
Me ha gustado cuando el sacerdote ha recordado que "hoy se casan tres, no dos.
Se casan María, Javier, y Jesucristo con ambos".

Me ha gustado porque es verdad, el matrimonio de María y Javier
duraría una película si el Señor no anduviera por medio.
Lo digo con conocimiento de causa, María y yo somos muy parecidas
en una cosa: nuestra soberbia.
Además, somos muy afectivas, y por ahí se cuela Satanás.

Si el Señor no nos sostiene, ambas, venderíamos nuestra dignidad de hijas de Dios
por un plato de lentejas (traducido en: "fulanito" me ha mirado, y mi marido
no me hace ni caso...).

Menos mal que Jesucristo está ahí, garantizando esta unión.

Me ha encantado la primera lectura, es una preciosidad...

Sara, hija de Raquel, ya había estado casada siete veces,
aunque nunca se habían consumado los distintos matrimonios,
porque sus maridos morían la noche de bodas...

Tobías tiene miedo de que le pase esto mismo... pero cuenta con la ayuda
de un ángel (Rafael) quien le dice que queme el corazón de un pez antes de
consumar la unión nupcial...

Resulta que ese "pez" hace referencia- según la catequesis de la Iglesia- a Cristo;
los primeros cristianos representaban a Jesucristo con la figura del pez
- quien salva de la muerte y del poder de las tinieblas-.

Sara estaba muerta en vida, esclava del maligno, y todo aquel que entraba en
relación íntima con ella, moría. Pero...
el olor del pez quemado salva a Sara del poder que sobre ella ejercía
un demonio llamado Asmodeo.

Es una historia apasionante que os recomiendo vivamente que la leais.
Se ve en ella la providencia, el amor de Dios, el abandono en la oración...
el poder de Cristo salvando de la muerte.

Creo que voy a hacer campaña de esta lectura
para nuestras bodas de plata.

Dice así:

"En la noche de bodas, Tobías dijo a Sara:
-Mujer, levántate, vamos a rezar, pidiendo a nuestro Señor
que tenga misericordia de nosotros, y nos proteja".

Se levantó, y empezaron a rezar(...):
"Bendito eres, Dios de nuestros padres y
bendito tu nombre por los siglos.

Que te bendigan el cielo y todas tus criaturas por los siglos.
Tú creaste a Adán y como ayuda y apoyo creaste
a su mujer Eva: de los dos nació la raza humana. (...)

Si yo me caso con esta prima mía, no busco satisfacer
mi pasión, sino que procedo lealmente.
Dígnate apiadarte de ella y de mí,haznos llegar juntos
a la vejez".

Los dos dijeron: "Amén, amén".


Hay una cosa que siempre me ha llamado la atención de María,
ella siempre ha querido saber -desde que la conozco, y sé que antes
de conocerla, también- cuál es la voluntad de Dios para su vida.

¿Por qué?

Porque haciendo aquello para lo que Dios la ha creado,
ella sería feliz.

No saber cuál era esta voluntad, la llevó a un sufrimiento
interno considerable. Pero no cejó en su empeño.

Probó en la clausura, pero no era por ahí... pidió entonces,
insistentemente, un novio cristiano... y casi al borde de la desesperación,
el Señor le regaló a Javier...

Un chico que se encontró de repente con el amor de Dios.

Verdaderamente la conversión de Javier ha sido algo asombroso.

Ahora queda toda una vida juntos, donde sufrir y orar,
orar y amar, amar y bendecir...pues como dice Rocío, mi hija:

"Estos no se van a separar, porque están en la Iglesia".

Por la boca de los niños de pecho (y no tan de pecho)
recibes tu alabanza, Oh Señor.