viernes, 28 de agosto de 2009

Sergio sufrió un cáncer muy agresivo: "Me veía como Cristo, crucificado"


Cuando el salmista clama “Dichoso el hombre a quien
corrige el Señor” (Sal 93,12), Sergio lo certifica con su vida. Como educador inescrutable que usa de paciencia y de misericordia, Dios le ha atraído hacia sí con lazos
de infinita bondad.

Con 29 años le diagnosticaron una enfermedad tan agresiva como extrema, por la que estuvo a punto de perder la vida,
pero quiso Dios que, contra todo pronóstico, el mal remitiera.

Hoy por hoy se encuentra recuperado y, lo más sorprendente, agradecido porque
esta dolorosa circunstancia le ha hecho renacer a la vida plena:
su matrimonio, la paternidad, su profesión, la relación con el prójimo, todo se llena
de contenido y Dios ocupa ahora el centro de sus deseos y voluntad.

El sufrimiento y la debilidad le han hecho descubrir lo que conocía de oídas,
el amor infinito de un Padre vivo y cercano. Testigos somos de otro encuentro
cara a cara con el misterio de la Cruz: escándalo y necedad para el mundo,
sabiduría para el cristiano.

¿Cuándo empezaste a sentirte mal?

Sergio: El día que íbamos a bautizar a mi hija Isabel me levanté con temblores, mareos y dolores por todo el cuerpo. Yo sólo deseaba encontrarme bien durante la misa para no llamar la atención y así pasó. Pero de vuelta a casa comencé de nuevo a sentirme mal, nos fuimos al hospital y ya me ingresaron.

¿Imaginabas que tenías algo serio?

--Sergio: Sabía que no era ninguna tontería y que iba para largo. Los dos primeros días estaba convencido de que me moría y eso me hacía sufrir, aunque más que
por la muerte en sí, porque iba a dejar solas a María, mi mujer, y a nuestra hija Isabel,
que tenía dos meses. Pasaron los días y me tranquilicé, pero físicamente
me iba poniendo peor.

¿Cómo iba trascurriendo la enfermedad?

Sergio: A veces pensaba que estaba como Jesucristo crucificado; con dos vías en
cada brazo y los pulmones drenados porque estaban encharcados. Llegué a estar
más de veinte días sin admitir ningún alimento, sólo por vena.

Me dolía todo el cuerpo, hasta la respiración de la gente me molestaba.
La morfina no me hacía efecto, pero curiosamente tenía paz y sé que no venía de mí.
Sabía que estaba rezando por mi mucha gente y notaba el poder de la oración por la comunión de los santos.
Además, recibí la unción de enfermos y esto también me ayudó.

--María: Nunca he visto a una persona afrontar una situación tan extrema
con tanta paz. Llamaba la atención cómo agonizaba en la cama y no le oíamos
decir ningún reproche.

¿Cuándo te dieron el diagnóstico?

--Sergio: Me hicieron la biopsia y luego me operaron. Recuerdo que cuando
me llevaban hacia el quirófano le decía a Dios: “Ten compasión de esta piltrafilla
y acéptame en el cielo”.

Estaba tan convencido de que me iba a morir que me daba pena no haberme
despedido de la gente. Salí con vida de la intervención y más tarde me dijeron
que padecía un Linfoma no Hodgkin muy agresivo.

¿Cómo te lo tomaste?

--Sergio: Como he dicho, lo viví con paz, pues sabía que nada es por casualidad.
María y yo nos pasábamos el día rezando, pero no pidiendo mi curación,
sino porque nos sentíamos consolados.

Empecé a descubrir que el dolor tiene un sentido de redención muy grande. Como me preocupaban dos circunstancias por las que estaban pasando algunos familiares
míos, decidí ofrecerlo por ellos.

¿Cuándo comenzó a remitir la enfermedad?

--Sergio: No es que sintiese una fuerza sobrenatural, pero de repente me incorporé.
Mejoré tanto que con el primer ciclo de quimioterapia ya bastaba, pero continuaron
on los otros siete por seguir el protocolo. El médico no daba crédito.


--María: Era el día de Nochebuena; recuerdo que me fui del hospital durante unas horas para llevar a la niña a casa de mis padres. Dejé a Sergio totalmente derrotado en la cama, había perdido 18 kilos en 25 días, tenía cara de cadáver y llevaba semanas sin hablar.
Cuando volví me lo encontré sentado en la cama comiéndose los langostinos que me habían preparado para esa noche.
¡No me lo podía creer!

Entonces estamos hablando de un milagro, de algo que se escapa a todo razonamiento científico y médico.

--Sergio: Desde luego hay algo grande en todo esto. Yo sólo sé que me podía haber muerto y Dios no lo ha permitido.

Si he sobrevivido al cáncer en un estado tan avanzado es por algo. Todavía no he cumplido mi misión, que no tiene por qué

ser espectacular a los ojos del mundo: quizá es algo sencillo, pero que me lleve al cielo.
Por ejemplo, Dios nos ha concedido dos hijos más después de un tratamiento muy destructivo con quimioterapia, cuando nos dijeron que lo más probable es que
me hubiera quedado estéril. Puede que mi misión sea tener hijos cristianos.

De todos modos, para mí el mayor milagro es que este acontecimiento
le pueda ayudar a la gente para su conversión, como lo ha hecho con nosotros.

¿Puedes decir que el cáncer ha sido bueno para tu vida?

--Sergio: Sí. Estoy convencido de que Dios lo ha permitido por amor, para salvarme,
pues estaba perdido. Ahora todo lo vivo con mayor intensidad.

Hay cosas de mi vida que borraría porque considero que yo no las he hecho bien.
Soy bastante soberbio y prepotente y no he sido justo con muchas personas;
eso lo cambiaría. Pero la enfermedad no. Me quedo con el Sergio de ahora.
Ha sido un tiempo muy duro, pero me ha hecho aprender muchas cosas
necesarias para mi vida.

¿Cuáles, por ejemplo?

Sergio: Aparte del sentido redentor del sufrimiento, que ya he dicho antes, he comprendido que lo importante es la vida eterna y no el prestigio o el dinero, que era donde yo me apoyaba.
Aprendes a vivir en precario y no para los planes. En la educación de los hijos,
por ejemplo, ahora lo más importante es transmitirles la fe.

--María: Antes nos hubiera preocupado más su formación intelectual,
llevarles al mejor colegio, saber idiomas, ganar nosotros el máximo dinero
para pagarles el mejor colegio que les permita a su vez una buena educación,
para que ellos también pudieran ganar mucho dinero.
Ahora nos preocupa más la educación cristiana o anticristiana que puedan
recibir que los méritos académicos.

¿Crees que Dios ha usado contigo una pedagogía a tu medida?

--Sergio: Claro que sí. Si no llega a pasarme esto, yo seguiría poniendo la vida
en el éxito y el dinero, y sería un desgraciado. Sé que el Señor ha pensado
“este pobrecillo necesita algo duro o no se entera de nada” y, aún así, creo que es
un proceso de conversión, que me hace ir paso a paso creciendo espiritualmente.

--María: Nosotros somos carne de cañón de divorcio. Los dos somos muy soberbios
y, si no llega a suceder esto que nos ha hecho replanteárnoslo todo, a la primera
de cambio hubiéramos pensado: “¿por qué tengo que pedir perdón?”
y, a la segunda, “pues tú te vas con tus padres y yo con los míos”.

Por lo que veo, podéis discernir que todo está hilado y en conexión.

--Sergio: Así es. Dios tiene sus tiempos. A mí me gustaría ser santo ya, pero bueno,
lo que Él quiera. Sigo teniendo mi cruz y mis pecados, pero veo que he ido
dejando muchas cosas que me estorbaban.

El camino que lleva al cielo no es estrecho porque tenga ortigas, piedras etc.,
sino porque vas liberándote de lo que te impide ir ligero como el dinero, la fama,
la soberbia. Al final sólo cabe tu cruz y tú.

¿Os habéis sentido sostenidos por el Señor en el sufrimiento?

--Sergio: Dios ha tenido mucha misericordia con nosotros. La gracia ha sido
superior a la prueba. Han sido momentos duros pero sabíamos que Dios
estaba actuando.

--María: Nosotros nos hundimos en un vaso de agua y en los momentos
más duros sacábamos fuerzas de donde no hay. El Espíritu Santo nos ha
permitido estar fuertes.
Me parece un milagro que el mes que estuve en el hospital no me pegara
un golpe con el coche, porque cuando llegaba a casa no era consciente de
cómo había hecho el trayecto. Dios te da la gracia no sólo para resistir física
sino también emocionalmente.
No tenía ninguna duda de que pasaba esto por algo bueno.

Me imagino que el demonio trabajará duro para arrebatar lo que la enfermedad
ha sellado en vuestro corazón.

--Sergio: Al demonio lo tenemos hiperenfadado. Merodea alrededor de nuestra vida
y nos acecha con tonterías para derribar lo que Dios ha construido sobre roca firme.

--María: Por donde nos ve más débiles mete la cuñita para quitarnos la paz.
Lo bueno es que lo vemos venir: nos hace discutir en el matrimonio, juzgar al otro,
tentarnos con el dinero etc. Con la oración y descansando en la voluntad de Dios
es como conseguimos espantar al demonio.

¿Creéis que el Señor ha sido bueno con vosotros?

--Sergio: Sí, no tengo ninguna duda. El sufrimiento me ha cambiado la vida.
Durante la enfermedad se ha gestado una criatura nueva que, aunque todavía
está en pañales, me hace vivir en la gratuidad divina.
Estoy descubriendo una serie de sensibilidades que antes no tenía: con los pecados y especialmente con los pobres.
No es por lavar mi conciencia, sino que ahora veo a Cristo en el pobre y es una
sensibilidad que me sorprende, pues antes no la tenía.
Cuando veo a un pobre siento la necesidad de darle todo lo que tenga: un euro, cinco o veinte, pues sé que ahí está Jesucristo y los pobres vienen de parte de Dios. Les falta llamarme por mi nombre.

Un día, cuando un pobre me pidió dinero, yo le pregunté si sabía rezar,
él contestó muy asombrado que sí, entonces le di lo que llevaba en la cartera
y le dije: “Pues reza por mí”. Se quedó a cuadros, seguro que todavía no lo ha olvidado.
Me estoy haciendo con una legión de pobres que rezan por mí.

También me ha regalado aprobar una oposición sin esfuerzo. Me presenté
a los primeros exámenes en plena quimioterapia y logré aprobarlos.

--María: Para mí el milagro no es sólo que aprobara la oposición, sino que quisiera presentarse, pues este nuevo trabajo supone renunciar al dinero y la
proyección profesional a cambio de tener tiempo para la familia.

¿Seguís descansando día a día en el Señor?

--Sergio: Vivimos con mucha tranquilidad el tema de las revisiones,
pero no por ignorancia, pues sé a lo que me expongo, sino porque confiamos en Dios.
Si ha sido bueno con nosotros hasta ahora, lo seguirá siendo en adelante.
A la gente le da reparo preguntarme por el cáncer, pero yo lo tengo superado.
Es más, no quiero olvidar nunca de dónde me ha rescatado el Señor.

Poco después he tenido un accidente. La moto quedó siniestro total y yo sólo
me hice un esguince. Está claro que Dios sigue empeñado en tenerme aquí
para que cumpla mi misión.
El padre de un amigo me decía: “Yo no sé quién es tu ángel de la guarda,
pero lo tienes exprimido. Se va a ganar un puesto principal en el cielo
con todo lo que trabaja contigo”.

--María: Como ves, nos podemos planificar y organizar, pero ya no nos proyectamos.

Autor: revista Buenanueva.

sábado, 22 de agosto de 2009

Tenía doce años


Después de un tiempo largo en el "desierto", vislumbro la luz.
Vuelvo a casa muy contenta, después de haber escuchado
las siguientes palabras, de parte del Señor:

"Levántate. No estás muerta, estás dormida",
"La niña se levantó y empezó a andar, tenía doce años".

Cualquiera que lea esto, pensará que estoy chalada, o que escribo
de una forma incomprensible... pero es que detrás de estas palabras está la clave
que me devuelve, otra vez, la alegría... y la convicción profunda
de que Cristo está vivo, y de que sé de quién me he fiado.

Durante un tiempo largo (me remonto a antes del verano...
a varios meses atrás...) he estado,
en el desierto, en la incredulidad.

Me faltaba la esperanza, la alegría de Cristo en mi vida, la paz...
me faltaba la fe.
Satanás ataca cuando estás débil, y yo había abandonado mucho
la oración, la intimidad con Dios...
como ya he pasado otras veces por esta situación tremenda,
de duda, de pecado,

sé que es un problema que se soluciona sobre todo con el
sacramento de la reconciliación
(a los pies de Cristo en la cruz
dejé toda mi podredumbre ayer),

con la limosna (el desprendimiento del dinero es una forma de
querer, realmente, volver al Padre),

y con la escucha de la Palabra.

Y el Señor tiene estos detalles, que me hacen estremecer.

Me explico,Jose Manuel y yo siempre sabemos cuánto tiempo hace
que comenzamos en el Camino, porque Nazareth tenía unos pocos meses,
cuando hicimos las catequesis.
Hoy Nazareth cumple doce años.

Hoy, se ha proclamado el evangelio en el que Cristo resucita a
una niña, hija del jefe de la sinagoga,
y hoy a mí el Señor me dice,
igual que a la niña:

"Levántate. Estás dormida, no muerta".

Mi alegría viene porque además de decirme esto el Señor,
que cuenta conmigo, que me quiere, que no se acuerda de
mis infidelidades, añade el texto evangélico:

"Y la niña se puso de pie y comenzó a andar. Tenía doce años".

Los mismos que tengo yo. Doce años en la fe.
Una cría que ha vuelto a la vida, y que de nuevo,
una vez más, empieza a andar.

Postdata: Esto lo escribí hará dos semanas, y hoy me ratifico en lo
mismo. Dios es grande, y me quiere, incluso cuando estoy
en mi miseria.

ESta tarde le decía a un sacerdote: "Llevo un tiempo en que no
veo a Dios en mi vida. Me gustaría verle presente en las cosas que
me pasan todos los días... Me falta fe...

-Lo que dices parece contradecirse... ¿Cómo es que te falta fe, y vienes
a recibir el sacramento del perdón?

-Es que yo sé que Él está ahí, presente, en mi vida, aunque ahora no lo vea...

-Mira, tan verdad es que está aquí, que te perdona,
incluso cuando dudas de su amor...

Y tras recibir el perdón, me di cuenta de que me estaba pasando como a
la gente que seguía a Jesús porque "les daba de comer",
porque "les curaba", porque "hacía milagros",
porque les daba "gustito" oír a uno que les hablaba de Dios...
pero su corazón estaba muy lejos de lo que Cristo quería de ellos.

Yo necesito los "milagros" para tocarLe... necesito acontecimientos
en los que ver cómo actúa en mí, o en los que tengo alrededor...

Puede ser que este desierto sea una forma de purificar la fe,
puede ser que tenga que seguirle, incluso,
en la oscuridad...

Señor, adónde iré... si sólo Tú tienes palabras de vida eterna.

sábado, 8 de agosto de 2009

En un pueblecito de 100 habitantes




Estoy plantada frente al ordenador, y no me resisto a subir unas cuantas fotos...
de nuestras vacaciones. Este año han sido un tanto diferentes.
Han faltado los abuelos (mis padres)y los tíos solteros (mis hermanos).
Les hemos echado de menos, sobre todo a la hora de las partiditas de dominó
-que este año han brillado por su ausencia- y de los saraos
(guitarrita en mano) a la luz de la luna.

Ni que decir tiene que cada familia tiene sus "tradiciones",
recuerdo que cuando nos reunimos hace escasamente dos meses para
celebrar la comunión de una sobrina nuestra, la familia "política" nos
deleitó con teatro. Cierto.

El abuelo -en la sobremesa- empezó a declamar sainetes,
cortes de obras clásicas,
que, nos parecieron una delicia.

Nosotros somos más de palmas y cante. Y montamos cada una que paqué...
Este año han faltado dos cantaores, y eso se nota. Pero bueno, la novedad
han sido unas sesiones de cine casero, fabulosas... resulta que la casa
tenía un proyector de cine, y una pantalla de esas que se desenrollan y
ocupan toda la pared... hemos visto más cine en quince días,
que en varios años juntos.

A propósito, hemos estado en un pueblecito de Burgos,
de unos cien habitantes. Una gozada.

En plena naturaleza, y en una casa extraordinaria. Nazareth decía:
"Le pondría un 10, si tuviera piscina". Lo cierto es que no hacía falta, porque
aunque de día hacía calor, no apetecía bañarse... algún día más caluroso
enchufamos la manguera...
de noche dormíamos con manta.

Incluso hubo dos noches que encendí la calefacción.

Por otro lado, al poco de llegar a Burgos, tuve una experiencia

que me hizo pensar...

como vamos siempre con los niños por delante, es inevitable que

salga la conversación sobre si son todos nuestros,

sobre el número de hijos que cada quien ha tenido...


Y en éstas estábamos cuando una señora cubana, que servía en un bar

próximo a donde estábamos alojados, me comentó, sin ningún tipo de pudor

que ella había abortado cuatro veces...

-Esto mismo que ahora se quiere implantar en España,

ya se hacía en mi país cuando yo vivía allí.

Yo sólo he tenido un hijo, que ya es mayor...

a los otros, los abortaba al poco tiempo de quedarme embarazada.


-¿Y nunca te ha dado pena, lo que hiciste?


-No, porque no podía tenerlos. Los cubanos son muy golfos...

yo di con hombres que no eran responsables. Mi madre tuvo ocho hijos,

y sufrió mucho con mi padre. Yo no quería pasar por eso.

Después, en casa, pensándolo detenidamente, veía, por un lado,

que no podía juzgar a esta mujer, porque yo no estaba en su situación...

y por otro, me acordaba de esos niños no nacidos,

precisamente porque el acto de responsabilidad tendría que

haberse dado antes -no acostándose con el "golfo"-

y no después, silenciando unas vidas.





En fin, hemos hecho excursiones por los pueblos de los alrededores, senderismo,
hemos visto ermitas, castillos, playas... hemos subido en barco, y hemos comido
y dormido a placer. Venimos oxigenados y las pequeñas,
sobre todo Judith y Almudena, traen un colorcito estupendo.

Las niñas han disfrutado, entre otras cosas, con "Comanche",
un caballo que había allí cerca, al que han dado de comer,
y que rebautizaron, pues en realidad se llamaba "Moro".



Yo he comprobado que soy una desagradecida, y una envidiosa,
me encantaría tener la casa de la que hemos disfrutado...
durante todo el año.
Vuelvo y comparo, y caigo en la desesperación...
que si aquí no cabemos, que si tuvieramos una casa como aquella

habría que recoger menos, limpiar menos,
se oirían menos los gritos de los niños... etc,
en fin, que estoy hecha de barro.




jueves, 6 de agosto de 2009

Book Land



No lo he hecho nunca, pero hoy os voy a recomendar que os paséis
por un blog que acaba de nacer, pero que con el tiempo, puede aportaros
muchos momentos gratificantes.


Se trata de un blog sobre literatura, y su primera entrada es
"El hombre eterno", de Chesterton.


http://bookland0.blogspot.com/2009/08/el-hombre-eterno.html


Conozco bastante bien -creo- al autor de este blog (mi hijo), y
os aseguro que merecerá la pena seguirle de cerca.

Transcribo algún párrafo, para abriros el apetito:
"Este libro trata del hombre y -contrariamente a la tendencia
contemporánea-lo tiene en cuenta.
¿Quién no ha escuchado alguna vez que el hombre no es
más que una unidad de producción, o que es el resultado del desarrollo
de la secuencia genética que en él se esconde, o que es simple materia o
tan sólo el producto de la combinación de diferentes corrientes ambientales?

Es el propio Chesterton quien afirma algo que parece evidente
–pero que hoy no parece serlo- cuando
escribe que “precisamente cuando
consideramos al hombre como animal
es cuando percibimos que no lo es”.
La primera parte del libro (La criaturallamada hombre) aborda la
Historia desde los hombres de las cavernas hasta Jesucristo.
En la segunda parte (El hombre llamado Cristo) el autor se detiene en el
misterio de Cristo y laparticularidad de la Iglesia,
tantas veces muerta y tantas veces vuelta a la vida."

Enhorabuena, Jose, por esta iniciativa, y adelante, puedes hacer mucho bien.