viernes, 30 de julio de 2010

Vivió en un entorno homosexual

 
Sé que este testimonio que voy a reproducir aquí va contra corriente y más de uno se puede rasgar las vestiduras, pero me parece importante mostrar la verdad. Y la verdad es que los niños merecen vivir en un entorno estable, con un padre (hombre) y una madre (mujer), donde no se dé lugar a la confusión sexual y donde puedan desarrollarse como personas y ser respetados en todas sus facetas, también en la de su sexualidad. Creo que el testimonio que da esta mujer es impresionante, y me alegro de que haya podido reconstruir su vida; verdaderamente Dios ha estado también grande con ella.


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Una mujer canadiense que fue criada en un hogar homosexual se dedica ahora a asistir a otras personas que atraviesan por la misma situación y a pedir a los gobiernos del mundo que protejan el matrimonio entre hombre y mujer.
 
Según informa ForumLibertas.org, Dawn Stefanowicz vive en Ontario, Canadá, con su esposo de toda la vida y sus dos hijos, a los que ha educado en casa. Actualmente prepara su autobiografía y desarrolla un ministerio especial desde el sitio web (en inglés) www.dawnstefanowicz.com : Brinda ayuda a otras personas que como ella crecieron a cargo de un padre homosexual y fueron expuestos a este estilo de vida.

Stefanowicz explica en el sitio web "cómo en su infancia estuvo expuesta a intercambios de parejas gays, playas nudistas y la falta de afirmación en su feminidad, cómo le hirió el estilo de vida en el que creció, y ofrece ayuda, consejo e información para otras personas que han crecido heridas en un entorno de ‘familia’ gay, un estilo de ‘familia’ que ella no desea para nadie y que cree que las leyes no deberían apoyar".





Su testimonio

En su relato, Stefanowicz explica que debido a una enfermedad grave de su madre debió quedar al cuidado de su padre homosexual cuando aún era una niña. "Estuve expuesta a un alto riesgo de enfermedades de transmisión sexual debido al abuso sexual, a los comportamientos de alto riesgo de mi padre y a numerosas parejas", relata.

"Incluso cuando mi padre estaba en lo que parecían relaciones monógamas, continuaba haciendo ‘cruising’ buscando sexo anónimo. Llegué a preocuparme profundamente, a amar y entender con compasión a mi padre.
Compartía conmigo lo que lamentaba de la vida. Desgraciadamente, siendo niño unos adultos abusaron sexual y físicamente de él. Debido a esto, vivió con depresión, problemas de control, estallidos de rabia, tendencias suicidas y compulsión sexual. Intentaba satisfacer su necesidad por el afecto de su padre, por su afirmación y atención, con relaciones promiscuas y transitorias.


Las (ex) parejas de mi padre, con los que traté y llegué a apreciar con sentimientos profundos, vieron sus vidas drásticamente acortadas por el SIDA y el suicidio. Tristemente, mi padre murió de SIDA en 1991", recuerda.


Según Stefanowicz las "experiencias personales, profesionales y sociales con mi padre no me enseñaron el respeto por la moralidad, la autoridad, el matrimonio o el amor paterno. Me sentía temerosamente acallada porque mi padre no me permitía hablar de él, sus compañeros de casa, su estilo de vida y sus encuentros en esa subcultura. Mientras viví en casa, tuve que vivir según sus reglas".

"Sí, amaba a mi padre. Pero me sentía abandonada y despreciada porque mi padre me dejaba a menudo para estar varios días con sus compañeros. Sus parejas realmente no se interesaban por mí. Fui dañada por el maltrato doméstico homosexual, las tentativas sexuales con menores y la pérdida de parejas sexuales como si las personas fueran sólo cosas para usar. Busqué consuelo, busqué el amor de mi padre en diversos novios a partir de los 12 años", sostiene.

Stefanowicz recuerda que "desde corta edad, se me expuso a charlas sexualmente explícitas, estilos de vida hedonistas, subculturas GLBT y lugares de vacaciones gay. El sexo me parecía gratuito cuando era niña. Se me expuso a manifestaciones de sexualidad de todo tipo incluyendo sexo en casas de baño, travestismo, sodomía, pornografía, nudismo gay, lesbianismo, bisexualidad, voyeurismo y exhibicionismo. Se aludía al sadomasoquismo y se mostraban algunos aspectos. Las drogas y el alcohol a menudo contribuían a bajar las inhibiciones en las relaciones de mi padre".

"Mi padre apreciaba el vestir unisex, los aspectos de género-neutro, y el intercambio de ropas cuando yo tenía 8 años. Yo no veía el valor de las diferencias biológicamente complementarias entre hombre y mujer. Ni pensaba acerca del matrimonio. Hice votos de no tener nunca hijos, porque no crecí en un ambiente de hogar seguro, sacrificial, centrado en los niños", señala.

Las consecuencias

"Más de dos décadas de exposición directa a estas experiencias estresantes me causaron inseguridad, depresión, pensamientos suicidas, miedo, ansiedad, baja autoestima, insomnio y confusión sexual. Mi conciencia y mi inocencia fueron seriamente dañados. Fui testigo de que todos los otros miembros de la familia también sufrían", sostiene Stefanowicz.

Ella asegura que sólo después de haber tomado las decisiones más importantes de su vida, empezó a darse cuenta de cómo la había afectado crecer en ese ambiente.

"Mi sanación implicó mirar de frente la realidad, aceptar las consecuencias a largo plazo y ofrecer perdón. ¿Podéis imaginar ser forzados a aceptar relaciones inestables y prácticas sexuales diversas desde corta edad y cómo afectó a mi desarrollo?. 

Desgraciadamente, hasta que mi padre, sus parejas sexuales y mi madre murieron, no pude hablar públicamente de mis experiencias", explica.

"Al final, los niños serán las víctimas reales y los perdedores del matrimonio legal del mismo sexo. ¿Qué esperanza puedo ofrecer a niños inocentes sin voz? Gobiernos y jueces deben defender el matrimonio entre hombre y mujer y excluir todos los otros, por el bien de nuestros niños", concluye.


MADRID, 12 Oct. 06 / 04:31 pm (ACI Prensa)

jueves, 15 de julio de 2010

Acogimiento familiar de niños con problemas

Abel y Lucía son un matrimonio que hace más de cinco años optaron por el acogimiento. Teniendo en cuenta que ya eran padres de seis hijos, la pregunta es obvia:


¿cómo se os ocurrió esta locura?

Todo fue durante el puente de El Pilar de 2004. Un matrimonio de la Comunidad Neocatecumenal a la que pertenecemos nos comentó que en Murcia había una niña con fibrosis quística que le urgía una familia (es muy difícil encontrar familia para los niños enfermos). Desconocía mos si se trataba de un acogimiento o de una adopción (a decir ver dad, en aquel momento no sabíamos nada sobre acogimientos). Así es que le encomendamos la decisión a la Virgen del Pilar, y el domin go por la noche ya lo teníamos claro: fuese para lo que fuese, nosotros estábamos dispuestos. No podíamos quitarnos de la cabeza el Evan gelio donde dice "lo que hagáis a uno de éstos mis pequeños, a mí me lo hacéis".

¿Cómo fue el proceso?

Fue un poco a la inversa de lo habitual. Normalmente haces el curso de acogimiento, te dan el certificado de idoneidad y te adjudican el niño. Nosotros ya sabíamos cuál era la niña que queríamos y luego realizamos los demás trámites. Dudábamos que nos dieran la idonei dad por tener ya seis hijos y al terminar las entrevistas y las baterías de preguntas, tanto la psicóloga como la asistente social reconocieron que habían iniciado el proceso convencidas que iba a ser un "no", pero a lo largo del mismo se habían sorprendido de lo mucho que puede aportar una familia numerosa a un niño enfermo.

Vuestros hijos ¿cómo respondieron?

El mayor tenía quince años y el pequeño tres. Pensábamos que no sería fácil, pero que lo encajarían y la verdad es que uno no gana para sorpresas: cuando entramos en el centro donde estaba nuestra niña, el corazón de todos cambió; por primera vez eran testigos de una realidad que no conocían, niños que no vivían con su papá y su mamá por distintas causas. De regreso a casa todo eran preguntas: "mamá ¿nos podemos traer también a Alejandro?", "papá ¿nos podemos traer también e Mayra?" y una continua acción de gracias por lo que tenían, "una familia".

¿Cómo fue la llegada a casa?

Todos la esperábamos llenos de ilusión y cariño. Llegó con catorce meses y seis quilos y medio de peso; estaba muy malita y había pasa do muchos meses ingresada en el hospital, por lo que le costaba de jarse querer, le molestaban las caricias y tenía terrores nocturnos. Era duro. Tú le querías demostrar cuánto la querías y ella no se dejaba. Éste tipo de niños vienen con unas heridas que no se ven, que están en el corazón, y para curarlas hace falta mucho amor, y nada tiene que ver la Nati que vino a casa hace cinco años, con nuestra Nati de ahora.

¿Cómo es la niña ahora?

Ahora tiene ya más de seis años, y la evolución de su salud ha sido espectacular, hace una vida prácticamente normal, va a natación y al cole, donde recibe apoyo por problemas de aprendizaje. Es una niña feliz como cualquier otra.

Tres años después acogéis a Gabriel. ¿No teníais bastante?

Eso es lo que muchos nos preguntaban. Por entonces Nati aún tenía régimen de visitas, y en una de ellas, la persona de Asuntos Sociales que siempre ha llevado su caso, nos pidió que hiciésemos un llama miento en nuestro entorno, porque había necesidad de acoger a más niños con problemas. Lo dijimos en nuestra Parroquia y a nuestras amistades, pero Dios ya había sembrado en nuestro corazón el poner nos a disposición para acoger otro niño. Fueron ellos los que nos propusieron al que ahora es nuestro peque, un angelote que entonces tenía dos años y dos lesiones cerebrales. No sabíamos cómo iba a evolucionar. De momento es un niño feliz que aprende de todo, pero a un ritmo mucho más lento

Esta vez ¿qué dijeron vuestros hijos?

A los mayores les pilló en plena adolescencia y no les cayó tan bien como la primera vez, pero fue ir al hogar y cambió su actitud de nuevo.

¿Cómo fue la escolarización?

Inicialmente nos plantemos otro tipo de centro con más medios para este tipo de niños, pero nuestros hijos mayores dijeron que de eso nada, "¿quién lo protegería y cuidaría?". Ya no tuvimos dudas, lo lle varíamos a Trinitarias junto al resto de nuestros hijos. No sabemos dónde llegará académicamente, pero lo que realmente importa es que se sienta arropado y sea feliz, y sin duda, con sus hermanos alrede dor, así iba a ser.

Además el cole se ha involucrado al máximo con nuestros dos peques, buscando recursos que les ayuden, con el gabi nete psicopedagógico, con logopedas, así como suministrando la medicación que la nena tiene que tomar en cada comida. A pesar de que mucha gente piensa que en los colegios religiosos los niños así son apartados, nuestra experiencia no tiene nada que ver con eso, y estamos muy agradecidos al colegio y a sus profesores por cómo están pendientes de sus necesidades educativas y afectivas.

Muchos padres, cuando se enteran durante el embarazo que su hijo viene con alguna enfermedad genética o lesión, deciden abortar. Sin embargo vosotros abrís vuestra familia a esos niños. ¿Cómo se hace eso?

No estamos hechos de ninguna pasta especial, ni somos superhéroes, como piensan algunos. Nosotros conocemos cómo somos y sabemos que si Dios no nos hubiera dado la fuerza para ello, no habríamos dado este paso. Además nadie puede decirnos que nuestros hijos pequeños tengan menos dignidad o derecho a vivir que los mayores. Dios también les ha dado a ellos una misión y no es menos importante que la puedas tener tú o yo.

¿Vale la pena?

Y tanto. Hemos pasado por momentos duros y renunciar a muchas cosas, pero siempre hemos recibido de ellos más de lo que nosotros hemos dado. La vida se recibe cuando la entregas. Además, si Dios está en el indefenso y en el que no tiene nada, Dios está en nuestra casa, en especial a través de estos niños. Camineo/info Murcia/España