viernes, 31 de diciembre de 2010

Duérmete pequeño

Cada vez que veo /y escucho/ este vídeo me estremezco.
Cuánto amor, María, y cuánto dolor. Y cuánta entereza.






Te miro a los ojos y entre tanto llanto parece mentira que te hayan clavado, que seas el pequeño al que he acunado y que se dormía tan pronto en mis brazos; el que se reía al mirar el cielo y cuando rezaba se ponía serio.

Sobre este madero veo aquel pequeño que entre los doctores hablaba en el templo; que cuando pregunte, respondió con calma que de los asuntos de Dios se encargaba ese mismo niño, el que está en la cruz, el rey de los hombres, se llama Jesús.

Ese mismo hombre ya no era un niño, cuando en esa boda le pedí mas vino que dio de comer a un millar de gente y a pobres y enfermos los miró de frente rio con aquellos a quienes mas quiso y lloro en silencio al morir su amigo ya cae la tarde, se nublan los cielos pronto volverás a tu padre eterno; ¡duérmete pequeño, duérmete mi niño, que yo te he entregado todo mi cariño!. como en Nazareth, aquella mañana: "he aquí tu sierva, he aquí tu esclava"

lunes, 27 de diciembre de 2010

Los impostores



"Mamá, esta mañana han venido a clase los impostores", me soltó Inés al salir del colegio,
muy segura de sí misma, apretándome fuerte la mano, para que la hiciese caso.

-¿qué? ¿quienes son los impostores?

-¡mamá! ¡los reyes falsos! ¡esos que vienen al cole y nos dan chuches!

-¡ah, claro, los impostores! ¡en qué estaría yo pensando!, dije, sin poder contener la carcajada.

Esto pasó hace unos cuantos días; después de los impostores, hemos tenido el festival del colegio, que este año ha sido menos estresante, porque los disfraces eran fáciles. (El año pasado, sin ir más lejos, tuve que hacerle a Victoria un sombrero para que ella se metiese dentro... en fin, sin comentarios).

Este curso Inés se ha disfrazado de gato, Victoria  de reno, Judith de alfarera, y Nazareth de cantante de soul. Estuvo bastante distraido, la verdad es que en esto de los festivales el cole ha ido mejorando, y ya puedo decir, y digo, que no nos aburrimos, muy al contrario; también ayuda que tenemos niños en casi todos los cursos, con lo cual, mantenemos la expectación, de principio a fin.

La clase de Teresa, se me olvidaba, hizo una representación de los Oscars, con alfombra roja y todo, y con entrada triunfal en coche descapotable (grabado previamente, días antes). Todo muy logrado y trabajado, con un gran despliegue de glamour y vestuario;  se ofrecieron escenas-montajes de los protagonistas (Teresa participaba en Harry Potter) de las distintas películas a concurso...  aunque a mi parecer faltó la guinda, que hubiera sido dar los premios en vivo y en directo a todos los participantes.


 Siguiendo el ritmo de esta navidad, diré que también hemos ido el circo Mundial; hacía al menos seis o siete años que no íbamos al circo. Curiosamente, días antes de que mi hermana me dijera que tenía entradas gratis para todos, yo lo había estado pensando... pero había rechazado la idea, porque se nos salía de presupuesto.

¿Será que Dios provee?

El caso es que lo disfrutamos. Y cada vez que hablamos del circo, acabamos contando la anécdota de hace años, cuando fuimos por primera vez.

Ahí sí que fuimos impostores, verdaderamente.

Por aquel entonces teníamos cinco críos, y Jose Manuel y yo, al llegar a la puerta del Circo (delante de la Plaza de Ventas, la de los toros) vimos que a escasos metros habia un trailer aparcado y un cola de gente esperando... no sé por qué supusimos que aquello formaba parte de la entrada que habíamos pagado, así que ni cortos ni perezosos, nos pusimos a la cola; cuando entramos en el trailer vimos a un señor repartiendo unas cajas  muy bonitas, cerradas, que contenían (después lo vimos) bocadillos, bebida, chuches, etc...
.¿cuantos niños son?
-cinco
-Más el padre y la madre...
-Sí.
Salimos de allí, todos, con nuestra cajita. Entramos en el circo, y nos dice el acomodador...
-Ustedes a la zona VIP`S.
-No, nosotros no somos VIP' S.
 -¿No? como les veo con las cajitas de L, Oreal... supuse que eran VIP's...

Bueno, todavía nos desternillamos cada vez que pensamos que cogimos un tentenpié que no era para nosotros... sin saberlo. Y que merendamos gracias a esa marca de cosméticos. Al terminar las actuaciones, dijeron que los empleados de L'oreal se quedasen un poco más, porque había unos regalos que iban a repartir... aquello ya nos pareció excesivo... y nos fuimos.



Otro día estuvimos en un concurso de villancicos en Pozuelo (Madrid),  donde por cierto, el equipo de cuatro de nuestras hijas ganó el tercer premio... entre unas cosas y otras, hemos celebrado la nochebuena en familia... la navidad... Y hemos cantado villancicos hasta desfallecer.


domingo, 26 de diciembre de 2010

¿A quién celebramos?




Según Chesterton:  

"Nadie había imaginado la posibilidad del Creador viviendo entre los hombres, hablando con funcionarios romanos y recaudadores de impuestos. Pero la mano del Dios que había moldeado las estrellas se convirtió, de pronto, en la manecita de un niño que gimotea en una cuna. Y ese hecho, admitido en bloque por la civilización occidental durante dos milenios, es, sin ninguna duda, el hecho más asombroso que ha conocido el hombre desde que pronunció la primera palabra articulada". 

 "La Navidad, que en el siglo XVII tuvo que ser rescatada de la tristeza, tiene que ser rescatada en el siglo XX de la frivolidad, que es el intento de alegrarse sin nada sobre lo que alegrarse. Que se nos diga que nos alegremos el día de Navidad es razonable e inteligente, pero solo si se entiende lo que el mismo nombre de la fiesta significa. Que se nos diga que nos alegremos el 25 de diciembre es como si alguien nos dijera que nos alegremos a las once y cuarto de un jueves por la mañana. Uno no puede alegrarse así, de repente, a no ser que crea que existe una razón seria para estar alegre. Un hombre podría organizar una fiesta si hubiera heredado una fortuna; incluso podría hacer bromas sobre la fortuna. Pero no haría nada de eso si la fortuna fuera una broma. No se puede montar una juerga para cele­brar un milagro del que se sabe que es falso. Al desechar el aspecto divino de la Navidad y exigir sólo el humano, se está pidiendo demasiado a la naturaleza humana. Se está pidiendo a los ciudadanos que ilumi­nen la ciudad por una victoria que no ha tenido lugar". 

lunes, 20 de diciembre de 2010

Un aleluya sorprendente

Una manera estupenda de celebrar la navidad, y compartir la alegria de que Cristo Jesús está entre nosotros.
Es la coral "Chorus Niagara, Ontario. Canada", cantando el Hallelujah de Haendel, en una "Flash Mob", en
la zona de restaurantes de "comida rápida", de un centro comercial.



viernes, 17 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

 Que el Señor nos bendiga a todos, que podamos seguirle, amarle y entrar en Su voluntad.
¡Feliz Navidad!



viernes, 10 de diciembre de 2010

El mito del condón

Me parece una carta tan clarificadora, que no me resisto a publicarla. Por si a alguien le queda
alguna duda sobre los "beneficios" del preservativo.
 
  Guayaquil, 20 de marzo de 2009 
 
  Muy estimado Bonil:
  Le admiro como humorista; no me da empacho decirlo. Le escribo con
  la autoridad que me proporciona ser un sacerdote que visita todas
  las mañanas de todos los viernes a los pacientes de VIH-sida en el
  Hospital de Infectología. Voy siempre con un equipo de voluntarios y
  voluntarias de la Casa de la Vida. No sólo le escribo como un
  apóstol de mis enfermos, sino como simple hombre culto (soy abogado
  y sacerdote, con 10 años de estudios en tres universidades
  españolas). Estoy completamente en contacto con todo lo que sucede.
  Me muevo en el Internet como un pez en el agua. Le digo esto, porque
  a veces la gente piensa que los curas vivimos en otro planeta. He
  visto su chiste de hoy sobre el Papa y el criterio de la Iglesia
  Católica sobre la ineficacia del preservativo para combatir el SIDA.
  Estimado Bonil: El Papa puede decir que dos por dos son cuatro. Pero
  esta verdad no deja de ser una verdad científica, sino que sigue
  siendo una verdad matemática, aunque la afirme un religioso. Dejemos
  aparte - sólo por método, para poder dirigirme a usted, con total
  independencia de sus creencias, no sé nada de su religión, ni
  siquiera sé si cree en Dios o no, da lo mismo para el caso - los
  motivos morales por los cuales la Iglesia Católica se opone al uso
  del preservativo para combatir la pandemia del SIDA. El Papa ha
  afirmado algo que es puramente científico: el uso del preservativo,
  lejos de impedir la propagación del SIDA, en definitiva, la
  acrecienta y aumenta. Tome usted un microscopio. Ponga un
  preservativo de látex. Mida las microscópicas perforaciones que
  tiene el látex. Apunte en una libreta las milimicras que posee
  cualquiera de las perforaciones. Ahora, coja un virus del sida.
  Póngalo en el microscopio. Mídalo. Ahora compare las dos medidas. La
  ciencia de hoy afirma que el virus del sida es 450 veces más pequeño
  que el espermatozoide. Si bien los espermatozoides no atraviesan las
  perforaciones del preservativo, claro que los virus del sida sí lo
  hacen. Por otra parte, hemos de reconocer que la masiva difusión del
  preservativo, no determina una disminución del número de relaciones
  sexuales, sino, por lo contrario las facilita, las estimula, las
  incentiva. Sepa, además, mi estimado Bonil, que tras la difusión
  masiva del preservativo hay toda una industria con gigantescos
  intereses económicos, todo un capitalismo. y, lo peor, ellos saben
  que el preservativo no preserva de nada, y que, como dice el Papa,
  aumenta la pandemia (por las dos razones científicas que antes le he
  expuesto: matemática: dimensión de las perforaciones, y estadística:
  constatación numérica de los fenómenos sociales) y, sin embargo, son
  tan criminales y tan genocidas, que por forrarse los bolsillos de
  dólares, empujan al mundo entero a la peor pandemia de la historia
  (tengo 5 DVD's, sobre el tema). La irresponsabilidad de las
  autoridades de salud del mundo entero, y también, por supuesto, de
  Ecuador, es espantosa. Tras esa irresponsabilidad, o está una
  tercermundista ignorancia o una tercermundista corrupción. Todos
  ellos tendrán que dar cuenta a Dios - no me fío nada de los "juicios
  de la Historia", que son para morirse de risa - de la criminal
  irresponsabilidad con la que difunden en nuestro ambiente el uso del
  preservativo, con la consiguiente incentivación de las relaciones
  sexuales realizadas con la "ruleta rusa" del preservativo. No por
  motivos religiosos, sino por simples razones de salud pública, la
  autoridad gubernamental debería informar a la gente los peligros que
  comporta el uso del preservativo. Algo así como se hace con la
  campaña de difusión de la estrecha relación que hay entre el tabaco
  y el cáncer. Para terminar: son innumerables los y las pacientes de
  sida que cuando yo les he preguntado - claro, con toda mi intención
  - si usaron "protección". me miran con profunda tristeza y con una
  sonrisa cargada de odio e ironía me dicen: "Padrecito, el
  preservativo no sirve para nada." Le invito un viernes a visitar
  conmigo a 'mis' enfermitos de sida - hoy mismo he estado con ellos -
  y luego me dirá si se atreve a hacer, querido Bonil, un chiste sobre
  la relación que hay entre la difusión del preservativo y el avance
  de la pandemia del sida. Venga, le recibiremos llenos de cariño en
  nuestro equipo. Venga, y verá cómo los enfermitos están equivocados
  - sí que están equivocados - cuando dicen que no sirve para nada:
  ¡Claro que sirve!, y muchísimo: sirve para contagiarse ellos del
  sida; y sirve, sobre todo, para que muchos millonarios del primer
  mundo y del tercero, ganen más euros y dólares a costa de los
  millones de enfermos de sida que se fiaron del preservativo. Además,
  mi querido amigo: no sé si usted es casado, no sé si tiene hijas.
  pero si un chico le dice a usted que va a tener relaciones con su
  hija, no creo que usted le diga: "¡Ok; pero con preservativo!" Me
  imagino que, como padre digno que supongo será, le dirá al chico de
  turno: "Amigo, usted a mi hija no me la toca, hasta que sea su
  esposa, después de haberse casado con ella, como Dios manda.
 
¡Mientras, ni con preservativo, ni sin preservativo!".
 
  Y esto es lo que la Iglesia afirma como el mejor y único camino para
  preservar al mundo del SIDA y de muchos otros males, tales como los
  hijos sin hogar. En esto, supongo que usted coincide con Dios y la
  Iglesia.
 
  Con mi respeto y mi afecto.
 
  Padre Paulino Toral.   
 
 

viernes, 3 de diciembre de 2010

La conversión de Narciso Yepes


Sencillo y genial al mismo tiempo, Narciso Yepes (1927 1997) personifica un importante capítulo de la historia universal de la guitarra. Las páginas siguientes reflejan su hondura religiosa, y reproducen en su mayor parte la entrevista que concedió a Pilar Urbano, publicada en el número 149 de la revista Época en enero de 1988.

A Dios le encanta mi música

El pretexto de esta conversación es el sillón número 18 de la Real Academia de Bellas Artes que, sustituyendo a Andrés Segovia, ocupará Yepes. Pero el motivo es, como siempre, abrir de par en par el personaje y asomarse a la persona: este hombre de cuerpo pequeño y macizo, rostro tosco, mirada suave como la seda y sonrisa inocente. Este hombre de manos pequeñas y gordezuelas, como nidos de gorrión, pero, ¡ah!, prodigiosamente sensitivas, certeras y firmes en el acorde, audaces y agilísimas en el arpegio. Manos que rasguean, que tañen, que pulsan, que hacen vibrar y estremecerse las cuerdas de la guitarra, como si las yemas de sus dedos fuesen los terminales inteligentes de un portentoso cerebro... zahorí de manantiales musicales. Que eso es Narciso Yepes: un insaciable buscador del agua sonora que duerme en el cuenco oscuro de su guitarra.

Narciso, dígame una cosa con toda sinceridad. ¿Qué es el triunfo para usted?

Me pide sinceridad total, ¿no? Pues así le hablaré. jamás me he preocupado por el éxito, ni por el triunfo, ni por el aplauso... Todo lo que me ha ido viniendo de aceptación, por parte del público o de la crítica, lo he recibido con las mismas dosis de alegría que de humildad. Yo soy humilde de cuna y creo que soy humilde de espíritu. Y en eso no pienso cambiar. Nunca me he envanecido, ni me he endiosado. El éxito no afecta al interior de mi ser. Dicho con más crudeza: mis entrañas no saben qué es la fama. Y eso es bueno. Uno sigue siempre aguijoneado por el instinto de superación. No considero jamás que en nada de lo que hago haya llegado a la cumbre.

Pero usted trabaja con sus partituras y su guitarra para dar esa música a otros...


Sí, ¿y qué?

Luego... está buscando un eco, y que le sea favorable,
Yo recreo la música, primero, para mi gozo solitario. Y, sólo después, para darla a oír a los demás. Cuando doy un concierto, sea en un gran teatro, sea en un auditórium palaciego, o en un monasterio, o... tocando sólo para el Papa, como hice una vez en Roma ante Juan Pablo II, el instante más emotivo y más feliz para mí es ese momento de silencio que se produce antes de empezar a tocar. Entonces sé que el público y yo vamos a compartir una música, con todas sus emociones estéticas. Pero yo no sólo no busco el aplauso, sino que, cuando me lo dan, siempre me sorprende..., ¡se me olvida que, al final del concierto, viene la ovación! Y le confesaré algo más: casi siempre, para quien realmente toco es para Dios... He dicho «casi siempre» porque hay veces en que, por mi culpa, en pleno concierto puedo distraerme. El público no lo advierte. Pero Dios y yo sí.

Y.. ¿a Dios le gusta su música?

¡Le encanta! Más que mi música, lo que le gusta es que yo le dedique mi atención, mi sensibilidad, mi esfuerzo, mi arte..., mi trabajo. Y, además, ciertamente, tocar un instrumento lo mejor que uno sabe, y ser consciente de la presencia de Dios, es una forma maravillosa de rezar, de orar. Lo tengo bien experimentado.

Perdone la humorada, Yepes: es precioso que usted actúe para un espectador divino; pero, si al artista en pleno concierto «se le va el santo al cielo», el público puede pensar que allí está de más...

¡No! ¡Yo toco con los pies bien en el suelo! Yo soy consciente de que hay un diálogo mudo, una corriente mutua de energía que pasa de mí al público y del público a mí. Cuando se tiene el alma llena de fe y de amor, necesariamente se produce esa comunicación. No das notas, das... todo un mundo de evocaciones, de ideas, y de emociones que están entre las notas y en tu mente y en tu corazón y en las yemas de tus dedos. Das... tu vida interior. Al espectador de butaca y al de allá arriba a la vez.

¿Siempre ha tenido usted esa fe religiosa que ahora tiene?

No. Mi vida de cristiano tuvo un largo paréntesis de vacío, que duró un cuarto de siglo. Me bautizaron al nacer, y ya no recibí ni una sola noción que ilustrase y alimentase mi fe... ¡Con decirle que comulgué por primera vez a los veinticinco años! Desde 1927 hasta 1951, yo no practicaba, ni creía, ni me preocupaba lo más mínimo que hubiera o no una vida espiritual y una trascendencia y un más allá. Dios no contaba en mi existencia. Pero... luego pude saber que yo siempre había contado para Él. Fue una conversión súbita, repentina, inesperada... y muy sencilla. Yo estaba en París, acodado en un puente del Sena, viendo fluir el agua. Era por la mañana. Exactamente, el 18 de mayo. De pronto, le escuché dentro de mí... Quizás me había llamado ya en otras ocasiones, pero yo no le había oído. Aquel día yo tenía «la puerta abierta»... Y Dios pudo entrar. No sólo se hizo oír, sino que entró de lleno y para siempre en mi vida.

¿ Una conversión a lo Paul Claudel, a lo André Frossard..., a lo san Pablo?

¡Ah..., yo supongo que Dios no se repite! Cada hombre es un proyecto divino distinto y único; y para cada hombre Dios tiene un camino propio, unos momentos y unos puntos de encuentro, unas gracias y unas exigencias... Y toda llamada es única en la historia...

Dice usted que «escuchó», que «se hizo oír»..., ¿he de entender, Narciso, que usted, allí junto al Sena, «oyó» palabras?

Sí, claro. Fue una pregunta, en apariencia, muy simple: «¿Qué estás haciendo?» En ese instante, todo cambió para mí. Sentí la necesidad de plantearme por qué vivía, para quién vivía... Mi respuesta fue inmediata. Entré en la iglesia más próxima, Saint Julian le Pauvre. Y hablé con un sacerdote durante tres horas... Es curioso, porque mi desconocimiento era tal que ni me di cuenta de que era una iglesia ortodoxa. A partir de ese día busqué instrucción religiosa, católica. No olvidé que yo estaba bautizado. Tenía la fe dormida y... revivió. Y ya desde aquel momento nunca he dejado de saber que soy criatura de Dios, hijo de Dios... Un hombre con una cita de eternidad que se va tejiendo y recorriendo ya aquí en compañía de Dios. Así como hasta entonces Dios no contaba para nada en mi vida, desde aquel instante no hay nada en mi vida, ni lo más trivial, ni lo más serio, en lo que yo no cuente con Dios. Y eso en lo que es alegre y en lo que es doloroso, en el éxito, en el trabajo, en la vida familiar, en una pena honda como la de que te llame la Guardia Civil a media noche para decirte que tu hijo ha muerto...

Esa noticia, ese desgarro, ¿no le hizo encararse con Dios y... pedirle explicaciones? ¿Lo aceptó a pie firme?

¿Pedirle explicaciones? ¿Por qué iba a hacerlo? Sentí y sigo sintiendo todo el dolor que usted pueda imaginarse..., y más. Pero sé que la vida de mi hijo Juan de la Cruz estaba amorosamente en las manos de Dios... Y ahora lo está aún con más plenitud y felicidad. Por otra parte, Pilar, cuando se vive con fe y de fe, se entiende mejor el misterio del dolor humano. El dolor acerca a la intimidad de Dios. Es... una predilección, una confianza de Dios hacia el hombre.

Dios trata duro a los que quiere santos...

Pues... sí. Así es. Pero no es el trato duro, áspero e insufrible de un todopoderoso tirano, sino..., ¿sabré hacerme entender?, la caricia de un padre que se apoya en su hijo. Y esa caricia... limpia, sosiega y enriquece el alma. Y se obtiene la certeza moral y hasta física de que la muerte ha de ser un paso maravilloso: llegar, por fin, a la felicidad que nunca acaba y que nada ni nadie puede desbaratar... ¡Empezar a vivir de verdad!

Oyéndole hablar puede parecer que en usted no hay, como en todos los mortales, el hombre carnal, el bajo mundo de pasiones, la rebeldía del barro... Se diría que en usted hay una espiritualidad de superhombre, o de superángel, sin lucha, sin tentación, sin caída... ¡y sin tibieza ni rutina! ¿No es demasiado sublime para ser real?

Pues no habré sabido explicarme. ¡Claro que hay tentación! Pero también hay gracia. ¿Rutina, tibieza? Si se nutre a diario la experiencia de vivir estando al tanto de Dios, no cabe la rutina: Él interpela de continuo con preguntas y con solicitudes nuevas... Y uno va de hallazgo en hallazgo. ¡Nada es igual! Todo es novedad. Ya le dije que Dios no se repite nunca... Ciertamente, yo no le planteo rebeldía a Dios: hacer las cosas bien me cuesta, como a cualquiera. Pero, desde la libertad para decir «No quiero», decido decir « Sí quiero ». Porque, además de creer en Dios..., yo le amo. Y lo que es incomparablemente más afortunado para mí: Dios me ama. ¡Cambiaría tanto la vida de los hombres si cayesen en la cuenta de esta espléndida realidad!

Pero el mundo camina en otra dirección... justo la contraria.

Sí. Es tremendo que el hombre, por cuatro cachivaches técnicos que ha conseguido empalmar, se haya creído que puede prescindir de Dios y trate de arreglar esta vida con su solo esfuerzo... Pero ¿qué está consiguiendo? No es más feliz, no tiene más paz, no se siente más seguro, no progresa auténticamente, pierde el respeto a los demás hombres, utiliza mal los recursos creados..., y él mismo es cada vez menos humano. La sociedad tecnificada y postindustrial de este siglo que vivimos ha perdido su norte. Está equivocada. Marcha fuera del camino ... ; por eso no avanza verdaderamente. Y esto lo afirmo y, si me lo pone por escrito, lo firmo.

Otra cuestión: de un tiempo a esta parte, y refiriéndose a terroristas que han asesinado, se dice «no es posible estrechar unas manos manchadas de sangre». Mi pregunta es comprometedora. Yépes, ¿usted daría la mano a un etarra asesino?

Hay manos que se manchan de sangre apretando un gatillo, hay manos que se manchan de sangre provocando una guerra o practicando un aborto... Hay manos que se manchan firmando leyes que van contra la Ley Natural... Pero no hay ninguna mano definitivamente indigna. El hombre, por muy abyecto que sea, siempre está a tiempo para dejar de serlo. Vivir es eso: estar todavía a tiempo.

Supongo, pues, que usted no es partidario de la pena de muerte.

¡En modo alguno! ¿Quién es el hombre para disponer de la vida de otro hombre? Castigo al delincuente, sí. Pero pena de muerte, nunca. Quizás porque soy converso creo más que otros en la capacidad de regeneración y de redignificación del ser humano. Y no se debe cercenar esa posibilidad

Entrevista de Pilar Urbano a Narcisco Yepes en "EPOCA" de Enero de 1988.