miércoles, 21 de marzo de 2012

Entrevista a Paloma Gómez Borrero: "Juan Pablo II era un hombre de silencios"



Es arrolladora, cálida  y humilde. Porque lo primero que dice, casi al inicio de nuestra conversación, es que “si no fuera por Juan Pablo II no me conocería nadie, yo no he hecho nada”. Y en cierto modo tiene razón, ella ha sido la voz, la imagen, el vehículo transmisor de un papado pleno de vivencias y acontecimientos históricos. Pero también es verdad que Paloma, informadora católica, con un bagaje cultural y profesional enorme, es mucha Paloma.


-Para informar sobre la vida de la Iglesia, es necesaria una experiencia previa, un encuentro personal con Jesucristo…

-No creo. Yo no soy de ningún movimiento de la Iglesia… yo soy católica, apostólica y romana, todo eso sí. Y además tengo unos principios que me los han inculcado en el colegio y en la familia, pero yo creo que cuando hay buena voluntad, cuando elperiodista va a informar y cuenta lo que está viviendo, si no tiene mala fe…

-Se puede hacer este trabajo aún sin fe-

-Sí, yo he aprendido muchísimo del que ha sido durante muchos años el enviado especial de L´Unitá,  L´Unitá  es el diario comunista (Alcheste Santini, se llama), y bueno, Alcheste tenía una gran amistad con el cardenal Cassaroli, un respeto absoluto por JPII, sus crónicas podían tener una parte crítica en algunas cosas, que también es justo que se digan, pero fue una de las personas que más me ha enseñado, y más respetuoso con JPII.

-¿Has visto a lo largo de estos años, en tu grupo de informadores, que ellos mismos, de alguna manera se transformaban al contacto con la figura de JPII?

-Sí, se han transformado muchísimo. Una chica era judía, y bueno, ahora se ha convertido ala religión católica (y los judíos no son fáciles), y sobre todo  ella empezó pensando “un papa polaco, que llega, voy a cubrir la información…”, hoy es una mujer que además ha encontrado en la fe una fuerza grande porque un niño apenas recién nacido (esos que llaman de “muerte súbita”), va a darle de mamar y lo encuentra muerto… yo creo que a ella le ayudó muchísimo JPII y lo que había escuchado a lo largo de los años siguiendo la información papal; y otro por eje. Domenico del Río, que decía de JPII “Karol, el Grande”, éste era un crítico con la Iglesia, incluso con JPII al principio, y se transformó completamente: cuando estaba muriéndose, a un colega suyo del Corrière de la Sera, le dijo: “Dile al papa que le comprendo perfectamente, y que me ha dado tanta paz”. El respeto que te inspira, (y también de Benedicto XVI) leyendo los discursos… yo no he visto ninguno que vaya a hacer la información vaticana, que odie al papa, eso no, pero que necesiten ser “tocados”, sí. YO creo que de alguna manera te ayuda Dios, porque estás haciendo una labor que en cierto modo es evangelizadora. Si Dios ilumina a los misioneros, pues también a nosotros, algo nos llega…

-A usted yo la veo como una espectadora de primera línea de toda una serie de acontecimientos históricos respecto al Papado (la caída del muro, Sarajevo…) ¿ha visto la providencia de Dios detrás de todos estos viajes de JPII?
-Indudablemente era como si Dios llevara los hilos de todo lo que estaba sucediendo. Son circunstancias en las que dices “esto no es posible, si no hay alguien superior que lo mueva”. Hace cincuenta años estaba Stalin, había una persecución atroz contra todas las religiones porque persiguieron no sólo a los católicos, y de repente viene la perestroika, viene el Glasnov, viene Gorbachov, y sobre todo la Jornada Mundial de la Juventud de Polonia, donde abren las fronteras del Este, por primera vez pueden venir chicos del Este que no habían oido hablar de Dios, porque después de 50 años de ateísmo, estos chicos jóvenes tenían una sed de Dios… recuerdo en Chestochowa, a una chica, mirando la imagen de la virgen, estuvo horas sentada  (la tenía enfrente del hotel y decidí bajar a hablar con ella) digo: ”llevas dos horas mirando a la imagen de la virgen” -que estaba en la basílica iluminada-, qué te pasa? Y me dijo: “Yo no sé lo que me está pasando, pero la serenidad que me transmite, tanta paz, y sobre todo como que no tenga miedo… (cuando dijo esto, me acordé de lo que dijo el papa: no tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo), me dije: esta chica, le ha abierto las puertas. Y porqué… y ella misma decía, no sé lo que me está pasando, pero no puedo separar los ojos de esa imagen.

-Yo a la primera peregrinación que fui fue a la de Santiago de Compostela, al monte del Gozo. El papa pasó por la carretera bendiciendo… y sentí que me bendecía a mí. Para mí hubo un antes y un después de esta bendición tan personal.

-Esto ha pasado mucho con JPII. Sobre todo con los jóvenes, porque yo creo que les daba una seguridad… en Polonia le llamaban “la roca”, y era una roca en un mundo que se tambaleaba… porque en países del otro lado del muro veían que se estaba tambaleando ese mundo, y claro, en quién se apoyaban… y les transmitió la sensación de “nos da fuerza, nos da confianza, ¿podemos apoyarnos en él?, de esto salimos apoyándonos en él”.

-Kiko Argüello, el iniciador del Camino neocatecumenal, comentaba en la última JMJ en Madrid, que en España que vivía un erial en cuanto a vocaciones, ahora parece que comienza a reverdecer… que hay una “primavera de vocaciones

-JPII ha sembrado, no quiere decirse que el papa hablara en un país, y al año siguiente los seminarios estuvieran llenos, no esto no era posible, pero les ha dejado inquietudes, preguntas, con unas respuestas que se las daba el papa, era exigente con ellos, el joven quiere que se le exija… yo creo que el relativismo, la superficialidad, el “póntelo,pónselo”… han destrozado a la juventud; en cambio el papa JPII era exigente, como él les decía: “os gusta el cantor, pero no os gusta lo que canta”, pero el joven tiene ilusiones, ambiciones, quieren un mundo mejor… yo creo que la juventud tiene unos valores tan grandes, lo que pasa es que en algunos países, y en España últimamente, estos valores se los han quitado, los han enterrado, pero hay que volverlos a sacar. Esas movidas, ese pasar de todo, yo creo que los chicos se han cansado de esto, porque han visto que sólo crea paro, desilusión, ver todo con ojos llenos de angustia… llega la JMJ y ven una juventud distinta, unida, solidaria, que tiene alegría.

- Usted ha estado muy unida a JPII, ¿ha llegado a considerarse amiga de él?
- NO, yo creo que del papa no hay amigos. Quizás tenía los amigos de su juventud, él me tenía mucho cariño. Siempre supo que (yo estaba en TVE) yo había hecho que la figura de Juan Pablo II fuese querida muy cercana a la gente. Un día riéndose, porque tenía mucho sentido del humor, me llamó “pa-pa loma” (risas). Una vez yo le dije: “santidad, ¡se acuerda de mi nombre!” (porque no llamaba a nadie por su nombre, mas que a mí). Santidad, le dije, “le recuerdo el espíritu santo, por aquello de la paloma”. No sé porqué, pero tuvo siempre una deferencia grande conmigo.

-¿Qué recuerdos  entrañables tienes de su relación con el papa?

-Recuerdo la vez que me invitó a cenar, yo estaba en el estudio de radio vaticano en el arzobispado de Goa, en la India, y era la noche que cenaba con todo el séquito suyo, desde los Guardias suizos hasta el cardenal Cassaroli, que era el secretario de ESTAdo. Lo que llaman el séquito del papa, que suelen ser como 16 personas… y también invitó a los de radio vaticano y yo claro, no estaba invitada, no pensaba ir, pero el papa me vio al entrar y dijo que me avisasen, que yo también estaba invitada, que subiera. Ya estaban todos sentados en la mesa, y al terminar la cena, dijo que estaba muy contento, “porque está con nosotros Paloma”. Tuvo ese detalle. Como tuvo el detalle el día de mi santo, que estábamos en Kinsasa (El Zaire), porque había españoles en la Nunciatura de Kinsasa, y alguien le debió decir que era mi santo, (porque yo se lo dije sólo a los compañeros) y
De repente aparece el papa y nos levantamos todos, asombrados, porque eso no ocurre (se nos avisa si el papa va a pasar) y el papa me dijo: “es que he sabido que es tu santo y vengo a felicitarte y a bendecirte”. Y te quedas ¡anonadada!. Como ahora, con Benedicto XVI, que coincidió en la JMJ el dia de mi cumpleaños, y también me felicitó…


-¿Compartió con JPII conversación… o sólo cosas puntuales?

-Sí. Hemos hablado… en los aviones, venía y se quedaba un rato hablando…. Lo que más te llamaba la atención de JPII era su oración. Era un hombre de silencios, de hablar con Dios. Te dabas cuenta … y eso era impresionante. YO un día le dije riéndome a un compañero “yo uno de estos días le voy a ver levitar”, porque te estabas dando cuenta de que aunque estuviera en una audiencia o ante un discurso cualquiera, él estaba hablando con Dios. Era algo que tu captabas, con lo cual lo que él decía era menos que lo que te impresionaba cómo él era. En ningún momento te dejabas llevar por el “qué simpático”, “qué divertido”, también lo puedes decir, pero impresionaba a todos esa capacidad de aislarse, de ver que en esos momentos estaba hablando con Dios, pidiéndole lo que sea, a lo mejor pidiéndole ayuda porque es un encuentro importante… no sé. Pero te llamaba la atención ese diálogo íntimo.
-Decía Rouco, el cardenal de Madrid, que la característica esencial de JPII era la santidad, decía “era santo”.

-Sí… sus ojos, la manera de ser que tenía, cómo te miraba… yo lo que veía era que se aislaba, decías, “ahora está hablando con Dios, o con María, porque él era muy mariano”. Te dabas cuenta de que estaba en otra dimensión.

-¿Qué ha cambiado en usted después de tantos años cerca de JPII, es la misma que cuando llegó a cubrir la información vaticana hace tres décadas?

-A mí me marcó mucho el hambre y la injusticia en el mundo, que yo vi, a través de los viajes del papa. Eso me cambió mucho. Yo he visto lo que es el hambre, la injusticia, la explotación del hombre por el hombre… en detalles concretos, por ejemplo, te diría que yo ahora jamás tiro comida en casa, aunque sea hago croquetas si me ha sobrado algo… tanta necesidad, tanta injusticia, tanta gente muriéndose de hambre. Recuerdo cuando el papa dijo en Calcuta: “yo soy la voz de los pobres de madre Teresa, yo soy la voz de los pobres del mundo”, efectivamente a mí me dejó muy impactada.

-¿Y a la madre Teresa la conoció? ¿Habló con ella?

-Sí. Muchas veces. Era una mujer extraordinaria, una santa. Era una mujer que irradiaba tal paz cuando la veías… y era severa, porque cuando tenía que decir algo, lo decía. A mí me regalaba medallitas  de hojalata, de María Madre Misericordiosa, que ella llevaba en el Sari, ¡una vez me dio un puñado!.  Yo la quería muchísimo, era especial, sus ojos, sus manos arrugadas … recuerdo que ya muy enferma  me la encontré en el aeropuerto de Roma (la tuvieron que dar oxigeno en el aeropuerto porque casi se ahogaba) y llevaba dos niños indios de la mano, seguramente recogidos de las calles de Calcuta, yo le dije: ¡pero madre Teresa, dos niños venidos de la India y en avión… le habrán dado una guerra! Y ella, me contestó:”Paloma, cómo puedes decir eso, si llevo en mis manos dos pedacitos de Dios”.
Calcuta es la ciudad más horrible del mundo, allí ves al hombre-caballo, que va con una campanilla en la muñeca abriéndose paso porque es más barato que un taxi (los taxis les cortan el camino para que no puedan trabajar), van descalzos, escupen sangre y muchas veces se caen medio moribundos, pero hay otros que quieren ser caballo y ocupar su lugar… en esta ciudad espantosa es donde nace la epopeya de madre Teresa, allí nace la Casa de los Moribundos.

Madre teresa quería un lugar donde recoger a esta gente que muere por las calles, pero no se lo querían dar, porque ¡a una monja católica cómo le van a dar nada! Entonces ella se enteró de que quizá en el templo de la diosa Cali le podrían dejar dos habitaciones . Así que madre Teresa va a ver al gran sacerdote de la diosa Cali (que es la diosa más cruel de las divinidades indias) y éste le dice que ni hablar, que antes cierra sus puertas que darle nada a ella. Pero por estas cosas de la vida, este sacerdote se pone malísimo, con una extraña enfermedad que todos temen que sea muy contagiosa, y todos le abandonan… madre Teresa se entera y va con sus Hijas, noche y día vela por él, le da todo el cariño del mundo… y aquel hombre descubre a Madre Teresa y sus Hijas; cuando sale de la enfermedad, este sacerdote le da dos habitaciones en el templo de la diosa Cali, y es ahí donde empieza la casa de los moribundos de madre Teresa.

Cuando el papa va a Calcuta (se pretende que entre por la “puerta” de los ricos), Juan Pablo II dice: “Yo vengo a ver a los pobres de madre Teresa, yo entro por la puerta del hambre”. Y lo primero que hizo al llegar a Calcuta fue visitar la casa de los moribundos de madre Teresa. Y allí estaban, junto a madre Teresa y sus Hijas, todos los sacerdotes de la diosa Cali esperando al papa. Cuando llegó JPII, el gran sacerdote le colocó la corona de flores de bienvenida de los indios, y se la puso, diciéndole: “Es usted la persona que más quiere madre Teresa en este mundo, y para nosotros lo que quiere madre Teresa es siempre bienvenido”.

¿Y de Benedicto XVI, qué me puede decir?

-Era el único papa que podía seguir el legado de JPII. Yo le encuentro un mérito extraordinario, porque el hombre, ya mayor, delicado de salud, que coge las riendas de la Iglesia en un momento tan difícil, tan dramático… que los grandes problemas los ha sacado, sin miedo, porque el tema de la pederastia estaba ahí… podía haberlo dejado aparcado, sin embargo, arremetió contra ella llamándola “el crimen atroz del que se avergüenza la Iglesia por ser hombres que tienen que seguir a Cristo”. Desde el primer momento lo ha abordado, sin temblarle la mano.

-Es muy humilde, muy sencillo.

-Es muy cercano. Si quieres, más cercano que JPII. Porque JPII si te conocía, sí… pero si no, él iba a sus cosas… y Benedicto en cambio es muy cercano, él quiere saber… si le dices algo, jamás te deja de escuchar. Y sus discursos… tú a JPII le podías ir “a ver”, pero a Benedicto XVI le vas “a escuchar”. Juan Pablo II era polaco, y sus discursos eran como un gran ovillo (así eran sus discursos al principio sobre todo, de quince o veinte páginas ¡te perdías!) porque tenías que desenrollar el ovillo para entender porqué hablaba de esto o de lo otro, eran discursos difíciles… en cambio con BXVI son lineales, cortos, con una poesía en lo que escribe, preciosa. Encuentro que BXVI es la mejor cabeza que tiene hoy la Iglesia, como escritor, como todo, es extraordinario.


-¿Hay líderes políticos a los que la influencia del papa haya cambiado en su forma de hacer política?

-Sí. Gorbachov, uno. Si el muro de la vergüenza cayó fue gracias a la influencia y a la fe de JPII (esto fue reconocido por Mijail Gorbachov). Le llamaban al papa “la utopía Wojtyla”, ese sueño del papa de una Europa unida en sus raíces cristianas, desde los Urales al Atlántico. Yo estaba presente ese día de la audiencia con Grobachov, y le aseguro que es impresionante el momento en que vemos entrar por el Arco de las Campanas, en la Plaza de San Pedro, el coche ruso, con la bandera con la hoz y el martillo. Estuvieron primero a solas, Gorbachov y el papa (más los intérpretes; el intérprete del papa era un jesuita que había estado muchos años en Siberia en un campo de concentración) durante 60 minutos, una barbaridad (normalmente una audiencia papal no dura más de 15-20 minutos). Luego, fue la audiencia pública, allí estuvo Raisa y todo la delegación de Gorbachov. Éste dio tres noticias importantisimas en su discurso: primero, saludó al papa diciéndole “santidad”, hay que destacar que pocos años antes, en el viaje a México, el presidente mexicano, por no ofender a su partido (el PRI), le saludó, diciendo "bienvenido señor papa",por no llamarle santidad. Pero Gorbachov le llama santidad, y le dice que va a haber libertad religiosa en la URSS, cosa que será aprobada en el parlamento de Moscú muy poco tiempo después.Luego, cuando termina el discurso, vemos que hay entre los dos una corriente de simpatía, y cuando se marcha, el papa le acompaña, y Gorbachov le dice: “Me siento feliz de encontrarme hoy ante la autoridad moral más grande que tiene el mundo, y em siento orgulloso porque es un eslavo”. El papa le contestará: “Señor presidente, somos dos eslavos a los que la Providencia ha puesto en el mismo camino, y tenemos que hacer un mundo de paz”. Luego le dirá una frase que nos ha hecho pensar a tanto a muchos: “santidad, soy un ateo no practicante” ¿qué quería decir Gorbachov con esto?. Realmente fue un encuentro histórico.

Pero por ejemplo, también Fidel Castro. Fidel se quedó impactado  con aquella frase del papa: “que Cuba se abra al mundo, y que el mundo se abra a Cuba”, Cuba fue después distinta. Se abrió, no mucho, pero vamos, es que antes no entraban sacerdotes ni nada. Era una Iglesia no mártir, pero sí casi perseguida. Y el papa dijo unas cosas con una libertad absoluta, y Fidel estaba impactado con el papa, tanto es así que dijo: “Fidel nunca se ha inclinado mas que ante el Papa” (y se inclinó ante el papa) y dijo aquella frase: “santidad, gracias por lo que compartimos y gracias por lo que podemos no compartir. Nunca Cuba olvidará su visita, vuelva santidad”. Esa fue la despedida que le dedicó.
Yo creo que en algunos países por los que hemos  pasado en los que había dictaduras que luego cayeron, pero ahora mismo no te sabría decir. Yo creo que les deja a todos pensando… yo creo que marca mucho la visita del papa a los países.

-Hay una anécdota muy conmovedora. La de Edith.

-El papa estaba en un lugar que es el museo del Holocausto judío, en Tierra santa, que a todos los que van oficialmente en visita de Estado, van a este museo, que es un memorial del horror que ha sufrido el pueblo judío durante la persecución nazi, sobre todo. Los campos de exterminio, el famoso holocausto judío, y fue el papa. Y al terminar el discurso-oración, porque pidió al Señor que nunca más en el mundo pudiera ocurrir una cosa tan horrible, este Gólgota contemporáneo (lo llamó así), una señora se acercó al papa y habló con él bastante en polaco, lloraba y le cogía las manos al papa, claro, cuando se marchó nosotros pensamos aquí ocurre algo importante… y efectivamente, ella no nos dijo que era una niña de Cracowia ‘’que había sido internada en Austwich ¿?? Con sus abuelos, sus padres y su hermano, y que a lo largo de los años que estuvieron allí, murieron todos sus familiares menos ella. Al liberar el campo, a los internos se los llevan a Cracovia porque hay un puesto de la cruz roja internacional que ayuda a esta gente, no sólo con comida sino también para ver cómo se podían reunir con sus familiares, dónde estaban… y esta  niña no quiere ir a la estación, al puesto de socorro de la cruz roja internacional. y se quedó en una calle de Cracovia y pasó un hombre joven, le extrañó que estaba sola allí, se la veía demacrada, se acercó, le dijo, cómo te llamas, y ella le enseñó el número que tenía marcado en el brazo. Y él le dijo, “no, dime tu nombre”. “Me llamo Edith”. El puso a hablar con ella, ella le contó que habían muerto toda su familia, que para qué ir a otro lado, que ella lo que quería era morirse… él empezó a decirle que tenía que vivir por sus padres, por su hermano, por sus abuelos (ésta es una idea muy judía, el vivir por los otros), ella se fue dejando llevar, la acompañó a la estación, a la cruz roja internacional, y al despedirse de ella le dijo: “acuérdate de que tienes que vivir por ellos”. La niña reaccionó diciendo: ¿Y tú cómo te llamas? Él le dijo: “Yo karol, karol Wojtyla”. Claro, a la niña no se le olvidó ese nombre en su vida. Cuando ya mayor oye que hay un papa que se llama karol Wojtyla, polaco, de Cracovia, vamos, estaba claro que era quien ella conocía… entonces pidió saludarle. Claro, contarían la historia al gobierno de Israel, y claro, cómo no la iban a ayudar…


-¿Ha habido personas que han recurrido a usted, para que mediara ante el papa?
-Sí, mucha gente. Desde luego todo lo que he podido hacer, lo he hecho. Si me han dado alguna carta… yo la he pasado siempre a la secretaría del papa. Cartas que me llegaban, o yo les acosejaba que escribieran una carta, que yo trataría de hacerla llegar a JPII, y creo que les contestaban.

-Y el caso de Víctor… que sucedió en el primer viaje de JPII a España?

-Sí. Recibí una carta de una chica de Salamanca, en la que me decía: “ayúdanos a hacer posible el último sueño de Víctor”. Victor era un chico estudiante de medicina, enfermo terminal,  que sabía que iba a morir, y que cuando se despide de su madre, le dice: “lo que sí te pido, madre, es que la capa de tuno se la des al papa cuando venga a España, porque cuando él venga, yo ya no estaré”. Resultaba imposible cumplir el sueño de Victor porque el minuto a minuto del papa en España ya estaba organizado, y por eso me mandaron la carta a mí. Y esa carta se la di personalmente yo a JPII en el avión. Porque me llamó el papa cuando entramos en España, y la carta la llevaba en el bolsillo, pensando hacérsela llegar a través del jefe de seguridad, y cual fue mi sorpresa cuando me llamó el papa, y al despedirme de él, le di las gracias por venir a España, y le dije, por favor, no se baje del avión sin leer esta carta, santo padre, que es muy importante. Y así fue, en Alba de Tormes una señora de luto, de mantilla, se acercó al papa con una capa en la mano, y se la entregó mientras tocaba clavelitos, la tuna de medicina de Víctor. El papa habló con ella y le dio una bendición muy especial. Luego, esa noche,  me llamó la hermana de Víctor para darme las gracias, me dijo que el papa había querido que la madre de Víctor le entregase la capa de tuno de su hijo, y que mientras lo hacía tocaran la canción que más le gustaba a Víctor.
-Qué detalle por parte de JPII.
-Yo lo encuentro maravilloso.
-Creo que la mejor lección que nos dejó JPII fue su coherencia de vida, entre lo que decía y lo que hacía. En concreto, me conmovió personalmente cómo él vivió la enfermedad y la muerte.
-Nos enseñó a sufrir y a morir, eso es seguro. Cuando le dijeron los de la Rai que era mejor hacer planos largos (porque se le caía incluso la baba, debía tener paralizada esa parte de su cuerpo, por el parkinson), él les dijo: “No, hagan su trabajo normalmente, porque ni la enfermedad ni la vejez son una humillación”. Y la verdad es que lo demostró. Y demostró la fuerza de voluntad, teniendo dolores  tan fuertes, y todas las cámaras encima, y los periodistas diciendo que porqué no dimitía… recuerdo aquella frase suya: “Cristo se podía haber bajado de la cruz y no lo hizo”.

-¿Ha conocido milagros en vida, de JPII?

-Los milagros para que sirvan a la causa de beatificación, tienen que producirse una vez muerta la persona. Pero hay muchísimas cosas que me han contado, por ejemplo, una amiga de Sevilla, muy amiga de César de Los Morancos, tuvo un choque con un camión, se quedó en coma, y el marido ya tenía todo preparado para donar los órganos, porque pensaba que se moría, que no salía del coma. Y se muerte JPII, ella sale del coma, y lo primero que dice al despertarse es: “Se ha muerto el papa, ¿verdad?”. Ni un rasguño le ha quedado. Ella está convencida de que fue el papa quien la curó. Pero este caso no ha entrado en la causa de beatificación.
Luego, otra amiga mía que tenía que entregar la cruz al papa en el via crucis del Coliseo, y es una gran violinista, en aquel via crucis, todos los que llevaban la cruz eran pueblos que habían sufrido por el terrorismo (los norteamericanos por el 11 de septiembre, y los españoles por el 11 de marzo). Quiso el papa que fuera alguien de España quien llevara la cruz y se la entregara, entonces esta chica estaba estudiando en Roma, la llamaron, tenía un problema de que le salían verrugas, por un virus o algo, se las quemaban, pero volvían a salir, incluso dentro de las uñas… figúrate, una violinista como era ella, qué trauma, también para cualquier mujer… y cuando le dijeron esto, ella estaba con las manos muy mal, pero me comentaba “no me importaba que me vieran en la TV, porque era tal la emoción que iba a tener al ser yo la que llevara la cruz de Cristo, el dolor de toda España, para entregarse al papa, que era un manojo de dolores… todo el sufrimiento… y por la mañana del viernes santo, antes de hacer el via crucis en el Coliseo, cuando se despertó vio no tenía ninguna verruga y nunca más le han salido.

-¿Usted se encomienda a JPII alguna vez?

-Yo no es que me encomiende, es que se lo pido todo, directamente. Hablo muchas veces con él, y le pido ayuda para tal o cual cosa, o persona.
-¡Así da gusto, línea directa con un santo! ¡Qué chollo!
-(risas) Pues sí. Yo sé que él me escucha y me atiende...