lunes, 9 de abril de 2012


La cruz es la llave



Esta es la noche en que Cristo ha vencido a la muerte. Felicidades, felicidades a todos porque hoy el Señor ha estado grande con nosotros. NO ha tenido en cuenta en mal, y nos da, una vez más, el traje nuevo, la alegría de la salvación. El borrón y cuenta nueva. Nos deja la puerta abierta, de par en par, para que entremos...

Hemos llegado a casa esta mañana a las 8,00h. después de haber estado de vigilia en esta noche santa. Cansados, pero contentos. Aunque yo, la verdad, esta vigilia no la he disfrutado tanto como en años anteriores, cometimos el error de llevarnos a Almudena (4 años) a la vigilia, y tuve que bajarme con ella a una sala con juguetes, para que no molestase en la celebración. Estaba como una moto. Después me enteré que las mayores le habían dado una coca cola poco antes de empezar la vigilia. Incombustible, se durmió un rato casi al terminar la celebración (a las 5,00 de la madrugada).

Pero lo que hoy quiero decir, y que no me atreví a proclamarlo ante la asamblea (porque mi testimonio implicaba a una persona que  estaba allí), es que Cristo ha sido fiel con nuestra familia. Después de dos años de calvario, en el que no veíamos la luz, una serie de acontecimientos providenciales han dado un giro de 180 grados a la situación límite que vivíamos en casa. Una psicóloga del colegio que ha ayudado mucho, el cambio de amigos, más la javierada última (hace de esto un mes, más o menos) unida a una recientísima peregrinación a Roma (hace de esto algo más de una semana) han sido la guinda que nos ha devuelto la paz a nuestra casa.

Y quiero decirme a mí misma unas cuantas cosas, para que no se me olviden...
suele ocurrir que cuando el Señor actúa en tu vida, enseguida viene el maligno y zas, te lo quita de tu memoria "histórica", de tu propia historia personal; al menos, a mí  me pasa esto, y supongo que a mucha gente también. Y me pierdo ese hito del Señor actuando en mi vida...  ese hito que en otra ocasión puede servirme para elevar los ojos a mi Padre Dios, y para ver la vida con esperanza y con fe, sabiendo que si el Señor ha actuado una vez, puede hacerlo otra, y otra., y otra... y si no actúa, será porque no conviene, porque conviene que abrace mi cruz de ese momento, aunque me duela y yo no lo entienda.


Así que a mí misma me digo:

¿Te acuerdas, Victoria, del viernes santo pasado, hace ahora un año justo?

-Sí, me acuerdo de que llegué al rito de la "adoración de la cruz" machacada, vapuleada por lo que estábamos viviendo en casa José Manuel y yo... no podía con mi cruz, era superior a mis fuerzas, me aplastaba... me acuerdo de que mientras rezaba de rodillas ante tu cruz, y te pedía con toda mi alma fuerzas para abrazarla en mi vida, cantaban los salmistas "stabat mater dolorosa, justa crucem lacrimosa, spendebat filium" (estaba la madre, dolorosa, llorando junto a la cruz, de la que colgaba su hijo) , y así me sentía yo, como una madre dolorosa, que no comprendía el porqué de tanto sufrimiento. Justo cuando me levanté cantaban los salmistas "victoria", "victoria", recuerdo que uno de ellos, incluso me lo comentó, cuando terminó la celebración... le chocó esta coincidencia, pues sabía por el momento tan difícil que estábamos pasando.

Y no sé si fue en esta celebración en concreto, supongo que sí, cuando le pedí a María que cuidara de uno/a de nuestros hijos, que lo acogiera bajo su manto, que lo librara del peligro...que lo sostuviera en la fe.

Hace de esto un año, y hoy puedo decir que hemos sufrido (mi marido y yo) como unos enanos, y que nuestro hijo/a ha empezado a dar signos visibles de que está buscando otro camino por el que encauzar su vida, hemos descansado.

Pero lo que quiero que no se me olvide es que este tiempo de cruz fuerte, ha sido también un tiempo de gracia enorme, porque en la cruz no hemos estado solos, en la cruz estaba Jesucristo con nosotros, el Señor no nos ha dejado nunca de su mano, nos ha dado su Palabra, su cuerpo, su sangre, la oración de nuestra comunidad... de tantas personas que han rezado por nuestra familia, incluso le pedimos oraciones a las monjas dominicas de Lerma. Hemos visto a la Iglesia en oración por nosotros, cosa que me conmueve.También se lo pedía a Elena Romera (de la cual hay una entrada en este blog), que ha muerto en fama de santidad, hace dos años; a ella le pedía que nos ayudase, que cuidara de nuestro hijo/a, que ella también había tenido una adolescencia complicada, que mediase ante el Señor.

Quiero decirme a mí misma, hoy, que este tiempo de cruz me ha servido para conocerme, para conocer mi realidad más cierta, hasta dónde soy capaz de llegar... he visto mis pecados y debilidades de una forma tan patente... mi ira, mi soberbia, mi egoismo, mi falta de fe, mi falta de amor hacia mi hijo/a.

Yo, empecatada, puedo hacer cualquier cosa. Parte del problema que teníamos, creo que se hubiera solucionado con un poco de humildad por mi parte. Y esto también lo he visto...

Que necesitaba que Tú me abajases para poder entrar por la puerta estrecha.
Y gracias a esta cruz que no entendía, ahora me siento querida por Ti en mis debilidades.
Tu sabes, Señor, que la puedo liar en cualquier momento, pero también sabes, Señor, que yo sin ti no soy nada.

También he descubierto que se puede estar en paz, en el sufrimiento. Y que se puede estar alegre, en medio del dolor... esperando en ti.

Me ha ayudado mucho el salmo que dice "Espera en Dios, que volverás a alabarlo", porque es verdad que tú, Señor, de la muerte sacas vida... y lo que parecía imposible, tú lo haces realmente posible.

Toda esta historia me ha ayudado a ver la vida con perspectiva, a verla desde tu perspectiva: la cruz es la llave que nos abre la puerta del cielo. He podido trascender y ver los acontecimientos con ojos nuevos. He visto que detrás de todo lo que nos pasa, lo bueno y lo malo, estás Tú. Y que todo es para nuestro bien. Para que le dé una patada al "hombre viejo" que soy, y te busque a ti con toda mi alma. Nunca había rezado tanto como en este tiempo de sufrimiento.

Por eso hoy me sale el agradecimiento. Gracias, Señor, porque en la cruz estás tú conmigo. Yo no estoy sola. Y gracias por tu Madre, que me ha consolado tanto. Gracias.