miércoles, 23 de mayo de 2012

Tres segundos de cielo en la tierra

Es verdaderamente impresionante el testimonio de conversión de María Vallejo Nájera. Hay que dejar pasar los tres minutos primeros, que es una especie de introducción. Pero lo que viene después es realmente conmovedor.Merece mucho, mucho la pena escucharla.


martes, 22 de mayo de 2012

Evangelio del día: La higuera seca


Jesús entró en Jerusalén, en el Templo, y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania.
Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre. Al ver de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella. Se acercó a ella pero no encontró más que hojas. (Es que no era tiempo de higos). Entonces le dijo: “¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti”! Sus discípulos oyeron lo que decía.

Llegaron a Jerusalén, una vez allí entró Jesús en el Templo y comenzó a echar fuera a los vendedores y compradores; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciendo: “¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes?”¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!”. Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas, que buscaban la forma de poder matarle. Y es que le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. Al caer la tarde, salió de la ciudad.

Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. Pedro se acordó y le dijo: “¡Rabbi, mira!, la higuera que maldijiste está seca”. Jesús les respondió: “Tened fe en Dios. Yo os aseguro que quien diga a este monte: «Quitate y arrojate al mar», sin vacilar en su interior y creyendo que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo que obtendréis todo cuanto pidáis en la oración, si creéis que ya lo habéis recibido. Y si, cuando os pongáis de pie para orar, tenéis algo contra alguno, perdonadle, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas”. (Mc 11, 11-26)


Tenía muchas hojas, estaba frondosa, pero le faltaba lo principal, el fruto. Aparentemente era hermosa, pero en lo profundo de su ser era estéril porque no brotaba de ella aquello que le daba “sentido”, aquello constitutivo de su naturaleza: el fruto, el higo.

Señor, así estoy yo muchas veces, muchos días, estéril. Tú has regado, has abonado, pero yo no te doy el fruto que buscas. Hazme caer en la cuenta de que las apariencias no me dan la verdadera vida, que tú no quieres cristianos “aparentes”, mucho follaje y poca enjundia. Dame la fortaleza de vivir cada día de cara a Ti, contrapesando mi vida y mis acciones, buscando ser auténtica, una contigo, una en Ti. Nutriéndome de la savia de tu Palabra, de tu Cuerpo y de tu Sangre, sólo así podré dar frutos de vida eterna.
¡Que nunca jamás nadie coma fruto de ti!” qué palabras tan duras.... No era tiempo de higos pero aún así tú le pediste el fruto a la higuera, y la maldijiste porque no te lo dio. ¡Que nunca jamás nadie coma fruto de ti!, dijiste. Porque tú cosechas donde no se ha sembrado y recoges donde no se ha esparcido... Tú Señor, esperas mi fruto, el fruto de conversión y de misericordia que yo no doy. Cuántas veces paso de largo ante el dolor de los demás, cuántas veces vuelvo la cara para no ver, para no implicarme, para seguir llevando mi vida ¿cómoda? (cómoda no, porque en el fondo esa dejadez produce tristeza y desesperanza).

Pero tú sigues aguardando, tienes una paciencia grande conmigo (mucha más que con la higuera), y esperas que alguna vez caiga en la cuenta de que tú eres mi Padre y yo soy tu Hija. Que sólo tengo que dejarme hacer por Ti para que el fruto nazca vigoroso de esta higuera hasta entonces estéril.

Señor, que pueda dar fruto y fruto abundante. Concédeme el don de la conversión, que me conozca a mí misma en mis pecados y debilidades, que no me escandalice de mí, para que un día vea que ese fruto maduro que cae de mi árbol (gracias a que te dejé actuar en mi vida) proviene única y exclusivamente de Ti.
A Ti la gloria y el poder por siempre. Amen.

Ayúdame a echar fuera a los vendedores, librecambistas y demás ralea que sólo quieren distraerme de Ti. Tú, el centro de mi vida. Tú, en el templo de mi cuerpo. Yo, en el templo de tu Cuerpo y de tu Sangre. Tú en mi y yo en Ti. Así sí podré mover montañas, así sí podré gustar el amor que tienes al Hombre. Porque así seré un instrumento eficaz: yo en Ti, Tú en mí. Porque todas nuestras empresas nos las realizas Tú.
Entonces veré tu acción a través de mí. Veré milagros. Porque cuanto pida en la oración, Tú en mí, y yo en Ti, se cumplirá. Victoria Luque.

jueves, 17 de mayo de 2012




QUE EL SEÑOR ILUMINE SU ROSTRO SOBRE NOSOTROS


Antes de ayer estuvimos celebrando José Manuel y yo nuestros veinte años de casados. "Quedamos" para ir a comer, cada uno desde su trabajo, y nos encontramos a las tres y media de la tarde en la placita de Opera. Previamente, a lo largo de la mañana, nos habíamos estado enviando mensajes de móvil como dos críos... "te quiero mucho, ayúdame a quererte más" "hay que darle muchas gracias a Dios" "¿no me mandas una carita sonriente?"... entramos en un restaurante típico de la zona decorado con muy buen gusto (me chiflan las lámparas antiguas y los angelitos de época colgados en la pared), comimos el menú dentro (ensalada de gambas, filete en salsa de roquefort, y tarta de manzana) porque fuera, en la terraza, hacía calor... fue un acierto estar bajo el amparo del aire acondicionado. Después, sin pensarlo mucho, entramos en la cripta de la Catedral de la Almudena (haciendo un inciso, diré que aquí pensamos casarnos hace 20 años ya, incluso cogimos día y hora, pero después se impusieron otros motivos familiares y reconducimos nuestros pasos hasta la Castrense. Pues aquí, en esta belleza de iglesita, entre columnas de corte románico y acompañados en el altar por un Cristo (Corazón de Jesús) y una talla de la Almudena, rezamos un rosario en agradecimiento por tanto bueno que el Señor nos ha regalado.

Después subimos, nos confesamos en la catedral (Jose tuvo que buscar un sacerdote... ¿por qué no se  pondrán directamente, sin tener que ir a la caza y captura?) y celebramos la eucaristía a las seis de la tarde (ahora que lo pienso, a la misma hora que nuestra boda). Éramos unos pocos, muy pocos para ser víspera de fiesta, al día siguiente era san Isidro. Y me gustó pensar que el 14 de mayo, día de nuestro "Sí, quiero" está "empanado" entre el día dedicado a la Virgen de Fátima, y el día de san Isidro. Caí en la cuenta de que María nos precedia (nos ha precedido siempre, en estos 20 años) y de que san Isidro y santa María de la Cabeza fueron un matrimonio santo, de los pocos laicos subidos a los altares, gente sencilla, que vivió y murió con el corazón puesto en hacer la voluntad de Dios. Por cierto, no sabía que su hijo, san ¿Millán? también fue declarado santo por la Iglesia. Una familia santa. Curioso, cuanto menos; gratificante, sin duda.

El evangelio me volvió a recordar algo que el Señor me dice siempre, a veces machaconamente, "unidos a la vid", "permaneced en mi amor", "sin mí no podéis hacer nada". Si hiciera una estadística que nunca he hecho, seguramente esta Palabra se llevaría la palma, porque en momentos puntuales de mi vida, surge para removerme y decirme ¿dónde estás? ¿quién es tu Dios? ¿adónde tienes puesto el corazón? Sin mí, no podéis hacer nada.

Y es verdad. El Señor ha sido fiel con nosotros. Sin él, ya haría mucho que José Manuel y yo habríamos ido dando bandazos, sin encontrar un sitio tranquilo y fresco donde descansar. Donde acurrucarnos y reposar. Han sido veinte años de encuentros y desencuentros, pero siempre, de eso puedo dar fe, cuando he gritado al Señor pidiéndole auxilio, Él ha calmado las aguas. Entonces me ha dicho, ¿de qué tienes miedo, no ves que estoy contigo? Cuando nuestro matrimonio estaba muerto (y ha habido unas cuantas veces en que yo al menos, lo he visto así, muerto) el Señor lo ha resucitado, y lo sigue resucitando. Es verdad que él es la roca. Por eso comprendo que muchas parejas se vayan al garete, porque falta lo fundamental, contar con él. Buscarle a Él. Querer construir sobre roca. Y fiarse de Él. Dejarse empapar por la Palabra y vivir íntimamente ligados a la eucaristía es la clave para dejarse modelar por Él, para que nazca ese nuevo ser en cada uno de nosotros. Ese Hijo de Dios en mí,  que puede llamarle Padre, con todas las letras.

Hay una oración en el rito del matrimonio esponsal que es preciosa, está llena de sabiduría, dice algo así:

Que el Señor os bendiga
ilumine su rostro sobre vosotros,
acojais a los hijos con amor, y a todos, que vuestra casa esté abierta a las necesidades del prójimo,
que el Señor os dé salud para ver a los hijos de vuestros hijos, y os regale su paz.

Hoy hago mía de nuevo esta oración, y pido de nuevo la gracia necesaria para poder cumplirla.

Postdata: (En los laudes de ese día, 14, rezando juntos José Manuel y yo, el Señor nos regaló una Palabra, ¿cuál? el evangelio de Lázaro (un amigo muerto al que volvió a la vida... una promesa, "si crees, verás la gloria de Dios"). Casi nada.








lunes, 7 de mayo de 2012

VENEZUELA: EL EVANGELIO NO SE RINDE

La situación que están viviendo los católicos en Venezuela es delicada. Podría hablarse de
una persecución religiosa, de la cual no sabemos aún las consecuencias.Escuchad las palabras de Hugo
Chávez hacia la Iglesia de Venezuela, no tienen desperdicio. Ayuda a la Iglesia Necesitada
ha articulado una campaña de ayuda a las comunidades católicas de mayo a agosto de 2012