jueves, 28 de marzo de 2013

Algunos apuntes al evangelio del Viernes Santo




“Salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas el traidor conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas, entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscáis?». Le contestaron: «A Jesús, el Nazareno». Les dijo Jesús: «Yo soy». Estaba también con ellos Judas el traidor. Al decirles «Yo soy» retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez: «¿A quien buscáis». Ellos dijeron: «A Jesús el Nazareno”. Jesús contestó: «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos». Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». Entonces, Simón Pedro que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»  (Jn 18,1-19,42)





Me imagino aquel huerto a oscuras, y tú Señor, orando y velando mientras tus discípulos eran abatidos por el sueño. Tú, manteniendo un diálogo cercano y directo con tu abbá, tu Padre querido, pidiéndole que apartase de ti ese caliz, ese acontecimiento que como hombre, te superaba. Sabías que la muerte se cernía sobre ti, y que todo estaba en Sus manos.

Sin embargo, no dudaste un ápice en manifestarte como Dios hecho hombre, cuando respondiste a los que te buscaban: “Yo SOY”. Igual que dijo Yahvé a Moisés cuando le habló desde la zarza ardiente: «Yo soy el que Soy». «Y esto dirás a los israelitas: Yo SOY me ha enviado a vosotros»-. Tal fue el impacto de estas palabras en tus opresores que dieron con el rostro en tierra. No les pasó desapercibida esta manifestación tuya como Hijo de Dios. ¡Con qué autoridad debiste hablar! Siempre me ha llamado la atención esa firmeza, esa fortaleza que tenían tus palabras y todo tu ser injertado en la misma naturaleza de Dios vivo.

Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?” Señor Jesús, primero rogaste, suplicaste que pasase de ti ese horror, esa muerte cruenta... oraste al Padre y sudaste gotas de sangre. Pero después, dijiste “hágase”, no saliste huyendo, te mantuviste firme abrazado a la voluntad de tu Padre Dios, confiando en que “eso” era lo mejor para ti, y para la humanidad entera. Tú Dios y Tú hombre verdadero. Y como hombre, sufriste. Y como hombre tuviste miedo, y como hombre rezaste y te pusiste en las manos del único que salva.

Con tu actitud nos enseñaste algo inaudito, algo de una belleza singular, algo que no se entiende mas que bajo la acción del Espíritu Santo: a abrazar la cruz. A no renegar de la voluntad de nuestro Padre, a saber que todo lo que permite es bueno, para nosotros y para los que tenemos alrededor, aunque en eL momento de dolor y angustia no lo entendamos.

Asumiste en tu carne a la humanidad doliente y herida por el pecado.

Era el día de la preparación de la Pascua. Y como cordero llevado al matadero, no abriste la boca ante insultos y salivazos. Fuiste tú el cordero inmolado por la tarde. En la pascua judía se recordaba -y se recuerda- la liberación del pueblo hebreo de las manos del Faraón, se recordaba la salida de Egipto, en esa pascua los israelitas comieron el cordero y tomaron el pan -sin levadura- y el vino con las sandalias calzadas y las “maletas” hechas. Dispuestos a dejarse guiar por Moisés. Hoy nuestro Moisés es Jesucristo, el que nos hace pasar cada día por entre las aguas de la muerte, el que ha asumido en sí mismo la condición de esclavo, para conducirnos a la nueva Jerusalén, a la tierra que mana leche y miel. Al cielo.

Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios”, decían los sumos sacerdotes. Pero... es que era verdad (“Mi reino no es de este mundo”). Es que es el Hijo del Padre. El que nos ha abierto las puertas del cielo. Un sacerdote viejecito con el que me confesaba hace años, me decía siempre al terminar de exponerle mis pecados: “Hija, muy cara le has costado a Jesús. Pídele perdón”. Sí, machacado y humillado por mis culpas.
Pero también se puede ver esto desde otra perspectiva: alegrémonos, porque Cristo ha derramado cada gota de su sangre, por cada uno de nosotros. Cuánto nos ha de querer el Padre... cuánto amor... valemos la sangre de Cristo. Tenemos una dignidad, la de Hijos de Dios y herederos del cielo, que no nos la puede quitar nadie. Que no se nos olvide nunca que el Señor está por nosotros.

Por último, junto a la cruz estaba su madre, y otras santas mujeres, y el discípulo amado, Juan, el mismo que nos relata este evangelio. El sufrimiento de María debió ser inenarrable. Una madre viendo a su hijo atrozmente escarnecido, vapuleado, machacado, humillado. Asesinado. Una madre que como el Hijo, no abrió la boca. En ella, en su fortaleza, en su fe fundamentada en una profunda unión con su Padre Dios, buscamos refugio. Ante la adversidad, ante lo que no comprendemos y que nos duele hasta el tuétano, nos unimos a ella. Madre del Amor hermoso. Madre de la fe. E igual que ella es acogida en casa de Juan, por petición de Jesús. También cada uno de nosotros la acogemos en nuestra casa, en nuestro propio ser, para que nos ayude a caminar viendo más allá de lo que los ojos ven. Mirando al cielo.


domingo, 24 de marzo de 2013

El pagano zombi

Admito que la palabra "pagano" hace un tiempo -unos años- me sonaba mal. A antigüalla. A retrógrado. Pero he de reconocer que ahora la asimilo como lo que es, una palabra que define un estilo de vida, un "tono" vital. El pagano de hoy, igual que el de siglos pasados, describe una linea recta permanente y constante. Esa linea que se perfila en el monitor cardíaco del enfermo cuando éste, deja de ser enfermo para engrosar la lista de los muertos.

El pagano, hoy por hoy, es un muerto que parece que está "vivo". Sería algo así como los zombis que ven mis hijos en la serie "Walking dead". Alguien sin norte, alguien que deambula sin saber muy bien adónde va. Come, bebe, trabaja, ríe, llora, sueña, se irrita, no entiende... sobrevive. No tiene Espíritu. Este es el pagano actual y estamos rodeados por ellos. A veces, algunas veces, también nosotros los llamados cristianos podemos actuar como paganos. Y engrosamos la lista. Y no vemos más allá de nuestras propias narices. Y nada tiene sentido. Y nos dejamos llevar por los ídolos, y a ellos les damos pleitesía.

Pero el pagano-zombi no se percata de que se puede vivir de otra manera. El cristiano, sí. El cristiano
ha experimentado ya lo que es vivir en la tiniebla, y lo que es vivir en Dios. Lo cual no quiere decir que, en el uso de la libertad, cualquiera de nosotros pueda, de nuevo, introducirse en la vorágine del sinsentido y de la muerte óntica. Pero, ¡ay, si esto nos llegara a ocurrir! Qué error abismal. Si la sal se desala...¿ quién la salará? Si una vez experimentada la paz, la alegría, el gozo de ser amados incondicionalmente, volvemos a nuestra vida anterior de muerte... qué tremendo vacío se abrirá en nosotros. Ahi será el llanto y el rechinar de dientes, porque ni te sacia la vida verdadera, ni te convence la vida mundana. Que el Señor no aparte su mano de nosotros para que no experimentemos ese estado vomitivo.

Por supuesto, el zombi pagano, por mera gracia de Dios, puede dejar de ser pagano (y zombi) y encontrar un camino nuevo, desconocido hasta ahora. Pero eso es otra historia que tiene que ver con el descubrimiento de Jesucristo y con lo que cada uno de nosotros, como cristianos, podamos transmitir a esta generación.

Volviendo a nuestro zombi  (que todos -creo- hemos experimentado antes de abrazar el amor de Cristo Jesús), señalar que éste, tan enfangado en sus "seguridades", no ve posible que haya otra vida alternativa. Incluso, si me apuras, podría decirte que existen paganos felices con el entramado de argumentos vitales que se han construido. Digamos que éstos últimos (los "felices") se han pertrechado en una serie de "principios", incuestionables para ellos y desde ahí juzgan la realidad que les rodea. Lo lamentable de estos paganos es que esos "principios" en gran medida son contrarios a la bondad natural del "plan" de Dios. Y aunque no lo reconozcan públicamente, en su interior más recóndito saben que lo que propugnan -y promulgan- no está acorde con la voluntad de Dios. Lo podemos disfrazar, manipular, solapar con palabras huecas,  pero la verdad es Una. Y más tarde o más temprano, a poco que sean sinceros consigo mismos, acaban sabiéndolo. Otra cosa es que den marcha atrás.


El zombi pagano, a veces, tiene una moral cristiana heredada de sus padres. Y esto, inconscientemente, y de alguna forma, le impide hacer cosas que otros zombis-paganos sí hacen. Así, a éste de tradición cristiana le repugna robar, es trabajador, incluso podría considerársele "buena persona", colabora con alguna ONG, tiene sentimientos buenos hacia los demás, es generoso, altruista incluso, pero...
en el fondo, está muerto, y siendo coherente con sus opciones de vida, tiene uno o dos hijos, a lo sumo (más, sería entrar en el sufrimiento -según él- y de esto huye como de la cruz). Facilita a sus hijas el uso del preservativo porque ante todo, han de ser "libres" frente a un inesperado embarazo. Su barniz cristiano hace decir al zombi la consabida frase de "yo no lo haría, pero... respeto lo que hagan los demás". Y  bajo este argumento, justifica la muerte de millones de inocentes que no verán la luz de esta tierra con sus ojos, aunque sí verán  con una fuerza abrumadora la luz de su verdadero Padre, Dios...



Al zombi pagano le gusta el placer, vivir bien; cuando hay un problema, lo resuelve. Y si tiene que divorciarse, se divorcia (de nuevo repele todo aquello que considera que le va a provocar sufrimiento, "muerte". No sabe que la muerte interior le sobrevendrá, pero no por ese cauce, sino por no querer abrazar su cruz. Por supuesto, hay que escalar posiciones de poder, y efectivamente, piensa que la "pobre" que se queda en casa, cuidando de sus hijos, es una "tonta" que está desperdiciando su vida. La "utilidad" y el relativismo están marcados a fuego en su ADN.

Por supuesto, este tipo de pagano está a favor de que las parejas estériles tengan hijos, cueste lo que cueste. Aunque para conseguirlo hayan de eliminarse, congelarse, o ser dedicados a la investigación científica no sé cuántos embriones... eso no importa. Ni que decir tiene, hay que "respetar" cualquier opción de género que se presente, nadie puede argumentar nada en contra, porque entonces serás tachado de retrógrado, reprimido y anormal.


Pero este año de la fe ha venido a ser un revulsivo a esta actitud pagana. A este activismo sin Dios, a este adormecerse en el vacío, en la nada. Y la nueva evangelización no es otra cosa que ver dónde estoy, a quién doy pleitesía, quién es mi señor. Cristo me dice: "Quien no recoge, desparrama". "No podéis servir a Dios y al dinero". "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida".


-"Y tú, ¿quién dices que soy yo?"

-Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.

Llegar a esta profesión de fe no es tarea fácil. Es necesario un camino. Un conocerse y amarse (entre dos: Yo y Él). Es necesario soltar las amarras, fiarse...

-Señor mío y Dios mío. ¿Qué quieres que haga?

-Apacienta a mis ovejas.

Dice el Papa Bergoglio que los pastores, para ser guías verdaderos, han de tener olor de oveja. Es decir, han de vivir con las ovejas, han de relacionarse con ellas, han de experimentar lo que han experimentado las ovejas: el miedo, el hambre de la Verdad, el sufrimiento, la soledad... Justo lo que hemos experimentado cuando éramos paganos y zombis. Ahora nos toca ser ovejas. Ovejas que desprendan el buen olor de Cristo Jesús.


viernes, 22 de marzo de 2013

"Para quererse no se necesitan papeles"


Llevo unos cuantos días enfrascada en la lectura de un libro apasionante del que seguramente escribiré algo cuando lo termine. Como digo, estaba leyendo este libro en el metro, camino del trabajo, cuando dos señoras casi pegadas a mí, comenzaron una conversación en tono alto, tanto que captaron mi atencíón y tuve que dejar de leer. Ya entradas en años, una le decía a la otra:

- Pues sí, está viviendo con él. Ella ya estuvo casada antes, unos cuantos meses, no sé si llegarían al año, y después lo dejaron. Claro, los caracteres incompatibles. Aunque es buen chico, este primero, ¿eh?. Menos mal que no tuvieron ningún hijo.

-¿Y el de ahora, cómo es?

-Pues es majo. Han alquilado un piso cerca nuestra. Nosotros conocemos mucho a los padres de ella.

-¿Y se han casado?

-Pues no sé. Pero qué más da. Para quererse no se necesitan papeles.

La amiga de ésta, la "sin papeles" repitió esto mismo, dos veces. Ella lo tenía muy claro, ¿caracteres incompatibles? Separación al canto. ¿Enamorados? Adelante, los papeles se los lleva el viento.

Esto, que parece una conversación trivial, cotidiana, tiene mucho fondo. Es lo que piensa mucha gente, es la marea que nos lleva lejos, bien entrados en el mar del relativismo. Todo vale. Es el típico tópico que va pasando de boca en boca, de mente en mente, hasta anular las conciencias.

Lo primero, para amarse no es que sean necesarios "papeles", es que si quieres que tu vida de pareja funcione, has de sustentarla en algo sólido. Algo, o mejor Alguien. Y si no es así, da igual que tengas papeles o dejes de tenerlos, tu relación de pareja será proporcional a tu egoísmo. Llegará un momento en que el "yo" pisará al "tú", y entonces, la "incompatibilidad" de caracteres será un hecho. ¿Quién tiene la culpa? Seguramente los dos. Porque "eso" no era amor de verdad, era otra cosa, era deseo y pasarlo bien juntos, pero nada que ver con el amor cristiano, ese que se basa en un compromiso.


Los "papeles" significan un compromiso, y si hablamos de matrimonio cristiano, significa que Uno, que no soy yo, ni es mi pareja, se compromete con nosotros para que nuestra vida dé fruto y fruto abundante. Fruto en forma de entrega, de renuncia, de perdón, de comunión, de alegría, de paz... Jesucristo, ese al que muchos no conocen ni por el forro -otros lo intentamos conocer poco a poco, aunque el trabajo es arduo- es el garante de mi matrimonio.

 Él es el que sale fiador por mí cada vez que me busco a mí misma, y me olvido de mi marido; Él es el que sale a por la oveja perdida que soy yo, y es él, y nos vuelve a llevar en sus hombros. Parece un cuento, pero no lo es. Esto lo puedo asegurar, porque lo tengo vivido. Es el Señor el garante de mi felicidad, de mi matrimonio, si no fuera por Él, los dos andaríamos ya como ovejas descarriadas, perdidas, sin norte... Por eso es tan importante enfocar bien el asunto, para desenrollar el ovillo. El problema no es que esa persona a la que quisiste un día haya cambiado, ya no sea como tú quieres.... el problema no es que te sientas defraudado... el problema estriba en ti. Mira en tu interior. ¿Has dejado que la exigencia, el "yo"anule al "tú"?  En dónde has puesto tu confianza, en dónde has fundamentando tu matrimonio...¿en el dinero, en el placer, en los amigos, en el trabajo? Estos ídolos son de barro. No llevan a ninguna parte.

No digo que no haya casos extremos en los que la separación sea necesaria, pero no es lo normal. Lo normal es que nos encontremos con hombres egoístas y mujeres hartas, lo normal es que la exigencia (de la mujer) se vuelva el pan de cada día, lo normal es que si Jesucristo no está en medio, ayudando con su Palabra, y con su cuerpo y su sangre, la casa se convierta en un infierno. Esto es así. Somos tan egoístas que nos introducimos en un círculo vicioso de búsqueda de placer del que es muy difícil salir. Por eso hay que cimentar sobre roca. "Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón".

El otro día me decían que una conocida estaba "arrepentida" de haberse separado, porque con la separación no habían disminuido los problemas, al contrario, habían aumentado: sus hijos estaban destrozados, y ella también. Seguía relacionándose con su exmarido, aunque de otra manera, y el daño que había causado parecía irreparable. No seamos insensatos. Si el Señor nos da agua viva si se la pedimos. Sólo hay que alzar las manos... No sé por qué estoy escribiendo todo esto. Sólo puedo decir que llevamos 20 años casados y ahora, después de tantos años, es cuando el Señor nos está regalando el vino bueno, ese de las bodas de Caná. Se hace esperar, pero merece la pena. Lo aseguro.

domingo, 17 de marzo de 2013

San Francisco pululó por la plaza de San Pedro





En los dias previos a la elección del Papa Francisco, este hombre, vestido como iría san Francisco de Asís,
pululó por las inmediaciones de San Pedro. No era un loco. Estuvo orando insistentemente de rodillas, durante horas pidiendo al Señor un Papa santo, que gobernara sabiamente la nave de la Iglesia, que mostrara verdaderamente el rostro de Cristo crucificado. ¿Un profeta entre nosotros? Seguramente este personaje podría convertirse en "leyenda urbana" al cabo de los años de no ser porque hay fotos y vídeo. He aquí la prueba de que alguien semejante a San Francisco estuvo en la plaza de San Pedro, días previos a la elección del Papa Francisco.
(Video tomado de Religión en libertad)

jueves, 14 de marzo de 2013

"No seas un cristiano de coyunturas", dice Bergoglio




Esto que dice el Papa Francisco (cuando aún era Bergoglio- Mayo 2006) hablándoles a los voluntarios de Caritas,
nos lo podemos aplicar a todos nosotros, los cristianos de a pie. Yo me lo aplico a mí misma, es una manera real de vivir el evangelio. Este Papa, además de humildad, tiene sabiduría.




miércoles, 13 de marzo de 2013

Nos puso a todos mirando al cielo


Francisco I nos ha metido a todos en el bolsillo. Estábamos expectantes en casa, todos entorno al televisor, los dos sofás ocupados, todos los niños y menos niños en el comedor, con el corazón a una. ¿Quién saldrá? ¿cómo será este nuevo Papa que nos guiará por entre estas aguas tempestuosas de nuestro siglo? La noche pasada se me había clavado en la sien un nombre, que se repetía constantemente, Schonborn, Schonborn... el cardenal de Viena. Pensé incluso, ¿será éste?. Pero esta mañana la madre del susodicho me dejó asqueada, decía -y lo recogía un periódico digital- que no quería que su hijo fuese elegido Papa, porque bastantes quebraderos de cabeza tenía con la diócesis de Viena para que ahora, se metiera en más berengenales, en más "intrigas" en el Vaticano... esto no me gustó ni pizca. Lo descarté. La madre de un Papa ha de ser prudente, y esta mujer -si es verdad lo que ha dicho, y no es invención de los periodistas- no lo ha sido.

Por otro lado, me llamaba mucho la atención Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, me parece que tiene vitalidad, empuje, garra. Y fuerza física.  En el último sínodo de los obispos sobre la nueva evangelización todos los susodichos estaban conmocionados por la forma en que habló, por el espíritu que le animaba. Además, quedaría genial en la portada de la revista donde trabajo-.Pero no, tampoco ha sido él.

Otro probable, el arzobispo de Milán, Scola, tampoco me disgustaba, es una persona sensata, a la que he oído hablar muy seriamente del peligro de la ideología de género... pero ya ha habido bastantes italianos en la Sede papal, así que no...

Y vino la sorpresa. De principio, nos quedamos todos perplejos, boquiabiertos. En casa nos decíamos, ¿Bergoglio? ¿Y ese quien es? Tras la sorpresa vino la descripción televisiva: argentino, arzobispo de Buenos Aires, jesuita.76 años. Este último dato me asombró... no es joven. Pero puede que tenga fuerzas, espíritu, ganas... por algo le habrán elegido.

Después salió a la balconada de San Pedro. Tiene gafas, dije.Y empezó a hablar... sencillo, cercano, afable. Parecía que había estado toda la vida hablando conmigo. Me llamaba de tú a tú. Me pidió que rezara con él por el Papa Emérito Benedicto XVI y comenzó a orar con el padrenuestro, el ave maría, el gloria... aquello era conmovedor.

Ante millones de personas que le estaban mirando con lupa, Francisco se ponía de rodillas y rezaba... rezábamos todos. Había conseguido que todo el mundo mirase a Dios, aunque sólo fuera unos minutos. Después habló  de la necesidad del encuentro, de recorrer el camino juntos, habló de fraternidad. Al momento, pidió una bendición sobre su persona en forma de oración. Pidió que rezáramos por él. Y otra vez se puso y nos puso de rodillas mirando al cielo. Asombroso. Genial. Enorme... me ha parecido de una sencillez y de una cercanía conmovedoras. A mí ya me tiene ganada y a mi familia también. Mi hijo el mayor sentenciaba: "Es majete". Lo que es sin duda, un gran comunicador, y -seguro- una persona auténtica. Con un espíritu de fe sobresaliente, y sin miedo. El inicio no ha podido ser mejor. Me gusta este Papa.

martes, 5 de marzo de 2013

“Sufrí mucho, pero me alegré de ser cristiano”





Juan Carlos Sainz de Rozas Poblet tiene 16 años, estudia 4º de la ESO y pese a su juventud, ya sabe lo que es perder a un amigo de una forma trágica

Autor: Victoria Luque

-Tú te declaras cristiano, pero ¿has dado ya el salto a la fe adulta? ¿Has pasado ya de lo que que te han transmitido tus padres, a tu fe propia, personal?

-Estoy en ello. Hace un año más o menos, que empecé a descubrir esa fe adulta; hasta entonces había escuchado a mis padres, ahora, además de esto, intento pensar por mí mismo, investigar por mi cuenta, acercarme más a ese Dios del que me han hablado tanto.

-Eres el mayor de seis hermanos. Eres adoptado, ¿cómo has vivido esta realidad tuya?

-Lo he vivido siempre de una forma muy natural. Mis padres nunca me lo han ocultado, desde pequeño sé que soy adoptado. Nací en Guatemala; tengo otros dos hermanos adoptados también, y lo piensas y dices: “está fenomenal”. El hecho de que mis padres fueran a buscarme a la otra punta del mundo me parece algo muy bonito. Yo soy muy feliz, intento no quejarme y ser agradecido.

-Supongo que en este hecho, la adopción, habrás descubierto de alguna forma el amor que Dios te tiene.


-Sí. El año pasado, estando en la convivencia de transmisión (yo vivo mi fe en el Camino Neocatecumenal) hicimos una encuesta sobre si teníamos alguna experiencia del amor de Dios en nuestra vida, y pensándolo, me di cuenta de que Dios había hecho algo enorme conmigo… yo he nacido en otro continente, en otro ambiente seguramente muy distinto al que ahora tengo. Y sin embargo, estoy aquí, en España, con unos padres que me quieren, con unos hermanos, en una comunidad de fe… todo esto lo ha hecho Dios porque me quiere.

Por otro lado, también veo la acción de Dios en el hecho de que mis padres no podían tener hijos, y ahora somos seis hermanos. Mi madre desde pequeña siempre quiso formar una familia y para ella era un dolor muy grande no quedarse embarazada; estoy seguro de que si no hubiera estado en la Iglesia, ella no lo hubiera llevado de esa forma: con fe, con paz. Ahora somos seis, y tengo claro que detrás de todo esto, está Dios.

-Tú, además, has vivido hace relativamente poco, una experiencia trágica. Tengo entendido que se murió un amigo tuyo en accidente de coche, y otra amiga estuvo muy grave…

-Sí. El año pasado murió un amigo mío en un accidente de coche, y a la hermana de mi mejor amiga le amputaron una pierna, además de estar en coma dos meses. En el coche también iban otros dos jóvenes a los que no conocía, y que también estuvieron ingresados en el hospital. Todo fue muy doloroso, pero nos unió a todos los compañeros del colegio muchísimo. Sufrí mucho, pero me alegré de ser cristiano, porque veía a mis amigos que no creen desorientados, diciendo, ¿y ahora qué?, no lo entendían… Yo lo viví de otra manera, sabiendo que la muerte no es el final.

También hubo un momento muy impactante para mí: El accidente fue por la mañana, pues por la tarde se celebró una misa para rezar por mi amigo que había muerto y por los otros tres jóvenes que estaban en el hospital. Y en un momento de la celebración, las monjas del colegio (en Montecarmelo) cantaron el Resucitó, aquello me emocionó muchísimo -y eso que destrozaron el canto- porque en ese instante yo me estaba preguntando el porqué de tanto sufrimiento... Y ese canto me ayudó. Dije, sí, está Dios detrás de todo esto.

-¿Pudiste confortar a tus amigos?

-Más bien fueron mis amigos creyentes los que me confortaron a mí. Recuerdo que al día siguiente hubo una oración en otra iglesia de Mirasierra, y entonces ya nos habían dicho que a mi amiga tenían que amputarle la pierna, yo estaba hundido, pensando continuamente en porqué Dios permite estas cosas. Y supongo que por la cara que tenía, sin yo decirle ni una palabra, un amigo mío vino hacia mí, me dio un abrazo, y me dijo: “Venga, Juan Carlos, que a Dios no hay que entenderle, hay que quererle”. A mí aquello me ayudó muchísimo.

-Y ahora, ¿qué tal está tu amiga?

-Después de los dos meses en coma, y de otros tantos en el hospital, ahora ya está bien, está siempre sonriendo, vive cerca de mi casa. Ellas son siete hermanas, y después de lo que ha pasado, cualquier otra persona se hubiera encerrado en casa, sin salir, amargada… ella no. Es increíble cómo lo han asumido ella y su familia. Están siempre dando gracias a Dios, y contando, a quien les pregunta, que Dios es amor. Al ver a esta familia me he dado cuenta de que es imposible que vivan de esta manera, si Dios no estuviese sosteniéndolos.

-¿A tus amigos les hablas de Dios?

-Mi actual colegio es una Academia, son chicos, que han tenido problemas en los estudios; la verdad es que me gustaría ser más valiente y hablarles de Dios, darles alguna palabra de ánimo, desde la fe, pero no lo he hecho todavía porque no me veo capacitado.

-¿Tienes amigos ateos?

-Tengo amigos de todo tipo, pero no me dejo influir por las cosas que ellos me puedan decir… De todas formas, con los que me voy, la mayoría son creyentes, del colegio El Prado; y éstos, por estar en un colegio religioso, me dan mil vueltas en religión. En general, yo no he tenido nunca problemas por ser cristiano, al revés, a veces han sido ellos los que han tenido que “enderezarme” a mí.

-¿A raíz del accidente, has visto algún cambio en tus amigos?

-Sí, algunos compañeros míos de mi actual colegio han cambiado en su forma de “entender” a Dios. Antes eran unos “viva la vida”, no se planteaban el tema de la muerte, ahora han madurado.

SUMARIOS:

“Nací en Guatemala; tengo otros dos hermanos adoptados también, y cuando lo piensas, dices: está fenomenal. Que mis padres fueran a buscarme a la otra punta del mundo me parece algo muy bonito”

“Veía a mis amigos que no creen desorientados, diciendo, ¿y ahora qué?, no lo entendían… Yo lo viví de otra manera, sabiendo que la muerte no es el final”

“En un momento de la celebración, las monjas cantaron el Resucitó, aquello me emocionó muchísimo, porque en ese instante yo me estaba preguntando el porqué de tanto sufrimiento”

Entrevista publicada en la revista Buenanueva