miércoles, 24 de abril de 2013

DEBATE-COLOQUIO : CUATRO JOVENES HABLAN SOBRE SU EXPERIENCIA DE FE





(DE dcha a Izda: Ignacio: 20 años. 1º Medicina; José Manuel, 20 años. 3º de Farmacia, Juan Antonio, 23 años. 3º Ingeniería Informática; Teresa, 19 años. 2º Fisioterapia.

Presuponemos de partida que los cuatro sois cristianos, la primera pregunta sería: ¿Cómo os habéis encontrado con Jesucristo? ¿Cómo habéis llegado a la fe?

Ignacio: Yo me he encontrado con Jesucristo a través de mi familia, ellos me han transmitido la fe, me han hablado de Dios, pequeños detalles como rezar por la noche, he ido a las eucaristías con ellos… también me ha ayudado mucho el matrimonio de mis padres, esto me ha llamado a la fe, viéndolos, he dicho: “esto lo quiero yo”.

José Manuel: Aunque es verdad que la fe es una experiencia personal de encuentro con Jesucristo, en la que uno lo ve en su vida… pero para eso también es muy importante la transmisión de la fe a través de la familia, si tú lo ves en tu familia desde pequeño como lo bueno, a veces inconscientemente, y otras también verbalmente, tú puedes decir, “yo quiero eso de mayor, en mi familia propia de mayor quiero hacer lo mismo que he vivido en casa, la infancia que has pasado, los recuerdos que has tenido de pequeño, la típica estampita que te da tu abuela: rezale a san… que te va a ayudar en los exámenes, las peregrinaciones, las misas, todo eso lo vas guardando y aunque en la juventud se te pueda ir la cabeza un poco, por la sociedad como está, siempre vas a tener el ideal que se te ha ido formando en la familia.

Ignacio: Partes un poco de lo que has vivido en casa, pero después te das cuenta de que no te es suficiente lo que te han dicho tus padres, cuando hablas con los de tu comunidad, o con gente de Iglesia, ves que necesitas más, entonces es cuando tu realmente lo ves, cuando un profesor te pone en una situación difícil o te pregunta por qué crees, y en el momento en que encuentras que lo que tienes no es verdadera fe, entonces es cuando empiezas a investigar por tu cuenta, y cuando llegas realmente a querer ser cristiano.

José Manuel: A contrastar lo que te han dicho desde siempre, tus padres, piensas,  puede que no sea verdad…  Pero llega un momento en que dices, vale, yo veo que en mis compañeros algo  falla; en casa, cuando he hecho algo mal me han comprendido, y me han dado soluciones, me han enseñado la forma de hacer las cosas bien. Y dices, vale, esto es lo  correcto, aunque no me guste, esto es lo correcto y así es como se hace.  Aunque mucha gente de fuera te diga, no, tú lo haces como quieras… todo sirve.

Teresa: El ejemplo te lo dan tus padres, y si tú ves que con ellos funciona, ¿por qué no va a funcionar en tu vida? Aunque te rebeles, porque todos tenemos épocas de rebeldía, acabas admitiendo que ahí está la verdad.

P. Imagináos que tenéis un amigo ateo, qué le diríais vosotros para “convencerle” de que Dios existe, de que en Jesucristo está la verdad, ha resucitado… Yo soy cristiano por esto, por esto y por esto.

Ignacio: Yo intento no enfrentarme con ellos, porque cuando empiezas a discutir con  uno vienen más, y siempre se refugian en el pensamiento de los demás para crear confusión, yo realmente intento hacer mi vida, y que vean, cuando ven cómo es tu familia y cómo es la suya, se ven un poco “denunciados”, les falta algo… intento que vean el ejemplo, porque si no, lo que debates son ideas. Que ellos vean que realmente no son felices, que viven en una farsa, es más la experiencia de vida que las palabras.

José Manuel: Es muy difícil que todo esto sea casualidad. Que vivamos, muramos, y aquí no ha pasado nada. Es un poco incongruente. Tu puedes pensar y razonar un montón de cosas, en contraste con todos los seres vivos que hay en el mundo, que ni sienten ni padecen… El ser humano tiene cosas muy distintas que van más allá de lo material. Te pones a pensar, ah, y todo esto se acaba aquí…  ah, ya no hay más, en esto consiste la vida: ¿de qué sirve levantarte por la mañana para luchar por los tuyos, si luego te vas a morir? No sirve de nada. Da igual si te has portado bien o mal. Puedes decir eso, pero también puedes decir, me parece absurdo vivir para nada, no tiene sentido, evidentemente el ejemplo es lo que más ve la gente, pueden pensar, vale, eso lo dicen en la parroquia, eso es palabrería, pero si ven que vives conforme piensas, eso seguramente les moverá a buscar la verdad. 

Juan Antonio: En campamentos de voluntariado que he estado, y en  la facultad te encuentras con mucha gente que considera que su felicidad está en hacer cosas que a nosotros se nos ha dicho en la Iglesia que es mejor no hacerlas…  y no es que nos impidan hacerlas Ni que nos impongan no hacerlas; sin embargo, ellos consideran que hay que hacerlo (el sexo, por ejemplo) a la edad que sea, mil veces a los 20 años -yo creo que deben estar agotadísimos-, pero si basan su felicidad en eso a los 20, a los 25 van a querer otra cosa, a los 30 otra distinta. Cuando terminen de buscar la felicidad en eso, ¿dónde la encontrarán? Pues la felicidad es algo que nosotros hemos encontrado ya, gracias a Dios y gracias a nuestra familia.

Teresa: Siempre acaban burlándose, no de lo que crees, sino de la Iglesia, que si tiene dinero, mira el Papa, mira los obispos, mira qué pederastas… pero es entonces cuando rememoras los ejemplos de los seminaristas que han pasado por tu casa, de toda la gente que no piensa en su bienestar sino en el otro, te acuerdas de todas las monjas en los conventos, dando su vida por ti… siempre critican que la Iglesia tiene dinero, pero ¿adónde va ese dinero? Hace poco salió un reportaje en la tele explicando que el dinero que administra la iglesia va a ONGs, fundaciones, etc, y es cuando la gente no tiene nada, cuando se da cuenta de todo lo que ayuda la Iglesia.

-Por ser cristianos, habéis tenido que renunciar a algo?

José Manuel: A quedar bien delante de los demás, es a lo único que puedes renunciar, porque yo creo que por ser cristiano mi vida no ha sido menos completa que la de un joven de hoy en día, incluso te diría que al contrario, creo que si vives tu vida, cada cosa a su tiempo, sin quemar etapas (sería ilógico que un bebé de cinco años se sacase el carnet de conducir, por ejemplo) de igual forma sería muy duro que un chaval de trece años empiece a beber cerveza como un tipo de 40. Pero no porque esté mal la cerveza, sino porque está mal no recibir las cosas a su tiempo. Yo creo que no me he perdido absolutamente nada en comparación con cualquier otro joven. Yo creo que el haber sabido vivir cada momento plenamente, lo disfrutas más que si lo aceleras, que si fuerzas las cosas para que ocurra todo antes. Yo creo que en la vida hay tiempo para todo, no hay que apresurarse.

Ignacio: En un primer momento siempre te preguntas si lo que te han dicho tus padres es del todo correcto, por ejemplo, cuando te prohíben ir a botellones y cosas de estas, la historia nunca es tan fácil, ni es tan bueno ni es tan malo, tú tienes que aprender a tener ese discernimiento propio que te lleva a ser un cristiano, y es cuando tu realmente entiendes porqué no tienes que hacer ciertas cosas, o por qué haces menos cosas que los demás, y te fundamentas siempre en lo mismo, en si realmente hago lo que hacen ellos voy a encontrar esa infelicidad que tienen, por qué me encuentro mal, o esa felicidad que aparentan pero es irreal. De todas maneras, si realmente quieres comprobarlo, hay una libertad para poder comprobarlo, tus padres pueden discernir darte esa libertad para que por ti mismo descubras que no eres feliz. Si quieres ir a un botellón, tira, y verás que no te pierdes nada, exactamente. Hay ocasiones en que la gente piensa que un cristiano no debería hacer determinadas cosas, o asistir a determinados sitios, pero tu puedes ir perfectamente a una discoteca (yo he ido con un par de amigos) a bailar exclusivamente, sin tener que buscar chicas. O puedes ir a un botellón y beberte unas coca-colas, y pasar el rato, sin dar culto al alcohol. Es el descubrir que ninguna situación es tan mala o es tan buena, es el propio discernimiento de la persona, tú puedes ir a una discoteca sabiendo lo que está mal, y tú hacer lo que consideras que está bien.

Juan Antonio: Sí, he tenido que renunciar a algunos amigos por ser cristiano, porque les he puesto el límite de que “a partir de aquí no te burles”, y si lo han superado, me he enfadado con ellos. Con algunos sí que me he dejado de hablar, y me he quedado sin algún grupo de amigos grande porque se empezaban a meter con el Papa, que si era un heavy… y lo que decían te hacía daño, hacía daño a todo lo que me habían enseñado, pasas de meterte en confrontaciones, ya lo has intentado hablar con ellos, si quieren en algún momento de su vida, contactar conmigo para algo, pues ahí estoy, yo no les he dado la espalda, son ellos los que después de haberles dicho “oye, si sigues burlándote de esto me estás ofendiendo”, han seguido en la misma tónica. Entonces, corta.

Teresa: Yo no sé si perder o no perder, tampoco es que tengas tiempo en comprobarlo, Quieras o no tus padres te han hecho una especie de burbuja (ir de fiesta hasta esta hora, no bebas, no fumes porros, dices vale, entiendo que no es bueno, pero tampoco… no es decir que mis padres no han sido permisivos, pero tampoco he ido de fiesta y he comprobado que esa era una “mala vida” y luego he vuelto, he estado siempre en convivencias, eucaristías, realmente siempre te queda la curiosidad de qué es eso… te dice todo el mundo “te ahorras sufrimientos”, pero yo no lo he experimentado, no puedo decir a ciencia cierta, que es verdad.

Ignacio: Es que no hace falta ir a una discoteca para descubrir que un chico realmente no te quiere, sólo te quiere por el cuerpo, tu puedes comprobar lo que se cuece en una discoteca, sabiendo lo que se cuece directamente en tu clase, que es lo mismo: lo multiplicas por mil, y es lo que hay en la discoteca.

Jose Manuel: lo que quieres decir tú (hablando con Teresa) es que no has sufrido tanto…

Teresa: No he llegado a estar fuera, con otra gente que no sea de Iglesia, y ver lo que es el sufrimiento para darme cuenta de lo que es…

Juan Antonio: Porque mucha gente no tiene tanto sufrimiento, la gente lo que busca es esquivar el sufrimiento, si tu te vas con amigos de la Universidad, que no son cristianos ni nada, no te digo que sean mala gente, son buena gente,  lo que te encuentras es: mis padres se han separado… Hala, vamos a olvidarnos de que se han separado, vamos a beber, vamos a liarnos…mi padre está en la cárcel, vamos a beber…en vez de decir: vamos a solucionarlo, vamos a dialogar, qué os ha pasado, intentar hacer tu vida sin pensar en tu pasado, si tu pasado todo el rato te va a estar machacando, a lo mejor tus padres no han recibido una buena formación humana, y tú vas a seguir con la línea de que tú también vas a hacer lo mismo.

Por lo que deduzco, para vosotros ser cristianos supone ir contra corriente…

Juan A.: Totalmente.

Jose Manuel: Totalmente. Renuncias a que te consideren, a que la gente hable bien de ti. En la adolescencia te rebelas e intentas hacer lo mismo que ellos, sigues yendo con tus amigos porque es gradual la inmersión a la sociedad, los niños de 12 años sus padres no les dejan ir a la discoteca, pero luego empiezan a hacer tonterías, entonces ya te das cuenta, entonces sí, tienes que estar dispuesto a decir algo que es de lo más incómodo y que la gente te va a mirar mal, y que además te va a mirar como al tipo más raro del mundo. Pero lo tienes que decir, pero no por obligación, sino porque es la verdad.

Juan A. : Estás con ellos normalmente, pasan unas semanas, no saben que eres católico, disfrutan contigo, y de repente les dices: oye, que soy católico. Y entonces empiezan a tratarte de forma completamente distinta, ¡si soy el mismo de hace una semana! ¡seguidme tratando igual! A partir de ese momento, la lista de pecados te los empiezan a marcar como si fueran tus padres, y yo sigo siendo la misma persona, el mismo gilip… los cristianos podemos hacer lo que queramos, podemos pecar, y luego arrepentirnos de ello, como cualquiera. Somos seres humanos.

José Manuel: Es como si por ser cristiano tuvieras una especie de tarjeta VIP que te sale todo muchísimo más barato, en el sentido de que te sale todo más fácil, -No, claro, es que te salen bien los exámenes, porque eres cristiano- o te dicen: “Para ti es muy fácil no beber, o no hacer tal cosa porque tú… a ti no se te ocurre pensar estas cosas
P.: No veis ahí una exigencia, por parte de los mismos compañeros… es decir, por el hecho de ser cristianos, tenéis que dar la talla

Jose Manuel: Te exigen ser perfecto. Sí.

Ignacio: Es la evidencia del ejemplo. Hay una cosa que tiene todo el mundo claro, y es que una persona cristiana tiene la fe, que es algo envidiable, si tú eres feliz, yo también quiero ser feliz, piensan. Tú estás ahí, en el punto de mira, te van a mirar con lupa para ver si ellos pueden hacer lo mismo que tú, y si tú no lo consigues…

Jose Manuel: También hay mucho de envidia. Tú intentas hacer las cosas bien, pero a la mínima que te tuerzas, se te echan encima.

Ignacio: Pero no es una envidia por ser malas personas, es porque ellos quieren ser igual que tú. Es que ellos buscan la misma felicidad.

JM: No. Es lo mismo que Caín y Abel, hay uno que hace las cosas bien y otro que las hace mal. El que hace las cosas mal, tiene cierta envidia, es muchísimo más fácil seguir la senda de lo fácil.
P.: No podría ser también, en el fondo, una manera de autojustificarse, te ataco a ti que dices ser cristiano para justificar mi comportamiento (Mira, ves cómo este no es tan bueno como aparenta…)

JM: Es como que tú no puedes fallar. En seguida te lo echan en cara, -no, pero ¿tú no eres cristiano? ¿Tu no eres tan bueno y tan santo…? Te lo dicen así.

Ignacio: Te han visto como un modelo de conducta…

JM: ¿Tú crees que te ven como un modelo de conducta? Cuando dicen: El Papa es así… hay tantos pederastas, la Iglesia roba dinero… y tu eres un cristiano, ¿y te ven como un ejemplo?

Ignacio: Sí. Imagínate, que de pronto un gay diga: “no, si a mí también me gustan las chicas”, pues le rompes los esquemas. Igualmente, al cristiano le ven como un modelo de conducta, y cuando tú lo cumples, pues dicen, “yo para qué voy a seguir esto, si él mismo no lo puede cumplir”.

JM: Sí, puede que haya algo de eso. Pero te digo que también hay envidias, no todos van a decir “yo quiero ser cristiano”. La gente que no es cristiana no va a decir, “yo quiero ser cristiano, demuéstrame que lo tuyo es lo bueno”, la gente de primeras no va así, la gente dice: “tú está equivocado” y son ellos los que hacen las cosas bien. La gente si hace las cosas que hace, va a defender que lo suyo es lo bueno.

Autor: Victoria Luque. Publicado en el Cooperador paulino. Octubre 2012.







jueves, 11 de abril de 2013

¿Quién eres tú? ¿Para qué vives? ¿Cuál es el sentido de tu vida? ¿Eres feliz?


Acabo de leer un artículo en el que se habla de la evangelización que durante los cinco domingos de Pascua se va a realizar en muchas plazas de España (y del resto del mundo) por parte del Camino Neocatecumenal. Vaya por delante que mi familia y yo vivimos la fe desde este andamio de la Iglesia, que es el Camino. Es un andamio, porque hay otras muchas realidades, movimientos y grupos eclesiales completamente válidos para encontrarte con el Señor. Pero nosotros estamos ahí. Y para mí, mi marido y mis hijos, este andamio ha sido una bendición.
Pues como digo, leyendo este artículo, he visto que el próximo domingo 14 de abril hablaremos -o hablarán quienes Dios quiera- sobre el sentido de la vida. Y las preguntas que se abordarán son : ¿Quién eres tú? ¿Para qué vives? ¿Cuál es el sentido de tu vida ? y ¿Eres  feliz?

Pensando en todo esto, quiero responder a estas preguntas por si a alguien le puede ayudar, y también para ayudarme a mí misma, pues muchas veces se me olvida de dónde me ha sacado el Señor, cómo vivía yo antes de reencontrarme con la Iglesia... y también, ¡por si tengo que hablar! No vaya a ser que en casa de herrero, cuchillo de palo. Y me encuentre ahí, delante de la gente, sin poder coordinar un par de ideas (por los nervios más que nada).
Así que me pongo a ello, y respondo:

-¿Quién soy yo? 

-Hoy, puedo decir, que soy o quiero ser hija de mi Padre Dios. Heredera del cielo.
 Pero tengo que remontarme dieciséis años atrás para ver quién era yo antes de que el Señor me tocara. Y para ello, decir que recibí la fe de mis padres, que viví una infancia sin sobresaltos, y que desde pequeña tenia una inquietud, que no sabría bien definir, por amar y sentirme amada -también de Dios-.
 Pero pasan los años y ya en tercero de bachillerato (lo siento, vengo de la EGB), empiezo a dar tumbos en la fe. En COU me mantengo como puedo pero ya en primero de carrera aquello fue la debacle. Primero y segundo de carrera arrasaron mi fe. Los profesores, el ambiente de la facultad, el no tener apoyos firmes... ni testigos creíbles -mis padres, en ese tiempo, no me valían- provocaron el desastre. Decidí hacerme atea. Vivir pensando que esta vida era lo único que tenía. Quería estar en la "verdad" aunque eso me supusiera sufrimiento. Sin embargo, tenía tal cacao mental que también me atraian las religiones orientales, por aquello de la interioridad, la espiritualidad...tampoco hacía ascos al marxismo, eso de la justicia social, el reparto de las riquezas... me empezó a gustar un chico comunista. Veía a la Iglesia como una antigualla, carca, anclada en el pasado.

Y así viví aproximadamente dos años. Los dos años peores de mi vida. Sí, es verdad que se puede vivir sin fe, sin buscar a Dios, sin sentir su presencia, anclada en los acontecimientos cotidianos sin mirar más allá... Pero qué triste y que sola es la vida sin Dios. No se la deseo a nadie. Ahora veo que entonces estaba muerta, era una muerta andante. Vivía para estudiar. A eso dediqué todas mis fuerzas, quizás buscando el reconocimiento de los demás. Pero fue un tiempo de soledad tremenda. Gracias a Dios el Señor me preservó, porque a agua pasada, he visto que pude haberme metido en algún lío, de imprevisibles consecuencias.

-¿Para qué vives?

-Actualmente, vivo para darme a mi marido y a mis hijos. Pero por encima de esto, vivo para dar gloria a Dios a través de las cosas que me pasan cada día. El Señor lo hace todo bien, incluso aquello que me parece que es un sufrimiento para mí, con el tiempo, en perspectiva, he visto que la cruz ha sido buena para mí. Que Él ha estado conmigo en ese sufrimiento, en eso que no entendía...  Porque el Señor no deja a sus hijos. ¡Nos quiere tanto!. Nos lleva grabados en sus manos, somos la niña de sus ojos.

Qué mayor amor el suyo que habernos entregado a Jesucristo para que tengamos Vida, y vida de la buena, de la de verdad. Hoy vivo para amar y ser amada.

En ese otro tiempo del que he hablado antes, vivía para estudiar, para estudiar, y para estudiar. Llegué a estudiar 14 horas diarias. La vida no me daba nada, así que me focalizaba en los estudios. Casi no tenía amigas, no tenía novio -gracias a Dios, porque hubiera sido dramático, dada mi forma "nueva" de entender la vida-. Como ya he dicho, no vivía, sobrevivía.

-¿Cuál es el sentido de tu vida?

-El sentido de mi vida es hacer la voluntad de mi Padre Dios. He descubierto que entregándome al otro ( al que tengo al lado: a mi marido, a mis hijos, a los compañeros de trabajo, a la persona con la que hablo por la calle, en definitiva, al que me necesita) soy feliz.

Dice Cristo: "Quien busca encuentra, y a quien llama se le abre", yo busqué, busqué... y encontré. Me acuerdo que en ese tiempo de crisis de fe, iba a la iglesia y me quedaba sentada atrás, en el último banco, en la última fila, y ahí podía pasarme horas, viendo cómo la gente entraba y salía de las misas. Estaba tan necesitada de un sentido a mi vida, que no sé porqué hacía esto, aunque estando así, aún pensaba en que toda aquella gente era una pobre gente, que se postraba ante un sagrario vacío... Así estaba yo. Perdida. Pero el Señor no me dejó ahí. Me sacó de ahí.

 Y ese primer encuentro con el Señor de la Vida vino a través de mi madre, que me obligó -literalmente- a entrar en un grupo de parroquia (Legión de María). Ahí comencé a ver la luz. Después vinieron los Talleres de Oración del padre Larrañaga, que para mí fueron impactantes...

Recuerdo una ocasión en que yendo como invitados a la celebración de una boda, antes de entrar en la iglesia, había allí, en la puerta, una gitana con su hijo pequeño pidiendo dinero... -yo acababa de hacer los talleres del p. Larrañaga y estaba muy sensiblizada con el dolor de la gente-.Me conmovió tanto la situación de la gitana que entramos en los despachos parroquiales a pedir ayuda. El sacerdote que nos atendió me preguntó  de qué conocía a aquella mujer, yo le dije que de nada, que venía a una boda. Y él, sin mediar otras palabras, me espetó:

-¿Tú te has encontrado ya con Jesucristo?

Aquella pregunta me dejó perpleja. Como pude, le respondí:

"No lo sé. Yo creo que a veces sí, y otras no".

Él sentenció:
"Pues si no te has encontrado con Jesucristo, te encontrarás".

Pasados los años, pensando en aquel suceso, he visto cuánta razón tenía aquel sacerdote. El Señor me había llamado, y estaba esperándome a la vuelta de la esquina.

Poco a poco fui conociendo a la verdadera Iglesia, esa de la que muy poca gente habla, pero que es real, y es donde verdaderamente uno encuentra al amor de Dios a través de los hermanos.

Más adelante vino otra crisis, esta no de fe, sino de matrimonio. Y a raíz de esa crisis fue cuando entramos en el Camino. Pero esto puede ser la entrada de otro domingo de pascua.

-¿Eres feliz?

-Sí, rotundamente sí. El Señor me ha regalado una familia grande, preciosa, donde nos queremos -y nos peleamos-. Pero donde se da el perdón. Tengo un marido que no me lo merezco -tiene un aguante a prueba de bomba; bueno, eso es una gracia que le ha dado el Señor, para que me pueda sobrellevar- y unos hijos que son una bendición, del primero al último. Tengo nueve hijos, y esto es otra victoria de Jesucristo sobre mi egoísmo, porque en mis planes no estaba tener una familia tan, tan, numerosa, yo me contentaba con 5 hijos, como mis padres. Pero a Él en generosidad no le gana nadie.

En estos veintiún años de matrimonio he visto que Jesucristo es el que ha sido garante de nuestro amor. Él es el que ha dado la cara por nosotros cuando nosotros ya tirábamos la toalla. Él nos ha sostenido, a través de la Iglesia, y por eso sé que es posible vivir el sacramento del matrimonio, la entrega mutua, a pesar de las dificultades y los problemas... porque Él es fiel, y si te apoyas en Él, compruebas que puedes con todo. Que no te mueres. Que de la muerte -de tu matrimonio- saca Vida. Y vuelves a empezar, más ilusionada que cuando dijiste el Sí, quiero la primera vez. El Señor nos está dando vino nuevo, ese de las bodas de Caná, que aparece después de muchos años de casados. Ese vino. Y es una delicia.

Por último, sólo quiero decir que estoy muy agradecida al Señor, porque ha redimensionado mi vida.

lunes, 1 de abril de 2013

"La verdadera libertad está en el corazón", dice la Hna. Mª Celeste, con 25 años, monja de clausura

La Hna Mª Celeste Gragera, Oblata de Cristo Sacerdote, tiene 25 años, es profesa temporal desde hace unos meses, y, exultante, se presta a hablar con nosotros sobre su opción por Cristo a través de la clausura



¿Por qué estás aquí, en este monasterio de Toledo? Hace relativamente poco ha tenido mucho éxito un libro (Qué hace una chica como tú en un sitio como éste, Edit. Libros Libres) que habla sobre la experiencia de distintas jóvenes que deciden ingresar en la clausura. La vida en clausura no es una broma, ¿cuál es la perla preciosa que has encontrado por la que merece la pena dejarlo ”todo”?

Muchos piensan que me entrego a un ideal, o simplemente a una forma de vida. Y yo les digo que no; no me entrego a ningún ideal sino a una Realidad, a una Persona que es Jesucristo. Él ha sido la perla preciosa por la cual lo he dejado todo, y ese todo me parece nada, cuando le conocí a Él.

Supongo que para tomar la decisión de renunciar a tu propia libertad física, ha de haber una experiencia muy fuerte de encuentro con  Jesucristo, ¿podrías dar unas pinceladas de cómo ha sido esta llamada del Señor?

Recorrí un camino de conversión creciente hasta que el Señor me llamó a esta vocación, donde aprendí que la verdadera libertad está en el corazón. Aunque participaba mucho en la parroquia no era una chica muy piadosa, llevaba una vida un poco paralela, hasta que llegó un punto en que empecé a cuestionarme qué sentido tenía ser cristiana. El momento crítico fue cuando salí con un chico que era agnóstico; mi fe comenzó a tambalearse. Dios me empujaba a tomar una decisión, y lo elegí a Él.

¿Hasta entonces te habías planteado alguna vez ser religiosa y de clausura?

No, nunca, ni siquiera se me pasó por la mente. De hecho cuando dejé a este chico, aconteció mi primer encuentro con el Señor. A Él le pedí con mucho fervor, que me diera un esposo para siempre; en ese momento sentí que Él me miraba como el Padre de la parábola del Hijo pródigo, como si nunca le hubiese ofendido. Volvía a la casa del Padre, después de haber estado algunos años de mi juventud, tibia y mundana. Y es como sí Él me dijese en el fondo de mi conciencia: ¿”un esposo para la vida de la tierra, o para siempre”? Y enseguida terminé mi petición: Para siempre, para siempre... Meses más tarde comprendería, que el único esposo que duraba para siempre era Jesucristo. Que era Él mismo quién me habla dado la gracia de desear ser su esposa, de pedir dicha gracia y de dármela.
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Entonces ¿Se cumple en ti aquella afirmación de Benedicto XVI, “Dios no quita nada y lo da todo?

Así es, no me quitó los deseos que tenia de casarme y tener hijos, sino que Él todo lo llevó a plenitud. Me dio como hijos a toda la humanidad y a Jesucristo como único y eterno Esposo. Al igual que mis deseos de ayudar a las personas. En un principio quería estudiar medicina, más tardé me decanté por psicología. Y cuando me encontré con Jesús, Él me enseñó más aún: sanar las enfermedades del alma (Dios quita el mal del pecado), que es la raíz de todos los males.

¿Podrías explicarme cómo se concibe la maternidad espiritual en la clausura?
En la vida de oración continua, y uniendo nuestros sacrificios a la cruz del Señor, Él se sirve de ello para dar vida a las almas-hijas que nos ha dado. Es pensar que ese trabajo o esa oración que haces, es un canal donde se derrama la gracia para quien lo esté necesitando. Como nuestro fin es sobrenatural nuestros medios son también sobrenaturales.

¿Veis de alguna manera los frutos de vuestra oración?

Alguna vez, sí. Pero la mayoría de las veces no, porque la oración puede llegar hasta los confines más insospechados que sólo Dios ve y sólo en la eternidad lo sabremos.

¿Tiene la oración poder para cambiar el corazón de los hombres y, en su caso, la voluntad de Dios?

Sí; salvaguardando siempre su libertad, y teniendo en cuenta que la voluntad de Dios en un sentido amplio es inalterable. Dios siempre escucha la oración de intercesión por nuestros hermanos, cuando se hace con fe y perseverancia, aunque no siempre se realiza cuando nosotros queremos, sino como decía la Madre Maravillas de Jesús: “Cuando Dios quiera, como Dios quiera y donde Dios quiera”.

Siempre me ha llamado la atención la alegría que tienen las monjas de clausura. ¿Estamos “los de fuera” equivocados? ¿Quizás buscamos la felicidad donde no está?

Cuando una persona está llena de Dios, es imposible no irradiar esta alegría y amor a los demás. Descubrí que Dios había puesto en mi corazón y en el de todas las personas, unas ansias infinitas de felicidad, que las cosas finitas, transitorias, no la podían saciar. Recuerdo cuando encontré esta felicidad, y fue cuando Él me dio la Fe en la Eucaristía. Cuando descubrí que allí estaba Jesús vivo en Cuerpo y Alma, mi vida comenzó a cambiar por completo. Esa sed que tenía de su amor y de estar con Él, descubrí que, en el fondo, era la sed que Él tenia de mi amor; exactamente igual que en el encuentro de Jesús con la samaritana. “Si conocieras quién es el que te pide de beber, tú le pedirías o Él y Él te daría agua Viva” o aquella preciosa afirmación de san Agustín: “Nos hiciste para ti y nuestro corazón anda inquieto hasta que no descanse en Ti”.

Vosotras oráis especialmente por los sacerdotes y seminaristas, ¿cuándo comenzaste a tomar conciencia de orar por los sacerdotes? ¿Veías que los de fuera eran conscientes también de ello?

A través de unas circunstancias negativas: por ejemplo, viví de cerca que un sacerdote amigo dejara el sacerdocio, veía la importancia de su misión y por tanto la necesidad de rezar por ellos. Algunas veces me iba a quejar al Señor y se me iluminaban estos pensamientos que me daban mucha paz: ¿has orado por él? ¿te has sacrificado por él? Hay poca conciencia de orar por los sacerdotes todavía; si hubiese más fe, se rezaría más para que ellos tuviesen las gracias que necesitan, pues como dice Nuestro Señor: hay demonios que sólo se van con la oración y el ayuno.

¿Cómo es un día en la clausura? ¿Tenéis tanto tiempo libre como algunos piensan?

Todo nuestro día gira alrededor de la Liturgia de las Horas, que va santificando el día: rezando con los mismos salmos que Jesús rezó. Se entremezclan en el horario los trabajos manuales, sencillos, caseros, como la vida de Jesús en Nazaret, lo cual nos facilita el silencio y la soledad. Dejando que Él vuelva a entregarse en nosotras, orando con nuestro corazón y trabajando con nuestras manos. El tiempo es oro para nosotras, como optamos por una vida de pobreza, lo aprovechamos al máximo para trabajar, para rezar y estudiar.



“Descubrí que Dios había puesto en mi corazón y en el de todas las personas un ansia infinita de felicidad, que las cosas finitas, transitorias, no la podían saciar. Encontré esta felicidad cuando Él me dio la fe en la Eucaristía”





¿Han llegado las nuevas tecnologías a los conventos de clausura? ¿De qué manera mantenéis lazos con el mundo, sin estar en él? ¿Cómo concebís el uso de las tecnologías?

Por estar en clausura no despreciamos las nuevas tecnologías; las consideramos un don de Dios, siempre y cuando se usen moderadamente y para fines buenos. Usamos de ellas sólo en la medida de la necesidad, para poder tener la vida de oración constante y de silencio. Nuestro contacto con el mundo lo tenemos por medio de las visitas familiares, correspondencia, a través de personas allegadas que nos piden oraciones. Leemos algún artículo de algún periódico católico.

Muchos, desde fuera, ven esta vida vuestra como “ineficaz” apartada del mundo, con falta de implicación en la vida cotidiana de la gente, que sufre y padece tantas neces
idades. ¿Esto es así? ¿Os replegáis porque el mundo os asusta?

No, más bien al contrario, Recuerdo que nadie se imaginó que yo fuera a optar por la vida de clausura porque era una de las personas más activas de la parroquia. Descubrí que sólo la vida contemplativa colmaba mis grandes deseos de ayudar, porque con el poder de la oración llegas mucho más allá de nuestra limitada naturaleza. Quien ve esta vida como ineficaz es porque le falta fe y porque piensa que todo se puede con esfuerzo humano; pero sin la gracia nada podemos: ”Sin Mí no podéis hacer nada».

Vamos a celebrar en mayo la Jornada pro Orantibus, en la que se toma conciencia de la importancia de que haya cristianos dedicados a la oración. ¿Qué sería de la Iglesia activa si no contara paralelamente con una Iglesia contemplativa?

Sería como un cuerpo sin corazón. De hecho, las personas que se dedican al apostolado, tienen que tener su parte de vida contemplativa, si no resultaría ineficaz, y podría convertirse en una simple ONG. Ahí tenemos el ejemplo de Madre Teresa de Calcuta, la cual pasaba horas enteras en oración antes de salir a atender a los moribundos de las calles. Cuando yo vivía fuera, muchas veces pensaba en esto: “¿Cómo voy a dar a Dios que es Amor, si no estoy llena de Él? Sólo en la oración y en los sacramentos nos llenamos de Él, para después darlo.



“Hay poca conciencia de orar por los sacerdotes todavía; si hubiese más fe, se rezaría más para que ellos tuviesen las gracias que necesitan; como dice Nuestro Señor, hay demonios que sólo se van con la oración y el ayuno”

Entrevista publicada en Cooperador Paulino-España. Abril 2013