sábado, 28 de septiembre de 2013

EL HOMBRE SIN NOMBRE (Evangelio del hombre rico y lázaro)

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

- «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. "
Pero Abrahán le contestó:
"Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros."
El rico insistió:
"Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento."
Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen."
El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán."
Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."»  Lucas 16, 19-31



El Papa Francisco está diciendo hasta la saciedad que hemos de acercarnos a las “periferias existenciales”, ¿qué quiere decir con esto?, algo muy sencillo: que practiquemos la misericordia. El corazón misericordioso es el corazón humilde: Miser cordis. Muchas veces pasamos al lado de la gente sin mirarles a los ojos, yo al menos, así voy... ensimismada en mis cosas, hablo, me relaciono, pero no me preocupo lo más mínimo por las vidas con las que me cruzo. Y si me intereso, me quedo en ese estadio del interés superficial, educado, que no busca al fondo, a la persona. Esto mismo le pasaba al “hombre rico” al que ni siquiera se le nombra en el evangelio por su nombre porque ha perdido su verdadero ser, su ser más profundo, y ha dejado de ser persona... el “hombre rico” ha banqueteado, se ha relacionado con los de su clase, ha llevado una vida cómoda... y no ha bajado nunca la mirada hacia el que sufre, hacia ese que tenía en su propia puerta...

A veces nos parapetamos en nuestra justicia para defendernos de ese “otro” que nos incomoda... y juzgamos, y nos atrincheramos detrás de mil razonamientos para no dar unas monedas o un bocadillo a ese que nos lo está pidiendo. Pero cuando hacemos esto -yo lo tengo comprobado- nos estamos dañando a nosotros mismos, cuando niegas el pan a tu hermano, endureces el corazón... y ya la vida se vuelve gris y sin sentido. Se cierra el cielo no sólo para el que pide, sino sobre todo para el que no da.
Después vendrá Dios Padre y hará justicia. Y entonces cada uno ocupará su lugar según sus obras. Y las obras habrán surgido si el corazón lo hemos mantenido blandito, tierno, misericordioso.

Lázaro -éste sí que tiene nombre- entonces no podrá hacer nada por los inmisericordes. Es igual que el pasaje de las siete vírgenes... el aceite que uno tiene no lo puede pasar al otro, porque ese aceite que es el Espíritu de Dios es para cada uno, personal e intransferible.


Así que oigamos a los profetas, y a Cristo Jesús, muerto y resucitado, ahora que aún podemos enmendar nuestra plana.

jueves, 26 de septiembre de 2013

YO SOY PARA MI AMADO. Confidencias de Elena, una joven con cáncer


Acaba de publicarse Yo soy para mi Amado, de la editorial Buenanueva.
Os dejo a continuación la reseña del libro, por si alguien está interesado en adquirirlo.
Hay que contactar con la página web Buenanueva.es para solicitarlo.
También estará en las librerías religiosas de toda España, aunque para ello aún pasarán unos días -o semanas-. Vale 18 euros.


Elena Romera Santillana vivió con el cáncer siete años, pasó por siete intervenciones
quirúrgicas, varias sesiones de quimioterapia, una prótesis
en la rodilla, la rehabilitación -durísima- de su pierna y su posterior amputación.
Luego vino el cáncer de pulmón y la muerte. Sin embargo, estos
siete años fueron oro probado al crisol; fueron el tiempo en que ella conoció
a su Amado. El Señor le dijo: Aquí estoy, en la cruz me encontrarás…
Y ella le encontró en la cruz.
Decía a quien la quisiera oír: "El cáncer no es una desgracia. Es el regalo
que el Señor me ha hecho, en la cruz he conocido el amor que mi Padre
me tiene. El cáncer es un regalo envuelto en un papel feo, en un periódico
viejo... pero la cruz no me mata, a mí me mata interiormente no
amar como yo quisiera. La cruz no es lo que me quita la paz".

Parecería que nacer en tal o cual lugar es indiferente, no imprime carácter...
pero la realidad es otra. Por una hermosa “casualidad”, Elena nació en
Caravaca de la Cruz, un pueblo de la provincia de Murcia donde se venera
una astilla de la verdadera cruz de Cristo. Y esto, que parecería una inocente
coincidencia, resulta sin embargo muy significativo en esta historia
de Elena...

En este libro hay escondida una PROMESA, un FIAT, y un CUMPLIMIENTO
de esa promesa. La promesa la entrevemos en un viaje que
Elena hace a Santiago de Compostela siendo una jovencita. En esa peregrinación
Elena escucha un salmo: “Ya no te llamarán abandonada, ni a
tu tierra devastada; desde ahora serás mi favorita. Y tu tierra tendrá marido”.
Y Elena se lo cree. Lo guarda en el corazón como María. Esta es la
primera parte de esta historia de amor. La segunda parte comienza cuando
su director espiritual, el padre Sevillano le hace una pregunta, inspirado
por el Espíritu. A Elena por poco le da un pasmo. --No me respondas a
mí... respóndele a Él en tu corazón... ten en cuenta que los esposos duermen
en el mismo lecho, y que el lecho de tu Esposo es la cruz...
A partir de ahí Elena empieza no ya a correr sino a volar en la fe... y en el
AMOR. Y el Señor, que es fiel, cumplirá su promesa y se celebrarán sus
Bodas.

viernes, 20 de septiembre de 2013

EL SIGNO

-Yo no veo a Dios en mi vida. Nunca o casi nunca me ha dado nada...
decía Miguel en la cocina, angustiado porque faltaba escasamente un día para que saliera la lista de admitidos en Veterinaria, y él, en lista de espera, desesperaba... porque a la cuarta y última
convocatoria, las posibilidades de ser admitido en Córdoba se diluían enormemente...

-Tienes que aceptar la voluntad de Dios, Miguel. Si eres cristiano, debes hacerlo. ¿Acaso tú sabes más que tu Padre? Si al final, Él no te da la plaza, por algo será. A lo mejor dentro de diez años eres un maravilloso biólogo que hace un estupendo descubrimiento para la Humanidad... ¿tú que sabes? ¿sabes más que Dios? Nosotros no conocemos la realidad completa... Dios sí. Quizás no te convenga estudiar veterinaria en Córdoba. O a lo mejor Dios te pone entre la espada y la pared como al pueblo de Israel cuando salió de Egipto, atrás el mar, delante, los egipcios... a lo mejor el Señor te pone en esta situación para demostrarte su poder, para que veas que Él es el que te lo da... que tú por ti mismo, no puedes...

Así razonaba con mi hijo, quien estaba a punto de renegar de que verdaderamente Dios le amara.
-claro, para ti es muy fácil decirlo... Si Dios te lo concede, es que te conviene, si no, es que no es bueno para mí... así cualquiera. Pero yo quiero hacer veterinaria... y Él no me hace caso. Menuda libertad me da, que no tengo derecho a equivocarme...
En un instante, vino a mi cabeza el pasaje del hijo pródigo, el hijo menor que pide la herencia al padre, cuando éste aún no había muerto, lo cual era un desprecio enorme según la costumbre hebrea... el hijo que quiere hacer su libre albedrío por encima de todo, despreciando a su propio padre.

-Si piensas así... pídele que te dé la plaza, sí o sí. Independientemente de que te estrelles... hágase tu voluntad y no la suya, si eso es lo que quieres, díselo.

Miguel salió de la cocina enfurruñado. Veía que su futuro pendía de un hilo; yo, por mi parte, me percaté de que mi hijo necesitaba un signo, una prueba fehaciente de que Dios existe y de que le quiere como a un hijo. Que busca su bien, y que le ama profundamente. Ahí quedó la conversación... de momento.

Al día siguiente, camino del trabajo, me acordaba de lo que días antes había oído a Sor Enmanuel, en la basílica de la Merced... "hay tres niveles en la oración. El primero, el básico, es el que todos los cristianos hacemos muchas veces: te pido, dame, necesito... un toma y daca con Dios. Yo te pido, quítame o solucióname este problema... Pero hay que aspirar al segundo nivel... a hacer la voluntad de Dios. Para ello, dadle vuestros problemas y preocupaciones a María, a la Señora. Decidle: "ocúpate tú de todo esto, que yo me encargaré de hacer la voluntad de tu Hijo". Tú ocúpate de mis inquietudes y problemas, que yo me dedicaré a amar a Dios y a los que tengo a mi alrededor... y hay otro tercer nivel, que es alabar y dar gloria a Dios siempre, por lo que nos parece bueno y por lo que nos parece malo; cuando estoy contento y cuando estoy triste...". Aquellas palabras habían hecho mella en mí. Decidí ponerlas en práctica, y le dije a María: "ocúpate tú". Ya ves cómo está Miguel, necesita sentirse amado por Dios Padre, necesita constatar que es cierto que Dios le quiere y se preocupa por él. Mira que los testigos de tu Hijo, primero necesitan ser confirmados en la fe...

En esas estaba cuando llegué al trabajo. Subí a la oficina y encendí el ordenador... al poco tiempo, recibo una llamada telefónica...
-mamá, soy yo Miguel... que estoy en la lista de admitidos... que he entrado en Veterinaria... -decía con la voz entrecortada y conteniéndose las lágrimas-.
-¿Sí? ¡Enhorabuena, cuánto me alegro hijo! acerté a decir... Ya puedes darle gracias a Dios...
-Sí. Sí.
-Me alegro un montón Miguel... ¡¡¡qué bien!!!...

Colgué el teléfono y no me lo podía creer. Miguel estaba exultante, y yo contentísima. Pero no quedó ahí la cosa... Por la tarde llamé al matrimonio que iba a acoger a Miguel en su casa, caso de que consiguiese entrar en Veterinaria en Córdoba.

-Hola, soy la madre de Miguel... ¿qué tal estáis? ¡Miguel ha entrado en Veterinaria en la 4ª convocatoria... está contentísimo... llamaba para ver cómo hacemos...
-Vaya, qué bien. Pero... creo que a lo mejor tenemos algunos impedimentos para acogerle...
Y Juan, empezó a relatar una serie de cuestiones por las que, seguramente, Miguel no podría ser acogido en su casa...
-Bueno, pensadlo, habladlo tu mujer y tú, y ya me diréis...
De repente, esa puerta abierta, se estaba cerrando. No podía creer que Dios Padre le diera una oportunidad a Miguel de conocer su amor, y que ahora, la siguiente puerta se cerrara... la consecuencia sería que no podría estudiar en Córdoba, porque nosotros no podíamos pagarle un alquiler...

De nuevo en el filo de la navaja. De nuevo en oración. De nuevo dejando que María resolviese ese tinglado que se había formado casi sin darnos cuenta... Miguel ya daba prácticamente por perdido el estudiar en la casa de estos amigos...
Al día siguiente por la mañana me llama por teléfono Juan... empieza otra vez con una serie de impedimentos al parecer insalvables...
-Te voy a contar nuestra situación....bla, bla, bla...
y de repente, hace un alto y dice: "Pero bueno, que venga... ya nos las apañaremos".
No me lo podía creer. Tuvo que repetirmelo dos veces... "sí, que venga, que venga. Después de mucho combate, mi mujer y yo hemos decidido que venga, ?Y si es voluntad de Dios que nosotros le acojamos? Cómo nos vamos a negar?
Ha sido rizar el rizo. El Señor ha estado grande. Para Miguel ha sido el signo que necesitaba. Bendito sea Dios, sea por siempre Bendito y Alabado.