jueves, 27 de febrero de 2014

Ucrania y Venezuela, unidas contra la injusticia y en oración


Aquí os dejo dos vídeos sobre la situación que se está viviendo en Ucrania y en Venezuela. Todos hemos visto las imágenes en televisión, muertos en la calles, tiros por parte de la policía, todo, por luchar contra la injusticia y la falta de libertades. Y una cosa curiosa, la Iglesia, una vez más, es el aglutinante de todas estas gentes machacadas en sus derechos; llama la atención ver a los sacerdotes cuidando de los heridos, o dirigiendo la oración en medio de las manifestaciones.




lunes, 24 de febrero de 2014

Un pastelero en el cielo

Era jueves santo. Todas las tiendas estaban cerradas. En casa, la nevera tiritando. Ni una mísera magdalena que llevarte a la boca. No sé qué había ocurrido, pero lo cierto es que quizás por no prever lo suficiente, quizás también porque estábamos casi a fin de mes, me encontré en la hora de la merienda con seis niños y nada, nada, que darles. Por un momento me angustié. ¿Y ahora qué hago? Mientras me debatía en estas consideraciones yo seguía trabajando, recogiendo juguetes, arreglando ropa… de repente, llamaron a la puerta. Abrí. Era un vecino con una bolsa grande en la mano.
 -Hola, mire, soy el vecino del segundo. Les he hecho un bizcocho a los niños, para que merienden…dijo mientras me lo entregaba. Era un señor bajito, canoso, delgado, con gafas, con un brillo de niño travieso en los ojos; ya entrado en años.
Yo le di las gracias, varias veces. Me invadió una alegría enorme. No solo porque el problema se había solucionado de una forma inverosímil, sino porque en esta situación había visto la providencia de Dios. Mi vecino, -después supe que se llamaba Juan- había sido un intermediario eficaz en esa ocasión. Me acordé de las palabras de Chesterton, cuando decía que muchas veces llamamos casualidad, a lo que es un milagro. Para mí, aquello fue un milagro.
 Desde entonces, muchas veces me lo encontraba en el portal de casa, y me decía: “Voy a ayudar a mi hija, que vive aquí cerca, y después voy a llevarle unas flores a mi mujer, al cementerio”.
 Y murió mi vecino Juan. Fueron cinco años de bizcochos y cordialidad. Los niños le querían mucho. El día de Reyes, subían a su casa a darle el regalo que Sus Majestades de Oriente le habían dejado en nuestra chimenea. Todos quisieron ir a su funeral. Rezaron por él, cada uno a su manera.
 Me imagino su encuentro con Dios Padre:
-Juan, ¿has amado bien?
-Señor, solo he hecho bizcochos.
-Juan, pero cuánto amor has puesto en ellos… Entra, pues, en el reino preparado para ti, desde la eternidad. Y mira, allí está tu mujer, en aquel prado de flores…

jueves, 20 de febrero de 2014

Cristina López Schlichting: "Elena Romera confesó que no quería morir sin hacer algo grande"





Elena Romera Santillana confesó que no quería morirse sin hacer algo grande. Tenía todas las cualidades para haber destacado en el trabajo, la sociedad o el amor. Pero el Misterio decidió cumplir su deseo de otra forma: haciendo de su propia existencia un gran foco de belleza y bondad. En este libro tienes la vida de una adolescente que nos demuestra a todos que ser santo está al alcance de todos. La de una chica alegre, con sus sombras y sus luces, que se abandonó en manos de Dios e iluminó a los que la rodeaban. Una seguidora del Camino Neocatecumenal -el movimiento eclesial en el que se formó- que fue sostenida hasta la muerte por sus amigos de manera conmovedora.

“Yo soy para mi amado” contiene dos historias paralelas que son una sola. La primera es la de la joven que nace en noviembre de 1984 y muere de cáncer en noviembre de 2009, con 25 años y en olor de santidad. La segunda es una sobrecogedora historia de amor entre un enamorado y su esposa. Esta segunda es una aventura íntima, de la que sólo conocemos retazos y que probablemente no podamos entender, como no sabremos nunca qué le dijo exactamente Jesús a la Madre Teresa de Calcuta en su viaje a Darjeeling. Dios, que nos ama a todos hasta dar la vida, elige a determinadas personas para hacerles gustar el paraíso de forma anticipada, de manera que los demás lo veamos y creamos. Todos estamos llamados a la santidad, pero la experiencia mística no está al alcance de todos.

Así que entre tus manos tienes, para empezar, la narración de la vida de Elena Romera Santillana, la adolescente preciosa que practicaba gimnasia rítmica, tocaba el piano, hablaba inglés y era una estupenda fisioterapeuta. Una muchacha orgullosa por la que se peleaban los chicos y a la que aparentemente se le fue quitando todo –la salud, la pierna amputada, el cabello- pero que murió sorprendentemente en paz. La existencia de 25 años de una cristiana que, sin perder el sentido de las cosas, supo ponerse en manos del Señor.

De ambas cosas –los pies en la tierra y el corazón en el cielo- dan buena muestra las conversaciones que mantuvo con el fundador del Camino. Kiko Argüello le pregunta: “¿Qué pasa, tienes ganas de irte a la Casa del Padre?” Y ella responde: “Bueno Kiko, tanto como eso…como en casa de uno no se está en ningún sitio”. No hace falta precisar que Elena tenía un gran sentido del humor. Pocos meses antes de morir y ante la imposibilidad de ver a su amigo, le dice por teléfono: “Bueno, Kiko, no te preocupes…si no nos vemos aquí, ya nos veremos en el cielo”. La misma mujer que bromeaba sin problemas, llega a decir: “Me he dado cuenta de que la cruz no es una desgracia que Dios te manda diciéndote: Hala, púdrete. Que en la Cruz no estás sola, sino que está Cristo. Que Dios ha mandado a su Hijo para que venza a la muerte y veas que, en la situación que tengas, un cáncer o lo que sea, no te mueres sino que puedes experimentar la vida eterna”.

Pero además, como te decía, en este libro vas a toparte con algo que no es de este mundo. La historia de una novia que se desposa con su Dios. Algo que parece una locura pero que no lo es más que la resurrección de Cristo. Ya enferma de cáncer, Elena contará a una amiga: “Me han salido muchos novios, pero desde que me enamoré de Uno, no ha habido otro que le llegue a Éste a la suela de los zapatos”.
Comienza así un recorrido que culmina en la pregunta que su padrino, el padre Manuel Sevillano, le hace en determinado momento: “Elena, te comunico de parte del Espíritu Santo ¿aceptas ser la esposa de Jesucristo?” El propio sacerdote confiesa que “Elena se quedó blanca”. Con el tiempo descubrió que la modalidad de su vocación eran las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa y, aunque no tuvo tiempo de hacer el noviciado ni profesar, recibió de las hermanas el sari blanco de las novicias, un crucifijo y los demás símbolos de su condición religiosa. La etapa final de su vida es el impresionante camino de una novia hacia su boda. Todas las noches derrama pétalos de rosas sobre el crucifijo y su médico presencia la escena en la que, tras decir que quiere ir al cielo y casarse ya, “dejó de mirarnos y miraba hacia arriba, hablando como si sólo estuviera ella, y decía: Porque te amo, porque quiero estar contigo”.

Elena Romera Santillana pidió en su testamento que su funeral se celebrase como una boda. Y así se hizo. La ataviaron con el sari blanco y eligieron cantos del Cantar de los Cantares. En su tumba pone: “Encontré el Amor de mi vida, lo he abrazado y no lo dejaré jamás”. Su recorrido muestra que Dios puede toparse y querer a su criatura del mismo modo que lo hizo en Galilea.

Para encargarme este prefacio conspiraron definitivamente mis amigos Juan Pedro Ortuño y Darío Chimeno y contribuyeron las naranjas que me regaló generosamente de sus árboles –y con el mismo humor que Elena- el padre Manuel Martín de Nicolás, párroco de Nuestra Señora de la Visitación de Las Rozas. Todos ellos están conmovidos por esta chica. Y ocurre a veces que lo que iba a ser un favor o un trabajo se convierte en un encuentro que cambia la vida. Éste es mi caso con Elena. Espero que lo sea para ti. 
Cristina López Schlichting. 
(Prólogo del libro: YO SOY PARA MI AMADO. Editado por Editorial Bendita María. Autor: Victoria Luque).

Lo puedes encontrar en las librerías religiosas,  en las librerias Paulinas y SAN PABLO, y también puedes pedirlo en www. buenanueva.es

miércoles, 12 de febrero de 2014

Yo tengo un amante


Yo tengo un amante desde hace 21 años. Casi podría decir que no sé vivir sin él. Hemos evolucionado juntos, somos distintos a cuando nos conocimos, pero ahora, lo digo con el corazón en la mano, somos más UNA SOLA CARNE. Parece mentira, pero el sufrir juntos, el encarar la vida codo a codo une, y mucho. Es mi amante, mi paño de lágrimas, aquel en quien confío. Amante es el que ama.

martes, 4 de febrero de 2014

Mujeres engañadas, manchadas de rojo



Asombroso. Cuando he visto las imágenes de la agresión al cardenal Rouco (sí, agresión, porque es violencia verbal y “plástica”) me he quedado “pasmá”. Después del primer impacto visual, en mi fuero interno he sentido una profunda lástima. Qué pena. Qué engaño tan grande tienen estas mujeres. Defienden lo indefendible… “el aborto es sagrado”, dicen. 
Pero después me he enterado de que no, ni siquiera estas mujeres con los pechos al aire y la cruz boca abajo en la espalda, ni siquiera, digo, defienden algo por convicción… no. Las pagan.
Según he podido saber, Femen, este movimiento nacido en Ucrania, contrata a mujeres (algunas de ellas prostitutas) para que realicen estas fantasmadas, y paga grandes cantidades de dinero sólo si las fotos de sus actividades llegan a publicarse... para lo cual es condición irrenunciable emplear el desnudo y la blasfemia. Detrás de este movimiento hay personas influyentes y dinero a espuertas, según reconoce el encargado de la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación Europea) para la lucha contra la cristianofobia, Massimo Introvigne, pues las mujeres de Femen tienen infinidad de recursos para colarse en cumbres europeas y otros foros. Estas pobres buscadoras del minuto de gloria (?) y de la pasta gansa, ya protagonizaron un ataque grotesco contra el arzobispo Leonard, de Malinas-Bruselas; también irrumpieron el día de navidad en la catedral de Colonia, y de pie sobre el altar, hicieron la pantomima enseñando su torso desnudo en el que se leía “Yo soy Dios”. Si no fueran actos tan execrables, sería para tomárselo a risa.

A Rouco Varela le lanzaron bragas manchadas de rojo, pobres.


Pues también por vosotras, mujeres engañadas, manchadas de rojo, zarandeadas por la vida, parapetadas en el dinero, o en el placer oscuro, también por vosotras, que deféndéis lo indefendible, que seguramente lleváis a vuestras espaldas uno o dos abortos, o que estáis hastiadas de ser objeto de abuso por tantas cosas inconfesables… también por ti –y por mí, que no soy mejor que tú- ha muerto uno en la cruz. Para que vivas la Vida buena, esa que no conoces ni por el forro. Pero que existe. Para que seas feliz de verdad. Y no te escondas detrás de unos planteamientos ideológicos que sólo te llevan a la muerte y la desesperanza. Mujeres abortistas, todavía estáis a tiempo. No os dejéis robar lo mejor de vosotras mismas, vuestra condición sagrada. Porque sí, habéis equivocado el rumbo. El aborto no es sagrado, pero vuestro cuerpo sí es sagrado. Y está hecho para amar, y para dar vida. Y para ser feliz. ¿Por qué no te crees que eres única e irrepetible para Dios? ¿Por qué luchas contra ti misma?