miércoles, 23 de abril de 2014

Jim Caviezel

Realmente impresionante el testimonio de conversión de este hombre, protagonista de La Pasión. Seguramente este video lleva mucho tiempo en internet, pero yo no lo había visto. NO he podido -ni querido- dejar de verlo. Cómo la fe de una persona puede afianzarse tanto, vivirla tan profundamente, por -en un momento determinado- haber dicho Sí a Jesucristo. Los primeros minutos, cuando habla el presentador, están sin traducir, hay que tener un poco de paciencia. Merece mucho la pena verlo entero.


domingo, 20 de abril de 2014

¿Quién me removerá la piedra?

Toda situación encuentra su esperanza en la piedra rodada y la tumba vacía...


¿Quién me removerá la piedra? El único que puede hacerlo eres Tú, Señor.
¿Quién me removerá la piedra? Hazlo ya, Señor, que me falta el aliento. Ten misericordia de mí, que soy presuntuosa, que busco la consideración de los demás, que me duele que no me tengan en cuenta... ¿quién me removerá la piedra? Sólo tú puedes hacerlo. Señor y dador de Vida. Mis Tres, como decía una santa de la que no recuerdo su nombre, que te hablaba a Ti, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, a una sola vez; original ella, y muy práctica.
Pues Mis Tres, me he dado cuenta de que necesito mucha ayuda Vuestra. De los tres, mis Tres. ¿Es que no he visto ya las maravillas que obráis (-obras-) en mi vida, para que aún siga así, con los labios sellados? ¿es que en el fondo de mi corazón no me lo creo? ¿qué me impide dar gloria a Dios? Creo que mi presunción, el querer quedar bien, el desear que todos piensen: ah, qué bien ha hablado, cómo se nota que el Señor se ha fijado en ella... Mentira, vanidad de vanidades. Buscar el aplauso sólo lleva a eso, a unos labios sellados.
ten misericordia de mí, Señor, que soy una pecadora. Que no puedo con mi vida. Que sin ti soy un sepulcro vacío. Pero vacío no porque esté resucitada, sino porque en mí no hay NADIE, no habitas tú.
ten compasión de mí y concédeme verdadera sabiduría para buscarte a ti sinceramente y por favor, mis Tres, no me déjéis sola. Ya sé que no lo váis a hacer, pero os necesito tanto. Necesito tanto sentirme querida por ti, Señor y Dios mío, necesito tanto que rompas mis muros, necesito tanto poder dar el amor con que tú me amas... ojalá mi vida no sea infructuosa, ojalá puedas hacer una verdadera obra de amor en mí, ojalá yo no sea un impedimento para Ti. Señor, concédeme la gracia de poder amar como tú me amas. Concédeme creerme este amor que me tienes, y poder darlo... concédeme no pensar en mi misma y ocuparme de los otros, concédeme ver lo que has hecho en mí, y sin presunción, con sencillez de corazón, entregarlo como fruto maduro de vida.

No permitas que el maligno robe todo lo que has plantado en mi vida.

Postdata: Acabo de ver hace un rato un vídeo de un rabino judío hablando sobre el significado de la Pesaj, la pascua judía. Y hay unas cuantas ideas interesantes que me ayudan en mi conversión. Una de ellas es que los hebreos pintaron con la sangre de carneros las jambas de las puertas de las casas judías por mandato de Moisés, porque esa noche, la noche de la Pascua, Dios iba a liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto.

Nosotros los cristianos tenemos una tradición hebrea que conocer, y alimentar, porque de hecho, Jesús era judío, nació en el pueblo judio, y además todo nuestro Antiguo Testamento proviene de la tradición hebrea, ciertamente.Y hay un simbolismo también con el carnero-cordero (-que para nosotros los cristianos es figura de Jesucristo, porque Él es el que nos libera de las esclavitudes personales que cada uno tenemos. "Yo soy el cordero que quita el pecado del mundo", dice Jesús-).

Este rabino señala que el carnero era el máximo dios de entre todos los dioses egipcios, y que los judíos se estaban jugando el tipo -la vida- cuando el día de la fiesta de ese dios supremo, ellos, los judíos, le dijeron a los egipcios pintando sus jambas con la sangre de los carneros, que Yhavé, Dios todopoderoso es el único Dios. De hecho, se dice que sólo 1 de cada 5 judíos (otros sostienen que 1 de cada 50) pintaron sus jambas, porque si Dios esa noche no actuaba, éstos, los que se enfrentaban a Faraón, perderían la vida.   Pero Dios actuó y salvó al pueblo elegido.

Esta idea, por otra parte, perfectamente válida para nosotros los cristianos, no quita fuerza a la certeza de que la sangre de Cristo, verdadero cordero degollado, que quita el pecado del mundo, es la que a mí me fortalece cada vez que la recibo en la eucaristía en forma de vino; esta sangre, recibida por las jambas de mis labios, preserva mi cuerpo (templo del Espíritu santo) para "tocar" ya de alguna manera aquí en la tierra, las maravillas que nos están preservadas allí en el cielo (cuando Le veamos cara a cara).




¡¡Felicidades a todos!!

Pasado el sábado, al rayar el alba, el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. De pronto hubo un terremoto, pues un ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, hizo rodar la losa del sepulcro y se sentó en ella. Su aspecto era como un rayo, y su vestido blanco como la nieve. Los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos. Pero el ángel, dirigiéndose a las mujeres, les dijo: «No temáis, sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado, como dijo. Venid, ved el sitio donde estaba. Id enseguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis. Ya os lo he dicho».
Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y con miedo y gran alegría corrieron a llevar la noticia a los discípulos. De pronto Jesús salió a su encuentro y les dijo: «Dios os guarde». Ellas se acercaron, se agarraron a sus pies y lo adoraron. Jesús les dijo: «No tengáis miedo, id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán». (Mt 28, 1-10)


¿Quién nos removerá la piedra? Se preguntaban María Magdalena y la otra Maria... pues la piedra era enorme, se necesitaba la fuerza de varios hombres para mover la piedra del sepulcro donde había sido depositado el cuerpo de Jesús... Y fue un ángel del Señor el que removió la piedra para estas mujeres. A nosotros también nos pasa, a mí me pasa, que hay cosas que yo sola no puedo “remover”, cuando te conoces un poco ves que hay losas que te aplastan y no te dejan respirar a pleno pulmón... La piedra a veces se hace apabullante, e inutiliza. Imposible en mis fuerzas remover la piedra de ese rencor, o esas incomprensiones que tanto me hacen sufrir, o ese pecado oculto que nadie conoce, sólo Dios y yo, sí... tiene que venir el mismo Señor, el mismo Dios a remover esa piedra. «Hizo rodar la losa del sepulcro y se sentó en ella». Tiene poder para sacarme de ahí, de ese pozo en el que yo sola me he metido, pero del que no puedo salir sola.
Me resuenan ahora esos versos que dicen: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré salir de vuestros sepulcros, y sabréis que yo soy el Señor”. ¡Abrid las puertas de vuestros sepulcros, pueblo mío y os iluminará el sol de justicia!, qué verdad es ésta. Sólo hay dejarse hacer, dar un pequeño -o gran- paso, el de someter la propia voluntad a los designios de Dios Padre, que nos conoce mejor que nosotros mismos.
Hay una frase que leí hace tiempo, de alguien, y que me gustó tanto que la tengo en la mesa de trabajo, y la leo cuando lo necesito -hay veces, que casi todos los días-, dice así: “Toda situación encuentra su esperanza en la piedra rodada y la tumba vacía”. Si esto se hace carne en nosotros, ¿quién contra nosotros? Toda nuestra vida será alabanza y bendición, incluso en medio del sufrimiento, porque la piedra ha sido rodada y la tumba estaba vacía, porque el Señor está RESUCITADO.


¡Felicidades a todos! Porque el que estaba perdido (tú y yo) ha sido encontrado, y el que estaba muerto (tú y yo) ha vuelto a la VIDA, FELICIDADES a todos, porque va delante de nosotros, nos precede, y le encontramos en cada una de las “Galileas” que tenemos a nuestro alrededor. El Señor Jesús, que es fiel, nos sale al encuentro igual que a las santas mujeres, y pide por nosotros al Padre («Dios os guarde»), ¡qué consuelo poder contar con su intercesión!. No tengamos miedo, el miedo no es propio de los Hijos de Dios. Afrontemos la vida sabiendo que el Señor está con nosotros, y nos acompaña siempre. “No habéis recibido el espíritu de Hijos, para recaer en el temor” nos dice san Pablo. Sí, somos Hijos de Dios y herederos del cielo, ¿qué mayor dignidad? Alegrémonos hermanos, porque sin merecerlo, hemos encontrado la piedra preciosa, Cristo Jesús.  

viernes, 18 de abril de 2014

Mi cruz gloriosa

Allí, arrodillada delante de la cruz, sólo pude musitar:
"Señor mío y Dios mío, que pueda y quiera abrazar mi cruz".

Porque la cruz es la que me va a conducir junto a Ti. Mi cruz es la que me va a abrir las puertas del cielo. Esa cruz de la que huía y huyo cuando no tengo tu Espíritu, es la que me va a conducir a la Gloria. Qué curioso. La cruz es esa puerta estrecha que me llevará a vivir la Vida en plenitud. Es el lecho de amor, como dice un canto, donde nos ha desposado el Señor. Esto son palabras mayores. Lecho de amor, porque ahí, en el sufrimiento, Tú te encuentras conmigo. Tú llevas mi carga. Ahí he conocido que me quieres realmente, que tú has pasado primero por la cruz, para que yo pueda hacerlo unida a Ti.

Hablar de la cruz no es ninguna tontería. De la cruz tenemos experiencia todos, los que creen y los que no creen. El sufrimiento está ahí, indefectiblemente. Lo puedes llevar con paz en el corazón, con alegría incluso en determinados momentos: cuando ves que esa cruz tiene un sentido, que Cristo te da de su santo Espíritu para hacerla gloriosa; o puedes -digo- arrastrarla, renegar de ella y hundirte en el más profundo de los sinsentidos, porque, hermano, sin Cristo la cruz (el sufrimiento ese que te quitarías sin pensarlo dos veces) se vuelve en lastre imposible de sobrellevar. Y entonces reniegas, maldices tu historia, y te hundes. Y sales corriendo. Y es cuando te divorcias, o te suicidas, o bebes para olvidar... en definitiva, huyes. Porque no podemos llevar el peso del sufrimiento si éste no tiene una razón de ser, un por qué o un para qué.
El por qué es porque TE QUIERO, dice el Señor. Y  El "para qué" es para darme la VIDA con mayúsculas, la VIDA verdadera, esa para la que estamos creados, junto a nuestro Padre Dios.

Qué maravilla verle un sentido a la cruz!!! El Señor, como sabe que soy de dura cerviz nos ha hecho pasar (a Jose Manuel y a mí) ya por dos veces, por el mismo camino. Un camino duro, áspero, donde parece que no hay agua ni nada que tenga vida... el Señor nos conoce bien. Necesitamos estas cruces para abajar la cabeza. Ahora sé que sin Él no soy nada. No puedo nada. Un cero a la izquierda. Y me ha dado la certeza de que en medio del fragor de la batalla (una hija con problemas) Él se hace fuerte conmigo.

Tengo la experiencia de que en la peor de las situacion
es que hemos vivido, Él me ha dado de su Espíritu Santo. En concreto, me acuerdo que ese día yo iba en el metro camino del trabajo en paz, salmodiando, con la confianza de que Él es el dueño de la Historia, que Él sabe cuidar de sus Hijos, y que además, sabe lo que nos conviene en cada momento, aunque nosotros no sepamos por dónde tirar. Me asombraba de mí misma, porque esa paz no me la proporcionaba yo, era Otro el que me la daba.

¿Y qué he aprendido de esta cruz? Varias cosas importantísimas para mi vida.
Que la cruz te hace un poquito más humilde. Ves cómo eres en realidad, lo que sale de tu corazón: la ira, la murmuración, el juicio y la condena... en definitiva, ves ese "lado oscuro" que tantas veces trato de ocultar.
He visto mi podredumbre.
Y también he visto su FUERZA. Donde yo no puedo, Él puede. Le he visto fuerte amando a mi hija en su precariedad. Él me ha dado la capacidad de abrazarla, de amarla, de llorar a su lado y con ella. Me ha dado misericordia. He podido pedirle perdón... tantas cosas.

He visto que la cruz no te destruye. Que Jesucristo está conmigo. Que se puede vivir en la cruz, en paz.

He visto que tengo un Padre, que nos cuida a través de cosas concretas, de personas que se han volcado con nosotros, profesores, amigos, hermanos de comunidad que han rezado por ella y por nosotros... he visto a mis hijos con una determinación asombrosa, con una entrega y un amor hacia su hermana que me ha hecho estremecer... cómo la han aconsejado, cómo se han preocupado, cómo la han acompañado en el sufrimiento... esto también viene de Dios. Porque Él es el que mueve los corazones. Él es el que nos da esa capacidad de amar y de entrega sin límite.

El Señor también ha ido por delante, ha abierto el mar para nosotros (sin yo buscarlo ni mover "ficha", surgió un viaje a Murcia, con las hermanas de Madre Teresa de Calcuta, un regalo impresionante por el bien que le hizo a mi hija), ha habido muchas pequeñas cosas, que la han llevado a decir: "me he dado cuenta de que mi familia me quiere". Para mí eso no tiene precio.

He visto, y estoy viendo, que la cruz nos acerca a Jesucristo y a la Iglesia. He visto la comunión entre los hermanos de fe. He visto que la cruz no es "mala", que en la Cruz el Señor se manifiesta en nuestras vidas, y nos salva. Nos sentimos amados por Él. Y eso tampoco tiene precio.

La cruz gloriosa
del Señor resucitado
es el árbol de la salvación
en él yo me nutro
en él me deleito
en sus raíces crezco
en sus ramas yo me extiendo