lunes, 29 de diciembre de 2014

Mi balance, de Yo soy para mi amado



Después de poco más de un año de la publicación de Yo soy para mi amado, quisiera hacer balance y dar las gracias a tantas personas que han acogido este libro como algo precioso para sus vidas, y lo han recomendado a amigos y conocidos. Es curioso como el libro se difunde solo. Va de boca en boca y de mano en mano, y aún hoy, después de un año de escribirlo, me asombro de cómo el bien se mueve solo. No necesita de presentaciones, o argucias publicitarias, la historia de Elena Romera va de prestado muchas veces, quien la lee, presta el libro a otro, y también compra varios para regalar. La historia de Elena tiene tanta fuerza que no necesita mas que un corazón abierto que pueda acoger esta experiencia de Dios. Y este hecho para mí es una satisfacción grande, a la vez que una gran responsabilidad, porque me gustaría que su relación íntima y personalísima con Dios llegase a cuantos más, mejor, porque lo que Elena vivió puede y debe ser vivido por cada uno de nosotros.


El libro va por la tercera edición y para mí -como he dicho ya muchas veces en las distintas presentaciones que hemos hecho- ha sido un regalo enorme poder escribirlo. Y ha sido un regalo porque conocer la vida de Elena Romera, a mí personalmente me ha ayudado en la fe, y sobre todo, en la visión de trascendencia. Todo no acaba entre estas cuatro paredes que forman el mundo. Hay mucha vida, y de la buena, más allá de lo que nosotros tocamos con nuestras manos...  Ahora sé -porque lo he visto en Elena- que se puede ser santo en medio de las cosas que te pasan cada día. Ahora sé que se puede ser feliz abrazado a la cruz, porque en esa cruz no estás solo, Jesucristo está contigo. Ahora sé -porque Elena me lo ha dejado patente- que existe el cielo y la VIDA con mayúsculas.

Este libro, además, ha sido hecho desde el amor, porque los que han colaborado en él -y han sido muchas personas- se han visto impulsados por una fuerza superior a cada uno de ellos. Se han sentido impulsados por una NECESIDAD, la de dejar constancia de lo que Elena ha significado para sus vidas. Querría decir aquí, en este momento, que este libro está especialmente dedicado a aquellos que están buscando, que quieren encontrar un sentido real a sus vidas. Porque Elena buscó y encontró. 


Por otra parte, el libro narra en el fondo, una historia de amor, la de una novia muy enamorada (Elena) de su Amado, Jesucristo. Estamos acostumbrados a contemplar la relación del hombre –o de la mujer- con la trascendencia como algo estático, frío; muchas veces esta relación religiosa la vemos estructurada en cumplimiento de normas, imposiciones, leyes… cuando en realidad todo aquel que se encuentra con Jesucristo en su vida lo que vive realmente es un encuentro de amor. Algo fantástico. Todo el que ha tenido una verdadera experiencia religiosa está realmente vivo por dentro. Y esta fuerza “amorosa” es la que hace que se done a los demás… todo santo, todo apóstol, todo testigo se ha sentido primero amado de una forma única, especial… y esto lo experimenta también Elena. Para Elena Romera, Jesucristo es el Amado. Le dirá a una amiga… “me han salido muchos novios, pero desde que me encontré con uno, ninguno le llega a Éste a la suela de los zapatos”.

Los santos redescubren en la Iglesia una verdad: que el cristianismo no es una utopía, una filosofía o una ideología de buenas intenciones, sino la realización de un seguimiento, de un “hacer carne” en la propia vida, la Persona de Jesucristo. Y Elena, al final de su vida, era otro Cristo sobre la tierra. Esto no lo digo yo, lo dicen todos aquellos que la han conocido y está reflejado en el libro.


Dice Cristina López Schlichting, en el prólogo del libro, que se vislumbra esa vida interior de Elena, esa relación íntima con su Señor. Yo creo que hubo un momento en que Elena le dijo a Dios: HÁGASE. Le dio carta blanca para que actuara en su vida. Y después, todo vino rodado. Ya no importaba que la enfermedad fuera invadiéndola, porque lo único importante era hacer la voluntad de Dios. Ella no pedía en la oración la sanación, pedía hacer la voluntad de su Padre, que la amaba incondicionalmente... Elena se sintió profundamente amada por Dios y eso le daba alas... tenía una fuerza impresionante para hablar a los jóvenes... salía por las zonas de copas con la silla de ruedas y con la pierna ortopédica, y les decía... tocad, tocad...toc, toc,toc, ¿veis? Es de mentira, esta pierna es de mentira pero yo soy feliz, porque mi Padre Dios me quiere, y os digo que yo lo he tenido todo: amigos, popularidad, ligues, he tenido un cuerpo 10, he sido deportista... y eso no me ha hecho feliz. El que me ha hecho feliz ha sido Jesucristo... por eso os digo, no perdáis el tiempo con otras cosas. Buscad a Cristo, buscad el amor de Dios... Él es el que os dará la verdadera felicidad.

Por qué no te crees que puedes ser santo… le dijo Elena a su hermano Pablo, dos o tres días antes de su muerte; esto mismo me pregunto yo, y dejo la pregunta en el aire, para que la pensemos todos... porqué no te crees que puedes ser santo... Mirando a Elena vemos que es posible. Que no es una utopía. De hecho, mirando a Elena podemos atisbar el Amor que Dios nos tiene.
Postdata: Por si alguno quiere leerlo, os dejo los datos: YO soy para mi Amado. autor: Victoria Luque. Ed. Bendita María. 18 euros.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Aparquemos nuestra esterilidad -comentario evangelio-

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso.

Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: - «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacía los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.»

Zacarías replicó al ángel: - «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.» El ángel le contestó: - «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se  cumplirán en su momento.»
El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: - «Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.» (Lucas 1, 5-25)


Dice la lectura del evangelio de hoy, que Zacarías e Isabel eran justos ante Dios, es decir, que trataban de vivir según la voluntad de Dios. Pero ambos tenían un sufrimiento interno, algo que de alguna manera les robaba la paz: no podían tener hijos. Esto, para Isabel era una humillación de cara a sus congéneres, pues el pueblo de Israel, como sabemos, valoraba –y valora- mucho la maternidad. Y ella, como mujer, seguramente sentiría que no había cumplido una misión para la que, en principio, habría de estar dotada: dar la vida. Zacarías también sufría por esto, y más si cabe, si tenemos en cuenta que era sacerdote del templo, y, que, pese a ello, Dios no le había concedido la gracia de ser padre. En este escenario, y según cuenta el evangelista Lucas, estando en el santuario, Zacarías tiene una visita, el ángel Gabriel le anuncia que Dios le va a conceder lo que tanto anhela, tener un hijo. Pero Zacarías duda, no se fía de que Dios tenga poder para cumplir lo que ha prometido… y queda mudo. Cuando uno no ve el amor de Dios a su alrededor, entonces enmudece.  Zacarías no puede hablar de la acción de Dios en su vida porque no la ve, y por tanto, no puede alabar ni bendecir. Y esta actitud es un termómetro para cada uno de nosotros. Si no hablamos, si no nos surgen las palabras de agradecimiento a Dios en nuestra historia personal, si estamos mudos, es porque no Le hemos conocido, y si esto es así, hermanos, algo falla en nosotros. Deberíamos volver a la fuente. Es momento de escuchar a Juan el Bautista: “Convertíos, porque el reino de los cielos está cerca”.

Por otra parte, quisiera hacer notar aquí un detalle: no es la primera vez que Dios elige a una mujer estéril para darle aquello que tanto ansía, ese hijo que, además, hará cosas grandes. Sansón, Samuel, Juan el Bautista… son elegidos ya desde el vientre materno; y Dios deja claro desde el principio que son elegidos para una misión. Para, de alguna manera, traer el cielo a la tierra. Para dar a conocer el amor de Dios por cada hombre concreto. También esta será la misión de Juan el Bautista, preparar el camino al Señor. Allanar sus sendas… y aquí y ahora os propondría a todos los que leéis estas líneas que dejáramos aparcada nuestra “esterilidad”, que demos el paso siguiente, nacer a esta vida nueva que hoy se nos propone. Y hagámoslo con cosas concretas, busquemos la reconciliación, la concordia y la paz… deshagamos entuertos, ¿a quién tengo que pedir perdón? ¿con quién tengo que reconciliarme? Ve, y hazlo. Así preparamos realmente el camino del Señor. Hoy conviértete y cree que Cristo Jesús está naciendo ya en ti: escucha, sonríe, alienta, ama. 

viernes, 12 de diciembre de 2014

Una aproximación a Teresa de Jesús





Tengo una hija que se llama Teresa. Y si he de ser sincera, en la elección de su nombre pesó -y mucho- la figura de la Madre Teresa de Calcuta, aunque también tuvieron algo que decir Teresa de Jesús y Teresita de Lisieux. Quería que mi hija estuviera bien arropada desde el cielo, y qué mejor cosa que encomendarla a estas santas Teresas... ahora, en el quinto centenario del nacimiento de la santa de Ávila, he buceado un poco en su vida y en su obra. Y me he quedado sorprendida de tanta hermosura... parecería que los santos ya no tienen nada que aportarnos. Y no es así, ni muchísimo menos. Teresa de Cepeda y Ahumada tiene una vida aventurera, recorre España fundando conventos, pero no sólo eso, tiene una vida interior desbordante, y lo mejor, es que lo cuenta. Ella, por obediencia a sus confesores, va narrando su relación personal, íntima, con su Señor. Y es una delicia. También se desnuda -literariamente hablando- en su Libro de la Vida, esta mujer, nacida hace cinco siglos, parece un testigo actual del amor de Cristo Jesús. Y es que cuando uno está lleno, rebosa, y desborda y empapa todo lo que toca.

Pero Teresa de Ávila no fue santa desde el día uno de su nacimiento, no. Teresa tenía buen fondo, como lo tenemos todos, porque eso Dios nos lo ha grabado a fuego en el corazón... Teresa buscaba, pero también se dejó llevar por las veleidades del mundo. Ya de niña se sintió impulsada a hacer grandes cosas, a dar la vida por Jesús yendo al encuentro de los moros -se escapó con su hermano Rodrigo, alimentando la idea del martirio-; pero, después, pasados los años, también tuvo sus vanidades, sus romanticismos ñoños -ella confiesa que le hicieron mucho daño los libros de caballerías- e incluso su padre la lleva a un convento interna para que serene un poco el espíritu -también había quedado huérfana de madre, y el padre lo vio conveniente-.

Resulta interesante observar cómo Teresa, ya monja carmelita con 20 años, necesitará otros veinte para escoger realmente el camino de Dios. Teresa de Jesús, ya en el convento de la Encarnación, en Ávila, experimentará la sequedad del espíritu durante muchos años; entraba y salía del convento para pedir ayuda económica a las señoras pudientes de Ávila, confraternizaba con unos y otras, y todo esto le robaba la paz... por fin, experimenta ese encuentro personal con Cristo un día, ante un cuadro de Jesús llagado. Un encuentro que le cambia la vida. A partir de ahí, ella decide optar seriamente por Cristo y se aleja de todo aquello que la perturba interiormente. A partir de entonces Teresa experimenta las delicias del Amor de Cristo Jesús a través de encuentros místicos que han quedado reflejados de alguna manera en sus escritos (Las Moradas o Castillo Interior).

A Teresa de Jesús le debemos la reforma del Carmelo. Ella, con un pequeño grupo de monjas -cuatro, que más adelante llegará hasta 13-, decide fundar en pobreza. Se traslada a una casa pobre, a la que pone bajo la protección de San José y comienza un nuevo estilo de vida, donde la oración toma una nueva perspectiva, se hace misionera. Este punto me ha llamado mucho la atención. Las carmelitas descalzas que más adelante se localizarán en distintos puntos de España -hasta 16 conventos llegó a crear- y del  mundo, usan la oración con un talante misionero. No olvidemos que en el tiempo de Teresa de Jesús (siglo XVI) eran frecuentes las idas y venidas de misioneros al nuevo continente descubierto por Cristóbal Colón. Tampoco olvidemos que santa Teresita de Lisieux, patrona de las Misiones, era carmelita, y nunca abandonó el convento.

El tiempo que le tocó vivir a santa Teresa de Jesús, por otra parte, fue muy convulso, estaba en plena efervescencia la rebelión de los protestantes y la separación de éstos respecto de la Iglesia católica.Y Teresa y sus monjas aúnan el discernimiento de los signos de los tiempos, la oración, y la misión. Santa Teresa no se evade, conoce la realidad y la pone a los pies de Cristo Jesús. Esa realidad llevada a la oración, se convierte en impulso misionero; y Teresa funda conventos con una alegría y una paz arrolladoras, a la vez que con un cuerpo -el suyo- debilitado por la enfermedad, que, por otro lado, será una constante en su vida.

Doctora de la Iglesia, escritora y mística, Teresa de Jesús nos ha dejado un legado impresionante que conviene desempolvar. Acabo con unas palabras del arzobispo Ricardo Blázquez, con motivo de la apertura del V Centenario: "Teresa de Jesús fue una mujer de humanidad arrolladora, de excelente
pluma, de desbordante actividad, de una capacidad admirable para descubrir la presencia del Señor, entre los “pucheros” (cf. Fundaciones 5, 118), para adentrarse en los itinerarios más íntimos del hombre con un instinto penetrante en el análisis y certero en la valoración, para recorrer los caminos en carromatos y pasar malas noches en malas posadas. Estaba tan presente en el mundo como embebida en la conversación con Dios. No se desentendía de las cosas ni secularizaba su corazón. Ella nos enseña que cuando las palabras se secularizan es señal de secularización del espíritu y de la vida, cerrando de esta forma la vía a la evangelización".


"En la cruz está la gloria, Y el honor,
Y en el padecer dolor, Vida y consuelo,
Y el camino más seguro para el cielo." (Teresa de Jesús)






martes, 2 de diciembre de 2014

María, ¿sabías?

Este video está arrasando en You tube. Lleva 13.625.500 visitas en unos pocos días. Os dejo la letra de la canción, el grupo que la canta es Pentatonix.

¿María sabías? 
María, ¿sabías que tu bebé caminaría un día sobre el agua?
María, ¿sabías que tu bebé salvaría a nuestros hijos e hijas?
¿Sabías que tu bebé vino para hacerte nueva?
Que ese niño que tú diste a luz, pronto te traería a la Luz
María, ¿sabías que tu bebé dará la vista a un hombre ciego?
María, ¿sabías que tu bebé calmará una tormenta con su mano?
¿Sabías que tu bebé ha caminado por donde los ángeles pisaron?
Que cuando besabas a tu pequeño niño besabas el rostro de Dios.
¿María, sabías? ¿María, sabías?
Los ciegos verán, los sordos oirán
Los muertos volverán a vivir
Los paralíticos saltarán,
Los mudos hablarán las alabanzas del Cordero.
María, ¿sabías que tu bebé es el Señor de toda la creación?
María, ¿sabías que tu bebé gobernará un día las naciones?
¿Sabías que tu bebé  es el Cordero Perfecto del cielo?
Que el Niño dormido que sostienes es el Gran YO SOY