domingo, 10 de enero de 2016

Jesucristo es la Palabra definitiva de Dios (evangelio 11 enero 2016)

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: -«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio.» Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: -«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él. (Mc1, 14-20)

Después del bautismo de Jesús y del encarcelamiento de Juan el Bautista, Jesús empieza a predicar en Galilea y comienza a anunciar que el reino de Dios está cerca, que se ha cumplido el tiempo. Parece que Jesús da una visión apocalíptica, como si el final de los tiempos estuviera ya aquí. Y en cierta forma, así es, pues con Cristo Jesús todo ha sido cumplido. Todo ha llegado a su cumplimiento. En Jesús se cumplen las Escrituras, lo dicho por los profetas. En este sentido con Jesucristo se ha cumplido el tiempo. De hecho, Jesús dirá en la cruz: “Todo está cumplido”. ¿Y qué es a lo que Cristo Jesús ha dado cumplimiento? Pues, con su entrega en la cruz, con su entrega sacrificial, Jesús ha cumplido lo anunciado por Isaías, por Zacarías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Miqueas,.. Un enviado de Dios, un Mesías nos ha nacido -hemos celebrado hace poco- y nos ha abierto las puertas del cielo, cerradas por el pecado del hombre. Pero Jesús ha hecho algo más, nos ha mostrado el amor incondicional del Padre por cada una de sus criaturas -desde ahora sus hijos-, permitiendo que su Hijo amado entrase en el sufrimiento más atroz por amor al hombre.

¿Y qué reino anuncia Jesús? Jesús usa parábolas para dar a conocer ese reino, dice que el reino de Dios se parece a un grano de mostaza que se convierte en un árbol espléndido donde anidan los pájaros, dice que es como un poco de levadura que fermenta toda la masa ... Verdaderamente el reino que Jesús anuncia es una Persona, es el mismo Padre Dios, Abbá, al que Jesús nos ha enseñado a llamar “Padre”.

Será en la parábola del hijo pródigo donde veremos realmente cómo es ese Dios para con nosotros: misericordioso, amante, paciente, en espera del hijo amado. En definitiva, el reino que Jesús anuncia es Dios mismo, o lo que es igual, es Jesucristo mismo, imagen del Padre en la tierra. Dirá Jesús a Felipe: “Felipe, tanto tiempo conmigo ¿y aún no me conoces? Quien me ve a mí ve al Padre, ¿Por qué dices “muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí?” (Jn, 14, 7ss). Jesús es la palabra definitiva del Padre. Dios sólo ha pronunciado una Palabra y esa Palabra es Jesucristo. En él está compendiado todo el mensaje de Dios a los hombres.


Por último, Jesús en el evangelio de hoy mira a Simón y a Andres, a Santiago y a Juan, y les llama, e inmediatamente lo dejan todo, lo que estaban haciendo, sus obligaciones familiares incluso, y le siguen. Debía ser absolutamente arrolladora la persona de Jesús... algo fascinante. Y llama la atención ver que a quienes busca son gente “insignificante”, Jesús para anunciar algo grande, que el reino está cerca, que necesitamos buscar a Dios en nuestras vidas, que hay que aborrecer el mal y abandonarse al cuidado del Padre, para ello, el Señor elige a pescadores, a publicanos, a prostitutas, a gente de mala vida... ¿por qué? Porque la Palabra de Dios se expande sola, no necesita de grandes inteligencias, sólo necesita de un corazón abierto para dar fruto. Por eso Jesús escoge lo que no es, para que quede de manifiesto que la obra es de Dios. 

jueves, 7 de enero de 2016

Reyes Magos: Benditos los que vienen en nombre del Señor



















Como todos los años, ya es tradición, hemos ido a ver a los Reyes Magos en la parroquia. Y como todos los años, los Reyes Magos de Oriente han tenido una palabra para cada familia que se ha acercado a ellos. Este año, como el pasado, nos ha tocado Baltasar. Almudena, mi peque de siete años, me preguntaba durante la celebración... mamá, ¿estos son los de verdad o son otros? Yo casi no sabía qué contestar.. hay tantos reyes magos durante estos días (los del cole, los de la parroquia, los de la cabalgata de Madrid, de Mahadahonda, etc...) que ya no sabe una con cuales quedarse. Tras la duda, vino la certeza: sí, son éstos, le contesté, porque estos tienen palabras de vida eterna, y eso sí que vale.

Y cuando nos tocó, después de una  hora de espera, más o menos, nos pusimos todos, los once, alrededor de Baltasar. Y comenzó la fiesta. "Me acuerdo de esta familia -nos dijo sonriendo, a modo de bienvenida el rey negro con la cara embadurnada y unos ojos chispeantes que hablaban por sí solos-. "Estáis más altos, más guapos, cómo vais creciendo... ¿también habéis crecido en sabiduría y justicia, ante los ojos de Dios? dijo clavando su mirada en los hijos mayores. ¿Qué necesitáis? ¿Qué le pedís a este Rey Mago, para que se lo presente a Dios?". Nazareth, dieciocho años, parapetada tras su sonrisa, preguntó a Baltasar como para salir del paso...¿pero a qué se refiere, a cosas materiales, o espirituales?.

- Lo que tú necesites.

- Pues yo le pido a Dios paciencia.

-Paciencia... paciencia ¿para qué? ¿no puedes con tus hermanos, con tu madre, con tu padre? Te parece que son insoportables, que te quitan tu espacio, que no saben tratarte... Ellos tendrán sus cosas, sus limitaciones, y tú tienes que quererlos así, como son, también en su debilidad. El Señor te los ha puesto ahí para tu conversión. Para que le busques a Él, que es el único que te dará la verdadera paz. . Para ser paciente necesitas estar cerca de Dios, acercarte a Él, dejarte querer por Él. Cuando uno está lleno del Señor, del Espíritu santo, entonces ya la paciencia, como las otras virtudes, te saldrán solas, porque entonces ya no eres tú, es Cristo quien habita en ti. Entonces podrás ser paciente, amable, servicial, humilde, buena, y te saldrá sin esfuerzo. Entonces ya no verás tu casa como un infierno, sino como la antesala del cielo, y tu realidad será la misma, pero la que habrás cambiado serás tú. Por la fuerza del Espíritu que habita en ti. Eso es lo que le tienes que pedir a Dios, que venga a tu corazón, que se haga carne en ti igual que se ha hecho carne en el niño de Belén.

Baltasar fue desgranando poco a poco las necesidades de cada uno... Rocío y Teresa se apuntaron también al carro de la paciencia, por aquello de salir del paso con rapidez.
Victoria, 14 años, añadió una variante: "le pido a Dios paciencia, alegría y generosidad".

- "Sí, es importantísimo ser agradecido, le tenemos que dar tantas gracias a Dios, por lo que nos da, y por lo que no nos da. Todo,todo, nos viene de Él. Si nos diéramos cuenta de esto... de Su generosidad para con nosotros... entonces, seríamos felices. Porque desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, estamos experimentando su Amor, continuamente. Si pudiéramos tener conciencia de esto... todo sería tan diferente.

Después le tocó el turno a Miguel y a José, 21 y 22 años respectivamente. Miguel, pidió humildad. Y la pidió sinceramente, porque cuando el Rey Mago le preguntó, porqué pedía esto, Miguel lo razonó de esta forma: "Le pido a Dios humildad porque no soy humilde, porque creo que siempre tengo la razón en todo".

-Muy bien Miguel. Ya es un paso importante darse cuenta de que uno no es humilde. Es decir, que como todos nosotros, eres un soberbio. Esta es la realidad. Pues te diré que la soberbia es el principio de otros pecados que vienen con ella: la lujuria, la pereza, el egoismo, la insatisfacción permanente, la increencia, etc, Y para atajar todo esto, para acabar con la soberbia, el principio de todo mal, te diría que hicieras lo que hizo María, que en el Apocalipsis aplasta la cabeza de la serpiente (que representa al Maligno). María aplastó la cabeza de la serpiente con su humildad, diciéndole al ángel de Dios: "Hágase en mí, según tu Palabra". Esto mismo es lo que te invito a que tú hagas también, aplastar la cabeza de la serpiente y pedirle a Dios que se haga en ti su voluntad. Para eso, para arrancar el mal de tu vida, tienes que volverte a Dios, es decir, confesarte. Dejarle todos tus pecados al Señor, a los pies de la cruz.


-¿Y tú, Jose, qué le pides a este niño, que ha nacido hoy para ti?
-Yo le pido fe, y alegría.
-¿Rezas?
-Últimamente, poco.
-No, di la verdad, no estás rezando nada. Por eso te falta fe. La oración es el alimento de la fe. Necesitamos orar, ser personas de oración. Ese encuentro con el Señor en la oración es lo que nos da la fuerza para creer y para tener dentro de nosotros esa alegría, ese gozo que ahora echas en falta. Y dime, Jose, ¿para qué quieres la fe? ¿qué es lo que te da la fe?
-Alegría.
-No, lo que te proporciona la fe es Vida eterna. El que cree, ya está salvado por aquel que nos amó primero. Por eso es tan importante experimentar esta vida dentro de nosotros, este caudal de agua viva que lleva hasta la Vida con mayúsculas. Yo te animo a que te confieses, y en la confesión, le pidas a la Iglesia, la fe. Ella es la única que te la puede proporcionar. Díselo así a tu confesor. Necesitas que la Iglesia te dé la fe. Pídela, y la Iglesia te la dará.

Yo me había sentado al lado de Baltasar, y estaba embelesada, porque verdaderamente hablaba con sabiduría. Yo escuchaba, y asentía. Y de repente, me tocó el turno a mí. Ya tenía preparada mi petición, la misma que la del año pasado, y la respuesta, también fue parecida. Debe ser que aún no me he enterado bien de qué va la película...

Y la madre, ¿qué le pide al Señor hoy?
-Yo quiero que mis hijos estén todos en la Iglesia.

Al Rey Mago se le dibujó una gran sonrisa en la boca, y dijo, medio carcajeándose... "¡¡¡tú lo que quieres es no sufrir!!!
Tú quieres que estén en la barca de la Iglesia, libres de todo peligro... pero no todos los que están en la barca son fieles, pueden estar en la Iglesia y no haberse enterado de nada. Tú pídele al Señor que tus hijos le busquen sinceramente, y que sean personas según el corazón de Dios, y ya está. Y libérate, sé libre, sé libre de tus afectos hacia tus hijos, porque en el fondo, tú tienes miedo a sufrir, a que se pierdan en el mundo. Y tienes que tener cuidado con esto, porque esto es un engaño del Maligno muy sutil. Ellos son hijos de Dios, Él ha hecho una promesa con vosotros, Dios es fiel y no dejará que se pierdan. No tengas miedo. En el fondo, con esta actitud tuya estás dudando de Dios, del Amor que Dios te tiene y les tiene. No tengas miedo y confía en Dios".

Qué más puedo decir? Después de esto sentí una gran liberación. Un gran peso de encima se me acababa de quitar. Es cierto que tengo que confiar más en Dios, que en el fondo hay un problema de fe. Ellos son hijos de Dios,y herederos del cielo, y el Señor hará su obra con ellos, como la está haciendo conmigo. Confiar y amar. Benditos reyes magos. Benditos los que vienen en el nombre del Señor.


Postdata.  Jose Manuel, mi marido, pidió paciencia y poder amar más, entregarse más a su familia. Y Baltasar, con la sabiduría que le caracteriza, le vino a decir que le veía igual que a mí, con miedo a que sus hijos se perdieran. Que confiara en Dios.













martes, 5 de enero de 2016

Luis Ángel De las Heras (presidente de la CONFER: "Dios sigue enamorando"




A punto ya de terminar el Año dedicado a la Vida Consagrada, Luis Ángel De las Heras, claretiano y presidente de la CONFER, reflexiona sobre lo que ha supuesto este acontecimiento para los consagrados, y por ende, para toda la Iglesia.

La vida consagrada es un don para toda la Iglesia. Me encantaría que nos hablase de la llamada de Dios sobre cada consagrado.

Se suele decir que cuando una persona se enamora de otra no hay una explicación clara sino que sencillamente eso se ve, uno lo sabe, lo descubre, y la relación entre Dios y el consagrado es una relación de enamoramiento. ¿Cómo sabe uno que Dios le llama? Pues -piensas-en este momento lo sé, me doy cuenta, me siento cautivado. Dios sigue enamorando en estos tiempos y cautiva. Las personas consagradas se sienten enamoradas de Dios y dispuestas a que Él llene toda su vida y la oriente para entregarla. Con el consagrado Dios cuenta enteramente, de corazón, de tiempo, de alma y de espiritu. El modo de vivir del consagrado, además, es un modo de vivir cercano a la vida de Jesús, y para ello hay que tener mucha libertad de espíritu y estar muy seguro de que es Dios quien te está cautivando.

El papa Francisco ha propuesto el año 2015 como Año de la Vida Consagrada, y me gustaría que explicase- pensando en los cristianos de a pie- quienes son las personas consagradas, cómo viven y cual es su misión.

Todas las personas consagradas tienen un estilo de vida distinto al habitual, en el sentido de que no se casan, no tienen bienes propios -o si los tienen no los usan-, y además, aceptan tomar decisiones sobre su vida hablando con otros, sin decidir solos, sino en diálogo con otras personas. Los consagrados hacen votos de castidad, de pobreza y obediencia. El no casarse no es por el hecho de vivir solos sino por el hecho de darse enteramente a la gente sin tener un amor exclusivo, y además con la opción de poder amar a todos por igual, sin mostrar preferencias. El no poseer o no tener bienes propios es una opción que acerca al modo de vida de Jesús, igual que no casarse o decidir en comunión. Casi todas las personas consagradas vivimos en comunidad, porque al coincidir en un estilo de vida común, nos ayudamos mutuamente desde la fraternidad comunitaria. Dios sigue enamorando en estos tiempos y cautiva. Las personas consagradas se sienten enamoradas de Dios y dispuestas a que Él llene toda su vida y la oriente para entregarla. El evangelio del joven rico es ilustrativo de cómo puedes aceptar esa llamada de Dios o no, en tu libertad, porque Dios lo primero que nos deja a todos -después de amarnos- es la libertad. Y en esa libertad uno puede decir, bueno, lo sigo más de cerca o lo sigo de otra manera.




 “Se ha logrado impulsar la vida consagrada, no ponerla en un pedestal, porque no tiene que estar ahí, pero sí ayudarla a ser lo que tiene que ser”


“Es el Espíritu el que dice cuando una forma de vida tiene que transformarse, terminar, o continuar de otro modo, no las personas”.



¿Cuál es su balance de este Año dedicado a la Vida Consagrada?

Es un balance muy positivo. Este año se han conseguido varias cosas importantes, la primera es que la vida consagrada ha sido respaldada por toda la Iglesia, arropada, acompañada. En algunos lugares la vida consagrada no estaba siendo bien considerada, o muy atacada o criticada, como si hubiera perdido el norte... y en este año hemos visto que la Iglesia ha puesto a la vida consagrada en su valor. Al mismo tiempo, la propia vida consagrada ha despertado de una situación de noqueo, se sentía decepcionada, desesperanzada en cierto modo, mirándose mucho así misma en sus problemas: somos mayores, tenemos pocas vocaciones, diferencias entre nosotros, en la Iglesia hay gente que no nos aprecia... Este Año ha servido entre otras cosas para que las personas consagradas hayan despertado y digan: vamos a dejar de mirarnos a nosotros mismos, vamos a ver qué podemos hacer. Ha sido un gran impulso el que se nos ha dado.

¿Han hecho memoria de la propia historia, como pedía el Papa Francisco?
Sí, por supuesto.


He leído la Carta Apostólica del Papa Francisco a los consagrados, y es muy esperanzadora. Francisco, recogiendo las palabras de Benedicto XVI, dice, por ejemplo: “No os unáis a los profetas de desventuras que proclaman el final o el sentido de la vida consagrada, más bien revestíos de Jesucristo (...) reemprendamos siempre nuestro camino con confianza en el Señor”.

Efectivamente, Benedicto XVI lo denunció; los profetas de desventuras son los que dicen “la vida consagrada ha llegado al final, tiene que terminar, y ahora vendrán otras formas de seguir a Jesús”, pero Benedicto XVI y el Papa Francisco nos han dicho que no nos dejemos llevar por esta idea. Es verdad que algunos religiosos pensaron, con la mejor de las voluntades, que a lo mejor había que terminar. Pero eso se llama eutanasia, activa o pasiva. Y esto lo he sostenido en varios foros: si la Iglesia lucha contra la eutanasia, está clarísimo que no debe permitir la eutanasia dentro de una de sus formas de vida. Eso estaba ocurriendo. Y me parece injusto. Las personas no somos quienes para decir cuando una iniciativa del Espíritu tiene que continuar o debe terminar; nosotros somos gente de Iglesia y gente de fe, y tenemos que saber que es el Espíritu el que dice cuando una forma de vida tiene que transformarse, terminar, o continuar de otro modo. Pero hemos sido nosotros los que hemos estado diciendo estas cosas, no desde una perspectiva de fe, sino desde valoraciones muy humanas, respetables, pero erróneas.Y yo agradezco que Benedicto XVI hiciera este llamamiento y que el papa Francisco lo haya recogido. Ya el papa Juan Pablo II -lo cita también Francisco- en su Carta Vita Consecrata n.110 decía, en el año 96: “vosotros, religiosos, tenéis una gran historia que contar, pero también una gran historia que construir”. Es decir, mirad al futuro, que es del Espíritu.


El Superior de los Carmelitas Descalzos, Miguel Marquez, en unas Jornadas de la CONFER ha dicho cosas muy interesantes: “Los santos nos buscaban estrategias para irradiar luz, no estaban obsesionados por dar testimonio, hay que hacer experiencias de silencio, y vivir desde la raíz, buscar a Dios, escuchar a Dios y despojarnos de nosotros mismos... necesitamos urgentemente desamortizarnos”.

Sí, Miguel hace mucha referencia a estar centrados en la oración, a estar centrados en Dios. Todo lo que hacemos los consagrados no lo podemos hacer si no estamos centrados en Dios, y esta es la tesis que de mil maneras hemos ido repitiendo a lo largo de este Año. El Papa también lo dice: hacéis grandes proyectos vocacionales, pero lo que importa de verdad es que viváis conectados al Señor, y estando conectados con el Señor seréis personas alegres, irradiaréis la alegría de vuestra vocación y del seguimiento de Jesús y del evangelio, y eso no hace falta que lo preparéis y lo programéis, porque saldrá espontáneamente si realmente sois auténticos.

Uno atrae cuando es feliz, cuando es alegre, cuando vive auténticamente...


-Sí. Lo que pasa es que en eso de la atracción yo también tengo mi particular experiencia. Yo pienso que hay consagrados y consagradas muy auténticos que viven insertos en este mundo y conectados a Dios de una manera admirable y extraordinaria, y sin embargo, son admirados pero no atraen, porque aunque la atracción es verdad que se da de ese modo y no de otro, porque si una persona no está convencida, no es auténtica, no es alegre... no es atrayente, sin embargo, cuando se da esto, a veces son admirados, pero no seguidos. Porque además, ahí entra el misterio de la relación entre Dios y cada persona, y hace falta que la persona esté dispuesta a escuchar el mensaje, ¿busco esta manera de entender la vida? De hecho ha pasado en algunos lugares que cuando la presencia religiosa se ha marchado de allí, la gente lloraba por esa ausencia, y sin embargo estando ahí, estos consagrados no habían conseguido atraer a su forma de vida a otras personas. Reconozco que esas presencias eran muy hermosas, y ayudaban a la gente que vivía ahí a ser mejores personas, y ayudaban a ese pueblo a vivir en mayor armonía, a tener mejores sentimientos. Eso es evangelizar. Comento esto porque el Papa ha dicho que nosotros los consagrados creceremos por atracción, y Benedicto XVI también decía que la Iglesia crecerá por atracción, si somos convencidos, alegres, felices... pero yo digo, depende. Nosotros debemos ser coherentes por nosotros mismos, por ser fieles a lo que hemos sido llamados.       
                                                                              

                                                                                                Victoria Luque.

sábado, 2 de enero de 2016

Que brille tu rostro sobre nosotros, y nos salve


La verdad es que este 2015 que se va ha sido un año agridulce. He aprendido mucho, y también he sufrido mucho. Creo que en este año el Señor ha esperado pacientemente que el fruto madurase, y no le han dolido prendas, ha permitido tribulaciones, angustias, dolor... para que vea lo que hay en mi corazón. He visto lo débil que soy, cómo me dejo llevar por las emociones hasta un punto que yo desconocía... cómo puedo hacer daño con la palabra, cómo mi lengua se desboca y dice cosas que no quiero decir... Ahora, -creo-, veo realmente lo poco que soy, y la gran misericordia que Él tiene conmigo, cada día. En todo este trayecto noto una pérdida muy seria, la de la alegría. Ese gozo profundo que años atrás sentía, y que ahora parece haberse esfumado. Desvanecido. Y esto me apena, y mucho. Porque no quiero perder la alegría, la esperanza gozosa de que todo tiene un sentido. Que El saca bien, incluso del mal. Esto es así, y a esto me aferro con toda mi alma. 


Hoy, en este nuevo año, te pido Señor que me devuelvas la alegría de la salvación, esa certeza de que Tú estás detrás de todo lo que me pasa. Hoy quiero recordarte también que un día nos hiciste una Promesa. Te comprometiste con nosotros, con Jose y conmigo, hiciste una alianza, tú estarías a nuestro lado, precediéndonos, abriéndonos caminos, todos los días, hasta nuestra muerte. Tü te comprometiste a cuidar de nuestros hijos, que son tuyos, tú te comprometiste a abrir el mar a nuestro paso, tú eres el que hoy ha de apaciguar las aguas y recordarnos que no tengamos miedo. Mira cómo está el mar de bravío, mira... que son hijos de la Promesa. No son hijos de la esclava, son hijos de la libre. Señor, que yo pueda ver en este nuevo año, tu misericordia y tu amor. Que lo pueda ver en nuestra familia.

Señor, que brille tu rostro sobre cada uno de nuestros hijos, y los salves. Que ninguno se pierda. Me acuerdo ahora de que el año pasado, en la celebración de los Reyes Magos, en la parroquia, cuando nos acercamos al rey Mago -creo que Baltasar-, éste me preguntó: ¿Qué me pides, para que te obtenga, de parte de Dios? Yo, sin dudarlo, le espeté: Que mis hijos estén todos en la Iglesia. Y él, prudente, me contestó: Tú lo que quieres, es
no sufrir. Y es verdad, lo reconozco. No quiero sufrir. Creo que la prueba este año, y los años anteriores, ha sido dura. Y necesito, necesitamos un respiro. Señor, cuídalos tú. Muéstrate propicio. Tú sabes lo que hay en su corazón. Tú sabes cómo apacentarlos. Mira que al ciego que estaba al borde del camino, te acercaste tú, él no te pidió nada, fuiste tú quien, porque sí, le devolviste la vista. Esto mismo te pido para quienes tú sabes. Y a mí dame humildad, prudencia, y sabiduría. No quiero ser un estorbo en tu obra.