sábado, 27 de febrero de 2016

Se le echó al cuello y lo cubrió de besos (Evangelio 27 febrero 2016)


En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: – «Ese acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: – «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo,se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. ”
Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.”
Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.” Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.” El se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.”
El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”». Lucas 15, 1-3. 11-32
A mi forma de ver este evangelio es una de las Palabras más conmovedoras que pronunció Jesús a sus contemporáneos, y por extensión, a todos nosotros. Es la radiografía del Padre, de las entrañas de nuestro Padre que no le importa perder la compostura cuando su hijo querido vuelve a su casa. Destrozado, pero vuelve. Y se le echa al cuello y lo besa… ¿imaginamos nosotros así a nuestro Padre Dios? Esta imagen es absolutamente rompedora, impactante. Y ese es el retrato que hace Jesucristo de su Padre, y Padre nuestro. Dios espera pacientemente a cada uno de sus hijos amados. Y no sólo espera, sino que a la vez ama con una ternura tal que llega a exasperar al hijo mayor, justiciero, cumplidor, y nada misericordioso.
 El Padre no le niega la libertad al hijo menor, le deja ir, aunque su corazón quede machacado por la ofensa… el hijo menor le pide al padre la herencia, lo que le corresponde en justicia, pero se lo pide en vida, todavía el padre no ha muerto, y esto es como si le dijese, “no me importas en absoluto, no quiero compartir los últimos años de tu vida contigo, dame lo que me corresponde y hasta nunca”. A pesar de la ofensa, el amor del Padre es más grande… otro de los evangelistas, relatando esta parábola dice que el padre salía al caer la tarde a la puerta de su casa, y miraba a lo lejos, para ver si su hijo aparecía… Dios escribe con renglones torcidos… el hijo menor tuvo que sufrir, padecer penurias para darse cuenta de lo bien que se vive en la casa del Padre. Y se me ocurre que muchas veces nosotros, padres, estamos tan preocupados por que el hijo permanezca en la Iglesia -porque es verdad, ahí es donde hemos encontrado la Vida-, que nos olvidamos que hay Uno que tiene mucho más interés que nosotros mismos en dárselo todo, la máxima dignidad, el vestido, el anillo, las sandalias… la dignidad de hijo de Dios. Así que, confiemos, que Dios sabe más que nosotros. Él, igual que está haciendo la obra con cada uno de nosotros, la hará también con ese hijo que puede que esté perdido, pero será encontrado.
Victoria Luque.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Amantes: cuando el sexo espera

Quemar etapas nunca es bueno. Todo tiene su tiempo, su momento. Hoy, en nuestra sociedad marcada por el consumo y las prisas, parece que los adolescentes y los jóvenes tienen que correr porque van a perder no sé qué tren... No, hay que saber decir no, y esperar. Y no es cuestión de ser un carca. Es cuestión de sensatez. Cada uno de nosotros tiene una dignidad, somos seres únicos e irrepetibles,  creados para amar y ser amados, plenamente. No somos objetos de usar y tirar.

Lamentablemente, esto que digo muchas veces se aprende a fuerza de sufrimiento, de errores que después no tienen marcha atrás. Pero aún en ese caso, aún en el caso de haberse uno dado a la persona equivocada, con prisas y sin amor verdadero, aún en ese caso, se puede volver a comenzar. Se puede recuperar la dignidad perdida. La inocencia. La pureza. No estoy diciendo tonterías. El estar a gusto con uno mismo, y sentirse realmente querido es posible. Tengo cerca de mí a personas que lo están intentando, que lo están consiguiendo. El Señor hace nuevas todas las cosas, a pesar incluso de los errores que nosotros mismos hayamos podido cometer. Él es así. Nos ama y nos devuelve nuestra verdadera identidad de hijos de Dios y herederos del cielo.





Después del éxito viral de los vídeos “Amantes” y “Amantes II: sólo para
enamorados”, este año, de cara al próximo 14 de febrero queremos lanzar el vídeo
“Amantes III: cuando el sexo espera” http://www.arguments.es/comunicarlafe/amantes-
cuando-el-sexo-espera/

Se trata de un nuevo proyecto de la productora Dos Cincuenta y Nueve Films que
muestra el valor de la espera, hasta el matrimonio. Los que han hecho el vídeo están
muy contentos de que participen y se sumen al proyecto todos aquellos a los que les
guste la idea. Si compartís el vídeo en vuestra web/ blog, podéis acompañarlo de un
texto explicativo, una reflexión, etc. Acordaos de compartirlo, no descargarlo y subirlo
después a vuestro sitio, para que computen visitas en el canal de YouTube.

lunes, 1 de febrero de 2016

Espíritu inmundo, sal de este hombre (Comentario al evangelio, 1 de febrero 2016)

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo. Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.
Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente: -«¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes». Porque Jesús le estaba diciendo: -«Espíritu inmundo, sal de este hombre». Y le preguntó: -«¿Cómo te llamas?» El respondió: -«Me llamo Legión, porque somos muchos». Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca. Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: -«Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos». Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar. Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado.
Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su comarca. Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: -«Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti». El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.(Marcos 5, 1-20)

En realidad, Jesús en esta ocasión, lo que hace es practicar, simple y llanamente, un exorcismo. Jesucristo echa fuera a una legión de demonios que maltrataban a una persona obligándola a vivir como un animal, desarrapado, sin casa, sin familia, sin comida, malviviendo en los montes, entre las tumbas...sin dignidad. Una de las características de las posesiones demoníacas es que la persona poseída tiene una fuerza física extraordinaria, y esto le ocurre también al geraseno, nadie podía dominarlo, dice el evangelio, sujeto con cepos y cadenas, él los rompía y se echaba al monte, o pululaba entre los sepulcros.  Y otra característica de la posesión es que el poseído en el momento en que entra en trance, se autolesiona, por eso los exorcistas tienen que “atar” de alguna manera al poseído para que no se haga daño a sí mismo en esta situación extrema. Y el geraseno también se heria con piedras, dice el texto.
Y los demonios que habitaban en aquella persona, se someten a Jesús, al que reconocen como hijo de Dios.Y se postran ante él. Dios tiene poder sobre cualquier espíritu inmundo, hermanos, no olvidemos esto nunca: ante el nombre de Jesús, toda rodilla se dobla en el cielo, en la tierra, y en los abismos, y  toda lengua proclama Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre (Filip. 2,10). Y el Señor les echa fuera de aquel hombre. Son legión, porque son muchos, y con el permiso de Jesús van a habitar en los cuerpos de una piara de cerdos. ¿Y qué les ocurre a los cerdos? Que por la fuerza del mal que está dentro de ellos, se despeñan y se ahogan en el mar.  Es decir, los demonios lo que provocan siempre es el mal, y el daño físico y moral para el poseído. Dice la Escritura que “cuando el espíritu impuro sale del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, pero no lo halla. Entonces dice: “Volveré a mi casa, de donde salí”. Cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus PEORES QUE ÉL, y entran y habitan allí; y el estado final de aquel hombre viene a ser peor que el primero.” (Mateo 12:43-45). ¿Y qué armas tenemos nosotros los cristianos para que estos espíritus inmundos no lleguen a habitar dentro de nosotros? La principal, el bautismo, pero éste ha de estar “en movimiento”, quiero decir, que este sacramento recibido ha de estar nutrido por la gracia, por la oración, la confesión frecuente, la comunión eucarística. No debemos hermanos abandonar las armas de la fe, ni la invocación del nombre de Jesús, ante cuyo nombre toda rodilla se dobla en los cielos, en la tierra y en los abismos. Jesús. Jesús. Jesús.
Y el endemoniado, una vez que los demonios salen de él por la fuerza del poder de Jesucristo, apareció ante sus paisanos, sentado, vestido, y en su juicio. Es decir, recobra su identidad, su naturaleza perdida de hijo de Dios. Y el geraseno desea seguir a Jesús, dejarlo todo y seguirle, pero Jesús le conmina a que vaya con los suyos y cuente lo que le ha sucedido. Es decir, que sea testigo del amor que Dios le ha tenido, devolviéndole su dignidad. Así también nosotros, cuántas veces hermanos, deberíamos o debemos ser testigos de esa renovación interior que experimentamos cuando nos acercamos al Sacramento del Perdón. Ahí, delante del sacerdote, en el nombre de Jesucristo, salen huyendo todos los demonios y la gracia del Espíritu es derramada sobre cada uno de nosotros. por la fuerza y el poder de Jesús.