jueves, 29 de septiembre de 2016

Reina de la Paz, ruega por nosotros

Sor Enmanuelle es una monja que vive en Medjugore, desde hace 25 años. Conoce muy bien las apariciones de Maria, en Medjugore. Esta monja ha estado recientemente en España, y lo que ha dicho queda recogido en este vídeo. No tiene desperdicio.

lunes, 19 de septiembre de 2016

La fe entra por el oído (comentario al evangelio 19 septiembre 2016)

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
-«Nadie que ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama, sino que la pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público.
Mirad, pues, cómo oís, pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener». (Lucas 8, 16-18)

Recuerdo clarísimamente, como si fuera ayer, que este evangelio me salió al azar durante la peregrinación a Colonia de 2005, íbamos a ver al Papa Benedicto XVI, en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud. Entonces, en el autobús, cuando se proclamó este evangelio dirigido a mí personalmente, me sentí tocada y "hundida". Me removió por dentro porque yo no sabía cómo ponerlo en práctica. Era consciente de que había recibido mucho, y de que el Señor me pediría cuenta de los dones recibidos... y yo tenía la sensación de que estaba escondiendo la lámpara, mi lámpara, debajo de la mesa. Este evangelio me ayudó a coger en peso mi vida y mi historia personal. Me ayudó a fiarme de Dios, a confiar en Él. Y a dar el paso. Lo demás, lo hace Él. Él es el que toca los corazones, yo sólo tengo que dejarle hacer, y ponerme en sus manos. Esto cuesta, sí, pero cuando lo haces, sientes que eres llevada por una fuerza superior a ti, que formas parte del engranaje de Dios, y eso te llena de alegría.

La fe es algo muy delicado, es un don precioso que hay que cuidar. No vale decir, "yo tengo fe", y vivir la vida como si no la tuvieras. La fe implica una exigencia de vida, y parece una contradicción pero es cierto lo que dice Jesús, "al que tiene, se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener", ¿cómo es esto? pues creo que es de las pocas "cosas" en la vida que cuando la das, te revierte aumentada. Es muy curioso y muy gratificante. El Espíritu santo se encarga de que nuestra vasija esté siempre llena, a rebosar, si verdaderamente damos un paso al frente y ofrecemos gratis lo que gratis hemos recibido. 
"Mirad, pues, como oís", porque la fe entra por el oído, por la predicación, por la Palabra escuchada, y una vez acogida, ha de ser puesta a disposición de nuestros semejantes. Y eso sale solo, no os preocupéis... ocupaos de escuchar y acoger. Lo demás, el Espíritu Santo lo hace. Él se encarga de que brote de la boca lo que tenemos en el corazón.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Bendecidos



Hace mucho que no escribo una entrada "personal", de esas que escribo para mí, para que no se me olvide cómo el Señor actúa en mi vida. Este verano hemos ido a Cañete La Real, Málaga, y ha habido un par de cosillas que quisiera tener presente a partir de ahora. Una es que somos una familia muy bendecida por Dios. Hace mucho tiempo que no rumio esta idea... una de las cosas que me llamó enormemente la atención casi al principio de iniciar el Camino fue la frase de Dios a Abraham: "Sé tú una bendición". Aquello se me quedó grabado a fuego. Yo quería ser una bendición para mi marido, para mis hijos, para los que tengo a mi alrededor, pero no sabía cómo hacerlo. Hoy, diecinueve años más tarde, una priora de un convento de clausura, perdido en el Sur de España, me decía, mirando a mi familia: "Sois muy bendecidos por Dios". Y es verdad. Él es el que nos bendice, el mérito es suyo. El Señor ha estado grande con nosotros, lo que pasa es que a veces se me olvida.  Nos ha regalado sin ir más lejos, amor y unidad. 

Nos hemos ido todos juntos de vacaciones, el mayor de nuestros hijos: 23 años, la pequeña, 8 años. Y entre todos nosotros se ha dado el amor y la unidad. Cuando la gente me pregunta qué tal las vacaciones, y les digo que nos hemos ido los once, se asombran. Parece algo extraño que nuestra familia no se haya desperdigado, desmembrado, yendo cada cual a lo suyo. Obra del Señor, sólo de Él. Y además es que, a pesar de todo lo que hemos pasado, que no es poco -enfados, desprecios, portazos, noches sin dormir, incomprensiones, desobediencias...- a pesar de todo este maremagnum que se nos ha venido encima en los últimos años, digo, sé a ciencia cierta que nos queremos. Incomprensiblemente es más fuerte el amor. Nos queremos, nos alegramos por el bien del otro, y nos buscamos. Nos perdonamos. Qué hay más grande que esto? Si el Señor no estuviera en medio, esto no hubiera sido posible. 

Pues en este encuentro que tuvimos con las monjas de clausura de Cañete La Real (vaya nombre) hubo otra cosa que quiero reseñar... las monjas nos dieron su testimonio, nos dijeron dos de ellas cómo había sido ese encuentro tan personal, tan único, con Jesús, en el que ellas habían experimentado en su corazón que Él las quería para sí. Y fue bonito, las dos africanas, las dos jóvenes, las dos dispuestas a dar la vida encerradas entre cuatro paredes, pero libres para abrazar y amar sin límite. Digo, una de ellas dijo, "mi vocación comenzó a los 8 años, entonces fue cuando recibí la llamada de Jesús a seguirle", en ese momento, oigo un susurro a mi lado, una voz pequeñita me decía: "como yo, yo también tengo 8 años". Ahí quedó eso. 



Al salir me dijo Almudena, reclamando mi atención: "mamá, yo quiero ser monja". Al día siguiente  me lo aclaró todo: "mi profesora Delia me preguntó un día, si yo quería ser monja, y yo no supe qué decirle, pero esto me tocó el corazón". Ahora, Almudena ratificaba esta inquietud que había estado rumiando desde tiempo atrás. Quiere ser monja. Quién sabe. El tiempo lo dirá. Dios lo dirá. Pero a mí me ha hecho ilusión ver cómo el Señor sigue removiendo, llamando, buscando personas que quieran escucharle.

Estas monjitas -la mayoría africanas- cantaron para nosotros dos cantos preciosos, en su lengua nativa, el suajili, emplearon instrumentos típicos de allí. Aquellos sonaba a gloria. Después nosotros, los once, con una guitarra prestada, cantamos el Shemá Israel, y "Joselito", de Camarón. Nos regocijamos todos. Ahí también estaba Dios, mimándonos.  Fue un encuentro muy, muy entrañable. Al despedirnos les pedimos que rezaran por nosotros, que buena falta nos hace. Almudena se quiso despedir de ellas el domingo siguiente, antes de volver a Madrid, y las saludó moviendo su mano, y diciéndoles adiós; ellas le dedicaron la mejor de sus sonrisas.




lunes, 5 de septiembre de 2016

Santa Teresa de Calcuta



Estamos de enhorabuena. La Iglesia está de enhorabuena.  Agnes Gonxha Bojaxhiu, albanesa (1910-1997), fundadora de las Misioneras de la Caridad -y de los Hermanos Misioneros de la Caridad, y de los Padres Misioneros de la Caridad- ha sido declarada Santa por la Iglesia Católica. Madre Teresa, por lo demás, es todo un referente para nuestros contemporáneos, cristianos y no cristianos. Llamada en Calcuta la “madre de los desamparados”, esta mujer de ojos vivos y sonrisa entregada, de cuerpo envejecido por los años -arqueado por el peso del dolor de tantos-, esta mujer, digo, se ha convertido en todo un icono del amor al otro. Tanto es así que se recuerda su funeral en Calcuta como un hecho sin precedentes. Millones de personas acompañaron el cortejo fúnebre por las calles de esta ciudad india a la que Kipling calificaría como “la ciudad de la noche espantosa”. Numerosas personalidades y jefes de Estado presentes en el funeral, reconocían con su presencia, en esa pequeña mujer la fuerza y la impronta de Dios. Allí estaban también sus queridas Hijas, y sus queridísimos pobres, en primera fila, esos a los que nadie consideraba, esos a los que dedicó hasta el último aliento de su vida. 


Los milagros. Declarada beata el 19 de octubre de 2003 por Juan Pablo II, ahora, trece años más tarde, el papa Francisco la declara santa, es decir, perteneciente a Dios, “propiedad personal de Dios”, hecha una con Aquel al que amó. Y han tenido que ocurrir dos sucesos extraordinarios para que la Iglesia dé el paso de declarar la santidad de Madre Teresa, el primero ocurría en 1998, Mónica Besra, madre de cinco hijos, animista, acogida por las misioneras de la Caridad en Roma tras haber sido desahuciada por los médicos, se curó inexplicablemente después de que una de las monjas le colocara sobre el pecho una imagen de Madre Teresa. El segundo milagro acaecía en 2008, cuando un brasileño -en fase terminal por graves tumores cerebrales- entró en coma y los médicos decidieron operarlo a vida o muerte. Pero la intervención quirúrgica se suspendió por problemas técnicos. Media hora después, al regresar a la sala de operaciones, “el médico se encontró al paciente sentado, asintomático, despierto, perfectamente consciente y preguntándose qué hacía allí” -señala el diario italiano Avvenire-; después se supo que la mujer de este enfermo le había encomendado a Madre Teresa.


Estos dos milagros la catapultarán al reconocimiento de su santidad, pero el mayor milagro que realizó Dios en Madre Teresa fue, sin duda, vivir como vivió. “Ama hasta que te duela -decía a sus Hijas-, si te duele es la mejor señal”. Pero ¿de dónde le venía a Madre Teresa esta urgencia de dar la vida por el otro, de amar en la dimensión de la cruz? Sin duda, de su unión íntima y personal con Dios en la oración. Sin embargo, habría que remontarse a su infancia para comprobar como ya su madre, Drana, mujer de profunda fe, inculcó en Teresa y en sus dos hermanos este deseo de sostener al desamparado. Drana, joven viuda, invitaba a su mesa -a pesar de su austera situación económica- a los más necesitados del lugar, y decía a sus hijos: “no comáis un solo bocado sin compartirlo con los pobres”. Drana, podría ser, efectivamente, si diéramos un salto atrás en el tiempo, la primera de las Misioneras de la Caridad de su hija Teresa. Por otro lado, también los misioneros jesuitas que llegaban desde India, a su pueblo natal Skopje, tuvieron mucho que ver en esta incipiente vocación de Teresa. Así, a los 12 años recibe una primera llamada, y a los 18 años ingresa en la Orden de las Hermanas de Loreto, en Dublín (Irlanda) quienes tenían una misión en India. Es así como Teresa -adopta este nombre como religiosa, dada su admiración por santa Teresa de Lisieux- dará el salto a Bengala, y allí durante veinte años se dedicará a la enseñanza, en el colegio St. Mary. 


Su “inspiración”. Después, el 10 de septiembre de 1946, en un tren con destino a Darjeeling, Teresa se sentirá profundamente amada por Dios, y le será revelado el significado de dos palabras que concentran todo el carisma de las Misioneras de la Caridad: “Tengo sed”. De esta experiencia mística no sabremos nada hasta cuatro años antes de su muerte, gracias a una carta cuaresmal escrita por Juan Pablo II sobre la sed de Jesús. Madre Teresa se sentirá movida a explicar su “encuentro” en la llamada Carta de Varanasi (25 de marzo de 1993): “Mis queridísimos hijos: Jesús quiere que os diga una vez más cuánto es el amor que Él tiene para cada uno de vosotros —más allá de todo lo que podáis imaginar— (…). No solo os ama; aún más, Él os anhela. Él tiene sed de vosotros.” Y continúa diciendo: “Hasta que no sepáis profundamente en vuestro interior que Jesús tiene sed de vosotros, no podéis empezar a saber quién quiere ser Él para vosotros. O quién quiere que seáis vosotros para Él ”. 




Por tanto, nuestra sed -nuestro anhelo de Él- está llamada a encontrarse con la sed de Dios por nosotros. Y si ponemos en concordancia el capítulo 25 de san Mateo (“Venid, benditos de mi Padre (...)porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; peregriné y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis (…). “En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de mis hermanos, a mí me lo hicisteis.”) con la Palabra recibida por Madre Teresa: “Tengo sed”, hallaremos la respuesta a la labor realizada por las Hijas de la Caridad: saciar la sed de amor de Cristo a través de su reconocimiento en los más pobres de entre los pobres. 

Como decía, en ese tren Teresa siente que debe entregarse a los más pobres de entre los pobres y crear una nueva congregación. Será lo que se conoce como “la llamada dentro de la llamada”. A partir de ahí, surgirán las hermanas del sari blanco, y el hogar de los moribundos, y el hogar para los niños abandonados, y el de los leprosos. Y la ciudad de la paz. Hoy su obra se ha extendido por 123 países, y abarca 610 misiones; también en nuestro mundo desarrollado tiene cabida la obra de Madre Teresa. Precisamente entre nosotros existe una pobreza aún más fuerte que la material, y es la pobreza humana y afectiva: la soledad, el abandono, la angustia, el egoísmo... ¿existe una pobreza más profunda que esta?. Dirá Madre Teresa: “La pobreza no solo consiste en tener hambre de pan, sino que más bien es un hambre tremenda de dignidad humana. Necesitamos amar y ser alguien para otra persona.” 


Su noche oscura. Se ha hablado mucho de las cartas personales que Madre Teresa escribió a varios amigos íntimos y en las que se desvela un desierto espiritual que la hizo sufrir durante mucho tiempo. Sin embargo, según el postulador de su causa, el p. Kolodiejchuk, lo que hizo “heroica” su vida fue precisamente su fidelidad a Dios a pesar de esta falta de consuelo. Madre Teresa debía experimentar este “no sentirse amado”, que es según ella misma, “la pobreza más grande en el mundo de hoy”, por ello comprendió y asumió en su propio ser ese abandono de su Amado como algo real que le acercaba a sus pobres y la identificaba con el sufrimiento de Jesucristo en Getsemaní y en la cruz, cuando pregunta al Padre: ¿Por qué me has abandonado?. Según el padre Kolodiejchuk, Madre Teresa pasó -como otros tantos santos- no por una crisis de fe, sino por una “prueba de fe”, hasta alcanzar como dijo uno de sus confesores, “una fe pura y desnuda, sin sentir nada”. Los misioneros y misioneras de la Caridad tienen ese carisma, no sólo el de compartir la pobreza material, sino también la espiritual. Ser el último, con los últimos de la sociedad.

(Victoria Luque. Cooperador Paulino. Septiembre 2016)

domingo, 4 de septiembre de 2016

Muere asesinada Isabel Solá, misionera en Haití


Ayer sábado 3 de septiembre murió, tiroteada en Puerto Príncipe mientras conducía su coche, al parecer víctima de un atraco, la misionera española Isabel Solá. Vivía en Haití desde 2009, y pertenecía a la Congregación Jesús - María. Traigo a esta página su testimonio de fe, escrito tras el terremoto que en 2011 asoló Haití. 

Isabel, como tantos otros misioneros, ha entregado su vida por amor al hombre, y al evangelio. Que el Señor la tenga junto a Él. 




22 de Julio de 2011

Cuando volé hacia Haití hace tres años, recuerdo el desgarro que sentí por lo que deje en África, el vértigo del salto que me tocaba dar hacia lo desconocido  y a la vez  recuerdo también  la libertad que me daba la decisión de dejarlo todo una vez más  por ayudar a construir ese Reino que siempre creí que Dios tiene pensado para nosotros.


Lo que no me podía ni imaginar cuando volaba hacia Haití era todo lo que me esperaba  en este pequeño y sufrido país. Y esas son las sorpresas y lecciones que Dios nos tiene preparadas.

Para empezar no me podía imaginar lo que era realmente la miseria de Puerto Príncipe,  pero tampoco lo impotente que me iba a sentir en medio de ella. De tal modo, que al final, para poder vivir allí, tuve que comprender y aceptar que no estaba allí para salvar a nadie o para cambiar nada. Y ni por asomo me podía imaginar  que un terremoto me iba hacer bajar la cabeza literal y espiritualmente hasta hacerme comprender profundamente que el único que salva es Jesús. No me podía imaginar que me iba a tocar sobrevivir una de las mayores catástrofes de la historia  y que esto cambiaría radicalmente mi concepción de la vida, del sufrimiento, de la muerte y de la fe.

Después de vivir algo así,  he experimentando cada día como un regalo de Dios y que no merecemos nada, todo es don, tanto lo que consideramos bueno como lo malo: que el sufrimiento no es algo malo que nos ocurre sino una lección que no hay que saltarse porque nos hace más humanos y menos ambiciosos.  Tras el terremoto, la tentación del desaliento y  de la queja a Dios era  enorme. Estuve muy triste, desanimada, chocada y rebelde. Me reprochaba a mi misma haber salido con vida y como muchos, me preguntaba por qué Dios permitía algo así en un pueblo tan castigado a lo largo de  la historia. Pero el pueblo haitiano nunca tuvo esa reacción: Rezar, aceptar, cantar y pedir fortaleza. Esa ha sido su reacción. En lugar de quejarse y rebelarse, han pedido coraje y fuerza para llevar el sufrimiento. Tanto sufrimiento ha hecho de ellos un pueblo tremendamente humano, humilde y valiente. Entre los escombros volvían a plantar sus sombrillas para seguir vendiendo y ganarse la vida. La vida continúa y Dios está con nosotros. Esa era su única certeza. Mientras yo me lamentaba, ellos seguían caminando.  Los escuche cantar con lagrimas "Gracias, Señor!" y eso desmonto todos mis esquemas, aun sin acabarlo de entender. No sé por que, pero aunque mi cabeza no lo entiende, mi corazón, si. 

Mi vida religiosa la siento, ahora más que nunca, como un regalo que no merezco, así como la vida que Dios me ha querido guardar, entiendo que mi misión en esta vida no es hacer y hacer, sino de ser y ser.porque por muchos proyectos, trabajos, planes  que esté llevando adelante, al final lo más importante es lo que somos y no lo que hacemos. No creo que Dios me haya mantenido con vida solo para hacer algo. porque yo no puedo salvar nada ni a nadie pero puedo ser una hermana para mis hermanos. Y es lo único que ahora me importa.

Tengo la curiosa experiencia de que me falta todo y me sobra todo.  Si entendéis eso, quizás es porque también, alguna vez, os paso un terremoto por encima que os aplastó, os derrumbó, os machacó, os hirió, os amputó . pero no acabó con lo más importante, que es  las ganas de vivir, de creer y quizás de servir.  No deseo el sufrimiento a nadie, por supuesto, pero como este es inevitable, lo que  quisiera es que aprendiéramos las lecciones que este nos da de humanidad, humildad y simplicidad que es lo que verdaderamente  necesitamos para ser felices.

Pensareis que como puedo seguir viviendo en Haití, entre tanta pobreza y miseria,  entre terremotos, huracanes, inundaciones y cólera...  Lo único que podría decir es que Haití es ahora el único lugar donde puedo estar  y curar mi corazón. Haití es mi casa, mi familia,  mi trabajo, mi sufrimiento y mi alegría, y mi lugar de encuentro con Dios.
Y si no. venid y lo veréis.

Aprovecho también para agradecer de corazón lo que desde España habéis hecho y recogido para ayudar a Haití, soy testigo de vuestra inmensa solidaridad y apoyo en los momentos más duros que hemos vivido. De corazón, y en nombre de todos los haitianos, gracias.

Isa Sola  RJM
Religiosa de Jesús - María
Puerto Príncipe
HAITI