martes, 27 de enero de 2015

De gurú en el Himalaya, a monje cristiano: testimonio de Joseph Marie Verlinde

Joseph-Marie Verlinde fue investigador de química nuclear. Luego practicó Yoga y meditación trascendental: llegó a ser discípulo y mano derecha del Yogi Maharishi Mahesh, gurú de los Beatles. En un momento se dio cuenta de la consecuencia última de esto le impedía llegar a amar al otro: algo que Jesús si se lo podía dar.

Regresando de esta profunda experiencia en el Himalaya, y vuelto a su trabajo de investigador, se involucra en las prácticas ocultas. Fue medium y trabajó con "curaciones energéticas" hasta que se dio cuenta de que las "entidades" espirituales que invocaba eran demonios.

Purificado por la oración de estas influencias malignas, siente la llamada al sacerdocio. Es doctor en Filosofía y teología y, actualmente, prior de la comunidad monástica de la Familia de San José, en Francia.

martes, 13 de enero de 2015

Yo no soy Charlie Hebdó (ni quiero serlo)


En estos días he visto de todo, parece que la cordura se ha ido de vacaciones. Las palabras quedan cortas, huecas, a la hora de reprobar un crimen tan execrable como el ocurrido en París estos días pasados. Dos bestias en nombre de Alá han sesgado las vidas de doce trabajadores del semanario francés satírico, Charlie Hebdó  -y otro musulmán, fanático igualmente-, ha acabado con la vida de cuatro judios  en un supermercado de París-. Nada, repito, nada, puede justificar tamaña masacre.


Dicho esto, lo ocurrido trae mar de fondo. Hay quienes opinan que el origen de este tipo de actos terroristas está en las religiones, por tanto, habría que cortarlas de raíz. Y meten, así, sin más, todas las religiones en el mismo saco. Craso error. Primero, porque todas las religiones no son iguales; segundo, porque la persona auténticamente religiosa es pacífica por definición. Pero vayamos por partes: El Corán sigue anclado en el medioevo, el cristianismo, no. El judaísmo habla del ojo por ojo y diente por diente como forma de establecer la justicia, el cristianismo habla del amor al enemigo. No todo es lo mismo. No todas las religiones son iguales. Nosotros, los cristianos, hemos pasado por una revolución francesa, por una Ilustración, por una separación del poder civil y del poder religioso, por un reconocimiento y defensa de los derechos del hombre, en definitiva, hemos experimentado una renovación interna por la que otras religiones no han pasado. Para más inri, la cultura cristiana ha construido Europa, aunque ahora Europa reniegue de sus raíces. 

En segundo lugar, como ya he dicho, la persona auténticamente religiosa  (la palabra religión proviene de re-ligare, acción o efecto de ligar fuertemente --con Dios--) es pacífica por definición. Y quiero pensar que entre los musulmanes hay muchas personas así, pacíficas, artífices de paz. En mi roca no existe la maldad, dirá el salmista judío. Para corroborar esta idea, bastaría decir que si el Dios judeo-cristiano se impone algún límite, ese es el de la libertad del hombre y el del ejercicio del mal. Y esto es aplicable sin duda, a la persona creyente que ha mamado de la cultura judeo-cristiana.




Por otro lado, y cambiando de tercio, contemplo atónita que a raíz del asesinato de los dibujantes franceses de la revista Charlie Hebdò, muchos consideran a dichos caricaturistas mártires de la democracia, adalides de la libertad de expresión, el no va más del buen hacer periodístico. Pues lo siento, lamentablemente je ne suis Charlie Hebdó, ni quiero serlo. En estos días parece que todos son Charlie Hebdó, como si esta revista representara la crème de la crème de la cultura occidental. Pues no, señores, esta revista es un claro ejemplo de la cultura de la muerte, de la que ya nos previno en su día san Juan Pablo II. Charlie Hebdó representa la podredumbre más absoluta de una cultura, la nuestra, completamente confundida, obcecada por el mal. Cualquiera que investigue un poquito, más bien nada -porque el trabajo de dichos dibujantes está a un clic en internet- verá que los valores que defiende Charlie Hebdó brillan por su ausencia. A no ser que se considere un valor el ultraje, la ofensa, la maledicencia, la calumnia, la burla, etc, etc. Recuerdo, dichoso el hombre que no come en la mesa de 

los impíos, ni en el banco de los burlones se sienta. Charlie Hebdó no deja títere con cabeza. Una de sus últimas portadas es la representación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo copulando entre ellos. Pero eso no importa. Defienden la democracia, la libertad de expresión, los valores de Occidente (?). Todo esto me recuerda a aquellas palabras de Cristo Jesús... quien escandalice a uno de estos pequeños (refiriéndose a los que se hacen como niños por amor a Dios) más les valdría que se colgaran una piedra de molino y se echaran al mar...  habrá que orar también por ellos, porque aunque parezca una injusticia a los ojos de los hombres, Dios Padre no reniega de ninguna de sus criaturas. Ni del fanático musulmán, ni del caricaturista burlón.

domingo, 11 de enero de 2015

Convirtámonos hoy (Comentario al Evangelio 12 enero 2015)



Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: -«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: -«Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él. (Marcos 1, 14-20)

Me pregunto cuántas veces se me ha dicho ya... “conviértete y cree en el evangelio”. Muchas. Muchas. ¿Y me he convertido?, yo creo que la conversión es un camino que sólo acaba cuando lleguemos delante del Padre. Cada día se me presentan esos dos caminos de los que habla el Libro de la Sabiduría, el del bien y el del mal, con Dios Padre o con el mundo, sí, cada día tengo que optar, y cada día me convierto... o no. Hoy, otra vez, el Señor me pide -nos pide- que deje a un lado todo eso que me impide avanzar, o mejor, que “eso” que yo no sé resolver, ese malentendido, esa inquietud que no me deja descansar en paz, ese orgullo, esa insatisfacción... “eso”, lo ponga en su presencia, para que Él me indique por dónde he de seguir. Todos hemos experimentado alguna vez que “eso” que parecía irresoluble, después de colocarlo en su Presencia, ha encontrado una sorprendente solución.


Sigo leyendo; Jesús mira a Simón y a Andrés, que estaban echando el copo al lago, y sin mediar otras palabras les dice: “venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Me pongo en situación... qué poder de convicción debía tener Jesús, qué fuerza en su palabra, en su voz, en su mirada... “ven conmigo”, y lo dejan todo, y le siguen. Como las ovejas que siguen al pastor. Nosotros también hemos experimentado esto. También nos ha mirado, nos ha llamado por nuestro nombre, y fiándonos de Él, que tiene poder para cambiar los corazones, le hemos seguido. Y nos ha llamado para algo, nuestra llamada tiene un sentido: ser pescadores de hombres. No sé si vosotros tendréis esta llamada fresca, lozana... a veces conviene echar la vista atrás y recordar cómo nos enganchó el Señor, cómo nos pescó, de dónde nos sacó, qué nos prometió y cómo en el tiempo, en los años que llevamos junto a Él, ha ido realizando su promesa. Él nos ha devuelto la alegría de la salvación, el amor al que tenemos al lado, nos ha regalado su paz, el deseo de que se haga su voluntad en nuestras vidas, nos ha dado su Espíritu Santo. Nos ha puesto la vida patas arriba y después nos la ha reorganizado. Mejor. Más sencilla. Y todo con un sentido, con una misión: que le demos a conocer. Que confortemos al que sufre. Que hablemos del Padre, y del Hijo, y del Espíritu que nos hace cosquillas por dentro. Todo es para bien de los que Él ama. Hagámoslo hoy. Convirtámonos hoy. 

viernes, 9 de enero de 2015

Andrés, seminarista chino: "Conozco a un obispo que estuvo veinte años encarcelado por ser sacerdote"


Andrés es un joven chino que está estudiando en España para ser sacerdote. Lleva seis años en nuestro país y seguramente cuando sea ordenado volverá a China a servir a sus hermanos de fe. Su obispo está actualmente en arresto domiciliario. Esto, que para nosotros es chocante, resulta muy normal en ese país asiático. Hoy día, en China los católicos viven su fe de forma heroica.
En el marco del XI Encuentro Misionero de Jóvenes 2014, organizado por las Obras Misionales Pontificias, este joven chino —que ha pedido que su foto no salga publicada en ningún medio de comunicación, dada la difícil situación que experimentan cada día los católicos chinos en su país— da su experiencia de fe, y comienza hablando de su propia vida: “Yo he nacido en una familia cristiana como vosotros, y, desde pequeño, mis padres me han instruido en la fe, una fe que es transmitida por los padres católicos chinos de generación en generación. Yo tengo cinco hermanos, y la gente me pregunta cómo es posible si en China solo es rige la ley del hijo único. Lo primero que quisiera decir es que el Señor siempre te ayuda a superar los obstáculos y a vivir la fe. Para mí esos años con mis hermanos han sido inolvidables. Mis padres querían tener más hijos, no el “hijo único” establecido por la ley china, y por esta causa vivieron escondidos. Teníamos dos casas, y mis hermanos y yo vivíamos en una de ellas; el mayor era el que cuidaba de los demás… Mis padres hicieron esto porque querían estar abiertos a la voluntad de Dios”.

la Iglesia oficial y la clandestina



Como ya hemos dicho, la situación de los cristianos en China —y de los católicos en particular—es complicada. Dado el férreo control chino sobre la información, no existen datos estadísticos comprobables sobre el número de católicos chinos; se estima que son unos doce millones, aunque este número podría ser mayor o menor. Por otra parte, en China coexisten dos “Iglesias”, la oficial y la clandestina. La primera, bajo la autoridad política, estaría controlada por la Asociación Patriótica de los Católicos Chinos, y en ella están inscritos el 60 % de los católicos chinos. De la segunda, la clandestina, que solo reconoce la autoridad del Papa, formaría parte el 40 % restante. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI se mostraron muy atentos a la situación de los chinos católicos y ambos intentaron, y de alguna manera consiguieron, acercar las dos “Iglesias”; de hecho, de los 79 obispos “oficiales”, actualmente el 90 % de ellos han sido reconocidos como tales por el Vaticano.
Si tenemos en cuenta que China tiene 1360 millones de habitantes, la proporción de católicos en ese país es ridículamente pequeña… “Ya sabéis que China es un país mucho más grande que España —dice Andrés— y que toda Europa, y la población es una cuarta parte de la población mundial. De cada cuatro personas que hay en el mundo, una es china. Y los católicos en China somos solo el uno por ciento. Es decir que de cada 100 personas, 99 todavía no han conocido a Cristo. Pero ellos también tienen derecho a conocerlo, ¡porque Cristo también murió por ellos! ¡Los ha salvado con su muerte! Yo creo que la Iglesia es santa, católica y apostólica y, por tanto, los misioneros tienen un papel muy importante en la evangelización. Sabemos por nuestra historia que san Francisco Javier llevó el Evangelio al Extremo Oriente, al Japón y a la India; luego, Mateo Ricci, misionero jesuita, en 1584 llevó el Evangelio a China. Desde aquel momento, la Iglesia siempre ha estado en China. ¡Pero la situación es tan difícil…! Muchos obispos y sacerdotes hoy día están encarcelados por su fe. Entre los años cincuenta y ochenta del siglo pasado muchos han pasado gran parte de su vida en campos de trabajo, encarcelados por ser fieles al Papa, por ser fieles a Cristo. Ellos, con su vida, han dado testimonio de qué es lo más importante; con su actitud nos han dicho que la fe vale más que la vida. Y han muerto en la cárcel, después de muchos años encarcelados. Han muerto diciendo con su vida que la fe es el regalo que nos ha dado el Señor”.

obispos y sacerdotes desaparecidos


La persecución contra la Iglesia clandestina sigue en pie. Algunos estudiosos hablan de dieciocho obispos y diecinueve sacerdotes en prisión o desaparecidos. Se estima que el número de obispos clandestinos podría ser cincuenta. Abundando en los datos —siempre con la consabida reserva— diremos que el número de seminaristas que estudian en seminarios no aprobados por el gobierno chino, rondaría los ochocientos. Por otro lado, los sacerdotes “oficiales” son más de dos mil doscientos, y actualmente hay diecinueve seminarios aprobados por el gobierno, en los que se preparan para el ministerio sacerdotal más de mil trescientos seminaristas.
Andrés, el joven seminarista chino, prosigue: “Hoy día, todavía hay sacerdotes y obispos que con su propia vida están dando testimonio de nuestra fe. Porque esta fe sí que vale la pena vivirla, a pesar de las situaciones difíciles, cueste lo que cueste. Ellos con su vida así nos lo dicen. Conozco a un obispo que antes de ser nombrado obispo estuvo veinte años encarcelado por ser sacerdote. Él prefirió esta situación antes que renegar de Cristo, porque Jesucristo es lo más importante; Él es más fuerte que cualquier dificultad. Ninguna situación es más grande que nuestra fe.
También conozco la historia personal de otro obispo que, por ser fiel a Cristo y a la Iglesia de Roma lleva más de cuarenta años encarcelado. Muchas veces le han ofrecido la ocasión de abandonar su fe, y le decían: “Serás libre, podrás hacer cualquier cosa”, pero él respondía siempre: “Yo quiero ser fiel a Cristo, sé de quién me he fiado”. Así es nuestra fe. Con la ayuda del Señor ha testimoniado el valor de la fe durante estos cuarenta años. Hoy día no sabemos nada de él, quizás ya está en los brazos del Padre, pues desde el año 1997 no tenemos ninguna noticia sobre él. Ha sido un obispo valiente”.

mantienen la fe con la oración


Andrés, por otra parte, nos da algunas pinceladas sobre la forma en que defienden su fe los católicos chinos: “Los fieles católicos chinos viven su fe de una manera muy, muy piadosa. La mayoría se reúnen juntos a rezar, no en iglesias tan bonitas como las nuestras, sino en casas particulares; porque en los pueblos los católicos somos muy pocos, una minoría. Por ejemplo, en mi pueblo solo somos cien católicos, y hay pueblos en los que solo una familia es cristiana. Pero aun en estas condiciones tan extremas, ellos mantienen su fe: cada día rezan por la madrugada y por la noche durante una hora. Y muchos españoles me preguntan si “eso tiene valor”. “¡Pues claro!, así mantenemos viva nuestra fe”, les digo.

Y continúa describiendo un panorama ciertamente distinto a lo que nosotros, los españoles, estamos acostumbrados. “En algunos lugares de China quizás veas a un sacerdote solo una vez al año, pero esa carencia te puede ayudar a vivir esperando el día en que puedas recibir al Señor en tu corazón. Por otra parte, el domingo, para nosotros los católicos chinos es un día especial porque es el día en que resucitó el Señor para nuestra salvación. Este día lo dedicamos única y exclusivamente al Señor. El domingo rezamos cuatro veces, en cuatro momentos distintos del día. ¿Estamos locos? Sí, locos por Cristo. Los católicos chinos dedicamos cuatro horas del domingo a orar, a alabar al Señor, viviendo la fe, que es más importante que nuestro ocio o nuestro tiempo libre”.

pocos sacerdotes católicos


Desde 1980 han sido abiertas en China más de cinco mil iglesias y capillas, pero, aun así, la necesidad de lugares de culto y de sacerdotes católicos sigue siendo grande: “El sacerdote tiene mucho trabajo; sin ir más lejos, mi párroco tenía a su cargo setenta pueblos, y esto ocurre porque hay pocos sacerdotes en China. Los fieles están muy necesitados, tienen ansia de recibir la sagrada comunión; durante el año solo pueden recibir al Señor en la comunión y participar de los sacramentos una o dos veces. Por eso los católicos chinos esperan la llegada del sacerdote con ansiedad”.
Sobre la entrega generosa de estos sacerdotes católicos en China, de número tan escaso, Andrés explica: “En algunas fiestas importantes de la Iglesia, como la Cuaresma, por ejemplo, el sacerdote está más de diez días escuchando las confesiones de los fieles y dando la absolución. Y cada día fácilmente puede dedicar más de diez horas a esta labor de confesar a la gente. Es un trabajo duro, ¿o no? Evidentemente, sí. Y la causa de ello es porque no hay sacerdotes suficientes en China”.
Por último, Andrés hace una petición a todos los presentes: “Quiero pedir a todos que recéis por nuestros hermanos chinos necesitados del don de la fe, porque ellos también tienen derecho a conocer a Cristo. La oración es muy importante; encomendemos la labor evangelizadora de China a santa Teresa de Lisieux, patrona de las Misiones. Rezad por ellos. Y si alguno siente la llamada del Señor a entregar su vida a la misión, ¡ánimo y adelante! No tengáis miedo, porque el Señor es más grande que cualquier dificultad. El Señor te ayudará. Una vida apasionante te espera”. Victoria Luque. Articulo publicado en el número 50 de Buenanueva.