Que brille tu rostro sobre nosotros, y nos salve
La verdad es que este 2015 que se va ha sido un año agridulce. He aprendido mucho, y también he sufrido mucho. Creo que en este año el Señor ha esperado pacientemente que el fruto madurase, y no le han dolido prendas, ha permitido tribulaciones, angustias, dolor... para que vea lo que hay en mi corazón. He visto lo débil que soy, cómo me dejo llevar por las emociones hasta un punto que yo desconocía... cómo puedo hacer daño con la palabra, cómo mi lengua se desboca y dice cosas que no quiero decir... Ahora, -creo-, veo realmente lo poco que soy, y la gran misericordia que Él tiene conmigo, cada día. En todo este trayecto noto una pérdida muy seria, la de la alegría. Ese gozo profundo que años atrás sentía, y que ahora parece haberse esfumado. Desvanecido. Y esto me apena, y mucho. Porque no quiero perder la alegría, la esperanza gozosa de que todo tiene un sentido. Que El saca bien, incluso del mal. Esto es así, y a esto me aferro con toda mi alma. Hoy, en este nuevo año, te pido S...