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Ven del Líbano, esposa

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Anoche celebramos la Pascua. El paso del Señor de la muerte a la vida. Y como todas las Pascuas, hoy, al día siguiente de que se me removiera el corazón, estoy tocada. Tú, Señor, eres tan grande que me dejas sin aliento. ¿por qué sigues fijándote en mí? ¿Una pobre que no puede ni con su propia vida? ¿Por qué sigues apostando por mí? Ayer escuché tantos testimonios de tu amor que me di cuenta de cómo amas a tu criatura… lo das todo, lo renuevas todo. Lo haces todo nuevo. Cómo transformas los corazones y los sostienes ¡es algo impresionante! Ayer salieron a la luz, en los ecos a la Palabra, situaciones duras, que hubieran tumbado al más intrépido si tú no le hubieras confortado. Tanta delicadeza me sobrepasa. Conmigo sigues teniendo palabras de vida eterna. De consuelo, de aliento. “Tus hijos serán mis discípulos. Tendrán gran paz tus hijos”, esto, me conmovió las entrañas. Tú sabes cómo hemos sufrido José Manuel y yo. Indignos amigos tuyos. Cómo nos pueden nuestros pecados, cómo muc...

¡¡Felicidades a todos!!

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Pasado el sábado, al rayar el alba, el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. De pronto hubo un terremoto, pues un ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, hizo rodar la losa del sepulcro y se sentó en ella. Su aspecto era como un rayo, y su vestido blanco como la nieve. Los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos. Pero el ángel, dirigiéndose a las mujeres, les dijo: «No temáis, sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado, como dijo. Venid, ved el sitio donde estaba. Id enseguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis. Ya os lo he dicho». Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y con miedo y gran alegría corrieron a llevar la noticia a los discípulos. De pronto Jesús salió a su encuentro y les dijo: «Dios os guarde». Ellas se acercaron, se agarraron a sus pies y lo adoraron. Jesús les dijo: «No tengáis miedo, id y decid ...