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Mostrando las entradas etiquetadas como Pecado

No matarás

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 Por circunstancias que ahora no vienen al caso, he tenido que profundizar en el V mandamiento de la Ley de Dios, sí, ese, "No matarás". Así, en un primer acercamiento parecería que el "no matarás" nos atañe poco o nada; nadie, en principio, se considera un asesino. Sin embargo, en cuanto empiezas a contemplar actitudes (las propias, muchas veces) te das cuenta de que todos estamos muy cerca de matar, de alguna u otra forma, al que tenemos al lado. Y digo más, si no somos asesinos confesos es porque Dios no ha permitido que pasemos por eso. Anda, déjaLe de lado y haz tu vida sin tenerLe presente para nada, es más que probable que acabes -acabemos- con las manos manchadas de sangre... ¿O qué piensas? ¿Que tú y yo somos mejores que cualquier padre parricida, o cualquier maltratador? No te equivoques, contamos con la gracia de Dios, eso es lo que nos "libra" de caer en el asesinato. ¿Te parece muy duro lo que digo? Piénsalo un poco y verás que tengo razón. Ce...

Detrás de todo esto, está el maligno

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No sé si porque últimamente veo poco la tele, y además selecciono bastante lo que leo, lo cierto es que toda esta marabunta de dimes y diretes sobre los curas, la pederastia, etc, me ha cogido un poco de refilón. Vamos, que casi ni me he enterado. Lo cual me da –creo- una cierta perspectiva, al no estar intoxicada por los medios. Dicho lo anterior, se me ocurre que los cristianos tenemos algo que deberíamos aplicar en estos casos tan escandalosos, y es el discernimiento. Yo ya estoy curada de espantos. Sé que el hombre es débil por naturaleza, que cualquiera, yo misma, puedo caer en la aberración más grande si no estoy sostenida por el Espíritu. Esto es así. Y quien no conozca esta verdad tan elemental es que todavía le queda un camino por recorrer. No estoy justificando nada. Me parece horrendo todo lo que ha sucedido, y ya Cristo lo condena de una manera tajante: “Quien escandalice a uno de estos pequeños, más le valdría ponerse una piedra de molino al cuello y arrojarse a la gehe...

Tenía doce años

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Después de un tiempo largo en el "desierto", vislumbro la luz. Vuelvo a casa muy contenta, después de haber escuchado las siguientes palabras, de parte del Señor: "Levántate. No estás muerta, estás dormida", "La niña se levantó y empezó a andar, tenía doce años". Cualquiera que lea esto, pensará que estoy chalada, o que escribo de una forma incomprensible... pero es que detrás de estas palabras está la clave que me devuelve, otra vez, la alegría... y la convicción profunda de que Cristo está vivo, y de que sé de quién me he fiado. Durante un tiempo largo (me remonto a antes del verano... a varios meses atrás...) he estado, en el desierto, en la incredulidad. Me faltaba la esperanza, la alegría de Cristo en mi vida, la paz... me faltaba la fe. Satanás ataca cuando estás débil, y yo había abandonado mucho la oración, la intimidad con Dios... como ya he pasado otras veces por esta situación tremenda, de duda, de pecado, sé que es ...

Por qué creo en Jesucristo

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"Supongo que no existe una explicación lógica para creer. Se cree, o no". Este comentario de Toro a un post de hace tiempo, me ha dado qué pensar. Efectivamente, se cree o no. Esto es así. La fe es un regalo. Pero también hay que pedirla, si se quiere, y no se tiene. Y el Señor no hace oídos sordos a la persona que le busca sinceramente. "Pedid, y se os dará. Llamad, y se os abrirá, porque a quien pide, recibe; y a quien llama, se le abre". Sin embargo, una vez que la conversión está ahí. Una puede explicarla, ponerle fechas, nombres, situaciones... Es decir, se puede argumentar el por qué se cree. A mí una de las cosas que más me ha maravillado del cristianismo, es que Cristo Jesús acontece en tu vida. Se hace presente. Te habla en tu historia. No se trata de que Dios Padre nos ha creado, y se ha desentendido de nosotros. NO. El Señor no ha hecho esto. "Yo estoy con vosotros, todos los días hasta el fin del mundo", dice Cristo...

Zaqueo, baja

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En principio, no pensaba ir a la Palabra, porque la cuidadora no podía quedarse con los niños. Pensaba que iría José Manuel. Pero él estaba cansado. Así que fui yo. ¡Qué regalo tan tremendo! ¡Salí conmocionada! "Zaqueo, baja pronto. Conviene que hoy entre en tu casa". Fue una catequesis espectacular. Espectacular, por lo que me tocó. Ayer descubrí que esa soledad tan enorme que yo he tenido tantos años, no es otra cosa que el no ver la obra de Dios en mi vida. La raíz de mi soledad es el pecado. El "pecado", esta palabra tabú, no es otra cosa que el rompimiento de mi ser interno. El resquebrajamiento de la armonía interior. La ruptura de los lazos de amor entre Creador y creatura. Tantas veces me he visto incapaz de querer a nadie, de amar, de preocuparme por esa o aquella persona... Ahora sé cuál es la raíz de toda esa frialdad. De toda esa despreocupación. De toda esa inhumanidad, que me ha hecho sufrir tanto. El germen de...