Lluvia de bendiciones
Acabo de despedir a Patri (Patricia) y a Julia, dos ecuatorianas que han venido a la JMJ y a las que hemos acogido en casa durante dos días (anteriormente han estado durmiendo en un colegio de Móstoles). La verdad es que ha sido una experiencia estupenda. Y nos ha sabido a poco. Inés (ocho años) anoche, me decía: "mamá, por qué no se quedan más, una semana, o dos... o todo lo que quieran. Por qué Patri no es mi prima, o mi hermana... Es que las he cogido cariño, no quiero que se vayan". Y entraba en la habitación donde ellas duermen, y las abrazaba. La hospitalidad ha sido siempre una prioridad para el pueblo hebreo, y por algo será. El que abre sus puertas al extranjero o al peregrino, recibe una lluvia de bendiciones. ¿Por qué. Porque se le esponja el corazón. Porque sale de sí mismo, y piensa en el otro. Me acordaba del pasaje bíblico de la viuda aquella que ofreció al profeta lo único que tenía (un poco de aceite, y de harina) y pensó, "después moriremos, mi hi...