lunes, 29 de diciembre de 2008

Estuvimos en Colón






Hoy he vuelto a leer la homilía que ayer pronunció Rouco en la misa de la familias, en Colón. Tiene mucha miga. Pero primero quiero hablar de los preliminares.

Parecerá que nos plantamos en Colón, así como así. Pero todas y cada una de las familias que allí acudimos, hemos vivido nuestra particular "peregrinación". Nuestro particular "sacrificio", necesario por otra parte, para que lo vivido no se lo lleve el viento, sino que fructifique.

Muchas familias vinieron de otras ciudades y pueblos de España, en autobús, en tren, o en furgoneta, el mismo día, o con algún dia de antelación. Muchas de ellas fueron acogidas por familias madrileñas que les abrieron sus casas, para que pudieran descansar y asearse.

Este es un signo muy importante, el de la hospitalidad, del que la Escritura habla a menudo: quien acoge al forastero, al venido de lejos, acoge a Dios mismo.

Me estoy acordando al hilo de todo esto, de Abraham, quien ya viejo y sin esperanza de concebir un hijo (su mujer Sara, era estéril y ya mayor), acoge a tres forasteros en su tienda, y les ofrece todo lo que tiene.

Como compensación a su hospitalidad, estos tres hombres (la Trinidad misma, Dios) le anuncian que su plegaria ha sido oída, y que su mujer Sara concebirá un hijo, Isaac.

También la viuda de Sarepta, ofrece todo lo que tiene (un poco de aceite, y harina, creo recordar), pensando que después, morirá, pues era lo único que le quedaba.

Y el peregrino al que acogió resultó ser un profeta, que le anunció que su alcuza estaría ya llena siempre.

Pero no quiero desviarme del "tema". Nos levantamos a las ocho de la mañana,
y tras despertar a los niños, hubo que hacer el desayuno, escoger la ropa (fallo mío, que tenía que haberla preparado la noche anterior), vestir a las pequeñas, preparar los cochecitos,
-dos- (porque Judith, aunque tiene dos años, todavía para los trayectos largos, usa cochecito),
pañales, biberones, potitos, toallitas... algunos tentenpiés para los mayores...

No nos llevamos banqueta porque no conseguimos cerrarla (estaba encasquetada), pero un hermano de comunidad se presentó con un cartón enorme, y allí se sentaron al menos, quince de los niños que llevábamos entre todos.

Hicimos un corro alrededor de ellos, y plantamos el chiringuito. De nuestra comunidad, éramos alrededor de doce adultos, y unos veinte niños.

Los meteorólogos daban un 80 por ciento de probabilidad de lluvia, el día anterior a la Eucaristía. El mismo día por la mañana, las previsiones eran de un sesenta por ciento, pero... no llovió,
e incluso llegó a salir el sol por unos instantes... durante la consagración.

El ambiente era festivo, llevábamos guitarras que no llegamos a sacar de sus fundas,
porque los villancicos se oían con una fuerza pasmosa.

Me gustaron mucho las lecturas, el evangelio cantado, y el momento de la paz.
Este signo siempre me "toca", porque se pone de manifiesto la comunión, el amor verdadero, que sobrepasa las rencillas o disgustos que hayan podido darse en la convivencia entre los hermanos.
Y es verdad que muchas veces busco a personas concretas, portadoras de paz, porque quiero, necesito, que me la "pasen" a mí. Parecerá una tontería, pero a mí me funciona.

Este encuentro me ha reafirmado en la convicción de que es posible, proponer, al hombre/mujer de hoy, el estilo de vida cristiano: La familia de Nazareth.
Creo que todos los que estábamos allí, íbamos en la actitud de dar gracias a Dios, por todo lo que está haciendo con nosotros.

“La verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra,
con suavidad y firmeza a la vez, en las almas”.


Esta frase de Rouco, me ha dado qué pensar.

Es muy esperanzadora. Viene a decir que la verdad acaba implantándose,
por la misma esencia de esa verdad.
Me gusta, porque me tranquiliza.

Me hace ver que siguiendo a Cristo, sin dobleces, viviendo la verdad de mi familia,
mis familiares más alejados, se toparán con El.
Y le reconocerán.
¡Me parece estupendo! ¡Qué descanso! Sin que yo tenga que forzar nada...

Yo, hablo por mí misma, no me creo superior a ninguno de los que no han ido. Soy igual de pobre, necesitada, que cualquiera de mis vecinos, amigos, familiares, etc.

Ahora, es verdad que, he encontrado a Alguien, que está redimensionando mi vida.
Que me ama, con todas mis debilidades.
Que ha dado su vida por mí cuando yo estaba enfangada.
Y este tesoro, lo llevo en un vaso de barro. Pero es mi tesoro.

Y quisiera que otros también lo encontraran. El suyo. Que es el mío.
Porque es un mismo tesoro, inagotable.
La perla preciosa de la que habla el Evangelio.
El amor de Dios derramado en nuestros corazones.

Creo que la gloria es Suya, y que cuando uno/a se fía de El, la vida da un giro de 180 grados.

"Formad familias que sigan el modelo de la familia de Nazareth, que vivan en sencillez, humildad, y alabanza", esto es lo que María, inspiró al iniciador del Camino, Kiko Argüello.
Y Rouco ha venido a decir lo mismo: "La familia es gracia de Dios.
Y un modelo para vivirla: la Sagrada Familia de Nazareth".

La familia es Gracia de Dios, nos decía el cardenal.
Dios Padre está detrás de cada una de nuestras familias. Y las sostiene.
Y lo que a nosotros, padres, se nos escapa, a El no. Esto también me tranquiliza.

Yo, por mí misma, no me hubiera embarcado en esta aventura,
"loca" a los ojos del mundo,
si no fuera porque tengo la certeza interior de que José Manuel y yo misma,
no estamos solos en esto. Cristo está detrás.
Y mantiene la barca. Y amaina los vientos.
Y aunque parezca dormido en algún momento, está ahí, con poder sobre la vida y sobre la muerte.
Diciéndome, "sal de la barca", "anda sobre las aguas", "mírame, y ven".

Y es verdad que cuando el mar está bravo, el mar de mis debilidades, de mi ira, de mi egoísmo, de mi falta de fe, de mi dureza de corazón... cuando el mar está bravo, siempre viene el Señor, y como a Pedro, me dice: hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

Y me da la mano. Y mirándome, me hace caminar sobre las aguas.

Por último, sólo decir que es verdad que los santos inocentes de nuestro tiempo, - el 28 de diciembre fue la conmemoración de los Santos Inocentes-
son los millones de niños abortados en el mundo.
Esos, que ya interceden por cada uno de nosotros.

También os rogaría una oración por los niños maltratados,
desnutridos, explotados, abusados... santos inocentes.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Mi Navidad


Yo soy nueva en esto de contestar memes (que me imagino lo que es, aunque no sé de dónde vendrá la palabreja), pero como Irache, me lo ha brindado, pues yo lo acojo con gusto, y haré lo que buenamente pueda.

En casa no tenemos una comida favorita de navidad, cada año solemos cambiar, o introducir alguna novedad. Eso sí, de primero siempre hay langostinos con salsa rosa (a mi padre, le chiflan) y buen jamón. De segundo, siempre nos decantamos por la carne (o de ave, o de ternera), pasando del pescado.

La verdad es que como siempre sobra comida, ya hace años que decidimos olvidarnos del pescado, e ir a lo seguro (la carne nos gusta a todos más).

De los entrantes se encarga mi madre, de la carne para los niños (se juntan, catorce niños...) mi cuñada, y de la carne para los adultos, yo misma. El postre se lo dejamos a mi hermana, que siempre nos sorprende con alguna delicatessen. Y los vinos, cerveza, etc. este año se le ha asignado a mi hermano pequeño.

Ha sido una cena fantástica. Hemos comido carne mechada en salsa de piña con vinagre de módena... un lujo. La receta me la dio la madre de un hermano de comunidad, y ha sido un acierto. Lleva ciruelas, dátiles, piña... de beber, nos gusta el vino rosado, y el tinto bueno para acompañar la comida. Los niños comieron filetitos de lomo, y lo "rociaron" con la típica, coca cola, fanta... etc.

La casa la adornamos con el belén, y el árbol. Todos los años nos juntamos con dos belenes, el de los niños (hecho por ellos) y el de los mayores. Este año los niños empezaron a hacer figuritas con huevos (vaciados previamente), pero se han cansado, y lo han dejado a medias... no sé si se animarán a terminarlo. La verdad es que merece la pena, porque está muy bien hecho, al huevo le pintan la cara, y después le ponen ropa (trocitos de tela).

De momento, sólo tenemos el belén de mayores, que como todos los años, lo hemos situado arriba de la chimenea... aunque la decoración la he cambiado... y parece otro.

El niño Jesús lo ponemos el 24 de diciembre por la noche. Llevamos ya varios años haciendo una especie de procesión con los niños (desde la puerta de la casa, hasta el salón) cantando villancicos, acompañados de las guitarras, panderetas, etc... y cuando lo dejamos en el portal, leemos el evangelio del nacimiento de Jesús.

Este año hemos fallado... después de la cena, empezaron mis sobrinos a tocar el violín (estaban los abuelos, y había que deleitarlos), y después dos de nuestras hijas a tocar una canción de Los chicos del coro, con la flauta (nosotros somos más rústicos)... después vino un concurso de preguntas y respuestas que habían preparado... total, que entre violines y flautas, se nos fue la olla.

Cuando nos dimos cuenta, estabamos cantando villancicos, para degenerar después en otros tipos de "cantos"... mi hermano pequeño está en un grupo de rock flamenquito, total, que de una cosa a otra, al niño Jesús lo puse sin pena ni gloria en el belén... seguro que él no nos lo tiene en cuenta. El año que viene, procuraremos estar más al quite.

Lo que más me gusta hacer el 25 de diciembre es reunirnos de nuevo a merendar, en casa de mi hermana, con mis padres, mis hermanos, sobrinos, etc.

Lo que más me gusta hacer el uno de enero es dormir. Para mí el uno de enero, salvo los últimos dos ó tres años, es bastante nefasto, porque me acuesto tarde, luego me levanto tarde también, y estoy todo el día medio zombi.

Como digo, de un tiempo a esta parte, estoy cambiando el ritmo, y prefiero acostarme pronto (a las dos de la mañana) y levantarme relativamente temprano (a las 10 u 11 de la mañana), así consigo vivir este día menos tediosamente.

La navidad la celebramos con mis padres, hermanos, sobrinos... etc. Mis padres y uno de mis hermanos viven en Sevilla, y vienen siempre por nochebuena y navidad, así que es un reencuentro gozoso, siempre.

La nochevieja la celebramos con los padres, hermanos, sobrinos, etc. de Jose Manuel.

No recuerdo ningún regalo de infancia, en especial. Me acuerdo de dos muñecas gemelas que me trajeron los reyes magos, un año. También de un lavabo rojo, de plástico, enorme. Y de un frigorífico con luz.

Mi frustración de reyes ha sido la nancy, nunca me regalaron una, y yo la quería... pero tonta de mí, nunca la llegué a pedir, no sé porqué. Ahora cuando la veo en las tiendas, todavía alguna vez me dan ganas de comprarmela.

Por supuesto, para navidades, entronizamos en casa la figura del niño Jesús. Pasamos ampliamente de Santa Claus. Jose Manuel le tiene aversión, y todo.

No hago ningún ritual para recibir el año nuevo. Me parece una solemne tontería, hay gente que mete el anillo en la copa de champán para "atraer la buena suerte", o se pone alguna prenda íntima roja... todo eso me parece superstición. El Señor ya se encarga de darnos todo lo que necesitamos, y mucho más.

Canción preferida en esta época: los villancicos.
Me gusta mucho uno que dice: "Ya viene mi Dios, ya viene mi rey...", no sé si lo conocéis. Le tengo mucho cariño porque lo canté mucho -interiormente- cuando estaba a punto de dar a luz a Teresa (nació el 20 de enero), parecía que me daba ánimos susurrar ese villancico, cuando me encontraba en aquel trance.

También me gusta el de "vivid alegres, el Señor está cerca"..., porque para mí, un cristiano triste es aquel que no se ha enterado de nada...

No tengo ni película, ni prenda favorita de navidad. Me gustan, como siempre, las películas que enseñen algo positivo. Que salgas con el corazón esponjado, esas son las que me gustan.

Me encantan los dulces de estas fechas. Yo soy muy dulcera. Me gusta todo, los polvorones, los mantecados, los bombones... los mazapanes, menos.

Prácticamente no he patinado en mi vida. Así que obvio lo de "patines en linea" o de hielo.
Ni playa, ni montaña. Nos quedamos en casa. No solemos viajar en estas fechas.
Ponemos zapatos para los reyes, o sea, bota.

Mascotas, hemos tenido pocas. Tuvimos un conejo blanco, que se murió al poco tiempo de estar en casa. Tuvimos que decirles a los niños que el conejito se había puesto enfermo, y que papá se lo había llevado a la tienda, para que lo devolvieran a China, con su familia. Una pena.

Después tuvimos una cobaya. Y ahora tenemos un hamster, que no da mucha guerra, sólo por la noche, cuando empieza a mover la rueda de su jaula, como un descosido.

A la cobaya, los reyes le trajeron un libro, sobre cómo cuidarla. Pero no creo que este año, los reyes se acuerden de traerle nada a Humphrey (el hamster). No sé.

No tengo ninguna navidad inolvidable. Pero, todas son buenas, y apetecibles, para mí.
No detesto nada de este tiempo. Me molestan las compras desenfrenadas... y el que desaparezcan los signos navideños que recuerdan el porqué de esta celebración... cada vez hay menos villancicos por las calles, menos belenes...

Lo que más adoro de este mes, es el poder compartir más tiempo con mis hijos, y mi marido. Y con mi familia, en general.

No tengo nada pendiente respecto a navidades de mi infancia... y para este nuevo año que empieza, me gustaría que el Señor nos preceda en todo lo que hagamos. Que esté con nosotros. Que nos dé unión y alegría.
Y una cosa material: Una casa más grande, y bien comunicada. (Esto, por si cuela).

lunes, 22 de diciembre de 2008

Familia, la imagen visible...



Esta tarde José Manuel y yo hemos ido con todos los niños (menos dos -Rocío, que estaba enferma, y Jose, que tenía otro compromiso-, a la parroquia de San Fermín de los Navarros, aquí en Madrid.

No es ésta nuestra parroquia, pero el Cardenal Rouco ha pedido a las familias de los distintos movimientos eclesiales, que invitemos personalmente a todos los cristianos, a la Eucaristía del domingo 28 de diciembre. Día de la Sagrada Familia de Nazaret.

Será en la Plaza de Colón de Madrid. a las 12,00h. del mediodía.

Vendrán familias de toda España, y se trata de celebrar todo lo que Dios está haciendo con cada uno de nosotros.

Al final de nuestro breve testimonio, he lanzado una pregunta a las personas que estaban en misa.
Una pregunta que cada uno habrá de contestarse, si quiere, y es la siguiente:
¿Veo a Dios en mi vida?, ¿Tengo que darle Gracias por algo?

Lamentablemente muchos cristianos vamos por la vida sin notar la presencia de Dios, en las cosas que nos ocurren cotidianamente. Y el Señor está detrás de todas ellas. Todo tiene un sentido, aunque muchas veces se nos escapa.
En la mayoría de las ocasiones, lo vemos más tarde, a agua pasada, entonces unimos los hilos y decimos: ¡caramba! ¡esto que me parecía malo, resulta que ha sido bueno para mí!

"Ni un pelo de vuestra cabeza se cae sin que mi Padre lo permita".

Dios está detrás de todo lo que nos pasa. Y todo es para nuestro bien.

Creo que era Juan Pablo II, quien decía que la familia es
la imagen visible, del Dios invisible.
Y es verdad.
Hay mucha gente que nos para por la calle, cuando vamos todos juntos, y nos dice: "qué maravilla", "qué cosa más bonita", y es porque de alguna manera sienten que entre nosotros se da el amor, la comunión. Es decir, la unidad.

La imagen visible, del Dios invisible.

También Jesús, cuando estuvo en la tierra, decía: "Amaos", porque amándoos verán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.
También decía, "sed uno", como mi Padre y yo somos Uno.

"Amaos", (...)" sed Uno para que el mundo crea que mi Padre me ha enviado".

Dos signos (amor y unidad) por los que el que no cree, puede cuestionarse el porqué de su incredulidad.


Nosotros vamos a ir a Colón, desde el agradecimiento.

Para darle Gracias a Dios por habernos sacado de nuestra pereza, de nuestra comodidad, y habernos puesto en un camino de fe.

Para darle Gracias por haber llegado a nuestras vidas, y haberlas cambiado radicalmente.

Para darle Gracias por el vino nuevo que nos está regalando en nuestro matrimonio.

Para darle Gracias por nuestros hijos, por la vida, por todas las personas con las que nos relacionamos y que nos quieren.

También para darle Gracias por las que no nos aceptan, porque están ahí para nuestra conversión personal.

Queremos darle Gracias a Jesucristo porque está resucitado.

Porque esto no es un cuento chino. Ha resucitado. Y ha dado su sangre por ti y por mí. Y nos ha rescatado de la muerte, de esa muerte interior de la que no podíamos salir por nuestras fuerzas. Yo al menos esto lo he vivido, y el sentirte rescatada es la maravilla de las maravillas. Está resucitado. Y viene con nosotros.

Queremos darle Gracias porque ha sido fiel.

El se comprometió, el día de nuestra boda, con nosotros, a ser testigo de nuestro amor mutuo, garante de que es posible vivir felices, siguiendole a El.
Que es posible perdonar, y no pasar factura.
Que es posible amar de verdad, cuando el Espíritu de Dios está con nosotros.
Y lo está cumpliendo. Lo ha cumplido, y lo sigue cumpliendo.

Hay una lectura que recuerdo muy amenudo, y es la de nuestra boda: "Vendrán los rios, vendrán las tormentas, los vendavales (estoy escribiendo de memoria, puede que no sea exactamente así, pero la idea es ésta) y azotarán contra la casa, pero la casa no se hundirá porque está cimentada sobre roca".

Cristo es la roca sobre la que hemos cimentado la casa. Y la casa no cae. Él nos sostiene, nos da su paz, su alegría, la capacidad de perdonarnos... nos da su fortaleza.
Nos da su Palabra (que tanto nos ayuda), y su cuerpo y su sangre, alimento sin el que sería imposible caminar.
También nos da a su Madre, que intercede por nosotros, tantas veces, cuando el miedo nos puede.

Por todo esto, Te damos Gracias, Señor. Y si Tu lo permites, iremos a Colón, a hacer visible tu Presencia, en medio de los hombres.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Ande, ande, ande, la marimorena




Están todos dormidos. ¡Increíble! Agotados, del primero al último. Hemos tenido un día ajetreadillo, y han caido kao.

Hoy dos de los mayores no han venido a comer, porque se han ido a un Vips con los de su clase, de celebración navideña...
los pequeños han comido en el colegio (les han puesto cositas especiales, para celebrar la navidad, tipo: coca cola, hamburguesa, chuches... en fin, todo superdietético, pero bueno, un día es un día).

Yo he salido prontísimo de casa para vestir a las pequeñas, porque teníamos el festival del colegio. Hemos comido a la una del mediodía, Judith, Almudena y yo. Jose Manuel llegaba más tarde, pero con tiempo suficiente para comer rápido e irse al cole.

Por el camino me he encontrado con Jose, el mayor, que venía a casa a comer porque se lo había pensado mejor, y le daba tiempo, así que le dejé las llaves. Mal hecho porque se las dejó olvidadas dentro, y como después del festival, iba a entrenar al fútbol, y dos de sus hermanas tenían que entrar en casa...
en fin, un lío tal que hemos tenido que hacer otra copia, y dárselas a Miguel que ha hecho de "puente" quedándose en casa, y no yendo al segundo festival que teníamos hoy, el de la parroquia.

Pero recapitulo, primero hemos estado en el del colegio, y después en el de la parroquia. Es curioso,llevamos varios años en que nos coinciden los dos festivales de navidad, y vamos con el tiempo justo, de uno a otro. Ponles ropa, quitales ropa, vuelve a ponerles disfraces otra vez.

Pero ha estado bien. Hemos disfrutado todos muchísimo. Hasta Jose Manuel, que con los años va aceptando cada vez mejor este trajín de corre por aquí, vuelve a correr por allá...

Inés iba de "niña del coro", junto con otras cuantas de su clase, vestida de rojo completamente(jersey rojo larguito, y leotardos rojos), con una diadema roja con espumillón plateado, cosido previamente.
Monísima. Tiene cinco años. Le he hecho unas cuantas fotos en la clase, porque en el salón de actos salen de pena al haber poca luz.

Y no es porque sea su madre, pero la pobrecita - es un decir- ha estado genial. El resto del grupo no sabía ni por donde tirar, unos mirando para un lado, otros despistados completamente, sin seguir los gestos de la "profe", en fin, un desastre...
y esta pobre, dale que te pego, calcando, uno a uno, todos los gestos, con un aire de dominio, que vaya... vamos, que les ha salvado a todos de la quema. Qué sol de niña. Y qué petardo de madre, diréis.

Victoria iba de conejo, ¡un conejo en la selva!. El resto de su clase se ha distrazado de otros animales selváticos.

Jose Manuel, con cierto retintín, le preguntó ayer: ¿pero hay conejos en la selva? Y ella, toda inocente, le dijo con su ingenuidad de siete años... "sí, lo que pasa es que están escondidos".

No se quería poner las orejas (hechas con cartón forrado de tela de borreguito) porque no le gustaban, y hasta el último momento me tuvo en vilo... al final se las puso, medio amenazada con que iba a contárselo a la profe... El mismo villancico lo ha vuelto a cantar en la parroquia, junto a otras niñas del colegio... en fin, quiere explotar sus saberes...

Victoria también ha paseado un "burrito" por el escenario (más bien era una oveja grande,de madera, que hacía las veces de burrito, pues según las catequistas,no encontraron nada mejor)y entre villancico y villancico, los reyes magos han entregado oro, incienso y mirra a Almudena, reconvertida en niño Jesús.

Esto ha sido apoteósico. De repente, me viene una catequista y me dice: "Déjame a la niña, que la ponemos en el portal". Y en un pis pas, la veo tendida sobre un cojín, medio contorsionada, no se le veía ni la cara, y oigo voces de niños, sorprendidos, que decían: "se mueve, el niño Jesús está vivo..."

Y yo pensando, "ésta se da la vuelta, y empieza a gatear, o tira de la cortina, y se descuajeringa todo el invento".

Al final, como no se la veía casi, entre la virgen María y un ángel, la han cogido... oye, la niña, ni rechistar... mirándolo todo... quieta, quieta.

Así ha estado un rato, hasta que la ha rescatado el padre Antonio, y me la ha devuelto sana y salva.

También tengo fotos. La lástima es que son con cámara normal, no digital, y no voy a poder colgarlas.

Cuando hemos vuelto, todavía nos quedaba hacer otra excursión a la parroquia porque Miguel, que acaba de empezar este año el Camino, decía que había una reunión con los catequistas para enseñarles cómo se preparaba una Palabra. Fuimos en el coche. Y no vimos a nadie. Nos volvimos. Eran las nueve de la noche. Después, una cena rápida, y a la cama.

No ha hecho falta dar ni un solo grito. No hay nada como un día saturadito.

Queridos Reyes Magos


Queridos reyes magos, este año me he portado más o menos bien, pero yo sé que vosotros no miráis las cosas malas, sino que os fijáis en lo bueno de las personas.

La verdad es que con mis hermanos es difícil no estar con conflictos, en especial con los más mayores, dado que soy la mayor de las chicas y la tercera de la familia.

Hay veces en las que pienso que la vida sería mejor sin esa o aquella persona en concreto, pero luego me doy cuenta de que eso no es verdad.

Mis deseos para esta navidad son muchos, pero uno en especial es que nos ayudéis a estar unidos…

Bueno, también me gustaría tener muchos regalos para esta navidad.

Porque yo creo que, aunque a veces sacamos de quicio a nuestros padres, nos hemos portado bien.

Por ese motivo os pido una cosa que nos gustaría a mí y a todos mis hermanos: una wii

Ya sé que es muy cara, pero solo nos pedimos eso para todos, y si queréis un regalito pequeño.

A mí me hubiera gustado mucho conoceros algún día de estos, pero no se ha dado el caso.

De pequeña siempre quería estar despierta, aunque pareciera que dormía, para poder ver a los camellos.

Porque una cuidadora mía me contó que cuando ella era pequeña, se asomó a la ventana y vio a los camellos, y vosotros después le regalasteis un peluche de camello.

Por eso yo tenía la gran ilusión de ver a los camellos.

Si os contara cuántas veces me habéis hecho feliz con vuestros regalos…

Y sé que a muchísimos niños también.

Me gustaría que si no estáis demasiado llenos, os tomarais toda la comida que os dejamos el día de reyes ¿ok?

Y otra cosita más, me hace mucha ilusión que me dejéis una firmita de cada uno de vosotros, para tenerla de recuerdo.

Este año no os pido que me dejéis una foto vuestra, porque ya os la pedí el año pasado y me dijisteis, en una carta, que no os la podíais hacer porque vuestro halo de luz, vela todas las fotos y se rompería la cámara (bueno eso lo digo yo).

La verdad es que os contaría toda mi vida pero como vosotros ya la sabéis…

Ahora mismo no sé que mas contaros así que…

Os deseo un feliz viaje.

Un fuerte abrazo

RoCíO 12 aÑoS

13-12-o8

miércoles, 17 de diciembre de 2008

HUELE A NAVIDAD por José Manuel




Estas Fiestas me traen muchos recuerdos de mi infancia...
cuando íbamos toda la familia a la Plaza Mayor de Madrid a comprar alguna figurita del belén, algún adorno para el árbol de Navidad, ó simplemente a dar un paseo por el centro y ver la iluminación navideña y los belenes.

Es curioso, pero además de los recuerdos visuales, de lo que más me acuerdo es de los olores,
olía a musgo, a resina de abeto y a corcho.

Hoy quiero que mis hijos sigan disfrutando, tanto ó más que yo, de la celebración del nacimiento del Hijo de Dios.

Poner el belén, cuidadosamente, casi como una ofrenda; con la participación de todos, será -como cada año- el eje principal de la celebración doméstica, y secundariamente el árbol.

Quiero ver la alegría reflejada en el rostro de cada uno de mis hijos, sobre todo de los más pequeños.
Quiero ser cómplice, con Victoria, de algunos secretos que aflorarán el día de Reyes.

Quiero que estas fiestas no pasen de largo en mi casa, sino que sean un punto de encuentro para cada uno de nosotros; que disfutemos de todo lo que el Señor nos regala cada día, con sencillez y alegría.

Quiero que mis hijos sepan que la Navidad permanece en el tiempo, que cada día es navidad, porque Dios, el Emmanuel, el Dios con nosotros, está a nuestro lado todos y cada uno de nuestros dias.

"Yo estoy con vosotros todos los dias hasta el fin del mundo", nos dijo Cristo tras su resurrección.

Quiero que mis hijos sepan que Dios nos lo da todo gratis, la vida -un regalo-, los padres, los familiares, los amigos... otro regalo, los bienes, el trabajo... todo nos lo da El gratis, no lo hemos conseguido por nuestros méritos... hasta la posibilidad de amar y ser amados nos la da El.
E igual que lo recibimos todo, hemos de hacerlo fructificar, generosamente.
Sin pedir nada a cambio. Gratis.

Quiero celebrar el día de los Reyes Magos como manda la tradición.
Hay quienes me dicen que los regalos los dan el día de Navidad, para que los chicos disfuten más de los juguetes, a éstos, siempre les digo lo mismo: ¡Dadselos cuando terminen el curso en junio, así tendrán todo el verano!.

Quiero huir del consumismo y del materialismo, y ahora que tenemos más tiempo, disfrutar de estar todos juntos; y hablar cada uno de nuestras cosas. Lamentablemente, la sociedad actual está creando personas incomunicadas y solas, ensimismadas con tanta televisión, consolas y ordenadores.

Y lo más importante, quiero rezar en familia, acordándonos también de los que ya no están con nosotros; quiero pedir por los que no pueden vivir unas Navidades como querrían.

Las Navidades me huelen a musgo, resina de abeto y corcho. ¡Huelen a Salvación!

domingo, 14 de diciembre de 2008

Carta a la Virgen María


Esta carta la ha escrito Teresa, una de mis hijas (nueve años), y os aseguro que yo no le he dicho absolutamente nada sobre su contenido. Ella lo ha guisado, y ella se lo ha comido. Buen provecho.



Domingo.

Querida Virgen María:

Si pudiera hablar contigo.

Te diría muchas cosas, y esta carta va dirigida a ti.

Gracias por haberme ayudado, y por haber estado siempre junto a mi .

Me gustaría que me dieras fuerzas para seguir adelante.

También que me bendigas en la fe, para estar siempre junto a ti.

Quiero que bendigas a mi familia para que siempre me cuiden.

Tú eres la mejor madre del mundo.

Porque tu hijo Jesús murió en la cruz por nosotros, ¡Es el salvador!

Tú nos estas mirando cada día a cada hora, desde tu mundo que es como un paraíso
sin dolor y sin gritos, es un mundo de tranquilidad.

Y amistad. Como si estuvieras en cualquier rincón del mundo.

Aunque estés solo, la Virgen María siempre estará contigo.

Un saludo. Teresa. La hija de Victoria. !ADIOS¡



POSTDATA: Soy Victoria, la madre de Teresa, de esta carta han pasado nueve años (14 diciembre de 2008), Teresa ya es una joven preciosa, pero os pediría que rezárais por ella un padrenuestro, todos aquellos que pasáis a leer este post. Está en una edad difícil y necesita la fuerza y los dones del Espíritu Santo.
Muchas gracias. Que el Señor os bendiga. (18 de agosto de 2017)

viernes, 12 de diciembre de 2008

Cristina López Schlichting, periodista: "CUIDAMOS MUCHO LOS SIGNOS NAVIDEÑOS"


Hablo con ella, justo después de ser entrevistada en Las Mañanas de la Cope, sobre su libro, Sexualidad y Amor, un recopilatorio de experiencias radiofónicas, fruto del espacio que, sobre sexualidad, tiene en su programa La tarde con Cristina, de la misma cadena. Cordial y amena, en un abrir y cerrar de ojos, cambia el discurso, y del sexo radiado pasa a la fe vivida. Casi nada.

P.: Usted se ha declarado en infinidad de ocasiones, católica. ¿Podría decirnos cómo ha sido su encuentro personal con Jesucristo?

R.: Realmente, desde niña, yo he tenido la pregunta sobre el significado de las cosas y el deseo de conocer la Verdad, muy presentes; un deseo muy alentado por mis padres y por las monjas del colegio. Pero, el encuentro con Cristo se produce a raíz de conocer a un grupo de hombres y mujeres que, realmente, hacen carne la idea de vivir en plenitud, en plenitud de inteligencia, de relaciones… lo cual constituía el deseo más profundo de mi vida.

Concretamente, me encontré con el Señor, a través del movimiento católico Comunión y liberación. Viví esta experiencia, primero en España, y de manera más profunda en Alemania, adonde recalé con 21 años como estudiante. En este tiempo reconocí que la forma de vivir más plena, desde el punto de vista más humano, era el catolicismo. Y como digo yo siempre, “el mecanismo de adhesiones es el de la envidia”, una ve a un grupo de personas que disfruta con su trabajo, que se relaciona de una forma profunda y verdadera entre sí, y que afronta la realidad con una inteligencia nueva, y con un juicio nuevo, y quiere eso para sí. Yo lo pedí, se lo pedí a Dios Nuestro Señor, y él me concedió el poder formar parte de la Iglesia.

P.: ¿Sigue asistiendo a las reuniones de CL, o ya no dispone de tiempo, debido a su trabajo radiofónico?

R.: Por supuesto que asisto. Yo creo que la experiencia de la fe no puede ser abstracta, pasa por el encuentro con una carne que te salva, que te recupera a una novedad, a una sorpresa que, de por sí, en ti mismo se ahogaría, se agotaría; y para mí ese espacio dentro de la Iglesia se llama Comunión y Liberación. De tal manera que, en la medida en que pretendo permanecer con las preguntas y respuestas que llevo en el corazón, necesito nutrirme del amor de Dios.

P.: ¿Desde pequeña ha sido católica, o usted fue educada en el protestantismo?

R.: No, no fui educada en el protestantismo. Mi madre, alemana y luterana de educación, fue bautizada antes de casarse, y realmente en nuestra casa hubo siempre una apertura muy grande, una pregunta grande, sobre el significado de la vida; pero la educación que yo recibí fue, más bien, agnóstica. Después, en el transcurso de la vida, ya con 18 años, conocí CL.

P.: ¿Cómo celebra la navidad en familia, y qué significado tiene para usted?

R.: Yo siempre he celebrado la navidad de forma muy intensa; porque la tradición alemana sobre este acontecimiento, incluso desde el punto de vista de los signos externos, es muy cuidada. Se celebra mucho el adviento, lo cual en España se hace menos: Se van abriendo ventanitas de un calendario, se colocan coronas de adviento por la casa, de tal modo que siempre ha sido una celebración muy cuidada, aun en los años en que mi familia no se podía considerar creyente, me refiero a mis padres y a nosotras, las hijas. Pero sí que se podía reconocer un deseo muy grande de cumplimiento, que en cierto modo estaba truncado, en el sentido de que se cuidaba mucho la mesa, los adornos, el árbol, los regalos, y a veces uno se daba cuenta de que existía una distancia entre el deseo que abría en el corazón esos gestos, y la realidad, que parecía defraudar las expectativas. Y ese salto se llenó de significado con mi conversión, con mi encuentro con Cristo. Me di cuenta que los deseos justos que despertaba la celebración familiar navideña, tenían cumplimiento en la persona de El, encarnada en la Iglesia. Y bueno, ahora, sencillamente, celebro la navidad de acuerdo con lo que he aprendido de mis padres, pero con una alegría muchísimo mayor, al saber que, realmente, no es un gesto vano, sino que anuncia el Dios con nosotros. Y que esto es perfectamente vivible.

En concreto, en mi familia propia (marido e hijos) cuidamos también el adviento, ponemos cuatro velas y las ramas de pino, y cada domingo de adviento encendemos una vela, signo de que queda menos tiempo para la navidad; rezamos en familia, colocamos un belén gigantesco -que quizás era algo menor en la casa de mis padres-, pues, hemos incorporado mucho, a esta celebración, la tradición española. Y nos reunimos la familia, también mis padres, mis hermanas, el resto de los miembros de la familia.

P.: Usted tiene tres hijos, y una niña en acogida… Para ellos, supongo que serán especiales los días de navidad, ¿cómo lo viven los niños, en su casa?

R.: Tengo tres hijos, dos chicos y una chica, más una niña acogida, ecuatoriana, que nos acompaña desde hace cinco años. Bueno, ellos ya son mayores, son adolescentes todos, y en cierto modo, esto depende de los temperamentos… pero la navidad siempre ha sido muy cuidada en casa, y están acostumbrados a que sea una celebración muy importante, y muy hermosa. Hay unos que se ilusionan más, le dan más importancia, otros que a lo mejor, incluso, se hartan de tantos encuentros familiares… pero cuando las cosas están llenas de significado eso no importa mucho, tienes permiso hasta para cansarte. Yo por ejemplo, me canso mucho de la publicidad, de las compras,… y no tengo problema en decirlo, porque la navidad es un espacio en el que también entran estas cosas, para mí, agotadoras e inadecuadas.

P.: Y qué decir del Día de Reyes… ¿Cómo viven este acontecimiento?

R.: -Es una experiencia muy peculiar la que tengo del Día de Reyes, porque Reyes se celebraba muy poco en casa de mis padres, precisamente porque al estar presente la tradición protestante, se celebraba más el día de navidad, y se entregaban los juguetes ese día; pasando, la Epifanía, prácticamente desapercibida.

Cuando yo fundé mi propia familia, me informé sobre cómo los españoles celebraban la tradición de Reyes… los zapatos, el colocar zanahorias para los camellos… y realmente incorporé de una forma consciente, deliberada, y si cabe, incluso, un tanto artificial, la tradición de Reyes a nuestra familia.

He comprendido con esta fiesta que el Señor se revela a los hombres de todo el mundo, independientemente de su condición o procedencia, y que los Reyes Magos son personas concretas a las que te puedes encomendar; están presentes en el santoral, son santos. Si durante mi infancia, el día de Reyes pasó sin pena ni gloria, para mis hijos no ha sido así, es decir, tanto los preparativos como el mismo día de Reyes ellos lo han vivido y viven con verdadero entusiasmo.

Es un día muy hermoso. Esta experiencia católica permite incorporar a la vida la certeza de la existencia de los Reyes; que los padres, pajes de sus Majestades, obedeciendo la inspiración de los Reyes Magos, ponen los juguetes, para sus hijos; movidos, también, los padres, por el deseo de que sean felices.

martes, 9 de diciembre de 2008

La hierba crece de noche




Poco antes de morir, Martín Descalzo me concedió una entrevista para Familia Cristiana, donde entonces yo trabajaba, y una cosa se me quedó grabada de aquel tête a tête:

«La hierba crece de noche», me decía, refiriéndose a cómo él había descubierto que el bien es más poderoso que el mal, aunque en muchas ocasiones permanece oculto y crece casi sin ser percibido.

Es cierto que el bien, muchas veces, es discreto, no busca el aplauso ni el reconocimiento.

Y conviene mirar con ojos nuevos para verlo. Por lo demás, todos tenemos una necesidad innata de buscar lo bueno, lo amable, lo perfecto.

Es decir, todos tenemos la impronta de Dios en nuestro interior.

Dice un sacerdote conocido mío, parafraseando a san Agustín, que el amor de Dios, derramado en nuestros corazones, nos hace amables, es decir, amantes, sensibles a las necesidades de los otros.

Cuando crees que verdaderamente eres importante para Él, todo cambia. Es como esa brisa suave que lo transforma todo, y que hace que cada cosa adquiera la importancia que realmente tiene.

Entonces podemos atender la llamada telefónica inoportuna sin echar un bufido, o ayudar a los hijos en sus deberes sin ponerles mala cara. Entonces, el bien vence al mal.

Sin embargo, en otras ocasiones, cuando ese Espíritu del Señor está de vacaciones -porque lo he apartado de mi día a día-, vienen a mi cabeza las palabras de san Pablo: «Desprecio el bien que quiero, haciendo el mal que no quiero». Es cuando el Maligno gana la partida.

¿O es que alguno piensa que Satanás, el engañador, el mentiroso, el sibilino, no tiene nada que ver con el mal que asola el mundo? ¿No tiene nada que ver con los malos tratos, con los matrimonios rotos, con los asesinatos de hijos a manos de sus progenitores?

Más de uno ahora mismo estará poniéndose las manos en la cabeza. ¡Qué locura! ¡Hablar del diablo en pleno siglo XXI! ¡Retrógrados! ¡Cristianos, a los leones!, como dirían hace unos cuantos siglos.

Pues sí, por causa del Maligno entró la muerte -el pecado- en el mundo, dice la Escritura. Y el combate contra sus argucias ha de ser diario para los que buscan a Dios.

Porque no se presenta a las claras, él usa de la suavidad para embaucar, y eso lo sabemos muy bien los que alguna vez hemos experimentado su zarpazo. No estoy loca.

Precisamente porque nuestro Padre Dios respeta profundamente la libertad del hombre, el llamado diablo o Satanás sigue acampando entre nosotros.

Menos mal que tenemos al Cristo, al Hijo de Dios vivo, que es testigo fiel, y nos salva. Publicado en Alfa y Omega.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Gracias, Gracias, Gracias


Hoy tengo que darte Gracias, Padre.

No lo hago a menudo, mejor dicho, no lo hago casi nunca.

Pero me veo en la necesidad imperiosa de decirte Gracias.

Gracias porque has sido fiel conmigo, incluso cuando yo andaba despistada, tras los Baales, a los que daba culto.

Otros dioses, a los que pedía la Vida que sólo Tú sabes dar.

Andaba buscando el prestigio, el reconocimiento de los demás... el amor... esclava –sin yo saberlo- de los afectos, pidiendo a gritos que me quisieran.

Matándome en los estudios... sin ser Señor de mi propia historia.


Me acuerdo de mis devaneos con el marxismo,

o cuando pensé orientar mi vida en pos de alguna religión oriental…

porque no te encontraba, no te veía por ningún sitio. Andaba perdida.

Sin embargo, Tú estabas ahí. Esperándome. Es verdad que tú eres el dueño del tiempo, y te manifiestas cuando te parece oportuno.

Es verdad que respetas, enormemente, la libertad de cada hombre/mujer.

Recuerdo lo vacía que estaba durante la carrera, en la Facultad. Cómo acribillaban a la Iglesia, y cómo todo aquello me hacía mella.

Llegué a perder la fe. Pero Tú seguías ahí, esperándome.


Recuerdo las tardes sentada en el último banco de la Iglesia. Sin saber qué hacía allí.

Sola. Con una gran soledad interior. Buscándote, sin yo saberlo.

Preguntándome porqué se arrodillaban, “qué tontería, -decía yo-. Se postran porque no son libres”.


Cuántos errores que tú has ido deshaciendo uno a uno.

Ahora lo veo, la verdadera libertad está en adorarte. En amarte.


Te valiste de mi madre (qué no harán las madres por los hijos…). Ella casi me obligó a entrar en Legión de María.

No entendía nada. Después lo entendí todo.

Descubrí que me amas, que siempre me has amado. Gracias. Gracias. Gracias.


Pero todavía me quedaba mucho por recorrer.Me diste un novio.

Yo quería formar una familia cristiana. El noviazgo no fue fácil.

Entré en la muerte durante un tiempo, en esa muerte interior que se experimenta cuando uno hace lo que quiere, pero no lo que Tú quieres.


No me atrevía a acercarme a la eucaristía, me sentía sucia. Así estuve muchos meses.

Pero tú tuviste misericordia, la que siempre tienes con cada uno de nosotros.

Por fin, casi me llevaste en volandas al confesionario, y allí, entre lágrimas, experimenté tu perdón,

tu paz, y la alegría del hijo pródigo. ¡Casi nada!


Intentamos vivir el noviazgo de cara a ti. Buscándote. Tuvimos alguna recaida, pero nos levantamos.

Tú me preservaste. Te doy Gracias. Gracias. Gracias.


Nos casamos. Pero no comimos perdices. Estuvimos un tiempo yendo a un grupo de matrimonios, donde compartíamos vivencias, escuchábamos tu Palabra…

ahí sentí verdadera hambre de Tí. ¡Te necesitaba tanto!

Pero aquellas reuniones eran muy de tarde en tarde, y el grupo acabó deshaciéndose.


Otra vez el frío. El desierto. Porque sin Ti la vida se convierte en un erial.

Ya teníamos cuatro hijos, y la vida se me hacía muy cuesta arriba.

Recuerdo que no podía cantar. No podía rezar. Lloraba sin saber porqué.

No sabía por qué vivía, por qué trabajaba, por qué cuidaba a mis hijos.

Me faltaba la razón última. O primera. Que eras Tú.


Sólo hallaba consuelo cuando iba a misa.

Era lo único que me daba esperanza. La que yo había perdido.


Entonces te manifestaste de nuevo.

Vi la alegría que das a los tuyos. Y la quise para mí.

Entramos en el Camino Neocatecumenal. Casi obligué a José Manuel.

Le dije: “Lo necesito muchísimo. Si no vamos, me habrás defraudado profundamente”.

Gracias. Gracias. Gracias.


Y ahí comenzó un camino de bajada, bajada… me di cuenta de mis debilidades, me escandalizaba de ellas.

Yo que me creía tan perfecta, tan buena, tan justa…

Tú permitiste que me quedara en casa, sin trabajar, para encontrarme contigo en el silencio de la oración.

Para deshacerme –a duras penas- de la vanidad, del ego… que los tengo tan a flor de piel…

Me sentí muy querida por Tí. Te conocí y te amé.


Me revelaste cosas que yo había tapado tanto, que ni yo misma sabía que estaban ahí.

Descubrí el sufrimiento tremendo que tenía por no amar a mi marido como yo hubiera deseado.


El enamoramiento me duró muy poco, y ya no estaba enamorada.

Aquello me hacía sufrir muchísimo.

Este descubrimiento, que fue muy doloroso, ha sido el principio de una verdadera historia de amor.

La que tú estás haciendo con nosotros y entre nosotros.

Has edificado la casa sobre roca, y los vientos y las tempestades no han podido con ella.


Ahora te alabo y te doy gracias por que haces las cosas bien, maravillosamente bien.

He descubierto que el amor verdadero pasa por la entrega sin condiciones.

Me has enseñado que el amor es un acto de la voluntad,

que hay que “querer querer”, y eso intento.


También he visto –porque has quitado la venda de mis ojos-

que yo no soy mejor, ni muchísimo menos, que mi marido.

Que él es un pobre hombre y yo soy una pobre mujer. A los que amas tanto, tanto…


Ahora veo –o intento ver- a Jose Manuel con tus ojos. Y caramba, ¡qué cambio de perspectiva!

También te quiero dar gracias porque me admiro de Tí.

Has sostenido a mi marido durante tantos años…

le has dado la gracia suficiente, y abundante, para no mandarme a hacer gárgaras…

me admiro de que me quiera, de que me ame habiéndole yo rechazado, humillado,

hecho de menos delante de los niños… tantas, y tantísimas veces.


Gracias, Señor, porque verdaderamente has estado sosteniendo

nuestro matrimonio todos estos años.


También te doy gracias, y la boca habla de lo que rebosa el corazón,

por habernos dado el vino nuevo, ese vino agradable al paladar, dulce, intenso, que tanto necesitábamos.


Gracias por darnos de ese vino que diste en Caná, al final del banquete de novios,

cuando ya los comensales estaban casi saciados.

Nos estás llenando la copa de ese vino nuevo.

Y de verdad, que es con mucho, lo mejor.

Gracias, gracias, gracias.