lunes, 29 de diciembre de 2008

Estuvimos en Colón






Hoy he vuelto a leer la homilía que ayer pronunció Rouco en la misa de la familias, en Colón. Tiene mucha miga. Pero primero quiero hablar de los preliminares.

Parecerá que nos plantamos en Colón, así como así. Pero todas y cada una de las familias que allí acudimos, hemos vivido nuestra particular "peregrinación". Nuestro particular "sacrificio", necesario por otra parte, para que lo vivido no se lo lleve el viento, sino que fructifique.

Muchas familias vinieron de otras ciudades y pueblos de España, en autobús, en tren, o en furgoneta, el mismo día, o con algún dia de antelación. Muchas de ellas fueron acogidas por familias madrileñas que les abrieron sus casas, para que pudieran descansar y asearse.

Este es un signo muy importante, el de la hospitalidad, del que la Escritura habla a menudo: quien acoge al forastero, al venido de lejos, acoge a Dios mismo.

Me estoy acordando al hilo de todo esto, de Abraham, quien ya viejo y sin esperanza de concebir un hijo (su mujer Sara, era estéril y ya mayor), acoge a tres forasteros en su tienda, y les ofrece todo lo que tiene.

Como compensación a su hospitalidad, estos tres hombres (la Trinidad misma, Dios) le anuncian que su plegaria ha sido oída, y que su mujer Sara concebirá un hijo, Isaac.

También la viuda de Sarepta, ofrece todo lo que tiene (un poco de aceite, y harina, creo recordar), pensando que después, morirá, pues era lo único que le quedaba.

Y el peregrino al que acogió resultó ser un profeta, que le anunció que su alcuza estaría ya llena siempre.

Pero no quiero desviarme del "tema". Nos levantamos a las ocho de la mañana,
y tras despertar a los niños, hubo que hacer el desayuno, escoger la ropa (fallo mío, que tenía que haberla preparado la noche anterior), vestir a las pequeñas, preparar los cochecitos,
-dos- (porque Judith, aunque tiene dos años, todavía para los trayectos largos, usa cochecito),
pañales, biberones, potitos, toallitas... algunos tentenpiés para los mayores...

No nos llevamos banqueta porque no conseguimos cerrarla (estaba encasquetada), pero un hermano de comunidad se presentó con un cartón enorme, y allí se sentaron al menos, quince de los niños que llevábamos entre todos.

Hicimos un corro alrededor de ellos, y plantamos el chiringuito. De nuestra comunidad, éramos alrededor de doce adultos, y unos veinte niños.

Los meteorólogos daban un 80 por ciento de probabilidad de lluvia, el día anterior a la Eucaristía. El mismo día por la mañana, las previsiones eran de un sesenta por ciento, pero... no llovió,
e incluso llegó a salir el sol por unos instantes... durante la consagración.

El ambiente era festivo, llevábamos guitarras que no llegamos a sacar de sus fundas,
porque los villancicos se oían con una fuerza pasmosa.

Me gustaron mucho las lecturas, el evangelio cantado, y el momento de la paz.
Este signo siempre me "toca", porque se pone de manifiesto la comunión, el amor verdadero, que sobrepasa las rencillas o disgustos que hayan podido darse en la convivencia entre los hermanos.
Y es verdad que muchas veces busco a personas concretas, portadoras de paz, porque quiero, necesito, que me la "pasen" a mí. Parecerá una tontería, pero a mí me funciona.

Este encuentro me ha reafirmado en la convicción de que es posible, proponer, al hombre/mujer de hoy, el estilo de vida cristiano: La familia de Nazareth.
Creo que todos los que estábamos allí, íbamos en la actitud de dar gracias a Dios, por todo lo que está haciendo con nosotros.

“La verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra,
con suavidad y firmeza a la vez, en las almas”.


Esta frase de Rouco, me ha dado qué pensar.

Es muy esperanzadora. Viene a decir que la verdad acaba implantándose,
por la misma esencia de esa verdad.
Me gusta, porque me tranquiliza.

Me hace ver que siguiendo a Cristo, sin dobleces, viviendo la verdad de mi familia,
mis familiares más alejados, se toparán con El.
Y le reconocerán.
¡Me parece estupendo! ¡Qué descanso! Sin que yo tenga que forzar nada...

Yo, hablo por mí misma, no me creo superior a ninguno de los que no han ido. Soy igual de pobre, necesitada, que cualquiera de mis vecinos, amigos, familiares, etc.

Ahora, es verdad que, he encontrado a Alguien, que está redimensionando mi vida.
Que me ama, con todas mis debilidades.
Que ha dado su vida por mí cuando yo estaba enfangada.
Y este tesoro, lo llevo en un vaso de barro. Pero es mi tesoro.

Y quisiera que otros también lo encontraran. El suyo. Que es el mío.
Porque es un mismo tesoro, inagotable.
La perla preciosa de la que habla el Evangelio.
El amor de Dios derramado en nuestros corazones.

Creo que la gloria es Suya, y que cuando uno/a se fía de El, la vida da un giro de 180 grados.

"Formad familias que sigan el modelo de la familia de Nazareth, que vivan en sencillez, humildad, y alabanza", esto es lo que María, inspiró al iniciador del Camino, Kiko Argüello.
Y Rouco ha venido a decir lo mismo: "La familia es gracia de Dios.
Y un modelo para vivirla: la Sagrada Familia de Nazareth".

La familia es Gracia de Dios, nos decía el cardenal.
Dios Padre está detrás de cada una de nuestras familias. Y las sostiene.
Y lo que a nosotros, padres, se nos escapa, a El no. Esto también me tranquiliza.

Yo, por mí misma, no me hubiera embarcado en esta aventura,
"loca" a los ojos del mundo,
si no fuera porque tengo la certeza interior de que José Manuel y yo misma,
no estamos solos en esto. Cristo está detrás.
Y mantiene la barca. Y amaina los vientos.
Y aunque parezca dormido en algún momento, está ahí, con poder sobre la vida y sobre la muerte.
Diciéndome, "sal de la barca", "anda sobre las aguas", "mírame, y ven".

Y es verdad que cuando el mar está bravo, el mar de mis debilidades, de mi ira, de mi egoísmo, de mi falta de fe, de mi dureza de corazón... cuando el mar está bravo, siempre viene el Señor, y como a Pedro, me dice: hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

Y me da la mano. Y mirándome, me hace caminar sobre las aguas.

Por último, sólo decir que es verdad que los santos inocentes de nuestro tiempo, - el 28 de diciembre fue la conmemoración de los Santos Inocentes-
son los millones de niños abortados en el mundo.
Esos, que ya interceden por cada uno de nosotros.

También os rogaría una oración por los niños maltratados,
desnutridos, explotados, abusados... santos inocentes.