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Mostrando las entradas etiquetadas como Anécdotas

Cosas del veranito

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Anoche a las seis de la madrugada llegó Jose (17 años) en autobús desde Santiago de Compostela... ha sido una experiencia fuerte para él, se le ve contento, feliz; el segundo día de camino se dobló el tobillo y se hizo un esguince (fue con un amigo, los dos solos, dormían en polideportivos y albergues ; ¡una sola vez probó lo que es una cama en estos cinco días!). Aun así siguió peregrinando, así que cuando ha llegado a casa tiene una inflamación considerable y habrá que llevarle a urgencias mañana sin falta. Nos ha contado hoy a todos en la oración de laudes que "en el camino te das cuenta de muchas cosas, salen todos tus demonios y también lo mejor de ti mismo. Yo he visto que el Señor nos ha precedido, ha habido veces en que nos hemos dado cuenta, y otras en que no; nosotros, que ibamos completamente fiados en la providencia, sin alojamiento, casi sin dinero... cuando ya parecía imposible encontrar donde pasar la noche, siempre surgía alguien que nos echaba una mano... una t...

La Belleza

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Hay una anécdota que he contado alguna vez a mis hermanos de comunidad, y que hoy quiero traer aquí, porque a mí, en su día, aparte de hacerme "gracia", me ayudó a pensar... Victoria debía tener unos cinco o seis años, y hubo un tiempo largo en que cuando la abrazaba, o le daba un beso, siempre le decía... -¿Y tú, por qué eres tan bonita? ella, se me quedaba mirando, y no contestaba nada... así que yo le daba la respuesta: -"Porque Dios te ha hecho así". A la niña aquello se le debío quedar grabado a su manera, y un día, cuando le pregunté, en medio del achuchón... -¿Y tú, porqué eres tan bonita? Ella, ni corta ni perezosa, me espetó, con una gran sonrisa: -"Porque Dios me ha nacido". Me acuerdo que entonces solté una enorme carcajada, pero luego, pensándolo detenidamente, me he dado cuenta de que esa frase de mi hija, tiene mucha "enjundia". "Dios me ha nacido"... Es verdad que cuando Dios Padre te nace, te regala la belleza... porque ...

Gracias, chicas

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Realmente me he conmovido. Ayer, catorce de mayo José Manuel y yo hicimos diecisiete años de casados... en principio, no habíamos pensado nada especial para celebrar el evento. Pero he aquí la sorpresa. Las pequeñas (Victoria, Inés y Teresa) -Judith y Almudena todavía no se enteran de la misa, la media- nos abordaron, impacientes, nada más cruzar el umbral de la puerta, y tras unas cuantas interrupciones y chillidos, nos dijo Teresa: -Toma, mamá, cuatro euros y noventa céntimos. Para que os vayáis a tomar algo, por vuestro aniversario. A renglón seguido, no nos dejaron ni respirar. Pretendían que nos fueramos INMEDIATAMENTE, de casa, a celebrarlo. Ya había detectado yo días atrás un cierto movimiento, y me imaginaba que algo tramaban. Las pretensiones eran más grandes; en principio, querían invitarnos a cenar, y habían estado ahorrando durante más de un mes... pero alguna que otra imperiosa necesidad (comprar chuches), y alguna ladronzuela (de nombre, Judith, para más señas) meno...

El Milagro

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A las dos de la tarde del día de Reyes, sonó el teléfono: -¿Es usted el padre de José y Miguel Poveda? --Sí, así es. --Mire, tenemos aquí, en la recepción del programa Los pequesabios, de Torre España, varios sobres a su nombre. Los han traído distintas personas en estos últimos quince días, y nos ha extrañado que nadie haya venido a recogerlos. En cada sobre está escrito “Entregar a los padres de José y Miguel Poveda”. Hemos creído que teníamos la obligación de llamarle por teléfono, y hacérselo saber. --Muchas gracias, iré a por esos sobres ahora mismo, dijo el papá de los siete. Y tras despedirse de su mujer y de la chiquillería, con un “hasta luego, ahora vuelvo”, salió de la casa apresuradamente. Cuando llegó a Torre España, Andrés estaba excitado. Sabía que algo imprevisible iba a ocurrir. Preguntó en recepción, subió a la 5ª planta, y allí le entregaron los sobres. Eran cinco sobres blancos, sin remitente, y la letra de cada uno de ellos marcadamente distinta. Los abrió. El prim...

El concurso de la tele

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--Por favor. ¿Es usted la madre de José y Miguel Poveda? Pregunta una voz femenina, al descolgar la mamá de los siete el teléfono. -Sí. Dígame. -Llamo del programa “Los pequesabios”. Sus hijos nos han escrito para concursar con nosotros. Nos gustaría que viniesen a la grabación el próximo martes, a las cinco de la tarde. El programa se emite en directo. Los padres están invitados a presenciar el concurso en el plató. Por supuesto, pueden venir con más familiares, si lo desean. Tras anotar la dirección, Isabel se sienta en una silla. No puede creerlo. Sus hijos han llamado a un programa concurso. Llegan pronto a los estudios de Torre España, todavía falta una hora para que comience la emisión. José y Miguel tienen cara de circunstancias. Están muertos de miedo, pero ilusionados. --No os precipitéis. Pensad antes de responder. No tengáis miedo, les dice su padre. --No es miedo, papá; es pánico, replica Miguel, mientras una maquilladora le retoca los pómulos de la cara con una esponja. E...

La carta de los misioneros

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Una mañana lluviosa, al volver del colegio, mamá encuentra en el buzón del ordenador, un correo electrónico de los misioneros italianos que viven en China. Extrañada, abre el mensaje y lee: “Queridos Andrés, Isabel, y niños: No os inquietéis. Os escribimos estas palabras para deciros, en primer lugar, que estamos bien, trabajando mucho, como de costumbre. Los niños, un tanto nerviosos porque llevan varios días sin poder ir al colegio a causa de las inundaciones que han sacudido esta zona, y nos impiden desplazarnos con normalidad. En parte, el motivo de esta carta está ligado a este suceso: Mirad, debido a la catástrofe natural que hemos padecido, dos hermanos, un niño y una niña, han perdido a sus padres. Tienen 9 y 7 años respectivamente, y se llaman Lao Ming Se, y Tao Ming Se; no tenían ninguna otra familia, así que se encuentran desamparados. De momento, viven con nosotros, pero nos gustaría que pudiesen hallar una familia española que los acogiese como hijos propios. El departamen...

INESITA DICE AJO

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Somos siete hermanos. Si nos ponemos uno al lado del otro, de mayor a menor, todos seguiditos, vamos decreciendo en altura y en “madurez”. Aunque si empiezas a mirarnos de abajo hacia arriba, es decir, de bajitos a altos, verás que somos la monda. Inés es la más pequeña, de momento.  Tiene tres meses, y todos sus hermanos alucinan con ella.-¡Mamá, ha dicho aaajooo .... dice Miguel, a voz en grito, seguido por el pasillo, casi pisándole los talones, por José, Cristina, Teresa, María y Victoria. Todos llegan a la cocina casi sin aliento.  --¡Mamá, mamá! Inés ha hablado.... explica Miguel, zarandeando a su madre, que tiene en las manos un cuenco lleno de gazpacho, y poco falta para que riegue con él todo el suelo de la cocina. --¿De verdad ha dicho ajo? Pregunta la mamá de los siete acercando su rostro al de la bebé quien, mirándola con sus ojos vivos y brillantes, le regala la mejor de sus sonrisas. Después, Isabel, la mamá, se saca uno de sus pechos y lo acerca a la boca de la ...

Crisis, ¿qué crisis?

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Cuando me hablan de la crisis, suelo responder siempre lo mismo: “Yo llevo en crisis muchos años, y aquí estoy. Nunca me ha faltado de nada”. El Señor siempre se ha ocupado de nosotros. Y ha provisto, con generosidad. Lo cual no quiere decir, que no sigamos en crisis, año tras año. Nuestra crisis económica llegó con la sexta hija, más o menos. Entonces comprobamos que el dinero no se estiraba más, ni la tarjeta de crédito tampoco. Pero también comprobamos que había Uno que lo sabía. Que sabía de nuestros apuros. Y entonces, nos sentimos aliviados. “Ni un solo pelo de vuestra cabeza se cae sin que mi Padre lo permita”. “Buscad el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”. Y esta Palabra se ha cumplido. Y se sigue cumpliendo en nosotros. A mí me llega ropa nueva, de todas partes. Ya hasta me da apuro decir que no la necesito. Porque me parece que esa o aquella persona la ofrece con ilusión. Pero es cierto. A veces voy a la parr...