domingo, 8 de marzo de 2009

Crisis, ¿qué crisis?




Cuando me hablan de la crisis, suelo responder siempre lo mismo: “Yo llevo en crisis muchos años, y aquí estoy. Nunca me ha faltado de nada”.

El Señor siempre se ha ocupado de nosotros.
Y ha provisto, con generosidad.

Lo cual no quiere decir, que no sigamos en crisis, año tras año. Nuestra crisis económica llegó con la sexta hija, más o menos.
Entonces comprobamos que el dinero no se estiraba más, ni la tarjeta de crédito tampoco.

Pero también comprobamos que había Uno que lo sabía. Que sabía de nuestros apuros.
Y entonces, nos sentimos aliviados.

“Ni un solo pelo de vuestra cabeza se cae sin que mi Padre lo permita”.

“Buscad el reino de Dios y su justicia,
y todo lo demás se os dará por añadidura”.

Y esta Palabra se ha cumplido. Y se sigue cumpliendo en nosotros.



A mí me llega ropa nueva, de todas partes. Ya hasta me da apuro decir que no la necesito. Porque me parece que esa o aquella persona la ofrece con ilusión. Pero es cierto.
A veces voy a la parroquia con bolsas inmensas de ropa, para que allí las distribuyan.

Hace unos años, una amiga mía se acercó a casa con su furgoneta repleta de zapatos nuevos, de niña. Su cuñada, dueña de una zapatería,
se los dio porque la gente no pide zapatos de “temporada pasada”.
Había unas sesenta cajas. Una barbaridad.
Repartí, y aún así, todavía tengo zapatos de aquellos por casa.

Todas las navidades, no se sabe cómo
-bueno, sí se sabe. Son personas concretas, a las que el Señor toca el corazón-,
degustamos un par de jamones ibéricos.
Siempre hay alguien –que no es de nuestra familia- que piensa en nosotros.
Y aparece en casa, con el jamón bajo el brazo.

El año pasado, en las colonias de verano de las niñas, nos dieron cajas y cajas

de una crema para untar en pan, porque no les daba tiempo material de consumirla.
Faltaban días para que caducasen, pero congeladas, nos duraron varios meses.

Hasta ahora, siempre hemos tenido vacaciones inolvidables, con casas estupendas,
donde los niños han disfrutado muchísimo. Me acuerdo de una de la que decíamos:
“Si es que no hace falta ni salir de aquí. Ni hacer excursiones, si quiera.
Explorar esta casa, es la excursión”.
Y esta en concreto, tirada de precio. Debimos coger al propietario, en la hora tonta.

Incluso nos hemos ido de viaje varias veces, gracias a “regalos inesperados”.

Una vez nos tocó un viaje a Roma, para dos personas, con unas papeletas
de fin de curso de uno de nuestros hijos.
José Manuel siempre había dicho que le gustaría conocer Roma, y soñábamos
que cuando los niños fueran mayores… iríamos.
Lo veíamos imposible, dada nuestra situación económica.
Fue un regalo. Del de arriba.

Otra vez, la empresa donde trabaja mi marido obsequió a todos los empleados
con un fin de semana en una hospedería rural…
así que , allí, en Cáceres, nos plantamos.

Con todo esto, lo que quiero decir es que sí, la crisis existe,
pero Dios también. Así que, mucho ánimo.

Que la crisis está muy bien para comprobar que nosotros no lo podemos
todo en nuestras fuerzas. Que necesitamos mirar a lo alto.

Y que el Señor lo da todo gratis. Sin intereses.