jueves, 12 de marzo de 2009

Por qué creo en Ti


Esta tarde me preguntaba a mí misma porqué creo que Dios existe...

A veces conviene hacerse esta pregunta, para no ir por la vida como una zombi.
Y veo señales tan evidentes de que Dios no es una entelequia,
que no me resisto a hacer aquí un memorial del amor y la paciencia
que el Señor ha tenido conmigo.

Primero, creo que Tú existes porque todo lo has hecho hermoso.
Tu creación es una maravilla.
Empezando por la naturaleza, y terminando por el hombre.
Todo es complejo, y a la vez lógico.
Es curioso ver cómo cada cosa, por pequeña que sea,
tiene su lógica interna, su orden...

Segundo, creo en Ti, porque creo en el Amor.
Creo que hemos sido creados para amar, y esa necesidad Alguien
la ha puesto en nosotros.
Y es un amor que trasciende incluso la muerte.
El amor no acaba nunca.
Por eso creo que Tú lo trasciendes todo, lo abarcas todo, lo engendras todo.
El amor no muere nunca. Y es un signo evidente de que Tú existes.

Tercero, creo que eres Padre porque me has cuidado
desde que nací hasta el día de hoy.

Al principio, te conocía de oídas, después te han visto mis ojos.

Me diste una familia cristiana que me inició en esto de la fe.
No me ahorraste sufrimientos,
pero éstos me han hecho madurar. Y buscarte.

Me he sentido muy amada y querida por ti en la oración.
En esa intimidad que tu regalas a los que te buscan con corazón sincero.

Yo te necesitaba tanto, que irrumpiste en mi vida como un torrente.
También como una brisa.

-Pero Dios no estaba en el viento...
pero Dios no estaba en el fuego...
pero Dios no estaba en la tormenta...
Elías se tapó la cara cuando notó que Dios estaba en la brisa suave...

Verdaderamente eres grande. Y eres Señor.

Respetas tanto la intimidad de las personas, su libertad, que podemos frustar
el diseño de amor que tienes para cada uno de nosotros.

Y lo respetas. Respetas hasta el mal que nos infligimos unos a otros.

Pero pacientemente esperas. Esperas al hijo pródigo.

Qué grande eres, Señor.

Me has ayudado a conocerme a mí misma.

Tantos años viviendo en una soledad tremenda, y ahora me doy cuenta de lo
alienada que estaba.

A veces, estamos tan a gusto en Egipto, comiendo cebolla, y ajos. Que no queremos
salir de ahí. Que nos da miedo andar hacia la tierra prometida.

Tú me has puesto en marcha. Me has mostrado cómo soy. Todas mis debilidades.

Mi vanidad. Mi soberbia. Mi envidia (Cómo he envidiado a otras personas, porque querían "quitarme" el cariño de esa o aquella persona, y cómo las he despreciado, rechazado en mi interior). Mi egoismo. Mi falta de amor hacia los demás... Mi lujuria. Mi falta de fe. Mi ira...

He visto el mal que habita en mí, cuando tú no estas conmigo.

He visto lo ligada que estoy a los afectos.

Cómo busco que me quieran... tú me has liberado de esta esclavitud.

Y me has dado la oportunidad de amar a las personas, buscando su verdadero yo,
dejando a un lado las apariencias... como tú quieres que nos amemos.
Por lo que somos. Hijos tuyos.


Señor, y dador de Vida.

Cómo has sido un Padre bueno conmigo, y con mis hijos.
Cómo les has regalado la vida a cada uno de ellos.
Cómo los has cuidado, incluso sin yo saberlo.

Nueve hijos que son nueve dones.

Si nos ponemos "científicos", sólo tendría que haber nacido el mayor.
Los demás, tendrían que haber muerto, o tener alguna tara...
dado que José Manuel y yo tenemos RHs incompatibles.
Y yo nunca -por desconocimiento- me he puesto la "vacuna" que evitaría el rechazo
al bebé engendrado.

Pero tú has estado ahí. Cuidando sus vidas.

Porque son hijos tuyos, Señor y dador de vida.

Creo que todo lo haces bien.
Creo que me has dado una familia numerosa para que salga de mí misma.
Para que no me acomode. Para que no me busque a mí misma,
para que no me instale en mi egoísmo y en mi pereza.

Creo que me has dado una familia numerosa para que disfrute del amor,
y ahuyente la soledad.

Creo que me amas tanto,
que ni yo misma me doy cuenta de ello.