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Mostrando las entradas etiquetadas como defender la fe de los hijos

Mamá, no te mueras

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  La otra noche, en ese ratito en que rezo con las pequeñas, Victoria , medio llorando, me dijo: “Mamá, tengo miedo de que te mueras. Si te mueres, yo me muero.” Inés , por mimetismo, lloraba también. Y en ese desconsuelo, yo trataba de poner un poco de sentido común.   -Yo no me voy a morir. Pero si por casualidad me muero, no pasa nada. Yo desde el cielo cuidaré de vosotras. Y de todos. Sólo cambiaré de lugar. Yo estaré con Dios, mi Padre, y seré muy feliz, y vosotras podéis hablar conmigo, y pedirme lo que necesitéis. Que yo le digo a María: “María, mis hijas necesitan esto, y ella, se lo pide a Jesús…    -Yo no quiero que te mueras. ¿Qué haremos nosotras? ¿Quién nos llevará al colegio? Papá no sabe hacer la comida. -A ver. Papá podría buscar a alguien que le ayudase a cuidaros, a daros la comida, a llevaros al colegio… -Pero, aunque no te mueras ahora, te morirás antes que nosotras –decía Victoria-, y yo no quiero que te mueras… -Mirad, todas las personas hemos s...

La fe de una niña está en juego

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Almudena me ha sorprendido -y mucho- esta navidad. Almu esconde un corazón de oro y una mente despierta en ese cuerpecito que ya va espigándose, según pasan los meses -y los años-... digo que me ha sorprendido porque en su carta a los Reyes Magos ha pedido dos cosas, muy "simples", y no quiere nada más. Nada más y nada menos. Quiere: La paz del mundo y una mochila. Ahí queda eso. Ahora que se las apañen los Magos, que para eso tienen el poder y la sabiduría de Dios. La paz del mundo. Y cuando le pregunto que si no quiere otras cosas... me dice que no. Que quiere eso. Quiere que no haya guerras, que la gente no se muera por que le den un tiro o le estalle una bomba. Que vivamos en paz. Una niña de ocho años pide lo mismo que el Papa Francisco en la Misa de Navidad: " Paz a los hombres y a las mujeres de la martirizada Siria, donde demasiada sangre ha sido derramada. Sobre todo en la ciudad de Alepo, escenario, en las últimas semanas, de una de las batallas más at...

QUÉ DIFICIL Y QUÉ HERMOSO

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Hay una verdad que no sabía, p ero  que poco a poco se va haciendo carne en mí, y es que ser madre –o padre- es “para toda la vida”. Cuando mi marido y yo nos embarcamos en esta aventura de acoger y amar a los hijos que el Señor nos diera, la cosa no parecía tan complicada; al menos, para mí –desde mi inocencia- parecía sencillo: hacer Su voluntad, estar abiertos a la vida, amar y ser amados. Guay. Ahora, con unos cuantos hijos a mitad de camino entre la adolescencia y la juventud, el panorama se complica bastante. Llevamos dos años “regulares” en los que hemos tocado, José Manuel y yo, realmente, nuestro pecado, nuestra debilidad… nuestra poca cosa. De padres “guays” nada de nada, hemos tenido experiencias muy duras de las que gracias a la oración de muchas personas, y a la acción real de Cristo, que está vivo y resucitado, empezamos a ver la luz. “Si quieres seguir a Cristo, prepárate para la prueba”, se dice en la Liturgia de las Horas. Sí. Hemos sido probados al cr...