martes, 27 de diciembre de 2016

La fe de una niña está en juego


Almudena me ha sorprendido -y mucho- esta navidad. Almu esconde un corazón de oro y una mente despierta en ese cuerpecito que ya va espigándose, según pasan los meses -y los años-... digo que me ha sorprendido porque en su carta a los Reyes Magos ha pedido dos cosas, muy "simples", y no quiere nada más. Nada más y nada menos. Quiere: La paz del mundo y una mochila. Ahí queda eso. Ahora que se las apañen los Magos, que para eso tienen el poder y la sabiduría de Dios.

La paz del mundo. Y cuando le pregunto que si no quiere otras cosas... me dice que no. Que quiere eso. Quiere que no haya guerras, que la gente no se muera por que le den un tiro o le estalle una bomba. Que vivamos en paz. Una niña de ocho años pide lo mismo que el Papa Francisco en la Misa de Navidad: " Paz a los hombres y a las mujeres de la martirizada Siria, donde demasiada sangre ha sido derramada. Sobre todo en la ciudad de Alepo, escenario, en las últimas semanas, de una de las batallas más atroces (...).
Paz para las mujeres y para los hombres de la amada Tierra Santa, elegida y predilecta por Dios. Que los Israelíes y los Palestinos tengan la valentía y la determinación de escribir una nueva página de la historia (...). Que puedan recobrar unidad y concordia Irak, Libia y Yemen, donde las poblaciones sufren la guerra y brutales acciones terroristas. Paz a los hombres y mujeres en las diferentes regiones de África, particularmente en Nigeria, donde el terrorismo fundamentalista explota también a los niños para perpetrar el horror y la muerte.
Paz en Sudán del Sur y en la República Democrática del Congo (...)
Paz a las mujeres y hombres que todavía padecen las consecuencias del conflicto en Ucrania oriental (...) Pedimos concordia para el querido pueblo colombiano, que desea cumplir un nuevo y valiente camino de diálogo y de reconciliación. Dicha valentía anime también la amada Venezuela para dar los pasos necesarios con vistas a poner fin a las tensiones actuales y a edificar conjuntamente un futuro de esperanza para la población entera".

Así que si una niña de ocho años y un Papa se han puesto de acuerdo para pedirle a Dios Padre lo mismo, será porque se ha de dar el milagro del cambio del corazón, ese cambio que empieza por cada persona en concreto, por ti y por mí. Ese milagro Dios lo hará, pero el Señor ya sabemos como actúa... es tan respetuoso, tan caballero, que no fuerza las voluntades... así que el milagro tendrá que venir tras un primer paso del "hombre", tendrá que darse la voluntad del corazón de querer vivir en paz, querer perdonar, querer cerrar las heridas.

La paz en el mundo es una cosa muy seria, y no quiero que mi hija deje de creer en los Reyes Magos, y menos que dude del poder de Dios. Habrá que ponerse manos a la obra. arremangarse, tomarse en serio eso de "amar al enemigo" y humillarse un poquito. Después Dios hará el resto. Estoy segura. Pero el primer paso lo tenemos que dar todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Empecemos por nuestra casa, por nuestra familia... me lo digo a mi misma, quiero que este milagro se cumpla en mi casa, en mi barrio, en mi país, y en mi mundo globalizado.  ¿Con quien me he de poner en paz? La fe de una niña está en juego.