martes, 13 de diciembre de 2016

Místicos, Santos y Papas hablan sobre la Navidad



Puso su tienda entre nosotros

Habría que desbrozar la Navidad y quitarle toda esa hojarasca que la envuelve, habría que atender a las enseñanzas de los santos, de los papas, de las personas comprometidas con el evangelio para descubrir lo que quieren decir –y a lo que nos invitan- las palabras “Dios con nosotros”.


El pueblo que andaba en la oscuridad vio una gran luz; una luz ha brillado para los que vivían en tinieblas” profetizará Isaías refiriéndose a la venida del Mesías. Y qué sería de la humanidad si esta luz, este Verbo encarnado no hubiera venido a colocar su tienda entre nosotros... nos hiciste Señor para ti, y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en ti, dirá Agustín de Hipona. En este sentido, este tiempo de navidad se vuelve tiempo oportuno, alto en el camino para una humanidad muchas veces desorientada, abatida, anonadada ante tantos acontecimientos para los que no tiene una respuesta que la haga entrar en la paz del corazón. 
 
Anna Catalina Emmerich. Y queriendo desvelar el significado verdadero de este tiempo y degustar aquello que celebramos, transcribo aquí las palabras de la beata Anna Catalina Emmerich, referidas a cómo ella “vio” el nacimiento de Jesús. Esta religiosa alemana tuvo distintas experiencias místicas así como los estigmas de Jesús hasta el día de su muerte en 1824: “Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ángeles, en forma humana, se hincaban delante del Niño recién nacido para adorarlo. “

Y continúa Anna Catalina Emmerich relatando su visión: “Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo “.

San Bernardo, abad. Bernardo de Claraval -que por cierto, también tuvo una experiencia mística en la que María le ofrecía a Jesús una noche de navidad, y a partir de la cual toma los hábitos como monje benedictino (año 1112)- dirá en relación a este misterio del nacimiento del Hijo de Dios lo siguiente: “Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra un saco lleno de su misericordia; un saco que habría de desfondarse en la pasión, para que se derramara nuestro precio, oculto en él; un saco pequeño, pero lleno. Y que un niño se nos ha dado, pero en quien habita toda la plenitud de la divinidad. Ya que, cuando llegó la plenitud del tiempo, hizo también su aparición la plenitud de divinidad. Vino en carne mortal para que, al presentarse así ante quienes eran carnales, en la aparición de su humanidad se reconociese su bondad. Porque, cuando se pone de manifiesto la humanidad de Dios, ya no puede mantenerse oculta su bondad. ¿De qué manera podía manifestar mejor su bondad que asumiendo mi carne? La mía, no la de Adán, es decir, no la que Adán tuvo antes del pecado”. 
 
Y prosigue el llamado por sus coetáneos, “cazador de almas y vocaciones”: “¿Hay algo que pueda declarar más inequívocamente la misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado nuestra miseria? ¿Qué hay más rebosante de piedad que la Palabra de Dios convertida en tan poca cosa por nosotros? Señor, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? Que deduzcan de aquí los hombres lo grande que es el cuidado que Dios tiene de ellos; que se enteren de lo que Dios piensa y siente sobre ellos. No te preguntes, tú, que eres hombre, por lo que has sufrido, sino por lo que sufrió él. Deduce de todo lo que sufrió por ti, en cuánto te tasó, y así su bondad se te hará evidente por su humanidad”.
¿Hay algo que pueda declarar más inequívocamente la

 misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado

 nuestra miseria?” (san Bernardo de Claraval)



San León Magno. Llegados a este punto, conviene recordar las palabras del pontífice más grande del siglo V, León Magno, quien en un sermón de Navidad, animaba a los cristianos a vivir su fe, de esta manera: “Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y al reino de Dios. Gracias al sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo; no se te ocurra ahuyentar con tus malas acciones a tan noble huésped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio: porque tu precio es la sangre de Cristo”.
San Juan Pablo II. Y por último, escuchemos lo que dicen dos papas de nuestro tiempo en relación al misterio de la Navidad; uno de ellos, Juan Pablo II, para quien la navidad no es sólo la conmemoración de un acontecimiento histórico ocurrido hace dos mil años en una aldea de Judea, sino que “es necesario comprender más bien que toda nuestra vida debe ser un «adviento», una espera vigilante de la venida definitiva de Cristo".

Toda nuestra vida debe ser un «adviento», una espera
 vigilante de la venida definitiva de Cristo". 
(san Juan Pablo II)

Papa Francisco. Por otra parte, el papa Francisco da la clave para entender la venida del Hijo de Dios: “La gracia que ha aparecido en el mundo es Jesús, nacido de María Virgen, Dios y hombre verdadero. Ha venido a nuestra historia, ha compartido nuestro camino. Ha venido para librarnos de las tinieblas y darnos la luz. En Él ha aparecido la gracia, la misericordia, la ternura del Padre: Jesús es el Amor hecho carne. No es solamente un maestro de sabiduría, no es un ideal al que tendemos y del que nos sabemos por fuerza distantes, es el sentido de la vida y de la historia que ha puesto su tienda entre nosotros”.
Victoria Luque. Publicado en Cooperador Paulino. Diciembre 2016.