“En medio de aquel gentío, en medio de toda aquella gente, una mujer… una mujer, le tocó”… El Misterio. Esto es algo que siempre me sorprende de Cristo. Que todo él tiene un halo de Misterio. Y esto es lo que me atrae. Su vida, su muerte, y su resurrección. Todo, empapado en el Misterio. Recuerdo que cuando hicimos las catequesis para adultos, el sacerdote –el único, los demás eran seglares- nos decía:” veréis milagros en vuestra vida”. Y yo quería eso, ver milagros. Ver la acción de Cristo en mi vida. Ver que realmente está resucitado, que no es un cuento chino. “En medio de aquel gentío, en medio de toda aquella gente, una mujer, una mujer, le tocó…” y quedó sana. La mujer tenía “flujo de sangre”, tocó su manto, casi rozándolo, pues pensó, si Le tocó, sanaré… ¿Y qué tiene esto que ver conmigo? Mucho. El Señor ha estado grande con nosotros. Ha querido que este episodio de la hemorroísa, podamos vivirlo en primera persona. Y sucedió hace un año más o menos. Primero, decir ...