sábado, 5 de junio de 2010

Y tú, ¿cuándo te has encontrado con Él?

Echo la vista atrás y pienso en la cantidad de sacerdotes que he conocido a lo largo de mi vida... unos cuantos... y de todos ellos, ninguno me ha escandalizado. NINGUNO. Al contrario, cada uno en particular ha intentado acercarme a Cristo,
que me encontrara con Él.

En este momento recuerdo a uno en particular que, de alguna forma, me hizo tomar conciencia de que existe una verdad que no es perceptible con los ojos de la carne, aunque sí con los del corazón. Este sacerdote, sólo con una frase, me hizo pararme ante una realidad, la de Cristo resucitado, cuando yo todavía estaba debatiéndome con mi hombre viejo. Recuerdo que por aquel entonces había hecho un taller de oración (el del Padre Larrañaga)y aquello me había tocado bastante... de alguna forma el Señor ya se estaba haciendo presente en mi vida.

Digo, que en esa ocasión, había ido a una boda de unos conocidos a una parroquia de la que ni me acuerdo del nombre; una gitanilla me pidió dinero, vi que tenía unos cuantos hermanos que también estaban pidiendo a la puerta de la iglesia, su madre también estaba por alli. Aquello me rebeló tanto que fui a hablar con el párroco o quien fuese...

y me encontré con un sacerdote joven, con barba, que cuando le pedí explicaciones de por qué no ayudaban a esa familia... me miró a los ojos, me aseguró que la parroquia les estaba ayudando, y me preguntó que qué hacía allí, que si era de la parroquia.

Le dije que no. Que había venido a una boda.

Entonces, casi sin venir a cuento, me espetó:
-¿Y tú, cuándo te has encontrado con Jesucristo?

A mí aquello me dejó sin palabras.

Le respondí: "No sé si me he encontrado con Él. A veces creo que sí, otras no".
Y él, de una forma profética, ahora lo veo, me contestó:

"Si no te has encontrado con Él, te encontrarás".

Aquello me llamó tanto la atención que no se me ha olvidado nunca. Porque es verdad. El Señor aprovecha cualquier circunstancia favorable para presentarse "en medio de ellos", como en el cenáculo. Y Cuando uno se olvida de sí mismo, y se hace sensible a las necesidades de los otros, el Señor acontece. Y salva.Hoy lo puedo decir, completamente segura de que es así.
Este fue un sacerdote como tantos otros, que me han ayudado a encontrarme con Él.

Todos, del primero al último, me han mostrado la cara alegre de la Iglesia, la cara amable, servidora, fiel a Cristo. Han sido sencillos,humildes, santos; tienen defectos, como cualquier hijo de vecino, tienen pecados, como cualquiera de nosotros, pero en ellos veo el amor de Dios derramado en tantas personas... en mí misma... sólo tengo agradecimiento por cada uno de ellos, porque son la presencia real de que Dios me quiere y está conmigo, todos los días.

Yo me he sentido perdonada y amada en mi debilidad por Cristo, tantas veces, a través de ellos... Podría hablar muchísimo, pero prefiero que veáis este video, donde se refleja acertadamente la realidad diaria de tantos sacerdotes fieles al evangelio.