viernes, 18 de junio de 2010

María, que ninguno se pierda



María, madre, hoy quiero poner delante de ti mis preocupaciones,
sobre todo una, que tú sabes bien.
¿Por qué será tan difícil educar a los hijos?
Señora, tú, que también has sido madre,
y sigues siéndolo de cada uno de nosotros,
No desoigas mi súplica.

Tú, que cuidaste a Jesús, y le diste forma interior,
Le moldeaste
como unas manos moldean la arcilla

Ayúdame, ayúdanos a tocar el corazón de nuestros hijos,
ayúdame a orientarlos, a consolarlos,
dame fortaleza, paciencia y discernimiento.

Tú, Señora, que acogiste a Jesús, le curaste, le vendaste cuando
Venía llorando por esos caminos de tierra…
Tú que le abrazaste y fuiste su roca, en medio de la tempestad
No desoigas la súplica de esta madre,
y de todas las madres que como yo,
tienen el corazón inquieto.


Señora, que ninguno de mis hijos se pierda.
Acógelos como hijos tuyos, bajo tu manto.
Hoy, con nombre y apellido, te los hago presentes…
Los míos y los de tantas madres afligidas, en tensión por unos hijos a los que
Ya no pueden moldear más.

Señora, llega tú adonde nosotras ya no podemos llegar. Amén.