Como la sal
Hace un par de semanas que acompaño a mi hija Rocío a las catequesis para adultos que dan en la parroquia. Son catequesis del Camino, las mismas que recibimos Jose Manuel y yo hace 14 años. Entonces Rocío tenía un año... ahora ella bebe de la misma fuente que bebimos nosotros. Para mí es una alegría enorme poder acompañarla. Sobre todo porque es como un volver a sumergirme en las mismas aguas. Las de la fe. En aquel entonces yo llegaba maltrecha, herida y hambrienta (tenía un hambre enorme de todo lo que supiera a Dios...), estaba tan necesitada de Él que verdaderamente el Señor me pescó a través del sufrimiento. Ese fue su anzuelo. Lo mal que lo estaba pasando. Mi matrimonio hacía aguas y yo lloraba hasta por las esquinas. Recuerdo que no podía cantar... no me salía. No podía rezar... no articulaba palabra más allá de "Padre". Así llegué, y así Él me llamó por mi nombre. Recuerdo, años más tarde, una eucaristía en concreto en la que las lágrimas me brotaban a borbotones,...