Dies natalis
Hace un par de semanas murió Bruno, el hijo de unos vecinos. Tenía seis o siete años. Ha muerto de cáncer y la verdad es que ha sido un mazazo; desde que nos enteramos mis hijas las pequeñas piden a Dios por él todos los días, en el coche, camino del colegio. Victoria de vez en cuando, por los pasillos de casa, sin venir a cuento, susurra: "Pobrecito, Bruno". Inés está empeñada en que cuando vea a Mario, su hermano, le va a decir: "Siento mucho que se haya muerto Bruno, y que te hayas quedado solo". Creo que la dejaré, porque ella también necesita manifestar sus sentimientos, y la verdad no hace daño a nadie si se dice con cariño. Bruno volvió a su casa diez días antes de su muerte, después de una larga estancia en el hospital, y parecía que por fin, iba a curarse. Pero unos cuantos virus echaron por tierra cualquier esperanza. Esto último me lo ha comentado su madre, bastante entera, dadas las circunstancias. Me ha dado mucho que pensar todo esto, porque yo ape...