lunes, 15 de junio de 2009

Adolescentes


Ayer Jose Manuel y yo tuvimos una experiencia fantástica, que espero
que volvamos a vivir muchas más veces. No fue nada extraordinario, pero sí
fue un motivo de alegría para ambos.
Me explico. Nuestros hijos mayores están entrando en ese tiempo de la
adolescencia -que por cierto, cada vez empieza antes, ahora, a los trece años, ya hay
signos evidentes de "adolescente precoz"-
y nosotros estamos atentos, con vértigo, y con la inexperiencia
del que se estrena en estas lides.

La verdad es que de momento, no tenemos queja, pero hay que sentar las bases
para que podamos pasar todos por este trance de la mejor forma posible.
Así que ayer, aprovechando que las pequeñas y medianas se habían ido a la piscina con
su tía, vimos la oportunidad de hablar sosegadamente con los mayores, en el marco de los
Laudes del domingo. Y tengo que decir que todos salimos muy contentos.

Creo que la clave está en mantener una buena comunicación. Aderezada con unas
cucharaditas de sinceridad, paciencia, comprensión...

-Bueno, "estamos" entrando en la adolescencia y vuestro padre y yo,
queremos pasar por esta etapa sin sufrir demasiado... sufriendo lo menos posible...

así comenzamos la conversación, que por respeto a la intimidad de nuestros hijos,
no voy a transcribir aquí... sólo decir que se sentó un buen precedente para
conversaciones posteriores.

-Mamá y yo, ya sabéis, tenemos muchos defectos, pero hay una cosa importante
que os queremos decir: Que en vuestras decisiones, contéis con Jesucristo -dijo Jose
Manuel, y continuó-:

Él está en nuestra familia, y sin él seguramente mamá y yo ya no estaríamos juntos.
Él nos ayuda a perdonarnos, a querernos, a respetarnos... sois unos privilegiados...
muchos chavales de vuestra edad no conocen a Cristo,
nunca nadie les ha hablado de él... vosotros le conocéis...
él os ayudará con su Palabra, con su cuerpo y con su sangre...
sabéis que podeis contar con Él, y también con nosotros.

(...)

En medio de la conversación, surgió el tema de los embarazos no deseados...

-Por favor, no abortéis. Si alguien deja embarazado/a a alguien... dádme el niño a mí,
que yo lo cuido. Ya sé que no está en vuestras expectativas... pero por si acaso.

-Sabéis que podéis contar con nosotros, con nuestro apoyo... concluyó JM.

Ellos/as estaban alucinados. Creo que fuimos directos, sinceros, y creo que este
tipo de conversaciones son necesarias. Aunque ya empiezan a tener su
independencia,les gusta que les escuchen, que les aconsejen, que les comprendan...
a alguno se le escapó alguna lagrimilla...
ya empiezan los "males" de amores... las decepciones...
el no gustarse uno mismo... las rebeldías...

Recuerdo que un catequista amigo nos decía:
"nosotros, con nuestro hijo el mayor hemos hablado mucho... mucho...
a veces nos daban las tres de la mañana y estábamos aún de palique, en el salón".

Me ha asombrado la capacidad de escucha que tienen...
es curioso, pero es cierto que todos llevamos sellado en el corazón
la necesidad de amar y ser amados... ellos buscan esto mismo.

Viene a mi recuerdo, las palabras de Juan Pablo II, yo entonces era una infante
de diecinueve años, y para mí fue muy importante que alguien me propusiera
metas altas: "Abrid las puertas a Cristo. Aspirad a los bienes de arriba,
esforzáos por entrar por la puerta estrecha".

A mí aquello me sirvió; nuestros hijos, y todos los jóvenes en general tienen
hambre de ideales verdaderos. Ojalá no les demos a comer basura,
sino leche y miel, como dice la Escritura.
Ojalá abramos sus mentes y sus corazones a esa esperanza
que no defrauda: Cristo.
Y ojalá lo puedan tocar, hecho carne, en las personas con las que se relacionan.

Les hemos hablado de los amigos... de lo importante que es saber discernir.
Saber acompañarse de personas con valores... que busquen el bien.

Les hemos hablado de los novios/as... del respeto que se ha de tener al otro/a.
Y por lo que he podido entrever, no
se conforman con un amor de quita y pon.

De que no se trata de salir con alguien, por salir... que la persona que elijan sea
con miras a formar una familia cristiana.
Sabemos, por experiencias de amigos nuestros, lo mal que se pasa cuando uno
tiene un proyecto de vida, y el otro no "comulga" con esas ideas. Todo se resiente.
Es muy importante que en el noviazgo los dos miren en la misma dirección.

Hemos hablado de lo divino y de lo humano.
Y yo por lo menos, al terminar, he sentido una alegría profunda.
Porque en esto no estamos solos. Y esta es nuestra baza secreta, que el Señor
también tiene algo que decir y hacer en la formación de nuestros hijos.

Este es nuestro descanso, que adonde nosotros no lleguemos, llegará Él.