viernes, 26 de junio de 2009

Desamor


Ayer conocí a una chica joven, actriz novel, que me ha dado qué pensar...
es una chica bastante mona, con buen tipo, y bastante madura, a mi parecer.

Sin embargo, tiene detrás una historia amarga de desamor, y unas expectativas
de futuro inciertas. Además, vaga en un mar de incertidumbres...

Me contó que su padre dejó a su madre cuando ella tenía diez años,
ella es la primera de cuatro hermanos. Me contó que, más tarde, con once años,
conoció al que sería su padrastro... y que éste acaba de abandonar a su madre,
por una señora con muchísimo dinero, que lo tiene en "palmitas".

Su madre, claro, deshecha de dolor, y este "caballero" ha dejado a su madre,
además, con dos gemelos (ya adolescentes), hijos de su propia sangre.

-A todos los hermanos nos ha afectado, claro, pero a los gemelos más.
Además, mi madre vuelca en ellos toda su amargura... lo están pasando fatal.

Los hermanos mayores ya están todos fuera del nido familiar.
Algunos ya van por su segundo matrimonio, otros viven en pareja...
con su madre permanecen los gemelos.

Me contó esta chica que ella intenta extraer lo bueno de estos años vividos
con su padrastro, aunque, según ella, "nunca nos quiso".

La historia es tremenda. Sobre todo si se tiene en cuenta que esta joven
no tiene asideros donde agarrarse.
Ella no cree en nada... su familia obvió su formación religiosa durante su infancia...
y bueno, según pude atisbar, ella vive su vida,
intenta ser feliz, aunque yo creo que ni ella misma se da cuenta
de la enorme saeta que lleva en sus carnes.

Lo que más me apena es que, si Dios no lo remedia, ella probablemente
volverá a reproducir ese modelo de "familia", basado en separaciones,
hijos de distintos padres... sufrimiento.
Es lo que ha conocido. Es lo que ha mamado.
Es el "aquí te quedas" cuando las cosas se ponen feas.

A esta chica nadie le ha hablado del amor por encima de la muerte.

Miento. Yo sí lo he hecho, aunque muy de pasada.

Le conté la experiencia de una amiga mía ya mayor (tiene ochenta y tantos años),
quien me confesaba, tras la muerte de su marido, que no era cierto
que el matrimonio fuese "hasta que la muerte nos separe", como se dice,
o al menos se decía, en el rito de los esponsales.

Carmen, que así se llama mi amiga cargada de años,
aunque ligera de espíritu,me decía:

-Victoria, es sorprendente. Ahora nos queremos incluso más que antes.
El amor, es verdad, es más fuerte que la muerte.

A mí aquellas palabras me conmovieron, y ayer se lo conté a esta joven.
Porque a esta chica nadie le ha hablado de que es posible el perdón
dentro del matrimonio. La reconciliación. La vuelta a empezar.

Ella no conoce el amor esponsal cristiano.
El amar al otro por encima de los intereses propios.
Esto no vende en las películas de turno. No interesa.

Sin embargo, estoy por decir que es, la única manera,
de que un matrimonio funcione.

Entregándose, en la dimensión de la cruz.

Esto sólo se puede hacer en el espíritu de Cristo.
Esto es lo único que salva a cualquier matrimonio de hacer aguas...

La conversación fue interesante, porque derivamos hacia lo espiritual.
Ella me confesó su ignorancia sobre la Biblia... el interés que tenía
por conocer a Dios...

La animé a adentrarse en la Palabra, pero no desde una postura científica,
o histórica sino desde el "qué me quiere decir hoy Dios a mí ",
cómo aplico esta Palabra a mi vida.

Sólo así es posible encontrarse con El.

La conversación me dejó un sabor agridulce.

Sólo el Señor tiene poder para sanar las heridas.
El tiene Su tiempo, que no es el nuestro.
Sólo queda rezar por esta joven y por su maltrecha familia.