martes, 2 de junio de 2009

Como brisa suave


Esta tarde Rocío se ha puesto frente al ordenador, con la intención de escribir
un post sobre la celebración de pentecostés que tuvimos el sabado pasado, de madrugada.

Fuimos todos (menos los dos mayores, que ya celebran con su propia comunidad);
estuvimos en El Escorial, en una casa de convivencias, y nos reunimos unos veinte
adultos, más unos cincuenta niños. Una gozada.
Tuvimos una eucaristía, con ágape, y dormimos allí.

A lo que iba, Rocío me ha dicho, de sopetón,

-"mamá, qué digo del Espíritu Santo... quién es..."

y yo he salido por la tangente, aunque después lo he enmendado un poco:

-Es una Persona de la Santísima Trinidad... es el amor tan enorme que se tienen
el Padre y el Hijo... bueno, habla desde tu experiencia... ¿Tú has notado la
presencia del Espíritu Santo en ti? De alguna forma... ¿lo has sentido?

No sé qué habrá escrito... pero tener experiencia del Espíritu Santo es necesario,

imprescindible, diría yo, para cimentar la fe sobre roca.

El Espíritu Santo hay que pedirlo a boca llena.
No hay que cansarse de pedirlo.

-"Esperad al Espíritu de Dios... Él os lo aclarará todo", dijo Cristo
a sus discípulos antes de subir al Padre.

Para mí, el Espíritu Santo es la brisa suave.

Ese texto en el que Elías descubre a Dios en la brisa, me parece estremecedor,
porque ahí, en esa caricia suave yo también he descubierto al Señor.

Elías está en la entrada de una cueva... Era algo así, transcribo la idea,
aunque no con las palabras exactas:

"Vino la tormenta, pero Dios no estaba en la tormenta.
Vinieron los vientos, pero Dios no estaba en el viento...
se abrió la tierra, pero Dios no estaba allí...
De pronto, pasó una brisa suave, y Elías se tapó el rostro".


VEN Espíritu Santo.


Yo sé a ciencia cierta cuando tengo al Espíritu santo en mí, lo noto...
puedo amar más allá de la medida parca que yo me marco normalmente...
puedo abrazar, comprender, disculpar.... puedo VIVIR.

En cierta forma, cuando estoy en gracia de Dios
-cuando el Espíritu del Señor habita en mí-
puedo tocar el cielo.

Verdaderamente soy feliz.

Es la brisa suave, es la paz interior, desbordada por la boca,
por los ojos y por el corazón...
y esa paz en el orden no me la doy yo misma,
de esto tengo certeza absoluta.

Esa paz, cuando la tengo, me viene de fuera,
habita en mí,
pero no me la he dado yo.

Es curioso que en esos momentos, en ese tiempo
todo lo que me pasa está bien...
es curioso, porque todo adquiere un sentido nuevo, distinto...
"t0do lo puedo en aquel que me conforta", que diría santa Teresa.

Los problemas dejan de ser tales, y pasan a ser "pecata minuta",
es fantástico experimentar que tú formas parte de la creación,
y que estás en Sus manos,
y que El dirige tu historia con sabiduría y bondad.

Me acabo de acordar de una anécdota, al hilo de todo esto...
acabábamos de salir de una eucaristía, y Miguel -tendría unos seis años-
estaba con otros niños pequeños, en una sala de la parroquia, en un segundo piso,
al cuidado de unas niñeras...
Miguel bajó precipitadamente la escalera...
y rodó... cayendo de muy mala forma al suelo.

Yo no lo vi, pero el golpe fue considerable.

Sin embargo, recuerdo que cuando me lo contó un hermano de comunidad,
médico además, no me entró el pánico... ni la desesperación, ni el miedo...
recuerdo que estaba tan plena, que no me asusté...
Esa reacción no fue mia, yo notaba ciertamente esa brisa suave
que lo penetra todo, y lo inunda todo.

Le vigilamos de cerca, eso sí, y gracias a Dios, no fue nada.

Ven Espíritu creador
inunda nuestra mente.

LLena de tu amor,
el corazón que has creado.

También he comprobado que el Espíritu de Dios
viene a través de la obediencia a la Iglesia...
en mi vida ha habido personas concretas que me han dicho "por aquí",
y yo he confiado en su discernimiento... y no me ha ido nada mal.

Yo creo que cuando el Señor ve que yo me pongo en disposición de amar,
de servir, cuando intento pensar en el otro antes que en mí...
es decir, cuando me pongo de puntillas y alzo los brazos, para que me aúpe,
como a una niña, que quiere que su padre la coja...
entonces creo que Él se derrite, y se abaja... y me abraza.
Y me acaricia.

En todo esto es muy importante la oración,
la intimidad con el amado.

También tengo gran experiencia de lo contrario,
de vivir en el erial, por querer llevar yo las riendas de
mi vida, sin contar con Él...

en ese tiempo experimento verdaderamente
lo que debe ser el infierno.

Y Le echo tanto de menos...


Ven ESpíritu Santo
envía un rayo de tu luz.

Mira el corazón del hombre
cuando tú no estás en él...

Mira el poder del maligno
cuando tú no habitas en nosotros.

Ven Espíritu Consolador,

sana lo que está enfermo,
endereza al que ya se dobla,

reblandece al duro y al rígido...
danos tu amor y tu alegría.

Ven Espíritu Santo,
dulce huésped del alma,

danos tus siete dones,
danos el don de la paz.

Toca lo profundo del hombre,
entra hasta el fondo del alma.