viernes, 15 de mayo de 2009

Gracias, chicas


Realmente me he conmovido.
Ayer, catorce de mayo José Manuel y yo hicimos diecisiete años de casados...
en principio, no habíamos pensado nada especial para celebrar el evento.
Pero he aquí la sorpresa.
Las pequeñas (Victoria, Inés y Teresa) -Judith y Almudena todavía no se enteran de la misa,
la media- nos abordaron, impacientes, nada más cruzar el umbral de la puerta,
y tras unas cuantas interrupciones y chillidos, nos dijo Teresa:

-Toma, mamá, cuatro euros y noventa céntimos. Para que os vayáis a tomar algo, por
vuestro aniversario.

A renglón seguido, no nos dejaron ni respirar. Pretendían que nos fueramos INMEDIATAMENTE, de casa, a celebrarlo.

Ya había detectado yo días atrás un cierto movimiento, y me imaginaba que algo tramaban.

Las pretensiones eran más grandes; en principio, querían invitarnos a cenar,
y habían estado ahorrando durante más de un mes... pero alguna que otra imperiosa
necesidad (comprar chuches), y alguna ladronzuela (de nombre, Judith, para más señas) menoscabaron los ahorros conseguidos con tanto esfuerzo.
La cruda realidad pesó más,
y bien... acabamos en un Vips tomándonos una copa de helado
de dos bolas, cada uno.

Mi copa era de chocolate belga y leche merengada.
Una delicia para el paladar.

Nos pusieron hora de regreso... las nueve de la noche.
Pero como teníamos muchas cosas que hacer (Jose Manuel y los mayores se iban a Fátima,
con la parroquia, al día siguiente), volvimos media hora antes.

¿Y qué pasó?

Nos habían preparado una suculenta cena, con su mantel, sus velas
(compradas para la ocasión en el chino) más dos botellas de licor
-que nunca usamos-, que para cogerlas tuvieron, seguramente, que subirse
a la escalera, pues están arriba del ropero.

Todo un detalle.

Cenamos salchichas con queso, rociadas con ketchup, y un delicioso postre,
a saber: macedonia de frutas, kiwi y piña, troceados.

Victoria, Inés y Teresa, las "organizadoras" del cotarro, insistieron en dejarnos solos.
Apagaron las luces del salón y encendieron las velas.
Sacaron a Judith y Almudena del salón, a rastras...
aunque volvieron al poco tiempo y se sentaron en mis rodillas.
¡Qué se le va a hacer! Fue bonito, mientras duró.

La foto que ilustra este post es de la impresionante mesa que nos pusieron.

¡Ah, se me olvidaba! Nos regalaron una rosa dentro de un jarrón de cristal
-que, debía encenderse pues tenía una pila para ello... pero tan relajada estaba
(la rosa) que se tomó la noche libre, y no se encendió.
También una virgencita, con un papel adjunto, escrito por Victoria, que decía:

-transcripción literal-

"HOS REGALAMOS LA VIRGEN MARIA
PARA QUE BENDIGA VUESTRO MATRIMONIO
EN LA FE. UN ABRAZO"


Verdaderamente no se necesitan grandes cosas para hacer felices a los padres.
Tampoco se necesitan grandes cosas para alegrar a los hijos.

Gracias, chicas, os habéis portado.

Postdata: Los mayores TAMBIÉN nos regalararon algunas cosillas
(unos pendientes, Rocío, y un ajedrez, Miguel). Muchísimas gracias a todos.