martes, 19 de mayo de 2009

¿Dónde está la dignidad?


Se llamaba Camila, era colombiana, estudiante, bastante guapa, y muy cariñosa,
vino a casa durante algo más de un año.
Cuidaba a los niños una vez a la semana, mientras nosotros ibamos a la Palabra.
De repente dejó de venir, tenía muchas ocupaciones... bastante más tarde, por una
ex-amiga suya, me enteré de que andaba con un novio que le daba todos sus caprichos...
que se iba mucho de marcha, y que en ese trasiego, había abortado ya dos veces.

Me he acordado de Camila al enterarme de que ahora, en las farmacias, se podrá comprar
sin receta médica, la píldora del día después. Seguramente esta chica, si sigue con este ritmo
de vida, usará la PDD, y seguramente reincidirá... con los efectos secundarios de la susodicha
pastilla... aunque el problema moral desaparecerá, porque claro... no es lo mismo abortar a un
embrión de un mes o dos de vida, que a una cosilla de menos de veinticuatro horas.

Porque la PDD, aunque Trinidad Jiménez diga lo contrario, puede provocar
-y de hecho provoca- abortos.

La PDD actúa de dos formas, por un lado frena la ovulación y evita que el espermatozoide
llegue al óvulo (en este caso, no habría fecundación, ni embarazo: 66 por ciento de los casos),
y por otro, en el caso de que la hubiere -fecundación- impide que el embrión se implante
en el útero, lo cual produce la muerte de ese nuevo ser humano.


Trinidad y compañía sostienen que la píldora PDD no es abortiva porque -en el caso de
que haya fecundación (alrededor del 34 por ciento), no se da la implantación. Sin embargo,
la ciencia señala que hay vida humana desde el momento de la fecundación, aunque ese ser humano esté "de camino", y no haya llegado aún a su lugar apropiado para desarrollarse
con tranquilidad.

Lo que subyace en toda esta política de ¿salud reproductiva? es la idea que dejó entrever la vicepresidenta Mª Teresa de la Vega, hace unos días.
A saber:

"La nueva ley del aborto pretende salvaguardar la dignidad de la mujer,
ese es su espíritu de principio a fin".

Todavía estoy dándole vueltas a la frasecita... la ideología de la muerte está detrás.

Para De laVega, engendrar a un ser humano es sinónimo de "desgracia".
La mujer alcanza su madurez y su desarrollo como persona cuando controla, planifica,
y si lo cree conviente, aborta al ser que lleva en sus entrañas.

Yo pensaba que la dignidad iba ligada al espíritu de sacrificio, a buscar el bien
por encima del propio interés personal...
yo creía que la dignidad tenía que ver con el amor desinteresado...
seguramente me habré equivocado, y De la Vega tendrá razón... mi dignidad empieza
cuando corto de raíz la vida de ese ser que me molesta.

Y claro, ya puestos en materia, tendré que cambiar otros conceptos
equivocados que tengo... ¿Derecho a ser madre?, qué atraso.

Cómo voy a pretender que el Estado ayude y arrope a las embarazadas... cómo voy a
pretender que se dé información veraz a los jóvenes, que se les diga que con el sexo
no se juega, que se les enseñe a ser responsables con sus actos...
esto atentaría contra la dignidad del ser humano... contra su salud reproductiva...
contra sus expectativas más inconfesables...

El otro día mi hijo mayor me comentaba que se había quedado sorprendido, porque en
una charla de clase, más de la mitad de sus compañeros estaban a favor del aborto
(ojo, al dato: se trata de un colegio católico).

Y me decía:

-Aceptan que se acaba con la vida de un ser humano... pero no les importa...
piensan que hay otras prioridades... acabar la carrera, trabajar, situarse
económicamente... no quieren perturbaciones.

-¿Y esa actitud cómo se llama?

-Egoismo.

-Tú lo has dicho.