jueves, 16 de abril de 2009

Por qué creo en Jesucristo



"Supongo que no existe una explicación lógica para creer. Se cree, o no".

Este comentario de Toro a un post de hace tiempo, me ha dado qué pensar.
Efectivamente, se cree o no.
Esto es así. La fe es un regalo.
Pero también hay que pedirla, si se quiere, y no se tiene.
Y el Señor no hace oídos sordos a la persona que le busca sinceramente.

"Pedid, y se os dará. Llamad, y se os abrirá,
porque a quien pide, recibe; y a quien llama, se le abre".

Sin embargo, una vez que la conversión está ahí. Una puede explicarla,
ponerle fechas, nombres, situaciones...
Es decir, se puede argumentar el por qué se cree.

A mí una de las cosas que más me ha maravillado del cristianismo,
es que Cristo Jesús acontece en tu vida. Se hace presente. Te habla en tu historia.

No se trata de que Dios Padre nos ha creado,
y se ha desentendido de nosotros. NO.
El Señor no ha hecho esto.

"Yo estoy con vosotros, todos los días hasta el fin del mundo",
dice Cristo, antes de subir al Padre.

Y esto es fantástico.

¿Dónde está el miedo?

"Si Tú estás conmigo,
nada temo.
Tu vara y tu cayado me sostienen",
dice el salmo.

Cuando uno abraza la fe, se le espande el corazón. No hay temor. Todo tiene un sentido.
Incluso el sufrimiento.

Y entonces ves, lo que antes no veías.
Entonces puedes ver tu historia bajo una luz nueva.

Uno puede vivir en el más tremendo infierno, y creerse que "está bien",
que "no necesita nada".
Cuando la realidad es que se está muriendo a chorros.

Así hay mucha gente a mi alrededor. Supervivientes. Náufragos.
Huérfanos, porque no saben o ni siquiera les interesa saber
que tienen un Padre que les quiere.

Ni siquiera conocen que hay Uno -Cristo Jesús- que ha venido del Padre,
y que ha dado su vida para que tengan Vida, pero de verdad.

Yo, ahora mismo, tengo en mente varios infiernos de los que me ha sacado Jesucristo.

Porque además es que Cristo salva. Te saca de la muerte.
De tus muertes.

Una de ellas fue durante mi noviazgo con José Manuel. Yo sentí que estaba muerta,
muerta por dentro. Me sentía sucia. Mal. Muy mal.

Estuve mucho tiempo (muchos meses) sin acercarme al sacramente de la reconciliación. Tampoco comulgaba. Pero cuando por fin, me acerqué -el Señor casi me llevó a rastras al confesionario-lloré como una magdalena.
Y fueron lágrimas de conversión.
Y el Señor me sanó,me perdonó, y me rescató de ese fango en el que yo estaba.
Y experimenté su misericordia.

Desde entonces tengo claro que el pecado -palabra que ahora es tabú- mata.

Y por eso me da mucha pena tantos jóvenes que usan de su sexualidad desordenadamente,
y que están -ellos lo saben, aunque no quieran reconocerlo,
o lo atribuyan a otras causas- muertos en vida.

Hoy puedo ver mi historia personal, con una luz nueva.

Hoy puedo decir que Cristo ha sido garante en mi matrimonio.

Que me sostuvo en el momento de la prueba. Que gracias a El, pude serle fiel a mi marido.

Que María, su madre, me ayudó con su pequeñez, a imitarla.
Y a aplastar la cabeza a la serpiente.

Hoy puedo decir, con un hecho concreto, que Cristo estuvo conmigo,
y que quitó de mi camino, esa persona que me "molestaba".

Hoy puedo decir que gracias Jesucristo, nuestro matrimonio sigue en pie.

El Señor habla a través de la historia, de su Palabra, de las vidas de otras personas...