viernes, 24 de abril de 2009

Dias moviditos


Llevamos varios dias buscando Instituto para nuestro hijo mayor, pues en el colegio

donde ahora estudia no tienen Bachillerato. Y la experiencia me está resultando intensa,

pero gratificante.

Primero, porque he visto el entusiasmo vocacional de un director, que se preocupa

por sus alumnos hasta el extremo de irse a comer con ellos, para estar "al día, de sus cosas",

y que tiene que pelear "más con los profesores que con los alumnos".


¿Por qué? "Porque a los profesores hay que contagiarles el entusiasmo.

Estos adolescentes están abriéndose a la vida.

Y es muy bonito ver y compartir vivencias, e irles orientando y formando como personas".


Me ha gustado mucho que él considerara un valor el hecho de que una chica joven y recientemente madre, cursara estudios en su Centro:


-La madre de esta jovencita me dijo que ningún colegio aceptaba a su hija,

porque había pasado por un embarazo y un parto, en la adolescencia.

Yo, le comenté que en nuestro Instituto tenía las puertas abiertas,

porque era un ejemplo vivo de responsabilidad, esa casi niña había tenido a su hijo,

no lo había abortado, y continuaba sus estudios, llevando adelante su maternidad.

Esto es vivir pegado a la realidad, y nuestros alumnos tienen que conocer y valorar estas experiencias, porque les ayudan a madurar como personas".


Por otro lado, he visto la generosidad desinteresada de una directora, que nos ha

garantizado el "gratis, total", dada nuestra apretada situación económica.

Esta mujer ha valorado más el poder participar en la formación académica de un chaval

que "promete", que el recibir un dinero, que nosotros no podemos ofrecer, ahora mismo.


Creo en el ser humano. Creo que a pesar del ídolo dinero, todavía existen personas

que apuestan por el hombre en todas sus dimensiones.


Ambos me han reafirmado interiormente, una vez más,

que el ser humano merece la pena.