domingo, 12 de abril de 2009

Esta es LA NOCHE



No sé por dónde empezar. Ha sido una semana muy intensa, y todavía me queda la
sensación de que esto no ha acabado... no ha hecho más que comenzar.

Ayer celebramos Pascua con las comunidades de nuestra parroquia.
Creo que son ya once, las noches de Pascua, todos juntos,
esperando el Paso del Señor.

Pero quiero hablar de los preliminares, porque casi nos la perdemos. Me explico.
El jueves de madrugada comenzaron Victoria, Inés y Nazareth, con dolor de tripa
y vómitos... tenía toda la pinta de un virus, y cuando les controlamos más o menos esto
-a base de dieta blanda y Primperan -, les tocó el turno, en la madrugada del
viernes al sábado, con los mismos síntomas, a Almudena, Judith, y Rocío...

La casa parecía una enfermería... y una lavandería. No quiero entrar en muchos detalles...
colcha, sábanas, sofa, suelo... lleno de todas esas cosas a medio triturar, que están en los estómagos maltrechos.
Yo me acosté serían las cuatro de la madrugada, pensando que era imposible que al día
siguiente por la noche pudieramos ir a la Pascua.

Así se lo dijimos a los niños. Y me sorprendió cómo se negaron en redondo
a aceptar esta realidad.

- Pero, ¿cómo no vamos a ir a la Pascua? Eso no puede ser...

-Pues si vomitan, que vomiten... (decía Teresa).
Nos llevamos unas bolsas de plástico, y ya.

-Pues que se quede papá con las "malas", decía Nazareth.
(José Manuel no conduce, así que la que obligatoriamente tenía que ir era yo...
por aquello de llevarles...).
Pero los demás, vamos a la Pascua...

Visto el interés despertado, no era cuestión de tirar piedras contra nuestro
propio tejado. Digo esto, porque a comienzos de la semana santa, ya habíamos oido
algún comentario del estilo de: "jo, la pascua, qué larga...", "nos vamos a dormir..."

Así que decidimos que ibamos a hacerlo todo "para ir", es decir, preparar y planchar
la ropa que se iban a poner, comprar los últimos detalles (calcetines, leotardos...),
limpiar zapatos... preparar lo de la bebé (biberón, pañales... )
y buscar dos sacos de dormir para las pequeñas.
Y si dos horas antes, veíamos que las "enfermas"seguían sin levantar cabeza,
pues nos quedábamos.

¡¡¡Y pudimos ir!!!. Verdaderamente la fe -de nuestros hijos- mueve montañas.

Montamos el chiringuito en una sala que se usa como guardería,
alli pusimos los sacos, y allí se quedaron las pequeñas.
Rocío y yo nos turnamos para cuidarlas; en teoría, "hasta que se durmieran".
Cosa que no ocurrió, pues aguantaron como unas jabatas
hasta las cuatro de la mañana.
Justo entonces, cuando ya nos ibamos al restaurante,
cayeron dormidas.

La Pascua tiene "algo" especial.

Eramos unas doscientas cincuenta personas, contando los niños (setenta y cinco,
según nos dijo un seminarista, que había estado organizando el banquete
de Pascua que tuvimos más tarde).

Primero hay un lucernario.
Fuera, en un jardín, ya de noche cerrada, se hizo una fogata y allí el sacerdote
encendió el cirio pascual, signo de la luz de Cristo, que va a iluminar el camino
de todos nosotros en este año nuevo litúrgico que empieza.

Con las velas encendidas, de ese cirio, entramos en el templo que estaba
completamente a oscuras. Otra alegoría, igual que tú y yo estamos a oscuras
cuando nos apartamos del amor de Dios. Y sólo con Jesucristo, somos capaces de ver.

ESTA ES LA NOCHE EN QUE CRISTO
HA VENCIDO A LA MUERTE
Y DEL INFIERNO RETORNA VICTORIOSO...
cantaba el salmista.
ESTA ES LA PASCUA
EN QUE SE INMOLA EL CORDERO.
ESTA ES LA NOCHE
EN QUE FUERON LIBERADOS
NUESTROS PADRES DE EGIPTO.
OH NOCHE MARAVILLOSA,
TU SOLA CONOCISTE LA HORA
EN QUE CRISTO RESUCITÓ.
OH NOCHE REALMENTE GLORIOSA
QUE RECONCILIAS AL HOMBRE CON SU DIOS.

Después hubo nueve lecturas sobre toda la historia de salvación, más las vivencias
personales de los que allí estabamos... y llegó el momento de los niños.

En la Pascua se les hace partícipes de todo este Misterio de la fe.

Ellos también cantaron, preguntaron a sus padres, y les pusieron
en algún que otro aprieto:

¿Por qué esta noche es diferente, de todas las otras noches?,
¿Por qué el Padre, el Hijo yel Espíritu Santo, son Uno?
¿Por qué Dios vive en mi corazón?

Después vinieron los bautismos por inmersión. Una gozada.
Después la Eucaristía.
Tuve el privilegio de hacer uno de los doce panes ácimos que se consagraron. Para mí
fue todo un regalo del Señor.
Cuando acabó la celebración, realmente Jesucristo había hecho pascua con nosotros.

Sin embargo, hoy, después de todo aquello, veo lo dura de corazón que soy. Que somos.
Volvemos a casa, y sí, Cristo ha resucitado, pero...
estamos hechos de barro. Caemos. Los mayores se pelean...
José Manuel y yo también perdemos la paz.

Me acuerdo de las palabras de San Pablo: "NO entristezcáis al Espíritu Santo".