lunes, 17 de noviembre de 2008

El "Caso Jesucristo" es único en la Historia



Entrevista con el P. Hernán Pereda, sobre los orígenes del cristianismo


"San Pablo es el primero, después del Único”, así define Hernán Pereda, gran comunicador bíblico, la figura excepcional de Pablo de Tarso. Los orígenes de la Iglesia son apasionantes.
Hernán Pereda es argentino con ascendencia española y alemana, gran comunicador bíblico, teólogo y Presidente de la Fundación para la Evangelización y Comunicación.
P. Cuando el cristianismo irrumpe en la Historia, el mundo pagano está saturado de dioses y semidioses. ¿Cómo convive la Iglesia primitiva con toda esta concepción del mundo?

R. El Imperio Romano vivía en un mundo de mitos. Éstos eran fruto de la búsqueda milenaria de una verdad. Inicialmente el cristianismo parece aportar un mito más entre los innumerables ya existentes.
Aquí es donde el “caso de Jesús” se va abriendo camino por la fuerza de la propia Palabra y de los hechos de la vida de Jesucristo. El hecho de que Jesús se presentara como Hijo de Dios no era en sí sorprendente en el lenguaje habitual de los supersticiosos romanos, pero la manera como se va afirmando que Él es el único resulta chocante, provocativa y una pretensión inadmisible. Precisamente ahí está Jesús como caso único en la Historia.

P.Los gnosticos trataban de llegar a Dios a través del conocimiento.

R. Sí, ¿Pero, a qué Dios?¿Cuál es el Dios que ellos querían conocer?. La Gnosis había establecido un gran número de demiurgos o de eones, que eran seres -tipo angélico-, entre Dios y el hombre, de modo que no estaba claro qué era dios ni cuales eran los dioses principales, y cuales eran esos seres intermedios.
Cuando san Pablo escribe el himno cristológico a los Colosenses: “El es la imagen visible del Dios invisible, por encima de los tronos, los principados, las potestades...”, escribe precisamente para dejar claro que Jesucristo es la imagen visible del Dios único. Aquí es donde, otra vez, Cristo aparece como único, y el choque no podía dejar de ser dramático.
En definitiva -señala Hernán Pereda- el cristianismo rompe con todo este montaje de tipo intelectual, y sin relación alguna con lo que llamamos la revelación, afirmando categóricamente que Jesucristo es Dios, el único, unido al Padre y al Espíritu Santo.

Sincretismo religioso

Y abundando en la idea, hoy tan actual, del sincretismo religioso, este teólogo alude a la llamada New Age o Nueva Era: “Hoy en día sufrimos al ver que las religiones son causa de división en el mundo; tras salir del ateísmo, corremos el riesgo de entrar, sobre todo con el mundo musulmán, en lo que se llama la exasperación o el fanatismo religioso. Es por ello que el mundo pagano busca una forma de religión buena para todos.
Cuando se quiere jugar con estas cosas, no se cree en la verdad, se cree en razones de conveniencia. La New Age busca una forma de espiritualidad conformista, universal, donde todo el mundo pueda sentirse bien; se trata de una forma de panteísmo, un concepto de religión como superación artificial de la falta de entendimiento entre las religiones. Esto sólo puede satisfacer a un nivel superficial.

P. Una vez situados en el ambiente mitológico y de sincretismo religioso en el que se desenvuelven los primeros cristianos, quisiera plantearle una idea que F. Sánchez Dragó defiende en su libro "Carta de Jesús al Papa": Habla de que el nacimiento de un dios nacido de una virgen es una alegoría casi universal en el mundo precristiano.

R. Lo que nuestro amigo creo que no llega a entender, es que su argumento es perfectamente reversible y muy vinculado a lo que decíamos antes. El mito de la madre virgen perdió toda consistencia -en medio de la multitud de casos imaginarios de los antiguos-, frente al hecho afirmado por los cristianos, como único, de la madre de Jesús.
Después de dos mil años, de aquellas otras afirmaciones no queda sino un recuerdo curioso. El conocimiento que tenemos de Jesucristo es un conocimiento de fe, la gran dificultad de este escritor reside en que manifiesta no tener fe. Los cristianos no creemos sólo en Dios sino que además creemos en su Palabra, y en todo cuanto nos ha dicho.
Para obtener el don de la fe, hay una actitud de vida que la facilita: la humildad. La palabra “hombre” significa “hecho del polvo”, por tanto, humilde.
Por otra parte, la fe es conocimiento, es decir, el que realmente se adhiere a la auténtica fe empieza a saber cosas, a tener certeza de ellas. Y realmente es difícil, para el que no cree, distinguir entre el conocimiento intelectual y el conocimiento de la fe.
Nosotros no creemos solamente "en Dios", nosotros creemos "a Dios", que nos habla a través de la Escritura, y ahí es donde surgen los problemas con los no creyentes respecto a la virginidad de María frente a las diosas vírgenes del paganismo, o en relación con los otros “hijos de Dios” (¡hijos de Dios eran todos los emperadores romanos!) frente a Jesucristo.

la alegoría de las vírgenes

Y este hombre de cara amable y vastos conocimientos, empieza a desgranar el profundo sentido que tiene la intuición cuando ésta es inspirada por Dios: “Es cierto que formaban parte de la cultura y del ambiente precristiano las fábulas y los mitos, pero la alegoría de las vírgenes, madres de dioses, es lo que en teología se llama la "conveniencia de una intuición", es decir, que la virginidad es signo revelador de la divinidad, es algo que ha sido intuido por todas las culturas.
Estas alegorías han servido para plasmar la idea de que los hombres quieren encontrarse con Dios, y de que a Dios le interesa la vida de los hombres; pero el caso Jesucristo es único, fuera de lo común y habitual, por el proceso mismo de la historia.
Lo curioso es que aun cuando hay algunas alusiones de las tradiciones talmúdicas sobre la maternidad divina, éstas no son propiamente bíblicas.

-Continúa-: Que los mitos sirvan para descubrir ciertos secretos, por supuesto, a mí me gusta muchísimo decir que la virginidad de María no es un privilegio de la madre, es el signo revelador de la divinidad del Hijo, eso es muy importante. La teología actual insiste en ello más y más. Los otros casos son absolutamente irreales, ¿en qué han quedado? En puro mito.

P. El encuentro de Jesucristo con san Pablo le cambió completamente la vida al perseguidor de los “del camino”. Él mismo llegó a cambiarse el nombre de Saulo a Pablo.
Ante todo, la conversión de Pablo se nos ha presentado siempre como un momento fulgurante en el camino a Damasco, y es verdad, pero no es toda la verdad.
Es decir, Pablo, de una profunda educación religiosa según las doctrinas fariseas, de familia judía -de la tribu deBenjamín-, nacido en Tarso de Cilicia, y además, ciudadano romano, como perseguidor de los primeros cristianos, se encuentra con un hecho, para él terrible: su maestro más venerado Gamaliel, defiende a los cristianos ante el Sanedrín.

Es el famoso tema del capítulo V de los Hechos, cuando quieren matar a Juan y a Pedro, y Gamaliel se levanta, un hombre respetado por todo el pueblo, y dice, “yo os aconsejo dejarlos tranquilos, porque si esto que nos cuentan es cosa de hombres, se hunde solo, pero si es de Dios, os embarcaréis en una lucha contra Dios...“. Existe el caso de dos pretendidos mesías,Teudas y Judas el Galileo, a los que los judíos mataron y todo quedó dispersado.
Algunos dicen que Gamaliel estuvo presente en la resurrección de Lázaro, y que no tuvo tiempo mental de reaccionar o que no pudo evitar que mataran a Cristo, pero que ya es un cristiano.
Y él es el maestro de Pablo, lo cual significa que Pablo ya estaba de algún modo, perplejo, y como era un hombre tremendamente auténtico y sincero frente a sí mismo, que su propio maestro creyera en este hombre, Jesús... eso le interpelaba interiormente.
Relata, además Hernán Pereda cómo Pablo se culpará toda su vida de su participación en el martirio de san Esteban: “Sin embargo, él no tiró ninguna piedra, sostuvo las ropas de los que lo apedrearon, y si no lo hizo fue porque hubo algo que lo retuvo; la muerte de Esteban seguramente fue un aldabonazo para Pablo.

la segunda conversión de Pablo

Después del suceso del camino a Damasco transcurren nueve años en los que él vive en Tarso, su ciudad natal, y vuelve a releer todas las Escrituras, y dice en una de sus Cartas: “Yo sé de un hombre que no sé si en el cuerpo o fuera de él, Dios lo sabe, fue llevado al tercer cielo, y allí se le dijeron cosas...”, es decir, hay una segunda conversión de Pablo que es la conversión intelectual, y ahí es donde, la fe -como decía antes- tiene que ir acompañada de un conocimiento.
A Pablo se le conceden dones -por ser la personalidad que era-, absolutamente únicos. Pero se le conceden para el bien de todos.
Y a modo de síntesis, concluye: “Efectivamente es un elegido. Una de las figuras más tremendas de la historia de la humanidad. La conversión real de Pablo dura unos catorce años. Y más tarde se convertirá, también, en Atenas, cuando los filósofos griegos se ríen de él; entonces se dirige a los esclavos de Corinto, al prostíbulo que era esa ciudad, y allí, para su sorpresa, es donde surge la comunidad cristiana más fuerte. Si él pretendía que los filósofos se convirtieran, encontró que los convertidos fueron los más pobres e ignorantes de Corinto.
La conversión de Pablo es paulatina, esa certeza interior va acompañada y corroborada por la certeza intelectual de “ver claro”, tras la relectura de todo lo que él había recibido mal.

P.Sánchez Dragó dice que Pablo sufrió un ataque epiléptico, camino de Damasco.

R. Pues lo lamento por él. ¡Se pierde la fiesta!.

P. Igualmente cuestiona que Mateo, Marcos, Lucas y Juan sean autores reales de los evangelios, y coetáneos de Jesucristo. ¿Hasta qué punto esto es cierto?

R .Nuestra fe, la fe de los católicos, proviene del Nuevo Testamento, nosotros creemos en el Jesús que la Iglesia ha predicado desde el principio.
Que sea exactamente san Lucas, o exactamente san Pablo, el que escribió las 14 cartas, no es tan importante como algunos puedan pensar; ese no es el problema, nosotros partimos de los textos mismos.
Por ejemplo, nosotros creemos en muchos libros del Antiguo Testamento que no sabemos quien los escribió. Por otra parte, que sea san Lucas el que escribió el evangelio que a él se le atribuye, no es lo importante; no obstante, la Iglesia siempre lo ha creído y hay miles de razones para decir que es así.
Mateo, por lo demás, es uno de los evangelistas que con más seguridad convivió con Jesús. Junto con Juan, ambos fueron apóstoles.
El caso de Marcos es distinto. Marcos no conoció que sepamos, en vida, a Cristo. Marcos era el secretario de san Pedro, de modo que el evangelio de san Marcos se podría llamar el evangelio de san Pedro.
San Lucas, por otra parte, es un caso completamente fuera de serie. Lucas fue el médico de Pablo. Por lo que sabemos se convirtió muy cerca de Troya, a raíz de la predicación de Pablo y de su enfermedad.
Cuando cruzaron a Macedonia ya empezó a hablar en plural, diciendo que él mismo se sumó al grupo, es decir, se trata de un pagano, que se sorprende tanto por la predicación de Pablo que se transforma en su biógrafo; él mismo explica que averiguó cuidadosamente todo lo que se refiere a la vida de Jesús.
Un médico en esa época era fundamentalmente un investigador, la medicina no se estudiaba como una ciencia aparte; se ve que Lucas, como Pablo, estaban en el mundo del “periodismo”, ya que él mismo, Lucas, escribe con gran preocupación e interés, incluso en medio de algunas inexactitudes históricas en la información que obtuvo.

P. Según Sánchez Dragó, los cristianos no somos tales, sino paulinos. Dice que la Iglesia es un invento de Pablo.

R. En La 1ª Carta a los Corintios, Pablo dice “¿Qué es, pues, Apolo? (-otro super apóstol-), ¿Qué es, Pablo? ¡Servidores, por medio de los cuales habéis creído! Y cada uno según el don del Señor. Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien hizo crecer”. En otra parte, Pablo dirá que si se tiene que gloriar de algo, se gloría en Cristo Jesús.
Lo que dice Sánchez Dragó son medias verdades. Nosotros creemos en el Cristo del Nuevo Testamento, no sólo en el de los cuatro evangelios. Tanto los evangelios como las Cartas son escritos entorno a la persona de Jesucristo, con la particularidad de que san Pablo tuvo una experiencia de Jesucristo resucitado que no habían tenido los demás.
Vaciar de san Pablo el Nuevo Testamento sería como extraer uno de los evangelios. Para mí tiene tanta autoridad una carta de san Pablo, como el evangelio de san Juan o de san Lucas, ¡si no tenemos ningún escrito firmado por Jesucristo!.
El conjunto de nuestra fe es la fe de la Iglesia, tal y como aparece en el Nuevo Testamento.¿Entonces, somos paulinos ?. En este sentido, sí.
Sánchez Dragó lo dirá, quizás,porque los hebreos tienen más facilidad para aceptar la figura de Jesucristo que la figura de san Pablo, porque el que realmente puso dinamita, separó a los cristianos de los judíos, fue Pablo. Y nosotros decimos, menos mal, porque si hubiéramos seguido con las costumbres hebreas, no hubiéramos salido del cascarón.
Y esto, efectivamente fue gracias a Pablo, por eso a Pablo se le llama “el primero, después del único”, porque es verdad que san Pablo es la gran figura del Nuevo Testamento, después de Jesucristo.
Sobre quién fundó la Iglesia, Hernán Pereda comenta: “Para mí, el momento más auténtico en el que funda Cristo la Iglesia, es cuando dice “Haced esto en memoria mía”; ahí fue cuando convocó a la Iglesia, y ellos se reunían para celebrar la eucaristía, los templos se crearon sobre todo, para esto.
Por otro lado, es verdad que la estructura de la Iglesia proviene de san Pablo, no proviene de los evangelios. Es decir, es Pablo quien da las órdenes para que se formen los presbíteros, vinculándolo con el Antiguo Testamento.
Jesús en los evangelios no figura organizando la Iglesia porque la experiencia de los evangelios es de Cristo en su vida mortal, y la de Pablo es en su vida resucitada, pero la misma autoridad tiene una cosa como la otra.
Y esto es muy importante porque también se suele decir que Cristo no fundó una Iglesia, que la Iglesia se reunió y se fundó en el nombre de Jesucristo, que la Iglesia Católica es una de tantas, los protestantes tienen esa teoría, y hacen una disquisición entre el Jesús de los evangelios y san Pablo que no se puede admitir; la fe es un todo, no una parte. Por lo demás, la acción del Espíritu Santo es la que ha mantenido a la Iglesia, evidentemente.

P. La idea de universalidad de la Iglesia es propia de San Pablo.

R. Sí, san Pablo tiene una revelación especial sobre la universalidad de la Iglesia, y por eso se abre al mundo pagano, de ahí sus viajes y su tremenda labor apostólica. Pero esto se encuentra ya en simiente en los evangelios, el Señor rompe los esquemas del nacionalismo hebreo, especialmente cuando cuenta el pasaje del buen samaritano, también en el caso de la mujer de Samaria, o el de la cananea, de Tiro y Sidón...
Por otra parte, Jesús resucitado dice a las mujeres que los hermanos vayan a Galilea, que allí le verán, y les envía a anunciar el evangelio a todas las gentes, bautizándolas. Galilea era el límite geográfico con tierra de gentiles, Cristo resucitado les incita a llevar la buena noticia hasta los confines de la tierra.

P. Por último, con los conocimientos de la vida de la Iglesia que usted tiene, podría atisbar el futuro del cristianismo?

R. Hay que dejar claro que la fe cristiana no es una religión como las demás. Yo diría incluso que el cristianismo es una fe, no una religión. El cristianismo lo que tiene de sorprendente es que sitúa en un mismo plano la relación con Dios y la relación con el hombre.
Y esto todavía no lo acabamos de asimilar, Juan Pablo II ha dado pasos tremendos en este aspecto, sobre todo cuando ya en su primera encíclica afirma que toda relación entre seres humanos es una relación trascendente.
La relación entre nosotros, es religiosa en el sentido auténtico, porque Dios está en nosotros, contigo y conmigo. La frase “Si alguien dice amar a Dios y no ama al hermano, es mentiroso”, que es fundamentalmente cristiana, ha dado mucho qué pensar sobre el concepto de religiosidad. El primado del amor ha quedado fácilmente sojuzgado. La Iglesia debe dar grandes pasos todavía en lo que es, realmente, entender la fe en Jesucristo.
Y hay cosas que se desmoronan solas, estamos en una época de cambio; no se trata de pretender ser profeta, pero que la fe cristiana se va a simplificar, es seguro; tiende continuamente a hacerse más auténtica. 
Autor: Victoria Luque. Cooperador Paulino. 2003