viernes, 14 de noviembre de 2008

Gabriel Moris, Vicepresidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo

TODOS LOS DIAS REZAMOS POR LOS ASESINOS

Químico de profesión, de Gabriel Moris destacaría sobre todo su sencillez. O mejor, su humildad. Lo primero que me dice, “yo no soy ejemplo de nada”, se contradice con su forma de afrontar el asesinato de su hijo, Juan Pablo, de treinta y dos años de edad, el fatídico 11 de marzo. Si no, juzguen ustedes.

P.: Don Gabriel, me gustaría que rememorase cómo sucedieron los

acontecimientos aquel once de marzo…

R.: Mi hijo Juan Pablo murió en el tren que estalló en la calle Téllez, a consecuencia de una bomba terrorista. En un principio pensamos que él no iba en ese tren, porque creíamos que el autobús le era más cómodo. Pero lo cierto es que el tren le dejaba en Nuevos Ministerios, donde trabajaba, y no tenía necesidad de hacer transbordo.

Una vez ocurrido el atentado, le llamamos inmediatamente y no respondía al teléfono. En su trabajo tampoco tenían información sobre él. Todo el día fue una continua zozobra.

Fuimos a los distintos centros sanitarios, sin éxito alguno. A las seis de la tarde decidimos ir al IFEMA, y allí nos atendió una pareja de psicólogos, que nos tranquilizó y confortó, hasta que supimos la noticia.

Mi hijo era el pequeño de tres hermanos (son una chica y dos chicos). Estudiaba Ingeniero de Caminos, y por costearse sus estudios, trabajaba en una empresa de traducción técnica, pues dominaba bastante bien el inglés. Estaban muy contentos con él, porque era una persona seria, y afable en el trato.


P.: Supongo que este tiempo en que se recrudece la acción terrorista etarra, es especialmente difícil para cualquier víctima. ¿Cómo le afecta a usted? ¿Qué piensa cuando se entera de un nuevo atentado?


R.: Evidentemente, resulta inevitable, siempre que se repiten los atentados terroristas, rememorar tu caso y tener un recuerdo para las víctimas y sus familias. Yo suelo pensar, de forma automática, si no se podía haber previsto, y por tanto, haberlo evitado.

Ya sé que si así fuera no volverían a ocurrir los atentados, pero creo que, a veces, perdemos el tiempo discutiendo si son galgos o podencos, y perdemos muchas energías, que habría que emplear, en la prevención de los mismos…


P.: Desde su condición de creyente, me gustaría que nos transmitiese su experiencia personal: cómo le ha ayudado su fe en Jesucristo a superar o sobrellevar este acontecimiento tan duro en su vida.


R.: No estoy tan seguro de mi condición de creyente, eso sí, desearía vivir como tal. A veces he hecho comparaciones de nuestra situación con la Pasión de Jesús, pero lo nuestro queda insignificante a su lado. Lo cierto es que, a pesar de lo duro que resulta que te quiten un hijo en plena juventud y sin ninguna razón para ello, hemos sentido y sentimos desde aquel día una paz interior y una entereza, que a nosotros no nos parece humana.

Con seguridad que esa paz no la generamos nosotros, alguien nos la proporciona. Además, después del atentado hemos tenido un nuevo nieto y ello lo percibimos como una compensación a todos los sufrimientos derivados de la pérdida de nuestro hijo Juan Pablo.

El Señor nos ayuda, esto es una evidencia para nosotros. Notamos la diferencia con otras personas que están en nuestra misma situación, y que lo están pasando peor… no sé cómo explicarlo, a ellos no se les ve tan serenos.

P.: ¿Viven su fe, usted y su mujer, en algún movimiento dentro de la Iglesia?

R.: Nosotros estamos en Acción Católica, desde hace 8 ó 9 años. Teníamos inquietudes por vivir nuestra fe de forma más bien comprometida, y encontramos en Acción Católica una respuesta, y ahí seguimos.

Pero tampoco creemos que los movimientos sean nada absoluto, son medios, son andamios para conocerle a Él. Se siente uno quizá más apoyado, más arropado; recibe uno –creo- más fuerza para vivir la fe al estilo de Jesús, aunque seguimos siendo humanos, con nuestros grandes fallos, con nuestras grandes infidelidades, con todo lo que el ser humano genera desde su naturaleza herida.


P.: ¿Se ha sentido apoyado por la Iglesia, en estos momentos tan delicados?


R.: Por las personas de Iglesia, sí. Estuvieron muy cerca de nosotros, nos han acompañado… pero con sinceridad, por la Iglesia-institución, no tanto. Creo que a las víctimas en general, pero en particular a las del 11- M, no se les presta mucha atención. Quizás porque somos víctimas políticas, la Iglesia como institución, a veces, no se define plenamente.

Hay ocasiones en que la Iglesia del País Vasco en concreto, da la impresión de que siente más ternura por los criminales que por las víctimas, y lo digo, como me sale del corazón. Y respecto al 11-M, de verdad, yo he echado en falta alusiones, y citas, y recuerdos sobre la masacre, por parte de la Iglesia.

Sé que la Conferencia Episcopal publicó no hace mucho un documento sobre el terrorismo, que me pareció bien, pero yo lo noté, quizá, muy poco comprometido. Es una apreciación mía, particular, claro está.

P.: Por último, ¿cómo vive este tiempo de navidad? Supongo que la forma de concebir la navidad, antes y después del atentado, ha cambiado para usted. ¿Cómo son estos días para usted y su familia?

R.: Para nosotros la navidad ha sido, y sigue siendo, un tiempo de esperanza y una oportunidad de cambio, otra cosa muy distinta es que la aprovechemos. La ausencia material de nuestro hijo hace que nuestras celebraciones sean una mezcla de alegría y de añoranza, pero tenemos la convicción de que él participa en ellas con nosotros y nosotros con él.

De aquí creo que sacamos fuerza para luchar sin cesar por el esclarecimiento de la verdad de aquel horrible crimen. También tenemos un recuerdo para los asesinos y sus familiares. Seguro que si tuvieran una oportunidad para evitarlo, no lo volverían a repetir.

Esto ha sido una constante para nosotros: desde el primer día, estamos rezando por los asesinos. Porque creemos que quienes hacen esto, no lo hacen voluntaria y libremente. Yo creo que quien asesina, o ha recibido una educación inadecuada, o tiene un odio que no es humano, o espera unos beneficios de lo que hace, inmediatos.


Yo creo que hay que ir a la raíz para evitar el mal, y creo que si esta gente hubiera recibido, o recibiera hoy día incluso, una educación distinta, no llegarían a matar. Aunque tenemos el ejemplo de Caín y Abel, a mí todo esto me parece antinatural, no tiene ninguna justificación. El concebir un crimen de esta forma, fríamente, un tiro en la nuca, un asesinato masivo de personas, yo creo que los que lo realizan tienen algún problema. Creo que hay que ir a esas raíces, para evitarlo.

P.:¿Usted ya ha perdonado?

R.: Bien, pero a quién perdono… si no sé…yo estoy abierto a que ellos cambien, estoy abierto a perdonar, pero tengo que tener personas concretas a las que dar el perdón.

Cuando ocurrió lo de Leganés, esos terroristas que se suicidaron o les mataron, no sabemos aún…. Pues mi mujer y yo no nos alegramos en absoluto de estas muertes, pensamos en los familiares de estas personas. De cualquier forma, es una pérdida humana, que no viene a arreglar nada. Autor: Victoria Luque.

Artículo publicado la navidad del 2007, en el Cooperador Paulino.