martes, 25 de noviembre de 2008

Te conozco por tu nombre

Hay una cosa que me sorprendió cuando me plan delante del Antiguo Testamento, hace ya unos cuantos años, y es que Dios -entonces, y ahora- me hablaba en primera persona, me hablaba a mí.
Esto, que parece una obviedad, para mí fue
un gran descubrimiento, que todo un Dios se dirigiera a mí, con tanta naturalidad, con tanta intimidad, me dio qué pensar.

Y lo que me decía también era sorprendente: Te quiero, te conozco por tu nombre, hasta en las palmas de mis manos te llevo tatuada. Eres mía y yo soy tuyo, he hecho una alianza de amor contigo, te quiero.

Desde entonces, he valorado sobremanera la importancia del Nombre.
Dios Padre me conoce por mi nombre.

Por eso, cuando han nacido nuestros hijos, siempre hemos intentado "escudriñar" qué nombre elige Dios para este niño/a en concreto.

José, llegó el primero, con José estuvo clarísimo cl sería su nombre; a mi marido y a mí nos llama mucho la atención la figura de José, el esposo de María. Sereno, firme, decidido, orante, fiel a Dios, servidor, veraz, un apoyo seguro para el Hijo y la Madre.


Nos pareció que José, el del cielo, cuidaría muy bien de José (Joselito) el de la tierra.

Después vino Miguel, en esto yo llevé la voz cantante. A mí el arcángel Miguel siempre me ha atraido muchísimo. Eso de que luchara contra las fuerzas del mal, y venciera a Satanás y sus huestes (está en el Apocalipsis) me parece fantástico. Así que, qué mejor defensor de la fe, que Miguel. "Quién como El", que es lo que significa este nombre.

Más tarde llegó María del Rocío. El nombre de María no podía faltar. Casi todas nuestras hijas lo llevan, y si no (caso de Teresa y de Inés) han sido ofrendadas a María, el día de su Bautismo. Las demás también, ¿eh?.

Y elegimos Rocío porque para nosotros este nombre tiene varias connotaciones, primero, es el nombre de la Blanca Paloma (mi familia es andaluza) y además, hace referencia a Pentecostés: la Blanca Paloma y la venida del Espíritu Santo van en el mismo lote. De hecho, celebramos su santo, no sé si bien o mal, el día de Pentecostés.

No sé si os estoy aburriendo mucho. ¡Porque son nueve! Paciencia.

Ahora viene María de Nazareth.
Si os digo cómo surgió este nombre, no os lo creéis.
Primero, lo o
í en la Autoescuela, estaba aprendiendo a conducir, y me encantó su originalidad, y que hacía referencia a María, de una manera muy certera, a su lugar de procedencia.

Imagino que a María, la llamarían la de Nazareth. Pero n
o queda ahí la cosa, un día haciendo oración, casi sin pensarlo, abrí la Biblia al azar y puse el dedo en una palabra, y esa fue "Nazareth", diréis...
¿Y si llega a salir Jetzabel, por ejemplo?... Esa posibilidad no cabe. Salió el nombre que tenía que salir.

Con Teresa n
os dejamos llevar por la reciente -entonces- beatificación de la Madre Teresa de Calcuta.
También en aquel momento resonaban, en nuestro día a dia, las vidas de Santa Teresa de Avila (doctora de la Iglesia) y santa Teresita de Lisieux, patrona de las misiones, ¡ y eso que no llegó a salir nunca de su convento!. Pensamos que Teresa de Calcuta, reconocida o no oficialmente por la Iglesia, ya es santa.
Y qué mejor apoyo para nuestra Teresita, que una sa
nta de nuestro tiempo.

Luego vino Victoria de Jesús. Su nombre tiene miga.

Victoria tiene ahora siete años, y justamente hace
ocho años, mi marido y yo visitamos Jerusalén; fue cuando Juan Pablo II estuvo allí. Juan Pablo tenía unas ganas enormes de pisar la tierra de Jesús, y nosotros tuvimos la oportunidad, providencial sin duda, de poder acompañarle.

Allí el Señor se valió de las palabras del Papa para cambiarme el corazón. Yo ya tenía cinco hijos, y tenía miedo; consideraba que ya estaba bien... la verdad es que esta actitud mía, de cerrazón, estaba dañando mi vida matrimonial... el Papa nos dijo a todos -y me lo dijo a mí, personalmente, porque yo lo asumí para mí misma- que estuviese abierta a la vida, que todo tiene un sentido profundo, que nada pasa por casualidad, y que Dios Padre está detrás de todas las cosas.

Verdaderamente fue la victoria de Jesús, sobre mí misma; la victoria de Cristo sobre mis miedos y egoismos. De ahí el nombre de nuestra sexta hija.






Al poco de volver de aquel viaje, me quedé embarazada.

Inés Isabel, la séptima. Debe su nombre a que, y
a embarazada de ella, en la oración de la mañana, se hablaba de una niña santa y mártir del siglo IV, que había dado su vida por no renegar de Jesús. Nos gustó su testimonio. Además "Agnes" en latín, significa "Cordera" (María, es la cordera de Dios), otra referencia a María, la Madre.
¡Ah! El Isabel fue una concesión a mi madre "terrena", que estuvo "un poco" pesadilla, porque ninguna de sus nietas llevaba su nombre... (Mamá, te quiero).

Ánimo, que ya sólo faltan dos. Si habéis aguantado hasta aquí, un poquito más, y ya lo leéis todo.

Judith María, la octava. Ahora tiene dos años, casi tres. Y es el revoltillo de la familia.
Está haciendo el pino todo el día, en el sofá, en el suelo, en la pared...

Elegimos Judith por el personaje bíblico. Judith, como sabéis, era una hebrea muy hermosa, fiel al Señor, mujer valiente, figura de la Virgen María.

Estando su pueblo pasando ha
mbre y necesidades, cercado por el general Holofernes y su ejército, Judith, después de hacer oración, cogió a su criada, se vistió con sus mejores ropas, y se dirigió al campamento de este general.

Le dijo que había desertado... el general quería poseerla... ella, le dió de beber -mucho- y cuando estaba medio ad
ormecido... le cortó la cabeza. Salió fuera del campamento con la cabeza en la mano, y las tropas, al ver que su general había muerto, huyeron despavoridas. Judith acabó con el asedio a Jerusalén. Salvó a su pueblo.

Esto, que parece una barbaridad, tiene una segunda lectura muy interesante. Judith es figura de María: Judith salva a su pueblo del mal, encarnado en Holofernes, cortándole la cabeza, y María, la humilde de Nazareth, nos da la salvación -Cristo Jesús- aplastando la cabeza de la serpiente -el Maligno-, como aparece también en el Apocalipsis.

María dice Sí, y el Verbo se encarna en ella. Y por El nos llega la Vida. Nos pareció una historia tan sugerente, cuando la conocimos, que el nombre nos vino dado.

¡Y, por fin,
María de la Almudena! Tranquilos, que esta explicación es rápida. Jose Manuel y yo empezamos "nuestro atornillamiento" -como dirían MªJesús y Luis, los de los diez- el día de la Almudena. Bueno, ese día empezamos a salir, no fue cuando nos casamos... Y claro, además, ya teníamos una Rocío (concesión a la vena andaluza) y nos faltaba una Almudena (concesión a la vena madrileña). Ese fue el razonamiento, así que nuestra novena hija, está bajo la protección de María, de la Almudena. Finnnnnnn.......