martes, 4 de noviembre de 2008

Julián Marías, visto por uno de sus discípulos

Francesco De Nigris, discípulo del fílósofo, Julián Marías:


ERA PROFUNDAMENTE CRISTIANO


En el tercer aniversario de su muerte, nos adentramos en la vida de Julián Marías, uno de los filósofos del siglo XX, cuyo pensamiento aún está por descubrir. Conferenciante de éxito, escritor y sobre todo, cristiano, Julián Marías buscó vivir en la verdad, a pesar de que ello le supuso el rechazo y el vacío desde ciertos ámbitos universitarios, políticos o religiosos.


Francesco es italiano, inteligente, muy cordial. Ha vivido una experiencia única, y lo sabe. Durante los últimos cinco años de la vida de Julián Marías, este escritor y doctorando le ha visitado en su casa de Vallehermoso (Madrid), prácticamente todas las tardes, de seis a doce de la noche.

Ha charlado con él, ha cenado con él y se ha sentido acogido por el filósofo, pero, sobre todo, por el amigo.

Francesco ha compartido una amistad sincera con alguien cuya altura intelectual, así como espiritual, aún está por ser reconocida públicamente.


-¿Qué vivencias tiene de aquel primer encuentro con Julián Marías?


-La historia de cómo conocí a JM está llena de azar y de providencia, sin duda. Yo vine a España en el 1997 con una beca para estudiar Ciencias Políticas, y aquí conocí a un muchacho que admiraba profundamente a JM y que me facilitó algunos libros de él. Y de ahí surgió todo. Comprendí poco a poco que mi verdadera vocación era la filosofía, gracias a los libros de JM. Yo había sido siempre una persona muy inquieta, con inquietudes muy profundas, eran como heridas abiertas, nunca curadas... JM fue el hilo conductor que me llevó a la llamada más radical que he experimentado nunca, la de la filosofía. Así que decidí compaginar con la carrera de Ciencias Políticas un intenso estudio filosófico muy personal, desde dentro.


Pasado el tiempo, tuve problemas en la universidad para abordar una tesis sobre La libertad y la estructura social, según el pensamiento de Julián Marías. Eran tantas las trabas que se me ponían a mi trabajo que, desesperado, decidí llamarle. Para mi sorpresa, me citó en su casa. Recuerdo que estaba extremadamente nervioso, ¡había leído tanto de él!. La subida de su calle fue, para mí, como si de un calvario se tratase; cuando por fin llegué, entré y vi una vivienda repleta de libros, de hecho no se veían las paredes. Como curiosidad le diré que en una ocasión me confesó que, según alguna estimación, podría tener unos 36.000 volúmenes, repartidos entre su casa y el sótano.



-¿Y congeniaron bien desde el principio?


-Sí. Al acercarme a saludarle, el nerviosismo desapareció y tuve la sensación de conocerle desde siempre; me miró con su cara bondadosa, con sus ojos azules –tenía un ojo que ya no veía, pero conservaba aún cierto matiz azul- pero su otro ojo era cálido, despierto... su mirada sonriente, apacible, buena, como un abuelito... él abrió la caja de dulces que yo había comprado en un convento de Sevilla, y me mostró la enorme felicidad que le producía aquel regalo. Surgió entre nosotros una gran congenialidad por muchas cosas, por experiencias semejantes vividas, y también, por comunión en el pensamiento.


-Javier Marías, escritor igualmente, habla de su padre, Julián Marías, como alguien entusiasta, hablador infatigable, con cierta dosis de ingenuidad...


-Sí. Pero ante todo era una persona de unas posibilidades humanas, e intelectuales, inmensas. Realmente tenía conocimiento enciclopédico; eran inagotables sus conocimientos de Literatura, de Historia, de Arte, de Filosofía... Además, todo ese bagaje no consistía en algo meramente erudito, sino que en él todo suponía un conocimiento personal, vivido, asumido; que él utilizaba como posibilidades de vida. De hecho, en uno de sus libros nos enseña cómo se iba nutriendo de la literatura para conseguir posibilidades en lo humano.


Esto mismo era lo que él hacía con sus amistades, con su misma persona; veía la realidad con un sentido personal, porqué y para qué se ha hecho eso, y porqué y para qué me puede servir para buscar la verdad.

Es decir, el contacto con Julián Marías era profundamente ennoblecedor para las personas, y de hecho, quienes han estado a su lado se han mejorado a sí mismas radicalmente. Porque JM al tener esta vida tan “amorosa”, se proyectaba con entusiasmo sobre la otra persona para comprenderla. Esto creaba en ti un estado de mayor amor propio, de ilusión hacia tu misma realidad, y en consecuencia, un firme deseo de mejorar. Esta era la vivencia que transmitía; veía a cada persona como una realidad única, irreductible, sagrada; y por eso tenía esa visión tan entusiasta del ser humano. Fruto, evidentemente, de una fe cristiana profundísima.


-Si nos acercamos detenidamente al pensamiento de este filósofo, observamos que de él se desprende una visión cristiana del mundo...


-Sí. Julián Marías define a la persona como “imagen finita de la infinitud”. La filosofía de Ortega y de Julián Marías son un instrumento formidable para la comprensión del cristianismo. El pensamiento de Ortega sobre la idea de vida humana, fundamentada en la razón vital, y el de JM desarrollando la idea de persona, implícita en Ortega, manifiestan lo fundamental del cristianismo. Porque el Dios cristiano es un Dios personal. Y Dios es Lógos, es decir, Razón, y Amor a la vez. Como digo, la fe en JM es algo sumamente ligado a la razón.


Y este descubrimiento, el de la persona, sin duda, ayudó mucho a Julián Marías en la comprensión de su misma fe, y de Dios. JM comprende, igualmente, que

la persona se va interpretando a sí misma, dentro de su propia vida, en sus circunstancias, y va dejando unos sedimentos, cristalizaciones de esas interpretaciones, que constituyen su humanidad. Es decir, un conjunto de creencias, e ideas que son patrimonio del hombre; así, cada persona participa de ese patrimonio para humanizarse.


-JM tiene una visión de la muerte muy interesante.


-Sí. A medida que iba profundizando en la idea de “persona” se iba dando cuenta de lo irrazonable que era la muerte, precisamente porque aquello en lo que más se sustenta la vida humana es el amor. La persona se encuentra a sí misma mediante la convivencia con otras personas, consigue amarse a si misma mediante el amor de las otras personas, entonces, en el momento en que muere la persona amada, -como murió su mujer, Dolores Franco- él ve que pierde un trozo de su realidad; porque aquellas posibilidades de amor que le daba aquella persona, aquellas posibilidades de ser él mismo, ya no las tiene.


Se daba cuenta de que el deseo de la vida perdurable, de la resurrección de la carne, era no tanto el deseo de la perduración egoísta de una realidad propia, sino precisamente el deseo del otro, del otro que ya no está y que uno echa de menos, en la medida en que su realidad no puede ser, sin la otra persona.


Y tanto o más irrazonable le parecía la muerte, cuando se trataba de la de su amada; fuente de enamoramiento personal, como ha sido Lolita para JM. Un amor tan profundo, que logró teorizar en una filosofía sobre el enamoramiento, donde decía que enamorarse era convertir a la otra persona en el proyecto radical de la propia vida. Es decir, sin la otra persona no puedo ser yo mismo.


-Fue nombrado por el Papa Juan Pablo II miembro del Consejo Pontificio de la Cultura, y tuvo la oportunidad de conocer al Papa en pétit comité. ¿Qué impresiones sacaba de estos encuentros?


Creo que llegó a regalar un libro al Papa, “Cinco años de España”, con una dedicatoria en latín –una lengua que le gustaba mucho- y el Papa cuando lo vio, le miró y le dijo: “cinco años de esperanza”.


Sin embargo, no creo que expusiese al Papa su pensamiento filosófico, lo cual es una pena porque la Iglesia se enriquecería mucho con el conocimiento de su filosofía metafísica y antropológica. Sin embargo, no existen prácticamente en España –salvo en Navarra facultades de filosofía católicas que puedan irradiar el pensamiento teológico.


Esto impide el conocimiento de filosofías que podrían ser muy útiles para comprender el cristianismo. Se acude todavía mucho al Tomismo (santo Tomás era un santo, un genio, pero como todo gran maestro, santo Tomas lo que quería era que en su filosofía se encontraran los argumentos para superarla), y en el ámbito de la Iglesia, esto quizás sea una asignatura pendiente.


-Por su procedencia orteguiana, como por su no tomismo, JM fue muy acosado por parte de ciertos ámbitos eclesiásticos, durante la posguerra...


-Sí, había cierta incomprensión doctrinal, precisamente por su no tomismo. Pero JM siempre ha sido una persona incapaz de guardar rencor. Todos los que convivimos de alguna manera con él, nos hemos percatado de que JM tenía cualidades heróicas, de santo. De hecho, un artículo reciente, de un gran amigo mío, Enrique González, discípulo de JM, se titula “san Julián Marías”, porque, efectivamente, cuenta que había tenido una vida dignísima, decentísima, entregada a la verdad, a la fidelidad a Dios y a los sacramentos, aparte de una capacidad de perdón, –de amor-, inmensa.


En España, entonces, existía mucho rencor a la excelencia, desde ámbitos universitarios y políticos, y hoy día sigue habiéndolo. Muchas veces la excelencia del prójimo se vive, yo creo, como un ataque a la propia mediocridad, en lugar de ver en ello una esperanza por mejorar la propia vida. Luego, por otro lado, es manifiesto –porque JM no fue aceptado durante el franquismo, pero tampoco lo ha sido durante la democracia el afán de adular la mediocridad por parte de los medios de comunicación. Lo cual provoca cierta complacencia en las personas que no son capaces de enfrentarse a ella y sufrir, ya que el sufrimiento es necesario para mejorarse a uno mismo y buscar ilusionadamente la verdad, que es lo que al fin y al cabo ha hecho JM toda su vida.


-JM también resultó incómodo para el mundo universitario. Tuvo problemas para ser doctor, nunca pudo enseñar en la Universidad...


-Lo que ocurrió con la tesis doctoral de JM fue una checa, es decir, un extremismo tipo checa, aunque la ideología que había detrás era del corte opuesto. Fue tremendo. Ante todo Zubiri, que le dirigió la tesis, no se presentó porque pensaba que su figura podía perjudicarle; en el tribunal estaba García Morente, su otro gran maestro. JM expuso la filosofía del padre Gratry, uno de sus grandes descubrimientos. Gratry era –y sigue siéndolo una figura completamente olvidada, un sacerdote francés del siglo XIX, académico, un adelantado de su tiempo...


JM cuenta que durante la guerra civil encontró dos tomos rojos en una librería, los cogió y leyó: “Le connaissance de Dieu”, el conocimiento de Dios; le parecieron maravillosos por la época en la que habían sido escritos... época de positivismo... Gratry le pareció un incomprendido, e hizo su tesis sobre él. Cuando la estaba exponiendo, cuenta que oyó que un profesor del Tribunal gritaba: ¡No lo soporto!,!No lo soporto! Y García Morente le preguntó:”¿A quién?¿A Gratry o al doctorando?”

-¡A Gratry!!A Gratry!

Es decir, no soportaba que Gratry no fuese tomista. Fue el único caso en que la tesis de un aspirante a doctor no fue aprobada. De hecho, en varias ocasiones, el sucesivo decano de la Facultad de Filosofía le llamó y le dijo a JM que era una vergüenza para la Universidad que no se hubiese aprobado su tesis. Que, por favor, volviese a presentarse.


Pero JM tampoco tenía mucho interés. Él siempre decía que había hecho la tesis doctoral para no tener que explicar continuamente, a los que le preguntaban, el porqué no tenía el doctorado. Finalmente, accedió a presentarla otra vez a condición de que no hubiera en ella ninguna modificación.


-El reconocimiento institucional a su trabajo nunca le quitó el sueño...


-JM nunca ha sido persona de currículo, realmente ha sido una persona volcada en buscar la verdad. No tenía la más mínima preocupación por lo que poseía, sino por quién era. Eso lo apartaba de todo cálculo sobre posibles títulos, posibles premios, él nunca se ha interesado por los premios que le han dado, y sobre todo, por los que no le han dado.

Como italiano tengo que decir que, el hecho de que le dieran el Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación, junto a Indro Montanelli, me parece un disparate. Primero, por la diferencia de calibre que hay entre estas dos personas: Indro Montanelli es persona respetable, buen periodista, aficionado historiador, pero no se le puede comparar con una figura como la de JM. Yo, que soy italiano, reconozco esto. Y cómo le dieron este premio evidencia la distancia sideral que hay entre el valor de JM y la aceptación institucional de este valor. Autor: Victoria Luque. Cooperador Paulino.


CONFERENCIANTE Y ESCRITOR PROLÍFICO


Era un magnifico conferenciante. De un lenguaje cristalino, muy accesible. Sus conferencias alcanzaban un rigor tremendo, pero trataba de poner sus conocimientos al alcance de las personas. En sus libros ocurre, que siendo accesibles en su lectura, cuando uno va penetrando en su nivel filosófico, se va dando cuenta de que cada libro tiene tal profundidad que puede llegar hasta muy lejos; es decir, uno puede tener la capacidad de penetrar fluidamente hasta distintos niveles de conocimiento.

Publicó más de cincuenta títulos, dejando una obra relevante en el plano de las ideas sobre España, las concepciones éticas y la prolongación y superación del pensamiento orteguiano.


Entre todos ellos, destacamos:


-Historia de la Filosofía (1941)

- Introducción a la Filosofía (1947)

- La estructura social (1955)

-Antropología Metafísica (1970)

-La España real (1976)

-La identidad de España y los españoles.

-España inteligible (1985)

- Felicidad humana (1987)

-Memorias. Una vida presente. Completadas en 1989 con otros dos volúmenes.

- Mapa del mundo personal (1993)

- Persona (1996)

-La perspectiva cristiana (1999)