domingo, 2 de noviembre de 2008

El porqué de mí misma


Hoy empiezo a escribir sin saber muy bien qué va a dar de sí este blog. De momento, es una incógnita que imagino que con el tiempo se irá desbrozando. Tengo nueve hijos, esto, que parece un mero dato estadístico, ha marcado y marca tanto mi vida, que, sin yo pretenderlo, constituye la esencia misma de mi existencia (y la de mi marido).

Miento, la esencia misma, la lidera otro... o al menos, yo intento seguirle en la medida de mi fe. Otro con mayúsculas. Jesús, el kiryos, el Señor de mi historia... después, en un digno segundo puesto, vienen mis hijos y Jose Manuel, mi compi de batallas... Sospecho que tras deciros esto, unos cuantos ya me habrán calificado de "fanática", "retrograda", o vete a saber qué -confieso que entre personas creyentes, he encontrado más de un caso en que, primero, me alaban, o mejor dicho, me adulan, y después de un rato de charla, se les escapa el "pobrecita", como si fuera tonta, o algo así... como si nuestros nueve hijos fueran una losa insoportable, que tenemos que llevar con resignación... Ellos se lo pierden.

Nueve hijos, que son nueve dones. Nueve regalos inmensos, rebosantes de vida, nueve proyectos de ser. Verdaderamente Dios que es Padre sabe lo que nos conviene, a todos, y a mi marido y a mí, en particular. Cada vez que lo pienso estoy más convencida de que es lo mejor que nos ha pasado. Y todo, por fiarnos de El. Por decirle que sí. Por no negarle la posibilidad de que El escriba nuestra historia.

Yo, que desde bien pequeña, he vivido con mucha soledad interior... quizás por mi carácter, me costaba mucho, y me sigue costando, romper las barreras, comunicarme de corazón, con las demás personas... yo, que me he pasado mi infancia, mi adolescencia, y gran parte de mi juventud, metida en mí misma, triste -aunque sin saber muy bien porqué-, buscando a alguien que llenara ese vacío que tenía dentro... como digo, yo, que a pesar de tener unos padres estupendos que me quieren muchísimo, he vivido así... yo, tras encontrarme con El, y darle carta blanca en mi vida, he sido obsequiada con una familia grande, chillona, alegre, besucona, donde los besos y los abrazos son diarios... y donde soy feliz. El Señor, que sabe más que yo, me ha dado lo que necesitaba. Y no ha sido cosa nuestra. Porque bien sabe El, que por mí misma, no hubiera tenido más de dos hijos, a lo sumo.

Y ahí van los nombres de los susodichos: José, Miguel, María del Rocío, María de Nazareth, Teresa, Victoria de Jesús, Inés Isabel, Judith María, y María de la Almudena. Ya colgaré alguna foto, aunque necesito tiempo, porque la cámara digital no tiene cargador. No lo encontramos. También os contaré otro día, si hay curiosidad, el porqué de sus nombres. Todo tiene su razón de ser. Espero no haberos aburrido mucho. Chao.