martes, 24 de marzo de 2009

Querida reina Sofía

Majestad.

Querida y respetada Dª Sofía:

Ya sé que se encuentra en una tesitura muy difícil. Muy complicada.

Ser reina no es fácil.

Pero ahí está la grandeza de su labor. Y de su persona.


Ya sé que la han vituperado hace relativamente poco tiempo.

Imagino, que usted, que siempre ha sido tan discreta, sentiría vértigo al ser zarandeada, verbalmente hablando, por unos y por otros.

El motivo, aquel libro en el que mostraba su ser más personal, su intimidad.

En ese libro de Pilar Urbano, usted no tuvo miedo. Mostró su pensamiento.

Independientemente de las consecuencias que de ello pudieran derivarse.

Realmente creo que fue consciente de lo que hacía. No le marcaron ningún gol.

Habló desde sus convicciones, y eso la honra.

Ahora, hoy, me atrevería a pedirle que de nuevo dé un paso al frente.


Invoco a su sentido de la maternidad,
invoco a sus creencias religiosas más profundas,
invoco a su lucha por los derechos humanos,
a su defensa del débil, del indefenso.

Sé que es complicado.

Sé que usted, a pesar de su condición de reina,
no tiene poder de facto.

Pero también sé que las batallas se ganan dándolas.

Y no está sola.
Millones de españoles la respaldan. A veces hace más una palabra,
un gesto, un toque de atención discreto, que una manifestación multitudinaria.

Las relaciones personales son muy importantes.

Confío en su buen hacer.

No es posible que esta aberración (el aborto libre) salga adelante.

Los niños con problemas tienen derecho a nacer.
Cualquier niño gestado tiene derecho a nacer.

¿Quien soy yo para decidir sobre la vida o la muerte de alguien?

En nuestro país falta una defensa acérrima de la condición esencial de la mujer.

Se nos está hurtando lo más íntimo, el dar vida.

Bajo una apariencia de progreso, con esta nueva ley sobre el aborto,
a la mujer se la condena a vivir con la maternidad frustrada.
Y con la losa asfixiante del hijo no nacido.



Falta una defensa real de la mujer. De su derecho a ser madre.


Quisiera comentarle el caso de una amiga mía,
que pasó en su día por un aborto consentido.

Según ella misma me comentaba, le ha costado muchos años perdonarse a sí misma. Estuvo a punto de suicidarse, y-mi amiga es creyente- sólo cuando comprendió que Cristo había muerto
también por ella, pudo descansar.

"A quien mucho se le dio, mucho se le exigirá",
dice el evangelio. Y usted es cristiana. Me consta.


Apelo a su responsabilidad como madre,
como mujer, y como reina de España.

Cuenta con el apoyo de profesionales cualificados en todos los ámbitos.
Médicos, sanitarios, científicos, académicos... están a su lado.



Ya conoce el Manifiesto de Madrid en defensa de la vida.
Cómo la ciencia es unánime al reconocer la existencia de vida humana
desde el momento de la fecundación,
así lo señala la Genética, la Biología celular y la Embriología.


Si esto es una realidad patente, ¿de qué tenemos miedo?

Sería una cobardía mirar hacia otro lado, y no hacer nada.

Le reitero mi admiración y mi respeto.