viernes, 12 de diciembre de 2008

Cristina López Schlichting, periodista: "CUIDAMOS MUCHO LOS SIGNOS NAVIDEÑOS"


Hablo con ella, justo después de ser entrevistada en Las Mañanas de la Cope, sobre su libro, Sexualidad y Amor, un recopilatorio de experiencias radiofónicas, fruto del espacio que, sobre sexualidad, tiene en su programa La tarde con Cristina, de la misma cadena. Cordial y amena, en un abrir y cerrar de ojos, cambia el discurso, y del sexo radiado pasa a la fe vivida. Casi nada.

P.: Usted se ha declarado en infinidad de ocasiones, católica. ¿Podría decirnos cómo ha sido su encuentro personal con Jesucristo?

R.: Realmente, desde niña, yo he tenido la pregunta sobre el significado de las cosas y el deseo de conocer la Verdad, muy presentes; un deseo muy alentado por mis padres y por las monjas del colegio. Pero, el encuentro con Cristo se produce a raíz de conocer a un grupo de hombres y mujeres que, realmente, hacen carne la idea de vivir en plenitud, en plenitud de inteligencia, de relaciones… lo cual constituía el deseo más profundo de mi vida.

Concretamente, me encontré con el Señor, a través del movimiento católico Comunión y liberación. Viví esta experiencia, primero en España, y de manera más profunda en Alemania, adonde recalé con 21 años como estudiante. En este tiempo reconocí que la forma de vivir más plena, desde el punto de vista más humano, era el catolicismo. Y como digo yo siempre, “el mecanismo de adhesiones es el de la envidia”, una ve a un grupo de personas que disfruta con su trabajo, que se relaciona de una forma profunda y verdadera entre sí, y que afronta la realidad con una inteligencia nueva, y con un juicio nuevo, y quiere eso para sí. Yo lo pedí, se lo pedí a Dios Nuestro Señor, y él me concedió el poder formar parte de la Iglesia.

P.: ¿Sigue asistiendo a las reuniones de CL, o ya no dispone de tiempo, debido a su trabajo radiofónico?

R.: Por supuesto que asisto. Yo creo que la experiencia de la fe no puede ser abstracta, pasa por el encuentro con una carne que te salva, que te recupera a una novedad, a una sorpresa que, de por sí, en ti mismo se ahogaría, se agotaría; y para mí ese espacio dentro de la Iglesia se llama Comunión y Liberación. De tal manera que, en la medida en que pretendo permanecer con las preguntas y respuestas que llevo en el corazón, necesito nutrirme del amor de Dios.

P.: ¿Desde pequeña ha sido católica, o usted fue educada en el protestantismo?

R.: No, no fui educada en el protestantismo. Mi madre, alemana y luterana de educación, fue bautizada antes de casarse, y realmente en nuestra casa hubo siempre una apertura muy grande, una pregunta grande, sobre el significado de la vida; pero la educación que yo recibí fue, más bien, agnóstica. Después, en el transcurso de la vida, ya con 18 años, conocí CL.

P.: ¿Cómo celebra la navidad en familia, y qué significado tiene para usted?

R.: Yo siempre he celebrado la navidad de forma muy intensa; porque la tradición alemana sobre este acontecimiento, incluso desde el punto de vista de los signos externos, es muy cuidada. Se celebra mucho el adviento, lo cual en España se hace menos: Se van abriendo ventanitas de un calendario, se colocan coronas de adviento por la casa, de tal modo que siempre ha sido una celebración muy cuidada, aun en los años en que mi familia no se podía considerar creyente, me refiero a mis padres y a nosotras, las hijas. Pero sí que se podía reconocer un deseo muy grande de cumplimiento, que en cierto modo estaba truncado, en el sentido de que se cuidaba mucho la mesa, los adornos, el árbol, los regalos, y a veces uno se daba cuenta de que existía una distancia entre el deseo que abría en el corazón esos gestos, y la realidad, que parecía defraudar las expectativas. Y ese salto se llenó de significado con mi conversión, con mi encuentro con Cristo. Me di cuenta que los deseos justos que despertaba la celebración familiar navideña, tenían cumplimiento en la persona de El, encarnada en la Iglesia. Y bueno, ahora, sencillamente, celebro la navidad de acuerdo con lo que he aprendido de mis padres, pero con una alegría muchísimo mayor, al saber que, realmente, no es un gesto vano, sino que anuncia el Dios con nosotros. Y que esto es perfectamente vivible.

En concreto, en mi familia propia (marido e hijos) cuidamos también el adviento, ponemos cuatro velas y las ramas de pino, y cada domingo de adviento encendemos una vela, signo de que queda menos tiempo para la navidad; rezamos en familia, colocamos un belén gigantesco -que quizás era algo menor en la casa de mis padres-, pues, hemos incorporado mucho, a esta celebración, la tradición española. Y nos reunimos la familia, también mis padres, mis hermanas, el resto de los miembros de la familia.

P.: Usted tiene tres hijos, y una niña en acogida… Para ellos, supongo que serán especiales los días de navidad, ¿cómo lo viven los niños, en su casa?

R.: Tengo tres hijos, dos chicos y una chica, más una niña acogida, ecuatoriana, que nos acompaña desde hace cinco años. Bueno, ellos ya son mayores, son adolescentes todos, y en cierto modo, esto depende de los temperamentos… pero la navidad siempre ha sido muy cuidada en casa, y están acostumbrados a que sea una celebración muy importante, y muy hermosa. Hay unos que se ilusionan más, le dan más importancia, otros que a lo mejor, incluso, se hartan de tantos encuentros familiares… pero cuando las cosas están llenas de significado eso no importa mucho, tienes permiso hasta para cansarte. Yo por ejemplo, me canso mucho de la publicidad, de las compras,… y no tengo problema en decirlo, porque la navidad es un espacio en el que también entran estas cosas, para mí, agotadoras e inadecuadas.

P.: Y qué decir del Día de Reyes… ¿Cómo viven este acontecimiento?

R.: -Es una experiencia muy peculiar la que tengo del Día de Reyes, porque Reyes se celebraba muy poco en casa de mis padres, precisamente porque al estar presente la tradición protestante, se celebraba más el día de navidad, y se entregaban los juguetes ese día; pasando, la Epifanía, prácticamente desapercibida.

Cuando yo fundé mi propia familia, me informé sobre cómo los españoles celebraban la tradición de Reyes… los zapatos, el colocar zanahorias para los camellos… y realmente incorporé de una forma consciente, deliberada, y si cabe, incluso, un tanto artificial, la tradición de Reyes a nuestra familia.

He comprendido con esta fiesta que el Señor se revela a los hombres de todo el mundo, independientemente de su condición o procedencia, y que los Reyes Magos son personas concretas a las que te puedes encomendar; están presentes en el santoral, son santos. Si durante mi infancia, el día de Reyes pasó sin pena ni gloria, para mis hijos no ha sido así, es decir, tanto los preparativos como el mismo día de Reyes ellos lo han vivido y viven con verdadero entusiasmo.

Es un día muy hermoso. Esta experiencia católica permite incorporar a la vida la certeza de la existencia de los Reyes; que los padres, pajes de sus Majestades, obedeciendo la inspiración de los Reyes Magos, ponen los juguetes, para sus hijos; movidos, también, los padres, por el deseo de que sean felices.