miércoles, 7 de abril de 2010

Detrás de todo esto, está el maligno


No sé si porque últimamente veo poco la tele, y además, selecciono bastante lo que leo, lo cierto es que toda esta marabunta de dimes y diretes sobre los curas, la pederastia, etc, me ha cogido un poco de refilón. Vamos, que casi ni me he enterado. Lo cual me da –creo- una cierta perspectiva, al no estar intoxicada por los medios.


Dicho lo anterior, se me ocurre que los cristianos tenemos algo que deberíamos aplicar en estos casos tan escandalosos, y es el discernimiento. Yo ya estoy curada de espantos. Sé que el hombre es débil por naturaleza, que cualquiera, yo misma, puedo caer en la aberración más grande si no estoy sostenida por el Espíritu. Esto es así. Y quien no conozca esta verdad tan elemental, es que todavía le queda un camino por recorrer.

No estoy justificando nada. Me parece horrendo todo lo que ha sucedido, y ya Cristo lo condena de una manera tajante: “Quien escandalice a uno de estos pequeños, más le valdría ponerse una piedra de molino al cuello y arrojarse a la gehenna, allí será el llanto y el crujir de dientes”. Se trata de un crimen abominable, arrancarle la inocencia a un niño. Y detrás de todo esto, no os quepa la menor duda, está el maligno frotándose las manos. Príncipe de iniquidad.

Sin embargo, Dios está también ahí, respetando hasta límites extremos la libertad mal usada, observando, permitiendo, sufriendo con las abominaciones de los hombres (y mujeres)… ¿porqué no actúa? ¿por qué permite que sacerdotes de su Iglesia se enfanguen y provoquen tanto daño a su alrededor?

Dios escribe con renglones torcidos. Quizás tengamos que darnos cuenta de que estamos rodeados de podredumbre, y que no somos inmunes… que, o nos levantamos cada día diciendo: Ven Espíritu Santo. Señor, ayúdame, sé tú mi roca en esta hora de oscuridad”, y nos ponemos manos a la obra, a hacer su voluntad y no la nuestra, a escrutar sus designios… o tarde o temprano, nos dejaremos llevar por la corriente.

En todas las crisis que ha pasado la Iglesia, y mira que las ha habido profundas, siempre han surgido figuras fuertes, válidas, armadas de Espíritu Santo, que han dado un paso al frente, y han cogido el evangelio en su radicalidad, sin miedo, y lo han puesto en práctica.

Necesitamos franciscos, agustines, juanes, ignacios… y cada uno de nosotros puede ser uno de estos, ¿por qué no? Decía Juan Pablo II, “aspirad a los bienes de arriba”… sí, necesitamos santos que renueven la Iglesia, porque la Verdad, Cristo resucitado ya está con nosotros, sólo falta que se Le vea un poco más.

Hay que rezar mucho por todo el daño que se ha infligido a esos niños … nada es irreparable. El Señor tiene poder para sacar de la muerte, vida. Y no les dejará solos. Recemos para que de todo este mal, salga un mayor bien, para la Iglesia y para las víctimas.

P.D. Y a esos sacerdotes indignos, recordarles que en los evangelios hay dos figuras que se contraponen por su forma de reaccionar ante el pecado, ante la negación de Jesucristo como Hijo de Dios, son Pedro y Judas.
Judas le traiciona porque se siente defraudado, este mesías no actúa como él espera… así que le niega. Sus planes (los de Cristo) no son los suyos. Le entrega, y después, no pudiendo con la culpa, se suicida. Piensa que el mal que ha realizado es tan grave, que es imposible que Dios le vuelva a acoger. Sin esperanza, se mata. Tristemente.

La negación de Pedro, sin embargo, tiene otro cariz. Llevado por el miedo, Le niega, se aparta de Cristo, no le reconoce como su Señor… sin embargo, Pedro no acaba con su vida, no se suicida, reconoce su debilidad, su pobreza, y llora lágrimas de arrepentimiento. Sabe, que por grande que sea el delito cometido, más grande es el amor del Padre. Y vuelve. Y se pone al frente de esa comunidad naciente que son los apóstoles en Pentecostés. No pierde la esperanza.

Esta es la lección que a mí me ha dado la Iglesia. Que por muy pecadora que yo sea, por mucho que me haya enfangado, Cristo ya ha pagado por mí la deuda… y que la puerta no está cerrada, está entreabierta si yo quiero entrar, reparar el daño en la medida de lo posible, y dejar atrás mi vida anterior.

Cristo ha muerto y ha sido crucificado por mí y por todos estos los que se comportan como animales… y tengo la certeza de que todas aquellas personas que sufren en sus carnes abusos de cualquier tipo, allí, con ellos, está Cristo, sufriendo a su lado, llevando también esta cruz…